viernes, 14 de agosto de 2009

10º Domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

"Cristo, el pan de vida”

Textos del Día: 09-

Primera lección: 1ª Reyes 19:1-8

La Epístola: Efesios 4:17-5:2

El Evangelio: Juan 6:35-51

TEXTO DEL DIA

35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? 43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. 47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

Sermón

¿Ver para creer?

Muy a menudo nos quedamos incrédulos ante ciertas cosas y decimos “si no lo veo no lo creo”. Ser incrédulo o no creer ciertas afirmaciones es algo bastante más habitual de lo que pensamos. “¿verdad? ¡No me lo creo!” Nuestras mentes necesitan comprobar por si mismas la realidad de las cosas. Tomás fue quien popularizó esa frase al poner en duda la afirmación de sus colegas que declaraban firmemente la resurrección de Cristo. Los cristianos también experimentamos la incredulidad y la desconfianza, ya que promesas recibimos a diario y los timos proliferan. Pero la desconfianza no solo se da en promesas humanas, sino que también en ocasiones dudamos de las promesas de Dios.

Creer es confiar en que algo es real e implicarse con ello aunque no lo vea o no logre comprenderlo en toda su magnitud. Es confiar en alguien que nos dice algo que aún no ha sucedido o que no hemos visto. Según se define Hebreos 11:1 la fe es la “certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. La fe nos hace estar seguros y convencidos de que recibiéremos lo que aún no tenemos ni vemos. Por eso Jesús dice “bienaventurado el que creen sin haber visto”. Pues cuando vemos ya no necesitamos fe. Una vez adquirida la promesa ya no esperamos que ese acontecimiento suceda, salvo que la promesa tenga una continuidad en el tiempo, como por ejemplo: “Todos los días tendrás pan que comer”; hoy he comido y se cumplió la promesa, pero mañana tendré que esperar nuevamente a que suceda. Otra promesa continua es “En Cristo hay abundante perdón”. Pero ya en el cielo no necesitaremos fe. Veremos cara a cara. La fe pasará dice 1ª Co. 13, porque cuando recibes lo que esperas, ya no lo esperas mas. Y en el cielo todas las promesas serán cumplidas. Pero mientras tanto en esta tierra esperamos en fe las misericordias de Dios que se renueva cada mañana. “Vosotros, que lo amáis (a Cristo) sin haberlo visto, creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de lustras almas”. 1º P 1:8-9

Una fe diaria en continuo crecimiento.

La fe puede darse en cosas y momentos puntuales, o la fe puede estar depositada en la persona de Cristo y por lo tanto ser mucho más amplia y permanente. Yo creo en Cristo como mi Salvador y creo que me ha salvado, pero necesito seguir en fe pues su salvación aún no la tengo en toda su magnitud y dimensión. Llegará o se hará visible para mí el día de mi muerte. Sin embargo mi fe se alimenta de su promesa fiable de que esa salvación ya la tengo pues él la ha logrado para mí y Cristo no miente. Eso se llama “el ya y todavía no” de la fe. Lo tengo, pero aún está por venir. Y por eso la fe es algo diario que se alimenta y estimula con las promesas firmes de Dios.

Creer para ver

Muchos dicen falazmente “si veo creo”. A menudo se cae en ese error. Incluso los cristianos, con afán de querer que las personas crean en Cristo, intentan desenfrenadamente mostrarles cosas o querer hacerle ver cosas para que el incrédulo obtenga la fe.

Cristo es contundente en esto y dice “ya os he dicho que aunque me habéis visto, no creéis”. Hubo gente que vio a Cristo, presenció sus milagros y aún así no creía en él. Muchos solo seguían a Cristo para saciarse el estómago. Buscaban un favor y una vez alanzado el objetivo ya no lo necesitaban más. Cristo se convertía así para ellos en un salvador temporal y material. También hoy día se busca a Cristo o se recurre a la fe para salir de situaciones críticas puntuales y luego, como los nueve leprosos que fueron sanados, jamás regresan a Cristo hasta un nuevo problema.

Pero quienes seguimos a Cristo sabemos y declaramos que “Por fe andamos y no por vista” 2 Co 5:7. Si tienes fe puedes ver y puedes entender. Sin fe es imposible. Por lo tanto en el reino de Dios hay que creer para ver, al contrario que en el reino de este mundo que necesitamos ver para creer. Porque al que cree todo le es posible.

Cristo afirma que es el pan de vida. El pan es algo tangible, palpable, visible. Pero al ser Cristo Pan de vida eterna, solo se puede ver y palpar por medio de la fe. Gustad y ved que bueno es el Señor, ¡Bienaventurado el hombre que confía en el! Salmo 34:8

El mana que recibió el pueblo de Israel en el desierto era material y saciaba el hambre temporalmente. El pan material solo nutre el cuerpo de forma momentánea, pero acabado su efecto se siente hambre de nuevo. Lo material es siempre pasajero. Nuestro apego al materialismo como algo que vemos y en lo cual basamos nuestra seguridad es engañoso. Desnudos vinimos al mundo y desnudos nos marcharemos. El verdadero pan del cielo, aquel que alimentar eternamente es Cristo en quien creemos sin haber visto, y que por creer, lo vemos.

¡Cree y aliméntate, aliméntate y cree!

Aunque veían a Jesús, no veían al “Pan de Vida”

¿No es Jesús el hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo dice ahora: “del cielo he descendido”?

Ver o hablar de Cristo no significa que te alimentes del Pan de Vida. En nuestro texto Jesús hace dos declaraciones contundentes:

1. La fe es un don de Dios.

Dios mismo es quien nos lleva a Cristo en fe. Por nuestra propia vista humana jamás podremos generar fe. Quien obra la fe es Dios por medio de su Palabra.

Bienaventurado fue Pedro porque “esto no te lo revelo carne ni sangre, sino mi Padre que esta en los cielos”. Nosotros también somos bienaventurados puesto que Cristo es nuestro pan de vida, y esto no lo descubrimos nosotros ni lo decidimos creer. Solo Dios pudo lograr que eso sea real en nosotros.

2. En Cristo, y solo en Cristo, nuestro ser es saciado.

En Cristo no tenemos más hambre ni sed, eso es una afirmación rotunda. No necesitamos alimentarnos con otras comidas pasajeras, ni buscar otras fuentes para clamar esa inagotable sed interior con que nace todo ser humano. Cristo colma nuestra necesidad.

Nosotros hemos sido llevados a Cristo por el Padre mismo y se nos ha dado la fe para creer en Cristo, por lo tanto tenemos una promesa segura y fiable: Nunca tendremos hambre, ni jamás tendremos sed. En Cristo estamos satisfechos. En él tenemos perdón de pecados, paz y vida eterna. En él encontramos el sentido a nuestra existencia y descanso para nuestras almas.

Por fe entendemos que Dios nos hizo nacer de nuevo por el agua y el espíritu en nuestro Bautismo, aun cuando no teníamos la capacidad de elegir. Por fe estamos seguros que como dice Jesús, él no hecha fuera a los que el Padre les envía. Por fe esperamos recibir lo que se nos promete y recibimos a Cristo el Pan de vida en la Santa Cena. Por fe estamos seguros que nuestros pecados son realmente perdonados en Cristo. Por fe anunciamos a Cristo, el pan que da vida eterna. Que así sea. Amén
Pastor Walter Daniel Ralli