sábado, 29 de noviembre de 2014

Estimados hermanos,

¡Que la Paz de Cristo ilumine vuestras vidas y la presencia del Espíritu Santo conforte vuestros corazones! Mañana, Domingo 30 de Noviembre da comienzo el Adviento.

Un año más entramos en esta bella etapa del calendario litúrgico, donde preparamos nuestros corazones y anticipamos la llegada a éste mundo del Príncipe de la Paz. Desde mañana hasta la Navidad, y durante los cuatro próximos Domingos, la Iglesia proclamará la esperanza que los creyentes tenemos en un Dios que nos nos abandona, y que viene a nuestro encuentro para traer en Cristo, perdón, vida y salvación abundante a este mundo. Es por tanto un buen tiempo para meditar sobre nuestros caminos, y sobre la voluntad de Dios para nuestra vida.Tiempo pues también de arrepentimiento y conversión. Mientras el mundo sufre y padece, el Señor sigue proclamando que no debemos perder la esperanza, pues a su debido momento, Cristo volverá de nuevo y de manera definitiva entre nosotros. Y mientras muchos aún cierran sus oídos a Su Palabra, Él sigue anunciando con voz fuerte y potente que sólo en Jesús, puede el hombre tener verdadera esperanza y alegría.

Os animo pues a participar de los Oficios de las congregaciones y puntos misionales de la Iglesia en España, y a aquellos que residís lejos de estas zonas, a uniros en familia y/o con otros creyentes en la oración y la meditación constante de la Palabra. Que el Señor os anime y fortalezca en este tiempo, y que vuestros corazones sean confortados con la alegría del anuncio de esperanza de Dios para Su pueblo.

Fraternalmente en Cristo Rev. Juan C. G.

Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.

Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. (Isaías 9:1-7)