lunes, 17 de agosto de 2009

11º Domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Cristo alimenta nuestro espíritu”

Textos del Día:

Primera lección: Éxodo 16:2-15

Segunda Lección: Efesios 4:17-24

El Evangelio: Juan 6:24-35

Éxodo 16:2-15
2 Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; 3 y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.
4 Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. 5 Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día. 6 Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, 7 y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? 8 Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová.
9 Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones. 10 Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube. 11 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 12 Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.
13 Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. 14 Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. 15 Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.

Juan 6:24-35
24 Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.
25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. 28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Sermón

La reflexión que sigue está tomada del libro “Predicando a Cristo” de CPH. 1º lección y el Evangelio.

PRIMERA LECCIÓN: ÉXODO 16:2-15

Esta lección toca un mal muy generalizado en los distintos campos de actividad, y en especial en el espiritual, el olvidarse del pasado. Muchos dicen: Es cierto, Dios nos redimió enviando a su Hijo al mundo para morir y resucitar al tercer día; pero eso ya hace tanto tiempo. ¿Qué ha hecho entretanto?

Una cosa que sorprende en esta lección es lo olvidadizos que eran los israelitas. Hacía sólo un mes que Dios los había librado de la esclavitud en Egipto. En esa oportunidad ellos habían sido testigos de grandísimos milagros hechos por Dios. Pero ya lo habían olvidado, o se sentían desengañados porque Dios no había hecho nada últimamente, por la falta de comida, en especial de carne, y se ponen a murmurar. No se acuerdan de sus sufrimientos en Egipto, sólo de lo bueno que experimentaron allí. Al mismo tiempo critican los motivos que tuvo Moisés al sacarlos de Egipto.

Murmuraban contra Moisés y Aarón, pero en verdad sus murmuraciones eran contra el Señor, pues ¿quiénes eran Moisés y Aarón para que murmurasen contra ellos?
Pero, cuán instructiva fue para los israelitas la reacción de Dios. Él hubiera tenido todo el derecho de enojarse con ellos por su ingratitud, por poner en duda sus motivos y su amor para con ellos.

Sin embargo, les responde con bondad y compasión, proveyéndoles de pan del cielo para sostener sus cuerpos y vidas. La lección describe el maná y las codornices como el pan del cielo. Cada día les proveía de la porción necesaria para cada día. No debían juntar más que lo que necesitaban para el día, seguros de que Dios les daría mañana otra vez lo necesario. De no hacerlo así, indicarían que no confiaban en Dios. Pero, viviendo así cada día de lo que Dios les proveía, ellos aprenderían a depender de Dios y a confiar en él.

Eso mismo se expresa también en la cuarta petición del Padrenuestro: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy." El pan de cada día, no el pan de mañana, o el de pasado mañana, sino el de cada día. Dios nos provee ese pan a diario y en abundancia. Lutero explica en su Catecismo Menor que el pan de cada día significa todo lo que pertenece al sustento y la necesidad de la vida. Pero Dios no nos provee sólo pan para el cuerpo sino también para el alma. El pan físico que Dios proveyó a los Israelitas es como una figura del pan del cielo, Jesucristo (Jn. 4). Y por cierto, hay numerosas analogías entre los dos. A diferencia del maná, Jesús es pan que permanece. A diferencia del pan para el cuerpo, Jesús es pan para vida eterna. A diferencia del pan proveído mediante Moisés, Jesús mismo es el pan de la vida. Este pan se nos da "en, con y bajo" el pan y el vino en la Santa Cena. Él continúa dándonos lo necesario para nuestra peregrinación por esta vida. Nos fortalece para nuestro tránsito a través del desierto de la vida.

Es fácil criticar a los israelitas y, sin duda, fue censurable su olvido, pero ¿Somos mejores? Los domingos vamos a la iglesia, oímos el evangelio, recibimos la absolución y la Santa Cena, somos bendecidos y alimentados espiritualmente por Dios. Pero luego volvemos a nuestra rutina diaria y ¿No será que también nos olvidamos de Dios y vivimos como si Dios no existiera, como si no supiéramos de su gracia? Más aún, murmuramos por problemas económicos, familiares, sociales, etc., aunque sólo unos días antes Dios nos llenó con sus bendiciones. Es hora que no olvidemos lo que Dios no da a diario y en abundancia.

SANTO EVANGELIO: JUAN 6:24-35

En esta lección hay tres palabras claves para entenderla y que, al mismo tiempo, pueden ayudar en el desarrollo del sermón. Esas palabras son "pan", "obra" y "vida". Pero veamos primero las circunstancias bajo las cuales sucedió lo que narra la lección. Jesús le había enseñado a la gente que le había seguido, luego hizo el milagro de la multiplicación de los panes. A la noche, se retiró él solo a la montaña. Entretanto, los discípulos subieron a sus botes para cruzar el lago. Tenían que remar contra fuertes vientos. Mientras hacían eso, Jesús vino a ellos caminando sobre las aguas. Luego subió también al bote y siguió con ellos a Capemaúrn. Al día siguiente mucha gente se juntó cerca del lugar donde Jesús había alimentado a la multitud. Pensaban que debía estar por allí pues había estado una sola barca y Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, pero no lo podían encontrar. Entretanto llegaron algunas barcas.

Entonces la gente se subió a ellas para volver a Capemaúrn y buscar allí a Jesús. Finalmente lo hallaron, y la lección nos narra parte de la conversación que se entabló entonces entre ellos. La gente quería saber cuándo había llegado, pero Jesús no les respondió, pues quería enseñarles algo muy importante, y fue directo al tema. Había un problema, pues la gente tenía un interés y un concepto totalmente: equivocado en cuanto a Jesús y su ministerio.

Jesús les habló con toda honestidad acerca de ello. Les dijo que no lo buscaban porque habían visto las señales que hacía, como la multiplicación de los panes, sino porque habían comido el pan y se habían saciado (v. 26b). Luego les aconseja: "Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre.

Sobre éste ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación" (v. 27). Con estas palabras Jesús los hizo pensar, de manera que ahora le preguntan: "¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige?" A lo cual Jesús responde: "Ésta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió." Esa fe aún no la tenían.

Los milagros que hacía les venían bien, pero eso era todo por ahora. Por eso le piden que les diera una señal que les ayudara a creer que en verdad vino y les ministraba en lugar del Padre. Y tratan de apoyar su petición con un hecho del pasado. Dicen: "Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto", al cual llaman "pan del cielo". Y preguntan: "¿Qué puedes hacer?" (v. 30).

Jesús les contesta: "Ciertamente les aseguro que no fue Moisés el que les dio a ustedes el pan del cielo. El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo" (v. 33). Luego los insta a comer de ese "pan" del cielo que da vida al mundo.

¡Cuánto necesitaban ese pan! Le ruegan: "Señor, danos siempre este pan" (v. 34). Y Jesús les responde: "Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed" (v. 35). Esa fe aún no la tenían. Su ser todavía estaba apegado al pan terrenal, no al pan que era Cristo. Por eso les dice Jesús: "Ésta es la obra de Dios, que crean en aquel a quien él envió" (v. 29). Como puede observarse, esta lección está muy relacionada al tema y la enseñanza de las lecciones previas.

PENSAMIENTO DE LA SEMANA

Un pensamiento que latente en las lecciones de hoy es los falsos motivos por los cuales la gente busca a Dios o a Jesús: curiosidad, materialismo, seguridad camal. Dios conoce esta realidad humana y desea cambiarla.

Relacionado a esto está lo que podría denominarse la vida adicional a la vida física que recibe el cristiano, cuando nace de nuevo, de modo que entonces tiene dos clases de vidas, la física y la espiritual. Y como tiene dos clases de vidas, también necesita ahora dos clases de comidas, el pan físico y el espiritual. Jesús dice que no sólo de pan vive el hombre. Para ambos provee abundantemente Dios. Lo trágico es que ha muchos sólo le apetece el pan físico y desechan o a lo menos relegan el espiritual. Dios quiere que se remedie esa situación y quiere darnos la vida abundante. No descuides tu ser interior, Dios quiere alimentarlo cada mañana con su Palabra. Sé agradecido y reconoce las bondades de Dios. No te quejes tanto, no reniegues tanto, sino mira todas las bendiciones que has recibido a lo largo de tu vida. Y cuando atravieses momentos difíciles, no uses esos lindos recuerdos para renegar del presente, sino que ellos te traigan esperanza y fortalezcan tu confianza en Jesús, el Pan de Vida que ha prometido que nunca te dejará, y que te dará cada día lo que necesites. Amén