domingo, 10 de abril de 2011

5º Domingo de Cuaresma.

Cristo es la resurrección y la vida

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA

Primera Lección: Ezequiel 37.1-3 (4-10) 11-14

Segunda Lección: Romanos 8.11-19

El Evangelio: San Juan 11.1-53 o 11.47-53

Sermón

INTRODUCCIÓN

La desesperanza, falta de ilusión, la desconfianza, la ausencia de proyectos e impulso, la falta de fe son síntomas muy negativos que pueden afectar a todo un pueblo y envolvernos en una vorágine destructiva. Nuestro proyecto de bienestar puede fracasar, y las promesas de cambio y ayuda pueden desvanecerse. Nos viene el bajón y si ya no tenemos fuerzas que nos hagan salir de esa situación, nos abatimos y secamos por dentro. Ya no creemos que nuestra situación va a cambiar. Quedamos propensos a la depresión o al indiferentismo. Ya nada nos importa ni motiva más que el seguir un día más. Por la creciente situación mundial de crisis, paro, guerras, catástrofes, violencia, pérdida de valores, migración, etc. muchos están viviendo estos síntomas. La falta de confianza y esperanza es un enemigo poderoso que puede arruinarnos para siempre. Deseamos volver a una situación mejor, pero no llega ¿Te has sentido desfallecer alguna vez?

El valle de los huesos secos

Un pueblo que pierde la esperanza y está sin ánimos, incluso cuando aún respira, es un pueblo que está con un pie en el sepulcro, muerto por dentro, vacío, seco. Por él ya no brotan los ríos frescos de esperanza e ilusión por un proyecto que lo motive a seguir adelante y lo mantenga vivo interiormente. Esto es lo que nos dice el profeta Ezequiel que le pasaba al Pueblo de Israel. Habían perdido ya la esperanza de regresar del exilio al que estaba sometido en Babilonia. Para ellos regresar a Israel significaba volver a la vida. Ellos habían creído en la promesa del Dios que les decía que estaban “a punto de volver” Ez. 6:8. Sin embargo el pueblo entró en tal pánico y desesperación que le resultaba difícil ya confiar y esperar con ilusión y fe en aquellas promesas y por ello declaran “se han perdido nuestras esperanzas y estamos cortados del todo” Ez. 37:11

Ver a un pueblo seco, vacío, deshidratado, abrazado por el implacable calor de la desesperanza es una imagen trágica y desoladora. La vida huye de ahí y se impone la muerte que arrasa con todo a su paso. Esta imagen dista mucho de aquello que nos dijo Jesús “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva" Juan 7:38. Tristemente esta sequía ocurre en el interior de muchas personas, incluidos nosotros que podemos atravesar momentos de sequía interior. Pero también le sucede a la iglesia, el pueblo de Dios. Ella puede perder de vistas las promesas de Cristo, desorientarse y perderse en el sinsentido y la desesperación. Puede perder el rumbo, su ilusión y esperanza. Por eso nada mejor que hidratarse con las promesas de Cristo, con la seguridad de su presencia y la confianza en su poder para hacer posible lo que nos promete aún cuando de momento no lo veamos. Una iglesia que no lee, oye, estudia y se nutre constantemente de la Palabra de Dios es una iglesia que no podrá escuchar la voz del Señor que le infunde confianza y la guía cuando atraviesa momentos difíciles, como pueden ser los valles de sombra y muerte que describió David en el Salmo 23. Sin Palabra y sin Sacramentos, la desesperación está garantizada, porque por muy pueblo de Dios que te llames o por muy hijo de Dios que te consideres, si no llega el agua, pronto llega la sequía. Nuestra vida de fe debe ser fortalecida en el perdón y las promesas de Cristo, en quien tenemos vida.

¿Pueden revivir los huesos secos?

A esto deberíamos responder que no, pero ante esta misma pregunta hecha por Dios, Ezequiel dijo: “Señor, tu lo sabes”. Ezequiel sabiamente puso en manos de Dios el asunto ya que quien había formado a ese pueblo, también tenía poder para reanimarlo. Y he aquí la buena noticia del Evangelio: Dios quiere revivir, reanimar, resucitar a su pueblo de aquel cementerio de huesos en el que se ha metido. Dios quiere reanimarte a ti que estás desesperado, desilusionado por las circunstancias que sean. A ti que te sientes sin motivaciones, sin ganas, sin ilusión, sin fe, ni esperanza. Esta es la Buena Noticia. Dios tiene poder para sacarte de ahí y darte vida.

Dios no deja a su pueblo en la sepultura, Dios no deja a sus hijos en la muerte. Dios atiende nuestro caso. Él es un Dios vivo y poderoso, y actúa enviando profetas que anuncien su Palabra, por medio de la cual da vida por medio de su Espíritu Santo. El profeta Ezequiel experimentó el poder del ministerio de la proclamación de la Palabra. Dios le envió a hablar y los huesos secos revivieron. El pueblo de Dios se revitalizó y el Espíritu los vivificó. Ahí está la clave, ahí radica nuestra vida ¡Fortalezcámonos en su Palabra y Sacramentos!

Resurrección de lázaro: Cristo nos da seguridad y Confianza sobre la muerte

Otra vez encontramos, como en el caso del ciego de nacimiento en el evangelio del 3º domingo de Cuaresma, a Jesús diciendo que la situación a la que se enfrenta tiene un propósito que va más allá de la misma enfermedad y posible muerte de Lázaro. Ésta sería una oportunidad para que el Hijo de Dios sea glorificado. Tal es así que Jesús no llega hasta que su amigo está muerto. La resurrección de Lázaro tiene un objetivo concreto y no sienta precedente, es decir que a partir de Lázaro no todos resucitan tras su muerte, sino que esperamos al día final.

En la resurrección de Lázaro encontramos un ejemplo del poder de Cristo antes de ir Él mismo hacia su muerte. Con este acto nos deja evidencia de su poder para que creamos y confiemos plenamente en Él y su promesa de resurrección. Marta dice que sabe que en el día final resucitarán los muertos, y nosotros también lo sabemos, pero en ocasiones necesitamos muestras de ese poder, queremos verlo con nuestros propios ojos como Tomás. Sabemos que sucederá algún día, sí, pero ¿ahora qué? Por ello Cristo amorosamente nos atiende aún cuando nuestra necesidad manifieste una fe débil. Y para que todos vean y reconozcan su gloria y poder y nos quede testimonio a nosotros de que eso sucedió y sucederá también con nosotros, resucita a Lázaro.

Lo que nosotros no podemos controlar nos aterra y desconcierta. La muerte no es algo que dominamos. Ella se impone y se acabó todo para nosotros. Es un enemigo que acaba con nuestras vidas y contra el cual no podemos luchar. Sin embargo Dios sí que controla la muerte y está por encima de ella. El objetivo de la resurrección de Lázaro era que veamos en que buenas manos estamos. ¡Cristo tiene poder para resucitar a los muertos así como Él mismo lo ha hecho después de su pasión y muerte! Es un mensaje de victoria. Si el enemigo más poderoso que tenemos está vencido y en la fe en la obra de Cristo nuestra resurrección y vida eterna está asegurada ¿a que hemos de temer en este mundo? ¿Qué podrá amedrentarnos? Cristo hoy nos confronta a su promesa “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá… ¿Crees esto?” ¿Qué respondes tú?

Vivificados por el Espíritu

Para quienes degustamos la vida y nos gusta, la muerte supone un contrapunto difícil de entender, aceptar y preferimos evitarla. La muerte es un enemigo implacable. Se presenta y acaba con nosotros, nos exprime la vida, nos deja “secos”. Ella puede dejar abatidos a mucho que transitan por este mundo sin esperanza, entregados al catastrofismo de la nada, del no sé que será de mí, del sin sentido. La muerte puede generar miedo o una vida distendida y entregada simplemente a los placeres terrenales ya que como reza el dicho “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Según la doctrina que tengamos de la muerte, así será nuestra vida y esperanzas en ella. Por eso Pablo se encarga de predicarnos la Palabra de Dios a fin de que como cristianos no desmayemos, y olvidemos la promesa, sino con ella en mente andemos con fe, ilusión y esperanza. Porque aquel mismo Espíritu Santo que volvió a la vida a aquellos huesos secos, y que hizo posible la resurrección de Jesucristo, es el mismo Espíritu vive en nosotros y hace que nuestras vidas tengan vida en abundancia. Somos hijos de Dios y herederos de la vida eterna. Correremos la misma suerte que Cristo. Padeceremos el signo de la cruz con problemas, dificultades, persecuciones, difamaciones, etc., y al final nos llegará la muerte también. Pero tras ella vendrá la resurrección y una vida nueva y plena en la presencia de Cristo quien nos ha redimido.

La resurrección de Cristo es de vital importancia para el ser humano y trae una visión totalmente distinta y esperanzadora. Nos muestra una alternativa divina a nuestra trágica condición humana. Un pueblo que pierde de vista la muerte y la resurrección de Cristo es un pueblo que se seca, por más apariencia de vida que pueda mostrar. Es un pueblo con medio pie en el sepulcro. Son huesos secos que pululan sin saber para qué ni hacia dónde. Pero Gracias al amor y la misericordia de Dios, la humanidad toda ha sido objeto de su atención y por ello así como envió a Ezequiel, envió a Cristo y este a sus discípulos y así como Pablo asumió su lugar y tarea en este mundo, nosotros hoy también tenemos una misión, una razón de ser como cristianos y como iglesia y es nada más y nada menos que proclamar la poderosa palabra de Dios a fin de que él Espíritu Santo, como lo viene haciendo a lo largo de la historia, también de vida y resucite a muchos en estas generaciones.

CONCLUSIÓN

En Cristo hay vida y vida en abundancia. Como cristianos no podemos dejar de nutrir nuestra fe y esperanza con la Palabra y los Sacramentos, pues nos secaremos poco a poco. Allí hay perdón de pecado y vida eterna. Ellos son medios y señales vivas dónde de la presencia y cuidado de Dios. Proclamémoslo siempre. Amén.

Pastor Walter Daniel Ralli