domingo, 19 de agosto de 2012

12º Domingo de Pentecostés.


   Comer para vivir

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA                                                                                                

Primera Lección: Josue 24:1-2, 14-18

Segunda Lección: Efesios 5:6-21

El Evangelio: Juan 6:51-69

Sermón

Introducción. En nuestra familia siempre nos preguntábamos a la hora de reunirnos si comíamos para vivir o vivíamos para comer. Esto se daba porque siempre había mucha comida y sobraba mucha comida. En la lectura del Evangelio de hoy Jesús habla de que es necesario comer para vivir, pero Él amplia nuestro concepto de vida y de qué es necesario para vivir eternamente. Esta afirmación llevó a muchos de sus oyentes de distancia.

Lo que realmente da vida. Resulta curioso comparar lo que sucede con Jesús en la lectura de hoy, con la sabiduría popular que hay en muchas iglesias con respecto al crecimiento de estas. Jesús tenía a su alrededor una multitud, a quienes les predicaba, pero al final de su sermón, aparentemente se quedó con muy pocos seguidores. Muchos opinan que hay que acomodar el Evangelio a la gente, que la Palabra de Dios tiene que ser expuesta de tal manera que sea más aceptable sobre temas difíciles, no tiene que crear fricción o incomodidad, no debe denunciar el pecado y cosas similares. Jesús, sin embargo, presenta algunas de las cosas más difíciles que alguna vez enseñó a los suyos.

Cuando Jesús dijo que Él es el pan vivo del cielo, explicó que este pan, que da vida al mundo, es su carne. Los judíos inmediatamente preguntaron cómo es que puede dar de comer su carne. ¿Acaso está tratando de promover el canibalismo? En lugar de aclarar esto que era ofensivo, hace una declaración aún más difícil de entender y aceptar: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”. Esta fue la mayor sorpresa y ofensa para los judíos. El Antiguo Testamento dice que los israelitas tenían estrictamente prohibido comer o beber sangre, porque se creía que la vida de las personas y los animales estaba en su sangre (Levítico 17:10-15). El castigo por desobedecer era que Dios no miraría con agrado a esta persona y que tendría que ser quitado del pueblo de Israel, eliminado de la comunidad del pacto. Por eso es ofensivo que Jesús les dijera que tenían que debían comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna y permanecer en Él. Él estaba mostrando que esta ley del Antiguo Testamento, que prohibía beber sangre, era una preparación para que puedan comer del único que puede dar vida eterna. Él es el pan que nos alimenta para vivir para siempre. Sólo viviendo de la vida de aquel que vive para siempre, nosotros podremos vivir para siempre. 

Cada comida que comemos en esta vida, ya seas carnívoro o vegetariano, es una lección de que vivimos todos los días de la muerte de otra cosa. Todos los alimentos que necesitamos vienen de la muerte de alguna planta o animal. No podemos sobrevivir de las rocas o arena, tenemos que comer algo que una vez tuvo vida. Pero, inevitablemente, incluso comer este alimento no impedirá que algún día muramos. Nuestra vida no puede mantenerse eternamente por este tipo de alimento terrenal, no importa qué tan saludable sea la dieta que elijamos. Pero sólo hay un tipo de alimento, de la cual Jesús habla aquí, que da la vida eterna. Cuando comemos la carne de Jesús y bebemos su sangre, vivimos a causa de Él. Vivimos por la muerte de otro, la muerte de Jesús en la cruz por nuestros pecados. Él ha dado su carne como pan para la vida del mundo. Por eso su carne y su sangre son su vida por nosotros, su vida de resucitado mora en los que comen y beben de Él.

Tratamos de preparar nuestra propia comida. Así de impactante eran las palabras de Jesús en este sermón, que muchos de sus discípulos dijeron: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” En efecto, para ellos Jesús había ido demasiado lejos. ¿Cuantas veces tratamos de persuadir a Jesús para que no nos incomode? ¿Qué cosas te son demasiado difíciles de escuchar? Jesús sabía que ellos se quejarían y dijo: “¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?” Si fue  difícil para ellos creer que Él era el pan del cielo, que era Dios hecho carne, que vino para dar su vida por el mundo y que la vida eterna se encuentra sólo en Él, ¿qué pensarían al ver a Jesús elevarse al cielo? Las obras de Dios son demasiado increíbles para creer. Pero Jesús no les da lugar para ablandar su enseñanza. Es más, luego afirma que estas palabras son espíritu y son vida la carne no sirve para nada.

En esta afirmación Jesús no se está refiriendo a su propia carne, sino estaría en contradicción con todo lo que dijo antes sobre su carne otorgando vida eterna, que su carne es verdadera comida y es pan de vida. Él se refiere a nuestra carne y mente pecadora que no reciben sus enseñanzas. Él está diciendo que nuestra carne pecadora se opone a Dios y no cuenta con Él para nada, ya que rechaza la Palabra de Dios y el obrar del Espíritu. Entonces Jesús se refiere a aquellos que, como Judas, no creen y explica que sólo se puede llegar a Jesús y tener fe si el Padre los atrae hacia Él. Así que esta es la razón por la cual la carne no ayuda para nada, porque no puede comprender o llegar a las cosas de Dios. No tenemos ningún poder en nuestra carne pecaminosa para buscar a Dios. Sólo su Espíritu y su Palabra pueden despertar la fe en nosotros. 

Estas palabras fueron tan escandalosas para los oyentes de Jesús que muchos de sus discípulos se dieron la vuelta y no quisieron andar más con Él. Lo mismo pasa en muchas ocasiones hoy día. La iglesia cristiana no debe cambiar el Evangelio para mantener a los oyentes. Algunos pueden sentirse ofendido por el mensaje y seguir su propio camino. Jesús no va a diluir su Palabra para que nos sea más aceptable. Cuando nosotros tratamos de hacerlo corremos el riesgo de perder y distorsionar completamente el Evangelio. 

Jesús tenía un amor muy profundo por la Verdad de Dios, tanto que Él preguntó a sus discipulos si ellos también lo dejarían. Pedro le contestó con las palabras “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Damos gracias a Dios que Él crea en nosotros la fe y nos atrae cerca de Él para creer, incluso en una enseñanza sorprendente de que debemos comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna. 

Comer y beber de Cristo para vida eterna. ¿Qué es exactamente lo que quiso decir al comer y beber su sangre y carne, y sobre todo cómo hacemos esto? ¿Quiere decir tenemos que practicar una especie de canibalismo? Es evidente que no. ¿Se refiere al consumo de su carne y sangre en la Santa Cena? ¿O hay otro tipo de alimentación? Se trata de un tipo diferente de comer de lo que hacemos con nuestras bocas y estómagos. Jesús aquí está hablando de un comer espiritual y de una comida que se da por la fe. Así como nuestro cuerpo necesita nutrientes de los alimentos, nuestra alma también necesita este alimento eterno de la carne y sangre de Jesús, la vida del mundo. Jesús habla aquí de un comer espiritual. Él dice que comer y beber de Él es tener vida eterna. En este capítulo, Jesús dice que cualquiera que lo mira a Él y cree en Él tiene vida eterna (6:40), que quien oye y aprende del Padre viene a Él y cree que tiene vida eterna (6:45, 47). 

Así que Jesús a quienes oyen y creen en Él les otorga lo mismo que a quienes comen y beben de Él. Así que comer y beber de Jesús es escuchar y creer en Él y recibirlo como aquel que Dios ha dado para dar vida al mundo, y aferrarnos a esta verdad en todas las dificultades y tentaciones. 

Quedamos satisfechos de Jesús cuando escuchamos la Palabra de Dios, leída, predicada, hablada entre nosotros, cuando recibimos los sacramentos por medio de la fe. Sólo para los que comen y beben de Cristo en este camino espiritual, por la fe, es la vida eterna. Jesús dice que todos los que comen de Él de esta manera tienen vida eterna. Él dice: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”

Además de esta forma espiritual de comer y beber a Cristo por la fe, también hay una segunda forma en que comemos de Cristo, y eso es a través de la Cena del Señor. En esa comida nos da su cuerpo y sangre en nuestra boca, así que lo que comemos en el pan y bebemos en el vino, es realmente el cuerpo y la sangre de Jesús. No como un símbolo, sino con su presencia real, de manera misteriosa. Comemos su cuerpo y sangre para nuestro perdón y vida eterna. Pero incluso esta segunda manera de comer la carne de Jesús y beber su sangre no es de ningún beneficio para nosotros a menos que comamos de Él espiritualmente por la fe. Sin la fe en Jesús como el Hijo de Dios y sin creer en sus beneficios de gracia para nosotros en su muerte en la cruz y en su resurrección, en realidad es perjudicial recibir la Cena del Señor. De hecho, estamos tomando la Cena del Señor para nuestro perjuicio y daño en caso de que la recibamos sin fe, o sin arrepentirnos de nuestros pecados. La escritura advierte que si lo comemos sin discernir el cuerpo, se come y bebe juicio y la participación indebida en realidad nos hace pecar contra el cuerpo y sangre de Jesús (1 Corintios 11:27-32). 

Por lo tanto, Jesús no está diciendo que cualquier persona que pasa y realice la acción exterior de la Cena del Señor se le concede la vida eterna, como si esta acción de comer lo salvaría y no la fe. Solo cuando uno ha comido espiritualmente de Cristo por la fe, entonces los beneficios de la Cena del Señor se derraman también en nosotros. En primer lugar por la fe en el corazón, y el segundo por una alimentación física del cuerpo y la sangre de Cristo, realmente participamos de los dones salvíficos de Dios por nosotros: La sangre de Jesús derramada para el perdón de nuestros pecados. Así los niños o  los creyentes que todavía están pasando por la instrucción en las doctrinas básicas de la fe y aún no han comido la Cena del Señor, tienen los beneficios de la gracia, de la plenitud de Cristo, ya que comen y beben espiritualmente por la fe. No tienen que esperar hasta que hayan recibido la Cena del Señor para tener el don completo de la salvación.

Conclusión: La enseñanza de Jesús es dura y difícil de entender. Se nos invita a creer que el don de la vida eterna viene por medio de la muerte de un hombre extraordinario, que en el aspecto físico no parecía diferente de nosotros. Un hombre que hizo sorprendentes afirmaciones que sólo Dios puede hacer y ofreció su propia carne y su sangre como sacrificio para traernos vida eterna. El comer y beber su carne y sangre, simplemente es vida para nosotros y en nosotros. Muchos de los discípulos de Jesús se apartaron de Él en estas enseñanzas. Es el Espíritu quien nos afirma en la vida eterna por medio de las palabras de Jesús, mientras que el mundo puede ofrecer nada más que un disfrute temporal y muerte. Quiera Dios que nunca le demos la espalda, sino que vayamos a festejar siempre y continuamente en la comida de Jesús como alimento que nos da la vida eterna. A diario, semanal o mensualmente comemos de Cristo para que nos sostenga en el camino a la vida eterna. Hemos creído y llegado a saber que Jesús es el Santo de Dios. Ahora la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús para vida eterna. Amén.

Pastor Gustavo Lavia