domingo, 3 de octubre de 2010

La Iglesia es el Templo de Dios.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

EFESIOS 2:18-20

Desde la eternidad, cuando Dios concibió el establecimiento de la Santa Iglesia Cristiana, Dios siempre pensó en su Iglesia en relación a las almas de hombres, almas unidas a Él mediante su Hijo Jesús, atraídas y sostenidas por el Espíritu Santo mediante la Palabra de Dios. Por esta razón la palabra Iglesia en las Sagradas Escrituras nunca se refiere a un edificio, nunca a una construcción, sino siempre a personas unidas en la fe con Jesús, ya sean éstas esparcidas y distribuidas por el mundo entero, o congregadas en una ciudad, en un país, o en una región.

¿Querrá decir esto que cuando Dios en la eternidad concibió el establecimiento de la Santa Iglesia Cristiana pensó también en mí? ¡Por cierto que sí! Claro que pensó en mí, en vosotros, en toda la humanidad. 2 Pedro 3:9. Dios desea que todos los hombres se unan a Él y se salven. Veamos entonces si verdaderamente somos miembros de esta Santa Iglesia Cristiana, el templo que Dios el Padre concibió, que Jesús fundó, y que el Espíritu Santo organizó.

La Santa Iglesia Cristiana no fue ideada, planeada o edificada por hombres. La Santa Iglesia Cristiana es completamente la obra de Dios, sin cooperación ni ayuda de hombres. Dios el Padre es el arquitecto de la Iglesia. Desde la eternidad ya concibió una comunión de los santos, unidos mediante Cristo Jesús, como se nos dice en Efesios 1:3-6: “Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo a SÍ mismo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”.

Desde la eternidad Dios también vio la necesidad de un coordinador, de un organizador. La Iglesia se fundaría en Cristo Jesús, la piedra angular, y el Espíritu Santo revelaría a Jesús mediante la Palabra de Dios. El Espíritu Santo hablarla de la reconciliación, y así por medio de Jesús, atraería los unos y los otros al Padre, como nos dice el v. 18: “Por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. Aquí vemos que desde la eternidad Dios ideó, planeó y organizo la Santa Iglesia Cristiana, la comunión de los santos.

Desde la eternidad Jesús fue nombrado el fundamento, la piedra angular, el eje de la Iglesia, la base de la reconciliación, v. 20. En la era del Antiguo Testamento los profetas fueron inspirados a escribir promesa tras promesa acerca del Mesías, el Salvador, el Reconciliador. Dios reveló a Isaías que iba a fundar su Iglesia sobre una piedra y roca. “Por tanto, el Señor Jehová dice así: He aquí que yo fundo en Sión una piedra, piedra de fortaleza, de esquina, de precio, de cimiento estable." Isaías 28:16. En Salmo 118:22 leemos: "La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo”. En San Lucas 20:17 Jesús recuerda esa profecía al pueblo rebelde. San Pedro y San Juan también se refieren al Salmo 22 cuando anuncian a sus acusadores, Hechos 4:10-13 “Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios le resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia. Ésta es la piedra reprobada que vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salud, porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Por este mensaje de San Pedro podemos entender mejor las palabras de Jesús en San Mateo 16:18: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Jesús se refiere a la piedra, la confesión de Pedro en el v. 16: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Sobre este Cristo, la piedra angular, sobre quien Pedro estaba fundado, edificaría Cristo su iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerían contra ella.

Desde la eternidad Jesús fue declarado la piedra angular. En el tiempo del Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que Él, el Mesías, sería la piedra angular. Cristo mismo acepta este nombre. Los discípulos, especialmente San Pedro en Hechos 4:11 y en 1 Pedro 2:6-8, declaran que Cristo es la piedra angular.

Preguntamos entonces: ¿Qué significa ser piedra angular? La piedra angular no es la única piedra en un edificio, pero sí es la más importante. La piedra angular une, sostiene, sirve para conservar a todas las otras piedras en perfecta simetría. Sin la piedra angular no hay unión, no hay seguridad; hay peligro empero de que tarde o temprano se derrumbe el edificio.

¿Cómo es Jesús la piedra angular de la Santa Iglesia Cristiana? ¿Cómo une, sostiene, y conserva Jesús a todos los hombres en perfecta armonía con Dios? Tenemos que recordar que sin Jesús no hay base de unión, de armonía, de paz. En vez de haber paz y armonía, por razón de nuestro pecado, existe enemistad entre Dios y los hombres. Los hombres son rebeldes. El hombre sigue insultando a Dios, despreciando lo que Dios en su bondad le ofrece. El hombre cree que con sus obras merecen favores de Dios. Cuando Dios no acepta sus obras, el hombre reacciona como el niño que se enoja y llora cuando su madre no acepta para comer las tortas de barro que el niño le ofrece. Así en su estado natural, quiere decir, sin fe en Jesús, Dios ve al hombre como a un rebelde, un cadáver, un parásito, incapaz de agradar a Dios, algo repulsivo a Dios, digno sólo de eterna condenación y perdición.

Es imposible pensar en unión, fraternidad, armonía, paz si con nuestros pecados insultamos así a nuestro Dios. Sin reconciliación no puede haber paz, unión, comunión. Como esta reconciliación no podían realizarla los hombres, como dice el Salmo 49:7-8: “Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate, (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se hará jamás)", Dios mismo tuvo que obrar la reconciliación. Su amado y eterno Hijo Jesús tuvo que cumplir perfectamente los requisitos de la Ley, satisfacer por completo la santa voluntad de Dios, además aplacar la justa ira de Dios a causa de todos los pecados y todas las ofensas cometidas por los hombres.

En el tiempo fijado en la eternidad llegó el reconciliador como nos dice San Pablo en Gálatas 4:4-5: “Venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito a la ley, para que redimiese a los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. Leemos también en 3:13: “Cristo nos redimo de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; porque está escrito: maldito cualquiera que es colgado en madero”. En 2 Corintios 5:19 se nos dice: “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo a si, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de reconciliación”. ¿Como Dios podía estar reconciliado con el hombre pecador? V. 21: “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él." En este último pasaje Dios el Padre no deja duda alguna, sino que abiertamente declara que estaba reconciliado con los hombres por medio de Jesús.

Según Dios el Padre, Jesús cumplió los requisitos de la Ley, Jesús pagó con su vida todos los pecados y ofensas. Por medio de Jesús, Dios el Padre puede mirar a cualquier hombre con misericordia y amor. Por los méritos de Jesús, Dios el Padre puede perdonar al más vil pecador.

Jesús es la diferencia. Jesús es el eje. Jesús es el centro. Jesús es la persona que nos une al Padre. Sin Jesús no hay perdón, reconciliación, paz, unión, comunión, vida eterna. Dios mismo declara a Jesús la piedra angular, la piedra de la Santa Iglesia que une todo el edificio. En 1º Corintios 3:11 Dios inspira a San Pablo “Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo."

¿Cuándo comenzó a funcionar esta Santa Iglesia Cristiana? Comenzó a funcionar en el momento en que fue concebida en la eternidad. Nuestros primeros padres, Adán y Eva, fueron los primeros en esta tierra en hacerse miembros de la Iglesia. Antes de entrar el pecado en el mundo hubo un constante intercambio de pensamientos entre Dios y el hombre; hubo perfecta armonía, perfecta unión.

Cuando Adán y Eva se rebelaron contra Dios, se desprendieron de Él. A causa del pecado cayeron del poder de Dios a poder distinto, a un poder enemigo al de Dios. Cayeron bajo el poder del pecado y de la muerte. Otro poder ejercía entonces en sus miembros y los movía a hacer todo lo contrario a la voluntad de Dios. En vez de amar a Dios como antes, tenían miedo a Dios; en vez de escuchar su Palabra, se oponían a ella; en vez de confesar que habían pecado, argumentaban, acusaban, y se excusaban. En medio de todo esto no podía haber armonía, unión, comunión entre Dios y el hombre. Dios no había creado al hombre para que éste muriera y viviera separado de Él, sino para que viviera siempre con Él. Según su decisión eterna, Dios anunció su plan de reconciliación. Antes de echarlos del Edén, el Espíritu Santo les anunció el proto-evangelio, Génesis 3:15. En el momento en que se arrepintieron y aceptaron la promesa de salvación, volvieron a unirse íntimamente con Dios. Mediante la fe en la promesa de salvación estaban edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo

Jesucristo mismo, v. 20.

Desde que el hombre cayó en el pecado, el Espíritu Santo ha seguido llamando, iluminando y convirtiendo a los hombres a la fe en Jesús. El mismo Espíritu Santo inspiró a hombres a escribir la Palabra, como nos dice San Pedro: "La profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo." Mediante el fundamento de los apóstoles y profetas, el Espíritu Santo reveló al hombre el plan de salvación por medio de la fe en Jesús. Mediante la Palabra, el Espíritu Santo invita, insta, convence, fortifica. El fundamento de su mensaje es siempre Jesús. Sin Jesús las Sagradas Escrituras no tendrían fundamento ni mensaje. Pero Jesús, la piedra angular, une el primer libro de los profetas con el último de los apóstoles y evangelistas en un glorioso mensaje.

Otro hecho que no podemos olvidar: Nadie puede llegar a ser miembro de la Santa Iglesia Cristiana sin el Espíritu Santo. En el v. 18 se nos dice: “Por él, Jesús, los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.” 1 Corintios 12:3 lo explica así: “Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” El Espíritu Santo aplica la receta que Dios Padre ha prescrito y el Hijo Jesús ha llenado.

El Espíritu Santo asegura, además, a los que por la fe en Jesús son miembros de la Iglesia, las bendiciones de esta comunión de los santos. Aunque por naturaleza erais miembros de otro reino, de otro poder, ya por Jesús no sois extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos y domésticos de Dios, v. 10. San Pablo repite aquí algo que ya habla anunciado en los vs. 12 y 13: “En aquel tiempo estabais lejos... mas ahora habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”. Por la sangre de Cristo somos santos y familiares de Dios. 1 Juan 1:7: “La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado”. Limpio de todo pecado significa santo. Si ya no tenemos pecado, tampoco hay condenación, como nos dice Romanos 8:1: “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al espíritu”. El haber sido declarados justos por medio de Jesús significa que existe paz y estamos en unión con Dios. Romanos 5:1: “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Vemos, pues, que la Santa Iglesia Cristiana es el templo de Dios. Fue planeado por Dios, fundado por Jesús, organizado y preservado por el Espíritu Santo. La Iglesia es santa porque ella es obra de Dios. Es santa también porque los miembros son santos, santificados mediante la fe en la redención de Jesús. A la Iglesia pertenecen únicamente los creyentes en Cristo Jesús. El que no acepta a Jesús como a su único y suficiente Salvador, no es miembro, aunque sea el más rico comerciante, el alumno más inteligente, el trabajador más esmerado. Y a la Iglesia pertenecen todos los creyentes. Aun los más pobres y despreciados, los que a su vez pueden haber sido los más viles pecadores, los de débil fe, todos pertenecen, todos son hijos de Dios, todos son miembros de la Iglesia, la comunión de los santos.

¿Eres tú miembro de la Santa Iglesia Cristiana? Recuerda que no basta decir: “Yo fui bautizado, yo fui confirmado, yo voy a la iglesia, yo contribuyo con regularidad, yo enseño a niños y adultos, yo distribuyo folletos”. Nada de esto te hace miembro de la Santa Iglesia Cristiana. Sólo la fe en los méritos de Jesús te hace miembro de la Iglesia. Si puedes decir: “No confío en mí mismo; sólo en el amor y sacrificio de Jesús”, entonces eres miembro de la Santa Iglesia Cristiana.

Como no te es posible llamar a Jesús Señor sin el Espíritu Santo, tampoco te es posible sin Él permanecer en la fe. Es necesario que cada día te aferres más en la Palabra de los apóstoles y profetas, la Palabra de Dios, y digas con San Pablo en Romanos 1:16: “No me avergüenzo del evangelio; porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”. Amén.

Sermón escrito por Roberto G. Huebner. Pulpito Cristiano.