sábado, 1 de marzo de 2008

4º domingo de Cuaresma 02-03-8

La temporada de Cuaresma comprende los cuarenta días desde el miércoles de ceniza hasta el sábado de gloria. La palabra cuaresma parece provenir del término latino quadraginta que significa "cuarenta". Antiguamente había de ayunarse durante la Cuaresma, menos los domingos, preparándose para la celebración de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Actualmente es una temporada penitencial y de arrepentimiento en que se fija la atención en la pasión y muerte de Jesucristo por los pecados del mundo y los de uno mismo. Contemplar lo que Él hizo y sufrió inevitablemente nos lleva a lamentar nuestros pecados y sus consecuencias, tanto las que Jesús tuvo que sufrir en nuestro lugar como las que sufrimos en nuestras propias vidas. No obstante, no es una temporada de lamentación lúgubre y tristeza sombría, porque los domingos de Cuaresma siempre siguen siendo la celebración de la resurrección de Jesucristo de la muerte. Por lo tanto la Cuaresma es mas bien un período de gozo solemne porque en él recordamos tanto el privilegio que nos ha sido dado de poder arrepentirnos como el perdón de todos nuestros pecados mediante la redención que obró Cristo por nosotros en su sufrimiento, muerte y resurrección gloriosa.

02-03-2008

4º domingo de cuaresma

“Jesús nos sirve”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Óseas 5.15-6.3
La Epístola: Romanos 8.1-10

El Evangelio:

Mateo 20:17-28 17 Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: 18 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; 19 y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará. 20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. 21 Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 22 Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. 23 Él les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. 24 Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. 25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.


Sermón

El problema de Ambición: El evangelio de hoy relata la historia de una madre que quiso lo mejor para sus hijos. Sin duda ella los amaba, estaba orgullosa y tenía grandes sueños para ellos, por eso se acercó a Jesús con una solicitud audaz. Le pidió que cuando Jesús entrara en su Reino, él sentara a un hijo a su derecha y el otro a su izquierda. Ella quería que sus hijos tengan los lugares de honor más alto.

No es nuevo afirmar que vivimos en un mundo ambicioso. Queremos saber quien es el mejor, más rápido, más listo, más fuerte, más fuerte, más alto y más rico. Queremos saber quien va a ser expulsado del concurso de moda esta semana y quien podrá estar algunos días más. Enfrentémonos. La vida es así o se gana o se pierde. Por eso es que apuntamos los tantos en los juegos, para ver quien gana y quien pierde. Por eso amamos los deportes y juegos de mesa. Queremos saber quién está arriba y quien está abajo. Así es que esta madre viene a Jesús, en el gran juego de la vida, ella busca asegurarse que sus hijos salgan ganando. Que mejor para ello que pedirle un favor al Señor mismo. No tuvo problema de hacer esa solicitud porque creía que sus hijos se lo merecían. Ella tenía sueños grandes y sus hijos tenían grandes ambiciones.
A pesar de lo que pueda pensar, la ambición en si misma no es mala. ¿Si no tienes ninguna ambición, por qué molestarte y levantarte de la cama cada mañana? Podría darte la vuelta y dormir todo el día.

La ambición es meramente un deseo ardiente deseando algo futuro. Como deseo, puede ser positivo o negativo, bueno o malo, justo o injusto. Puede ser muy útil si somos ambiciosos para las cosas correctas.
Deleitarse en la Gloria: ¿Cuáles son tus ambiciones? ¿Con qué sueñas? ¿Cuáles son tus esperanzas para tu vida? Alguien dijo una vez que para el hombre hay dos grandes problemas en la vida, uno es perder el deseo en su corazón y el otro es conseguirlo.
El evangelio de hoy ocurre cerca del fin del ministerio de Jesús. Casi una semana antes de la crucifixión, es por eso que Jesús y sus discípulos caminan hacia Jerusalén. Mientras Jesús sabe que se enfrentará a la humillación, la muerte y al peso del pecado de toda la humanidad sobre sí, sus discípulos van a la pesca de mejores asientos en el Reino.

¿Quién los puede culpar? Todo el mundo quiere ser alguien. Todos nosotros queremos estar cerca del poder. Decimos o pensamos, al orar: “Señor, soy tu hijo, tienes que contestar esta oración”, “Señor, he permanecido fiel a tu palabra. Ahora cumple con tus promesas”.
Gran Ambición (20-21): Es fácil criticar a esta mujer, pero en realidad ella estaba haciendo lo que cualquier madre haría. No se la puede culpar de ir a Jesús. Todo lo que quería era que sus hijos prosperen y tomen la delantera en la vida. Debe de haber sido una escena interesante para ver. Esta madre con sus hijos adultos escoltándola. Los apóstoles tienen al menos entre 25 y 30 años. El pasaje en Marcos 10:35-45 deja entrever que los discípulos tuvieron en mente la misma solicitud. Se nota que los hijos y su madre habían discutido esto previamente. Quizá pensaban que Jesús sería más compasivo si la petición la formulaba la madre.

Así es que ella se arrodilla humildemente ante Jesús y solicita con gran respeto que a Jacobo y a Juan le sean dados los asientos de honor más altos en su Reino. En este punto nos topamos con un peligro que todos los padres afrontamos. Es fácil querer que nuestros hijos cumplan con nuestros sueños. Muy a menudo a nuestros niños los intentamos meter a la fuerza en un molde que nosotros elegimos. Pero nuestros deseos y los deseos de Dios para nuestros hijos no siempre son los mismos.

Los Hijos de Trueno: Podríamos mencionar varios argumentos a favor de lo que esta madre hizo:

A- Ella claramente cree que Jesús en un día no muy lejano tendrá un gran reino. No muchas personas creyeron eso. Para muchas personas solo tenía la apariencia de otro maestro de religión. Sus seguidores eran en el mejor de los casos gente normal, pero en general se relacionaba con personas despreciadas, que no tenían rangos militares ni pertenecían a un tribunal real. Ella creyó cuándo la mayoría de la gente dudó. B- Está claro que Jesús apreciaba a los hijos de esta mujer. Él les dio el apodo “hijos de trueno” (Marcos 3:17). C- Eran de los discípulos más antiguos. D- Ellos, junto con Pedro, fueron los únicos testigos de la transfiguración de Jesús.

¿Por qué no podría pedir que sus hijos tengan los asientos de más alto honor? ¿Por qué no podrían tener un sitio de poder y prestigio? Después de todo, alguien tendrá que hacer esa tarea, bien podrían ser Jacobo y Juan. ¿Qué problema hay en pedir el puesto de trabajo por adelantado?

Al leer los otros evangelios, es claro que este tipo de problemas fue algo frecuente. Surgió entre los discípulos en la Última Cena de Señor, la noche anterior a que Jesús fuera crucificado. No importa lo que podamos pensar acerca de Jacobo, Juan y su madre, los otros discípulos también querían esos asientos. Eran hombres muy competitivos. El problema es que Jacobo y Juan menospreciaron el costo de que tenía para Cristo el conseguir establecer su reino Pidieron sólo un lugar de honor. ¿Qué dice Jesús sobre esta petición?
Hay que pagar un Alto Precio (22-23): Jesús no reprende a la madre ni a sus hijos. Dejando a un lado los motivos egoístas por un momento, Jesús simplemente les dice que no saben lo que piden. Luego él les pregunta a los hombres si pueden beber la copa que él está a punto de beber. Con valentía contestan, “PODEMOS”. Muchas veces nuestra perspectiva de nosotros mismos está distorsionada y se nos olvidan nuestras limitaciones. Jesús no dice, “Olvídense del asunto. Nunca tendrán un lugar de honor en mi mesa.” Él meramente aumenta las exigencias. “¿quieren sentarse junto a mí? El precio a pagar es muy alto. Jacobo y Juan asumieron que su sufrimiento se había acabado y su trabajo estaba realizado. Se equivocaron las dos veces. Su sufrimiento todavía estaba por llegar y su trabajo recién empezaba.

Las palabras que Jesús les dice sonarán en breve en el Huerto de Getsemaní cuando él pida que la copa de sufrimiento que él estaba a punto de beber pueda pasar de él. Esa “copa” es la carga de soportar los pecados de mundo sobre si. Nuestro Señor tomó la copa de ira, de castigo, cuándo a él fue hecho pecado en nuestro lugar.

En los primeros versos de este pasaje, 17 a 19, Jesús anunció a sus discípulos que él iba a Jerusalén, sería traicionado, arrestado, falsamente acusado, burlado, humillado, golpeado y finalmente crucificado. Nada de lo que ocurrió lo tomó de sorpresa. Fue a Jerusalén con conocimiento de estaba a punto de morir. Cuando Jesús desafió a Jacobo y Juan a beber de su copa, los llamaba a sufrir en su nombre. Sólo él pagararía por los pecados de mundo, pero ellos podían sufrir con él permaneciendo leal.

Eso fue exactamente lo que ocurrió. Jacobo fue el primer apóstol en morir. Fue ejecutado por Herodes Agripa (Hechos 12). Juan fue el último apóstol en morir. Él estuvo exiliado en la isla de Patmos.
Jacobo y Juan quisieron hablar y disfrutar de la gloria pero Jesús les habla y los lleva por el camino de su sufrimiento. Quisieron disfrutar del domingo de resurrección sin pasar por viernes Santo de crucifixión, deseaban una corona sin cruz. Jesús les dice, de ninguna manera. Si quieren estar a mi derecha y a mi izquierda quédese conmigo algunos días y ya verán quienes estarán a mi derecha y a mi izquierda. Un ladrón moribundo a cada lado. Estoy a punto de ser crucificado y los romanos tienen dos cruces vacías. ¿Desean participar? Cuando Jesús les dijo “¿Podéis beber del vaso que yo he de beber?” Él los estaba invitando ir y morir con él.
Por otro lado Jesús informa a Jacobo y Juan que él no se encarga de la distribución de los asientos en el Reino. Él es el anfitrión, pero el Padre es el encargado de la distribución de los asientos. Por lo cual lo más importante acerca del Reino de Dios es ésto: ¡Asegúrese de estar allí! Una vez que entre a ese reino, podrá comprobar la distribución de los asientos. No se preocupe. Cada mesa estará junto a la de Jesús. Todo el mundo tendrá una vista privilegiada.
Poniendo el listón en lo Alto (24-28): Los discípulos han comenzado a discutir entre ellos, lo cual no nos asombra. Creo que los otros diez apóstoles están furiosos porque no se les ocurrió esa idea primero. El episodio entero comienza con una extraña petición de la madre de Jacobo y Juan y finaliza con una disputa acalorada. Los humanos nacemos para competir, luchar por un lugar sobresaliente, llegar o aparentar ser el número uno en algo. Ganar o perder. De eso se trata la vida. Ponernos por delante es una de las principales motivaciones en todo lo que hacemos, aunque no lo admitamos. Antes de que condenemos a los discípulos, debemos fijarnos bien en el espejo.

Otra vez Jesús no condena a los suyos. Él usó esta disputa para enseñar, para desafiarlos a que canalicen su ambición en una nueva dirección. La ambición se ha convertido en una mala palabra en nuestros días porque da a entender un deseo desmedido sin tener en cuenta los costos ni siquiera a las personas que son perjudicadas. Enfrentémonos. Es verdad que hay demasiada de esa clase de ambición en el mundo. En cada compañía, oficina, fábrica, en cada escuela, universidad, podemos encontrar a algunas personas que están dispuestas a actuar con irresponsabilidad y poca consideración con la verdad si eso las ayudara a subir posiciones.
Jesús sabe que a los hombres y mujeres nos gusta eso. Entendió que sus discípulos estaban tentados a usar los mismos métodos y con cinco palabras marcó otro rumbo: “entre vosotros no será así”. Luego él describió un camino diferente a este tipo de ambición.

¿Quiere ser un líder? Es grandioso porque el mundo necesita buenos líderes. He aquí el camino a transitar. Conviértase en un servidor. Recoja una toalla y comience a lavar los pies sucios. Piense acerca de si mismo como un esclavo y no como un amo. Es decir lo que él los hizo, Jesús rechaza por completo la forma del mundo de negociar, escalar y liderar. En lugar de utilizar a las personas, Jesús nos invita a servirlas.
No creo que Jesús ataque el concepto de autoridad. No está proponiendo que la iglesia deba estar sin líderes. Las palabras de nuestro texto van a establecer una base para el liderazgo. La autoridad verdadera surge del servicio. Es una cosa buena querer guiar a otros si está dispuesto a adoptar la metodología de Jesús. Un líder verdadero pregunta “cómo puedo servir a otros”. Aquí hay un principio de suma importancia para escoger a líderes: “¿Es esta persona un buen servidor? Si la respuesta es no, siga buscando. ¿Le gustaría ser un líder? Sea un servidor. Sea un esclavo.

La Cristiandad en un Verso: el versículo 28 resume el mensaje cristiano. Éste es la descripción de la cristiandad en un verso. Jesús vino a servirnos para que podamos servir otros. Jesús vino a servirnos mientras servimos otros. Él es el último servidor y no es sólo nuestro ejemplo, él es también nuestro criado, siervo o esclavo. No son sólo los pies de los discípulos los que fueron lavados, nuestros pies también son lavados por el Hijo de Dios cada vez que venimos a él para limpiar nuestro pecado. Es una gran verdad que Jesús es nuestro servidor. El Señor de gloria vino a servirnos a fin de que podamos servir a otros con su poder divino. Él no es sólo un ejemplo de servicio, él es también el siervo que nos faculta y capacita para prestar servicio en su nombre. En esto vemos una verdad maravillosa de la fe cristiana: Lo que Dios nos demanda, también nos lo suministra.

Cristo dio su vida en rescate por muchos. La palabra “rescate” se refiere al precio que implicaba el liberar a un esclavo o un prisionero. Habla de nuestra miserable condición a causa del pecado. Ese precio fue pagado a Dios a fin de satisfacer a la justicia divina y así evitar que seamos castigados. El costo para Cristo fue su propia vida, ofrecida en sacrificio en la cruz. Cristo, siendo inocente, soportó en lugar de los culpables, así que por su perfecta vida y su cruenta muerte él pudo pagar el precio de nuestro pecado, cargando sobre sí la furia de Dios, a fin de ser puestos en libertad. Él tomó nuestro castigo divino. Murió por “todos”, no todos responderán a la fe salvadora que Jesús da por medio de su palabra y sacramentos.
¿Estás incluido en los “muchos”? ¿Hay un sitio para ti? Gracias a Dios, la respuesta es siempre sí. Estás entre los “muchos”, si tienes fe en él. Nadie que viene a Cristo con fe, creyendo que es el salvador o liberador, es rechazado.

Como llegamos al fin de este mensaje, terminemos con algunas simples observaciones. Sé que es fácil criticar a esta madre y sus dos hijos que vinieron a Jesús con lo que parece ser una petición bruta y egocéntrica. Pero no somos diferentes a ellos. Al menos estaban dispuestos a comprometerse con algo. Eso es más de lo que podría decirse acerca de la mayoría de nosotros. Cuando Jesús empezó a hablar acerca de la copa y el bautismo de sangre, creo que hubiésemos querido posponer nuestra petición de sitios de privilegio un poco más.

Pero Dios bendice a Jacobo, Juan y a su valiente madre. Al menos estos hijos estaban dispuestos a tomar una posición con Jesús. No sabían todos los detalles pero ellos se alistaron de cualquier manera. Y no esperaron hasta la resurrección. Años más tarde pagarían un precio elevado por ese compromiso. Uno moriría como un mártir y el otro iría a al exilio solitario lejos de Jerusalén.
Aprendamos de esto que el camino al Cielo siempre pasa por la Cruz. Si se salta la cruz, terminará perdido muy lejos de Cristo y de su reino. La cruz de Cristo nunca nos dejará solos. Este es el centro de nuestra fe. Si sacamos la cruz de la cristiandad habremos quitado a Jesús mismo.

Nos queda la pregunta que Cristo les hizo a estos dos apóstoles: “¿Podéis beber del vaso que yo he de beber?”. Ésta es la pregunta que el Señor nos deja a cada uno de nosotros hoy.
Al fin nuestra máxima necesidad es Jesús. Siempre viene a nosotros, no llama, restaura y envía. Sabemos que estamos indefensos sin él. Disfrute de su compañía y aliméntese de Cristo en su Palabra Sacramentos. Alli es donde el te Sirve y capacita para seguirle y servir a otros.

Pastor Gustavo Lavia