sábado, 8 de marzo de 2008

5º Domingo de Cuaresma 09-03-08

La temporada de Cuaresma comprende los cuarenta días desde el miércoles de ceniza hasta el sábado de gloria. La palabra cuaresma parece provenir del término latino quadraginta que significa "cuarenta". Antiguamente había de ayunarse durante la Cuaresma, menos los domingos, preparándose para la celebración de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Actualmente es una temporada penitencial y de arrepentimiento en que se fija la atención en la pasión y muerte de Jesucristo por los pecados del mundo y los de uno mismo. Contemplar lo que Él hizo y sufrió inevitablemente nos lleva a lamentar nuestros pecados y sus consecuencias, tanto las que Jesús tuvo que sufrir en nuestro lugar como las que sufrimos en nuestras propias vidas. No obstante, no es una temporada de lamentación lúgubre y tristeza sombría, porque los domingos de Cuaresma siempre siguen siendo la celebración de la resurrección de Jesucristo de la muerte. Por lo tanto la Cuaresma es más bien un período de gozo solemne porque en él recordamos tanto el privilegio que nos ha sido dado de poder arrepentirnos como el perdón de todos nuestros pecados mediante la redención que obró Cristo por nosotros en su sufrimiento, muerte y resurrección gloriosa.

09-03-2008

5º domingo de cuaresma

“Yo soy la resurrección y la vida”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Ezequiel 37:1-14

La Epístola: Romanos 8:11-19

El Evangelio: Juan 11:1-53

1Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. 2(María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.) 3Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. 4Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
5Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. 7Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez. 8Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? 9Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él. 11Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. 12Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. 13Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. 14Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; 15y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él. 16Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.
Jesús, la resurrección y la vida
17Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. 18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; 19y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. 20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. 21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. 23Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 24Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 25Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
Jesús llora ante la tumba de Lázaro
28Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama. 29Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él. 30Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. 31Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. 32María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. 33Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, 34y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35Jesús lloró. 36Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. 37Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?
Resurrección de Lázaro
38Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. 39Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. 40Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? 41Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. 42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

Tema: Jesús es la resurrección y la vida

Objetivo: Vivir en la paz que nos brinda la muerte y resurrección de Cristo.

Sermón

La muerte y resurrección de Lázaro es un hecho profundamente significativo para la época de Cuaresma que estamos viviendo, y seguramente de especial relevancia para aquellos a quienes la muerte os ha tocado de cerca.
Hoy no puedo dejar de nombrar a Isaías Carrasco, a quien, en un día “normal” y sin esperarlo, le fue arrebatada su vida. La muerte le sorprendió a él, a los suyos y a toda la sociedad española. A los únicos a los que no les sorprendió su muerte fue a sus indeseables y cobardes asesinos, que buscaban y esperaban justamente eso.
Es verdad que esa forma de morir nos causa mucha bronca e indignación, sin embargo lo cierto es que la muerte sigue llegando. Ella usa distintas formas: accidente, enfermedad, asesinato, catástrofe, etc., y según el “momento” y la “manera” despierta distintas reacciones. Pero más allá de estos sentimientos tan profundos y personales, lo concreto es que la muerte se hace presente y toma protagonismo en nuestras vidas. Ella es real y concreta, y siempre llega; a todos nos llega. Ésta es la mala noticia. Pero incluso para la trágica y desesperante noticia de la muerte, Cristo contrapone una Buena Noticia: La promesa real de la resurrección y la vida eterna.

LA MUERTE, UNA REALIDAD PALPABLE Y CERCANA

La muerte es aquel punto y final que cierra la historia de una vida humana tal cual la conocemos y concebimos empíricamente. La mayoría de las personas preferirían que el guión de su vida no se acabase nunca. La muerte, aquel enemigo implacable e indiferente, que no acepta concesiones ni se la puede sobornar con dinero, la cual no respeta razas, edades ni sexos, se presenta como aquello que nos arrebata todo cuanto tenemos y somos, el único bien realmente valioso: la vida.
Su presencia desgarra lo más profundo de nuestro ser. Nos deja impotentes, débiles, indefensos, desprotegidos. En aquel momento tomamos plena conciencia de que lo único realmente que poseemos es nuestra vida, y que incluso ésta es finita y tarde o temprano nos será arrebatada. “7porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar”. 1ª Timoteo 6:7

¿Por qué la muerte?

La muerte es la consecuencia de nuestra desobediencia. Ésta es la respuesta que nos da Dios en su Palabra. Adán y Eva transgredieron la voluntad de Dios y justamente se cumplió la promesa: “del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Gn. 2:16-17 Como descendencia suya, todos nosotros nacemos con la consecuente naturaleza heredada de Adán y Eva: Somos pecadores y por ende mortales “la paga del pecado es muerte” Ro. 6:23
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. Romanos 5:12
Jesús se compromete con nosotros
Pero Dios no nos dejó en esa situación. A tal punto se involucro Dios en la persona de Cristo con el problema de la muerte que Jesús derramó sus lágrimas por lo acontecido con Lázaro. Tenía total dimensión, comprensión y sentimientos hacia este monstro negro que atormenta a la humanidad. Y Dios no se complació en dejar en esta lamentable situación en la que se metió la humanidad por rebeldía. Cristo fue a la muerte. Enfrentó Él mismo en su persona el abandono absoluto de la muerte, y eso solo para darnos vida a quienes creemos en su obra.
“Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses 2:5-8

La obediencia de Cristo trae vida

“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 19Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”. Ro. 5:17-19
Jesús muestra y nos deja testimonio de su poder sobre la muerte.
Jesús llama a Lázaro de la muerte. Lázaro nada podía hacer por sí mismo. Lázaro estaba sin vida. Ningún otro ser humano podía hacer por Lázaro más que sepultarlo y llorar su pérdida. Sin embargo Cristo se hace presente en esa situación puntual para dejarnos un ejemplo claro del poder de su Palabra. Para certificarnos que Él puede hacer volver a la vida: “¡Lázaro, ven fuera! 44Y el que había muerto salió”.
Si bien el caso de la resurrección de Lázaro es un milagro puntual que Jesús realizó para dejarnos constancia de su poder, también es cierto que todos los cristianos experimentamos una resurrección en nuestro Bautismo. Esta es la imagen más acertada y bonita de conversión. ¡Un muerto vuelve a la vida!
Nosotros, muertos espirituales, somos resucitados por el poder de la Palabra de Dios, nacemos de nuevo por el agua y el Espíritu. “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. 1ª Pedro 3:21
“3¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”. Ro. 6:3-4
Cristo te ha hecho nacer de nuevo por el Bautismo y te ha dado un nuevo pulmón en Cristo ¡Respira por medio de la fe el aire de vida que te da la Palabra de Dios y vive!
Jesús es la resurrección y la vida
Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.
¿Dónde se sustenta la esperanza cristiana de la vida eterna? En la Palabra de Dios. Dios empeña su Palabra con la vida de su propio Hijo Jesucristo. Jesús es la Palabra misma de Dios. El Verbo hecho carne.
La Palabra se encarna y asume la muerte en sí mismo. Jesús resucita. Trae un concepto que aporta una solución completa al problema. La muerte no puede retenernos. Alguien más poderoso que ella, que la venció primero, reclama la pertenencia de nuestras vidas.
El sello de la pertenencia a Cristo es la fe. El creerle es nuestro pase, nuestro pasaporte, nuestro carnet de identidad que muestra que no pertenecemos al reino de la muerte, sino al reino celestial, al reino de nuestro amado Padre Dios.
¿Dónde está oh muerte tu aguijón?, se atreve a decir el apóstol Pablo en forma desafiante. Ya no tiene poder mortífero, Cristo asumió en su cuerpo aquel único aguijón mortal de la muerte y su veneno ya no tiene poder en la Cristianos ya que tenemos el antídoto de la fe, tenemos anticuerpos que no dejan que la muerte, el pecado y el diablo tengan en nosotros ningún efecto maligno.
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 1ª Co 15:55-57
Jesús nos cambia la perspectiva sobre la muerte.
Ya no hay un punto y final. En Cristo la muerte es un punto y seguido. Es una pausa momentánea para seguir escribiendo el texto de la historia de nuestras vidas eternamente.
“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. 21Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. 1ª Co. 15:20-22

LA MUERTE Y RESURRECCION DE CRISTO Y LA NUESTRA

Si Cristo no se hubiese levantado por su propio poder de esa sepultura, su Palabra no tendría respaldo. Ninguno de sus discípulos, amigos, familiares podía hacer nada por Cristo. El que había resucitado a Lázaro ahora estaba abandonad a su propia surte. Lo que podían hacer por Él era sepultarlo, perfumarlo y llorarlo. Se acabaría así toda esperanza. Su Palabra no tendría un respaldo que nos genere confianza y una garantía de fiabilidad. “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. 14Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… 18Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron… 20Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho”. 1ª Co- 15:13-14, 18 y 20. ¡Pero Cristo sí resucitó! ¡Alégrate!
Jesús motiva a nuestra fe y busca una confesión
“todo aquel que cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”. Juan 11:26-27
Esa es la pregunta a la cual nos confronta Cristo ¿Crees que Él es la resurrección y la vida? ¿Crees que Él te resucitará a ti también y te dará la vida eterna? Confiesa con voz firme y fuerte: “Creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén”.
Certezas

“De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte”. Juan 8:51
Cristo es el Dios de las certezas, las convicciones, la verdad. Eso es lo que nos hace descansar tranquilos en su Palabra. La mayoría de las personas con las que he hablado después del debate entre Rajoy y Zapatero me han dicho que quedaron confusas, que ambos decían cosas opuestas sobre un mismo tema y con carteles estadísticos en la mano que aseguraban su postura. Jesús, en vez de desconfianza y confusión, nos da certezas, seguridades absolutas. Aborda un tema en el cual nadie puede darnos y comprobarnos con su propia vida que sabe de lo que habla y que tiene poder para hacer lo que promete.
Muchas teorías pretenden resolver el conflicto de la muerte, pero la resurrección de Cristo es la única realidad que nos llena de seguridad. A menudo oigo a personas dudar diciendo “nadie volvió de ahí para contarme como es”, esa afirmación es falsa. Cristo regresó de la muerte y está sentado a la diestra de Dios Padre y Él sí que nos contó y dejó evidencias de que eso es cierto y nos dice que así como Él resucitó, nosotros también resucitaremos para vida eterna.
Porque es verdad que “la paga del pecado es muerte”, pero no es menos verdad que “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Ro. 6:23

CONCLUSIÓN

En contraste con la mala noticia que recibimos a diario de la muerte, Cristo nos dio una Buena Noticia a la cual aferrarnos y la cual anunciar a los cuatro vientos. Una noticia que es un bálsamo para los corazones desesperados, derrotados y angustiados. Hay una firme esperanza. Lázaro fue resucitado por la Palabra de Cristo, Cristo mismo resucito por su propio poder y venció así al diablo, el pecado y la muerte.
Jesús comprometió su Palabra de tal manera que dio su propia vida como garantía. Jesús sin ninguna necesidad de su parte, renuncia a la gloria que tenía, se humilla, se hace hombre y viene a este mundo. Los suyos no le reciben, le dan la espalda, no le creen, lo rechazan, tanto es así que termina muriendo como un maldito criminal en la cruz. Muere. Pero resucita para que tú tengas vida. Para que no tengas de qué preocuparte, ni agobiarte, ni angustiarte. Vive en Paz, en la plena seguridad de que por la fe en Cristo tienes vida eterna junto a Dios. Amén.
Aplicaciones a la vida diaria:

· Cada vez que pienses en la muerte, recuerda que es la consecuencia de la relación rota con Dios.
· Si la muerte te genera angustia, piensa que Cristo tomó cartas en el asunto y hay una Buena Noticia.
· Cristo es la resurrección y la vida y tú, por la fe en Él, resucitarás para vida eterna.
· Recuerda que en el Bautismo has recibido la vida Espiritual. Aliméntate con la Palabra y el Sacramento.

Pastor Walter Daniel Ralli