jueves, 30 de julio de 2009

8º domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Confiemos en el poder de Cristo”

Textos del Día:

Primera lección: Génesis 9:8-17

La Epístola: Efesios 3:14-21

El Evangelio: Marcos 6:45-56

Génesis 9:8-17

8 Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: 9 He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; 10 y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. 11 Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. 12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: 13 Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. 14 Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. 15 Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne. 16 Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con todo ser viviente que hay sobre la tierra. 17 Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.

Sermón

Los pactos de Dios son firmes y seguros

¿Alguna vez haz hecho un pacto con alguien? Seguramente que sí pues los hacemos más a menudo de lo que recodamos. Desde el quedar con un amigo hasta el compromiso asumido en el trabajo se convierten en pactos donde empeñamos nuestra palabra, incluso firmando un acuerdo a través de un contrato legal.

Dios también hace pactos con nosotros, sellados y garantizados por él mismo. Él nunca quebranta un pacto. Siempre es fiel a su Palabra. Se auto somete a ella. Esto sí que es una Buna Noticia.

¡Estamos seguros en los Pactos de Dios! El se compromete a cumplir sus promesas y lo hace.

Nuestras promesas son inestables

Lamentablemente los seres humanos no podemos decir lo mismo. Debido a nuestra imperfección causada por el pecado, ninguno de nosotros somos capaces de mantenernos a lo largo de toda nuestra vida sin quebrantar algún pacto hecho. Muchas de nuestras promesas y compromisos son “solo palabras que se las lleva el viento”, y las consecuencias son dolorosas. Pero para Dios sus palabras son hechos reales y concretos que él sostiene con firmeza. No hay viento que pueda arrastrar a la poderosa palabra de Dios.

Nuestra palabra a lo largo de la historia fue perdiendo valor, y con ella también nuestro empeño por comprometernos con las cosas. Pareciera que en nuestros tiempos quisiéramos estar lo mas desligados posible de los compromisos para que nadie nos reclame nada y poder vivir sin ataduras. Quizás esa pueda ser una de las causas por la que muchas parejas ya no opten por el matrimonio sino por la convivencia. Los que estamos casados debemos recordar cada día el pacto, las promesas y el compromiso que hemos asumido con Dios, con nosotros mismos y con nuestra/o cónyuge, y sabemos que no es tarea fácil mantenernos firmes en él “hasta que la muerte nos separe”, ya que las luchas, los problemas, y las tentaciones son muchas. Es por esto que los cristianos recurrimos a la fuerza de Cristo, ya que las nuestras son escasas y suelen flaquear. Y aún así, por nuestra debilidad, no siempre se logra llegar a término.

El Señor, conociendo nuestra inclinación al incumplimiento de nuestra palabra, nos dice que no juremos en vano, y nos motiva a pensar detenidamente en los compromisos y responsabilidades para trabajar día a día y reforzar nuestra voluntad para llevarlos a cabo con alegría. El Señor nos dice: “Pero sea vuestro hablar; Si, si; no, no; porque lo que es mas de esto dé mal procede” Mt. 5:37 o como lo expresa Santiago 5:12 “no juréis… sino que vuestro sí, sea sí y que vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”. El Señor desea que nuestra palabra tenga valor y que esté respaldada con nuestro testimonio personal. Pues a pesar de nuestra incapacidad natural para mantenernos firmes plenamente en los compromisos asumidos, sabemos que es bueno procurar con todo nuestro empeño poder realizarlos. Debemos luchar contra nuestra naturaleza inestable, perezosa, orgullosa y egoísta que se opone a ello. Si así no fuese, éste mundo sería un caos aún peor del que a veces, con razón, le atribuimos. Y en Cristo Jesús tenemos un ejemplo de compromiso hasta la muerte y en su pacto nosotros somos fortalecidos para vivir fieles y en la verdad.

Pero más allá de nuestro esfuerzo por mantenernos firmes en los compromisos que nosotros entablamos en esta sociedad, debemos saber que Dios ha establecido pactos con nosotros y que gracias a ellos nos mantenemos y tenemos esperanzas, no solo para esta vida, sino para la vida eterna.

El diluvio

Hoy hablaremos de un pacto concreto. Aquél que hizo Dios a Noe y que se extiende hasta nosotros hoy.

Hubo un momento en la historia de la humanidad que el mal y la perversidad habían llegado a un límite tal que Dios no quiso tolerar más. Por lo tanto decidió enviar un diluvio universal y acabar con todo en la tierra a excepción de Noe y toda su parentela. A ellos los salvo a través de un arca que Él mismo había mandado a construir.

Algunos tachan de acto injusto de Dios este del diluvio, pero en verdad no lo es. Dios es fiel a su Palabra y nunca quebranta un pacto. En Edén había dicho a Adán y Eva que no comiesen del fruto prohibido porque “ciertamente moréis”. Y así fue. La muerte es la consecuencia de nuestro pecado porque como dice la Escritura “la paga del pecado es muerte”. (Ro. 6:23). Dios no es malo o injusto porque el ser humano muere, al contrario, si vivimos es un regalo de gracia y misericordia de Dios, ya que nuestra humanidad se condenó a sí misma a muerte, ya que todos, sin acepción, somos pecadores. Dios no se comprometió a dejarnos vivos para siempre en esta tierra y este cuerpo tal y cual lo concebimos ahora, por lo tanto todos moriremos y no hay ninguna falta de Dios en ello, sino el cumplimiento de su Palabra.

Aclarado esto, podemos abordar nuestro texto y decir: Dios sí que se comprometió a no destruir más toda la tierra con un diluvio: “Estableceré un pacto con vosotros, y no volveré a exterminar a todos los seres vivos con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra” Gn 9:11 Los mares no se desbordarán más y los cielos no soltarán toda su agua al punto que la tierra quede cubierta por completo. Eso está garantizado por Dios y podemos estar plenamente seguros. Es un pacto unilateral de Dios.

La señal del pacto

Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: 13 Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. 14 Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. 15 Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne.

Me gustaría que recuerdes esto y que quede grabado en tu mente, y que cada vez que veas formarse el arco iris pienses en Dios y pienses en que Él te esta mostrando una señal clara e inequívoca de su compromiso fiel para con nosotros. Cuando veas salir el arco iris recuerda que Dios está pensando en ti y en toda su creación. Cada vez que mires el arco iris recuerda que Dios está ahí mostrándote una señal, hablándote y confirmando el pacto que ha hecho. Su Palabra es firme y segura. Nunca más destruirá la tierra con un diluvio. Eso significa que podría hacerlo, ya lo ha hecho una ves, pero él por amor se compromete a no hacerlo. Dios está con nosotros.

¡Enséñaselo a tus hijos!

La magnitud de los pactos

Hay pactos de índole general que se beneficia la creación completa de forma directa sin requerir de este conocimiento específico ni de fe. Es decir, que no todos reconocen y ven en el arco iris una señal clara y nítida del pacto de Dios ni su presencia, sin embargo todos se benefician de su compromiso, tanto los seres humanos como los animales y plantas. Le es igual para una vaca como para una persona quien no cree en Dios, ambos se beneficiarán lo mismo. Pero quienes creemos en Dios y conocemos su Palabra, vemos su mano en el arco iris. Vemos una promesa que aún se sigue cumpliendo. Dios sigue sosteniendo sus promesas. Y por esa misma fe, no solo nos beneficiamos de ello sino que reconocemos el amor de Dios y podemos darle las debidas gracias y gloria. Y por esa misma fe podemos apropiarnos de todos los pactos que Dios ha establecido y los cuales requieren fe para que nos beneficiemos de ellos.

Este es el sentido de todo pacto que Dios establece con nosotros. La paga del pecado es la muerte. Eso es lo que nos corresponde. Podría dejar que muriésemos sin más. Pero Dios interviene, y establece un Pacto, un compromiso, no porque lo merecemos, sino por misericordia.
El pacto de vida eterna

No solo ha establecido Dios un pacto respeto a la forma en que no exterminará este mundo, sino que se ocupo también de nuestra muerte eterna. Porque si bien “la paga del pecado es muerte”, también es cierto que “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” Ro.9:23.

Y Dios envía a Jesucristo para cumplir su promesa de vida eterna. Jesús es el nuevo pacto de Dios ratificado con su sangre. El antiguo pacto establecido con Moisés se basaba en el cumplimiento de la Ley y el sacrificio constantes para expiar los pecados que dicho incumplimiento traía. Ellos tenían la promesa del Mesías, que sería el sacrificio pleno y completo, pero aún no había llegado y lo esperaban por fe. Llegado Cristo, nosotros formamos parte del nuevo pacto. Es el pacto del perdón logrado por nuestros Señor ya que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 1ª Jn. 1:7: Es el pacto que Dios establece con nosotros de que somos justificados delante de el por la fe en Jesucristo. Es el pacto de la fe en la obra de Jesús por nosotros.

14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. He 9:14-15

Somos el nuevo Israel, el Pueblo de Dios

33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová:

Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo… dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado… Y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. 39 Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. 40 Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. 41 Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.

Jeremías 31 y 32

Puede estar seguro que tú eres parte de ese nuevo pacto eterno realizado en Cristo Jesús. Él es quien perdona todos tus pecados y rebeliones. Y se mantiene fiel a su promesa. Tu eres parte de este texto bíblico: 9 Mas vosotros sois… pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó…; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios… ahora habéis alcanzado misericordia. 1ª Pedro 2:9-10

Por ser nuevas criaturas de Dios y miembros de su nuevo pueblo, Pablo, en la epístola de hoy pide que seamos fortalecidos por Dios en nuestro hombre interior por su espíritu; y que habite Cristo por la fe en nuestros corazones. El objetivo de esta oración de Pablo y como consecuencia es que seremos arraigados y fortalecidos en el amor a fin de comprender la profunda e inabarcable obra de misericordia que ha hecho para con nosotros al establecer un pacto salvador.

En nuestro Evangelio hoy Jesús da muestras de su poder. Una señal clara de que él es Dios todopoderoso que está por encima incluso de las leyes de la naturaleza que él mismo estableció.

Consuela incluso a los temerosos discípulos ya que su poder generó miedo en ellos. ¿Por qué? Dice que “ellos se asustaron mucho”, pero que a la vez también estaban maravillados de lo que veían. “pues aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones”.

Ver señales no significa que ella obre fe. Muchos vieron los milagros que hizo Jesús y no creían o solo lo querían para beneficiarse con fines egoístas. Ver el arco iris tampoco significa tener fe en ese pacto de Dios. Las señales nos guían hacia la Palabra. Tú da gracias por recibir la vista que ver más que signos.

Mira los pactos que Dios ha hecho contigo

El Bautismo es un pacto que Dios establece con nosotros. Dios se compromete a ser nuestro Dios y nos hace parte de su pueblo, nos da fe y nos envía a este mundo a ejercitarla y a cuidar de ella a través de los alimentos que él mismo nos da: Palabra y Sacramentos, en ellos recibimos perdón de pecados. En el bautismo Dios nos hace nacer de nuevo y nos declara sus hijos. Y nos salva así como en su momento salvó a Noe con el arca cuando el diluvio hizo que todo lo demás pereciera (1ª Pedro 3:21)

Por eso Lutero decía que grafiquemos señales visibles de los pactos de Dios y recomendaba que “cada vez que laves tu cara recuerda tu bautismo” Recuerda ese pacto firme que Dios ha hecho contigo. El te ama y ha dado a su propio hijo por ti. Cuando estés mal o desanimado piensa en los pactos de Dios.

También tenemos el pacto manifestado realmente en la Santa Cena. La sangre ahí no es que “representa algo para que recordemos”. Esa sangre es la mismísima sangre del pacto que Dios ha sellado con nosotros en Cristo Jesús “Tomad bebed, esta copa es el nuevo pacto de mi sangre”. Así como el pan es el verdadero cuerpo de Cristo entregado como sacrificio por nuestros pecados. Por lo tanto tenemos en la Palabra y los sacramentos una fuente inagotables de alegría, ya que ellos nos hablan y confirman continuamente el pacto que Dios ha hecho con nosotros, perdonándonos los pecados y prometiéndonos y reafirmando que por la fe recibiremos la vida eterna.

Disfruta de tu vida espiritual. Ora, lee la palabra, canta a Dios. Dale gracias por todo porque él es bueno. Fortalece día a día tu nuevo hombre en Cristo y vive en este mundo en verdad, comprometiéndote y velando responsablemente por aquello que Dios aproeba.
FIEL ES DIOS, recuérdalo “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. 1ª Co. 1:9

Amén Pastor Walter Daniel Ralli