sábado, 23 de febrero de 2008

3º Domingo de Cuaresma 24-02-08


La temporada de Cuaresma comprende los cuarenta días desde el miércoles de ceniza hasta el sábado de gloria. La palabra cuaresma parece provenir del término latino quadraginta que significa "cuarenta". Antiguamente había de ayunarse durante la Cuaresma, menos los domingos, preparándose para la celebración de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Actualmente es una temporada penitencial y de arrepentimiento en que se fija la atención en la pasión y muerte de Jesucristo por los pecados del mundo y los de uno mismo. Contemplar lo que Él hizo y sufrió inevitablemente nos lleva a lamentar nuestros pecados y sus consecuencias, tanto las que Jesús tuvo que sufrir en nuestro lugar como las que sufrimos en nuestras propias vidas. No obstante, no es una temporada de lamentación lúgubre y tristeza sombría, porque los domingos de Cuaresma siempre siguen siendo la celebración de la resurrección de Jesucristo de la muerte. Por lo tanto la Cuaresma es mas bien un período de gozo solemne porque en él recordamos tanto el privilegio que nos ha sido dado de poder arrepentirnos como el perdón de todos nuestros pecados mediante la redención que obró Cristo por nosotros en su sufrimiento, muerte y resurrección gloriosa.


24-02-2008

3º domingo de cuaresma

“Jesús nos obre los ojos”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Isaías 42:14-21

La Epístola: Efesios 5:8-14

El Evangelio:

Juan 9:1-7, 13-17, 34-39

1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14Y era día de reposo* cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo.* Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
34Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron. 35Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. 40Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? 41Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.

Tema: Jesús sana nuestra ceguera espiritual.

Objetivo: Ver, a través de Cristo, que el propósito de Dios es que todo ser humano lo vea y sea salvo.

Sermón

Ver a un hombre ciego de nacimiento cuando Jesús y sus discípulos caminaban por la calle, fue el desencadenante de esta historia Bíblica. Algo tan “normal” o cotidiano, algo del día a día, se convierte de repente en una fuente de enseñanza para los discípulos y de salvación para el ciego. Para Jesús las cosas que nosotros establecemos “normales” y a las cueles no les echamos cuenta, no pasan desapercibidas ante su mirada.
Tú, en algún momento de tu vida, puedes sentirte que formas parte del panorama común y “normal” para muchos. Puedes ocupar el lugar que todos esperan que ocupes. En aquel sitio que están acostumbrados a verte.
Pero al llegar Jesús e involucrarse en tu vida todo puede cambiar. Tanto que incluso aquel bien y plenitud que Jesús te da, puede convertirse en un inconveniente para otros que estaban acostumbrados y esperando de ti más de lo mismo.
Jesús no te mira como alguien más del paisaje habitual, él se acerca a ti, entabla un diálogo contigo y te da una nueva mirada, te da la vista. Te hace ver lo que antes no podías. Te hace tomar otro lugar en este mundo. Te da una perspectiva nueva. Ya no necesitas ir tanteando. Te llena de seguridades. Te hace ver su amor y su misericordia. Veamos esto en el Evangelio de hoy:

CUANDO LAS COSAS ESTÁN EN SU LUGAR

Cuando todo está como siempre y nos amoldamos y acostumbramos a ello, nos sentimos seguros dentro de los parámetros que establecemos como “normales”.
Así se establecen las cosas “normales” de nuestra sociedad. El ciego estaba dónde le correspondía y cumplía su roll pidiendo limosnas. Eso ya era parte del paisaje. Era lo habitual. Nosotros tenemos a las prostitutas en las zonas rojas, a los yonquis pillando drogas en los barrios marginales, a los alcohólicos en los bares, a los gitanos en las chabolas, a los mendigos en la calle, etc., y todo parece estar en orden así.
Pero Jesús caminaba por las calles y no se conformaba al paisaje habitual como algo preestablecido e inamovible. Jesús se involucraba con las personas y les cambiaba la vida. Y aún hoy lo sigue haciendo.
Jesús nos da una alternativa nunca antes vista
Para los discípulos estaba claro que había solo dos posibilidades y una sola causa para que desde su nacimiento este hombre sea ciego. La causa: el pecado. Las posibilidades: que Dios había castigado al ciego por algún pecado que cometieron sus padres o por un pecado propio. Las dos posibilidades no tenían argumentos bíblicos sólidos ya que en Ezequiel 18:19-20 se nos dice que Dios no castiga a los hijos de quienes pecan, y la segunda opción tampoco es válida ya que la Biblia no contempla la reencarnación, y sólo así se explicaría que el ciego esté pagando por su propio pecado atribuido antes de nacer.
Son muchas las ocasiones en las que nos confrontamos a personas y pensamos en por qué son como son. Y rápidamente comenzamos a especular sobre la base de nuestras ideas. ¡Por algo será! ¿Por qué? ¡Algo habrá hecho! ¡Es un castigo! ¡Es su culpa! ¡Es culpa de los padres!, etc. Muchos son los que piensan en las enfermedades como un castigo de Dios y se atormentan por ello. Pero es necesario aprende a pensar que nuestra situación puede ser para que se muestre la gloria de Dios en nuestra vida, y así otros conozcan a Cristo.
Cuando veas a alguien que evidentemente tiene un problema:
1- No te acostumbres a él como algo más del paisaje natural y común.
2- No tengas tus hipótesis preconcebida para establecer la causa.
3- Piensa que quizás estés frente a esa persona que en ese momento es así para que “la gloria de Dios se manifieste en él”.

Todos nacemos ciegos y Jesús es quien nos da la vista.
Todos nacemos ciegos. Todos nosotros andamos a tienta en esta vida. Esa es la herencia que recibimos de nuestros primeros padres Adán y Eva. Es una consecuencia. Todos nacemos sin poder ver a Dios. Imposibilitados. Todos nacemos mendigos de gracia, de amor, de misericordia, de perdón, de paz. Pero no de esa bondad que nos pueden dar nuestros padres carnales, sino de la que proviene de Dios, la que realmente llena y da sentido y propósito nuestra existencia.
Nacemos ciegos y nuestro lugar ante Dios es estar fuera de su presencia, mendigando. Pero Jesús vino a este mundo, enviado por Dios el Padre, para solucionar ese conflicto. Jesús viene a darnos la vista, y por ende la vida.
Los planes de Jesús para ti
La opción que Jesús trae no es buscar las causas en la culpa de alguien, sino transformar el problema en algo totalmente positivo y bello, en una oportunidad. El problema de este hombre es bien conocido para Dios y no es un castigo. Es una consecuencia de nuestra naturaleza pecadora. De la imperfección en la que caímos. Pero éste hombre nació ciego porque Dios tiene un plan para su vida. Su existencia tiene un propósito y nada menos que Dios es quién está detrás de él.
Los problemas que nos hacen vivir marginados de esta sociedad, puede que sean ante los ojos de Dios una oportunidad. Jesús puede y quiere transformar la ceguedad que nos produce aislamiento, en una oportunidad de ver la vida y vivirla de otra manera, de una forma plena.
Nadie había visto desde esa perspectiva al ciego. Ni siquiera los discípulos de Jesús. Pero Jesús quiere enseñarles a ellos y a nosotros que debemos mirar a las personas con otros ojos. Debemos mirar a la gente desde las posibilidades de Dios y no desde las limitaciones humanas. Podemos mirar un poco más allá de nuestras limitadas mentes que solo ven las cosas así, inalterables. Solo vemos culpables. Necesitamos tener la mirada de un pintor que frente al lienzo ve todo un mundo para colorear, recrear, dar vida y sentido, y no solamente un espacio vacío. Así es como nos ve Dios a través de Cristo Jesús. En él encontramos el sentido de la vida.
Jesús trae esperanza para todos, incluso para los que parecen no tener remedio. Para los que son un caso perdido. Mucha gente no encuentra sentido a su vida. Descubren que solo son un bulto mas en el paisaje de esta sociedad e intentan evadirse de ella a través del alcohol, las drogas o probando casa nuevas. Muchos se suicidan, ya sea de una vez, ya sea poco a poco, por no saber para qué estamos, por no sentirse útiles, por no tener sentido ni propósito. Sin embargo Cristo viene y dice: Tú estás aquí para que se muestre la gloria de Dios en ti.

CUANDO LAS COSAS NO ESTÁN EN SU LUGAR

Jesús le da la vista al ciego y esto hace cambiar el paisaje común. El ex ciego ya no está sentadito dónde le corresponde, sino que anda libremente por las calles dando gloria al Dios que le cambió la vida y la llenó de sentido. Algo similar le ocurrió a Lutero, a quien Jesús se le manifestó en las Escrituras y le hizo ver lo que antes no veía. A partir de ahí su vida ya no fue igual. Esto mismo sigue pasando hoy día. ¡Cristo te abre los ojos!
Claro está que esto desestabiliza a tu entorno. A muchos se les mueve el suelo y les da inseguridad y temor. Los fariseos, gente de mucho orden y rigor, al ver que el ciego había sido sanado, comienzan a cuestionar, a condenar y luego a expulsar de su círculo al ciego por tener ahora la vista en Cristo Jesús.
Cuando nos acostumbramos ver al “ciego” y se hace habitual su estampa, puede que incluso echemos de menos su presencia cuando no esté más allí pidiendo limosna. Todos ocupamos un lugar en esta sociedad, y ese lugar que ocupamos todos esperan que lo sigamos ocupando. Cuando nos salimos de eso, de lo “establecido”, provocamos una conmoción en nuestro entorno. “Y a este que le ha picado” solemos decir. Cuando a uno le son abiertos los ojos y ve a Cristo en toda su pureza y verdad, tal y cual él se quiere mostrar y no como muchos lo pintan; cuando él en su misericordia se acerca a ti y te hace ver su maravillosa obra de salvación al morir por ti en la cruz por tus pecados, todo cobra sentido y recobras la vista.
Los que no entienden o no aceptan tu nueva vista
Es difícil de comprender pero sucede. Hay gente que no entiende tu cambio, no lo comparte ni lo acepta. Cuando tú ves lo que aún otros no ven, se produce desencuentro. El ciego un día, sin tenerlo en sus planes, se encontró con que Jesús estaba hablándole a él, directa y personalmente. Y mientras los discípulos discutían la causa de su problema, Jesús sabía que Dios tenía un propósito para su vida.
Ahora bien, el ciego ya no estaba más ciego. Y el responsable de eso era Jesús. ¿Qué hacemos con esto?
El ciego ve a Jesús y habla de él
Era imposible ocultar lo que había sucedido. El ex ciego tiene que contar lo que le sucedió. Esto, como hemos visto, trae conflicto con nuestro entorno. Sin embargo, el ex ciego, sin ser un docto ni un gran teólogo, se limita a contar lo que había sucedido. Actúa de testigo presencial. Y así habla de aquel que le dio la vista y la vida.
El ex ciego es echado del sistema
Al ex ciego lo echan de la sinagoga. Ese era el mundo social, su entorno, lo que lo hacía ser parte de sistema, pertenecer y “ser alguien”. Jesús llega a su vida y le abre los ojos. Todo cambia para él. Su vida cobra sentido, pero su entorno no lo acepta, se opone a lo que le ha ocurrido, lo cuestiona, y terminan rechazándolo.
Así suele suceder. Que Cristo nos abra los ojos en un sistema establecido, con sus normas y leyes nos causa conflictos. Aquí en España, sabemos que estar en el sistema de la iglesia Católica es bien visto. Aún cuando no se crea mucho en lo que la iglesia enseña, solo con participar de fiestas patronales y ser parte del sistema social que hay montado en torno a eso, ya suena bien.
O si perteneces a un entorno ateo u hostil a la fe cristiana lo mismo. Todos esperan que sigas ocupando tu lugar. Pero si cambias, si Cristo te abre los ojos y ves realmente en el mundo limitado que te movías ciegamente, eso ya no está bien visto. Ahí vienen las sospechas, los cuestionamientos, las miradas raras, las acusaciones. Incluso puede que hayas sido más aceptado y respetado como ciego que ahora con vista.
Así es como la presencia de Cristo en nuestras vidas y la apertura de nuestros ojos nos confronta con el problema del “qué dirán” los que me rodean. Puede que seas rechazado, o apartado del sistema por ver. Cuando alguien ve a Cristo y sólo a Cristo, todo lo demás se cae. Ya no necesitas las rigurosas leyes del sábado que te esclaviza. Cuando descubres que el sistema religioso al que pertenecías no te da lo que Cristo vino a darte, sino que te limita y te sujeta bajo yugos, tampoco te importará demasiado que te marginen nuevamente.
Si te expulsan de sus vidas, Jesús te acoge.
El ciego, por ver al verdadero Cristo y hablar de Él, fue expulsado de la sinagoga. Vaya paradoja. Si recordamos también Lutero fue excomulgado de la Iglesia Católica Romana por ver a, y hablar de Cristo. Quizás hoy no lleguemos a esto, o quizás sí, no lo sé. Pero de lo que podemos estar seguros es que los entornos en los que nos movemos habitualmente pueden mostrarse hostiles o por lo menos distantes con nosotros. Pueden hacer que nos sintamos unos bichos raros. Sin embargo tú confiesa como el ex ciego: Creo, Señor. Y adórale. Pues nadie más fuera de Cristo puede darte la vista, y con ella la paz y el perdón que llenan de sentido tu vida. Nadie más fuera de Cristo tendrá la misericordia que él tuvo contigo a dar su vida por ti, a fin de que tú vivas eternamente. Amén

Aplicaciones a la vida diaria:

· Todos nacemos ciegos espiritualmente. Por eso nos es necesario nacer de nuevo en el Bautismo.
· No intentes justificar o buscar culpables. Piensa en que en Dios hay posibilidad de cambio y vida.
· No te dejes amedrentar por quienes te cuestionan, juzgan o discriminan por seguir fielmente a Cristo.
· Habla de aquel que te ha dado la vista con cuantos tengas la oportunidad de hacerlo y no dejes de congregarte con aquellos que creen igual que tú. Nutre tu vida con la Palabra y los Sacramentos.

Pastor Walter Daniel Ralli