lunes, 24 de agosto de 2009

12º Domingo de Resurrección.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Cristo limpia nuestros corazones”

Textos del Día:

Primera lección: Isaías 29:11-19

La Epístola: Efesios 5:22-23

El Evangelio: Marcos 7:1-16

TEXTO DEL DIA

1. Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén;
2. los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban.
3. Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.
4. Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos.
5. Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas?
6. Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí.
7. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
8. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.
9. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.
10. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.
11. Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte,
12. y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre,
13. invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.
14. Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended:
15. Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre.
16. Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

Atiende tu corazón:
Hebreos 4:7: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros CORAZONES.
Lucas 21:34: Mirad también por vosotros mismos, que vuestros CORAZONES no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.
Marcos 7:21: Porque de dentro, del CORAZÓN de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,
Lucas 16:15: Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros CORAZONES; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.
Lucas 10:27: Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu CORAZÓN, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
1 Timoteo 1:5: Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de CORAZÓN limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida,
Romanos 10:9-10: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu CORAZÓN que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el CORAZÓN se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Hechos 15:9: purificando por la fe sus CORAZONES.
Efesios 3:17: para que habite Cristo por la fe en vuestros CORAZONES
Romanos 5:5: y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros CORAZONES por el Espíritu Santo que nos fue dado.
Lucas 6:45: El hombre bueno, del buen tesoro de su CORAZÓN saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su CORAZÓN saca lo malo; porque de la abundancia del CORAZÓN habla la boca.
Colosenses 3:15: Y la paz de Dios gobierne en vuestros CORAZONES, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.
Colosenses 3:16: La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros CORAZONES al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
Hebreos 13:9: No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el CORAZÓN con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas.
Colosenses 3:22-23: Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con CORAZÓN sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de CORAZÓN, como para el Señor y no para los hombres;
Efesios 6:6: no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de CORAZÓN haciendo la voluntad de Dios;
2 Tesalonicenses 3:5: Y el Señor encamine vuestros CORAZONES al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.
Hechos 1:24: Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los CORAZONES de todos
Hebreos 4:12: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del CORAZÓN.
1 Juan 3:17: Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su CORAZÓN, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
Hebreos 10:22: acerquémonos con CORAZÓN sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
Filipenses 4:7: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros CORAZONES y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
1 Pedro 3:15: santificad a Dios el Señor en vuestros CORAZONES, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;


Sermón

Durante tres generaciones el sabroso pavo al horno era la comida distintiva con que las mujeres de la familia Gonzáles agasajaban a sus maridos e invitados. Una receta que se trasmitía oralmente y una forma indiscutible de prepararlo, que al parecer, daba ese exquisito toque peculiar. Un día, el marido de Sofía, nieta de la pionera de ese arte culinario, cuestionó el hecho de que cortaran las patas del pavo y no las cocinaran, guardándolas para hacer otra comida.

“¡Seguro que estarían muy sabrosas!”. Sofía ofendida dijo: Siempre se ha hecho así. Así es la receta y así seguirá. El marido desconcertado fue a preguntar a la abuela el motivo de tal exclusión, la cual le respondió: “ten por seguro que si mi horno hubiese sido tan grande como el vuestro, yo también hubiese incluido las patas”.

Las costumbres o tradiciones pueden adquirir carácter normativo, aún cuando no lo tienen.

¿Tradición humana o mandato de Dios?

A primera vista, en el Evangelio de hoy, podríamos decir que los fariseos y escribas, exponentes de la religiosidad judía, eran muy escrupulosos con la higiene y los discípulos de Jesús unos descuidados. Nadie discutiría a estos judíos la validez de su norma de higiene, sin embargo ese acto iba más allá.

Esto, que a priori puede ser un debate sobre salubridad, en verdad es un reproche religioso con su correspondiente condena. Estas normas constituían reglas ceremonias de purificación elevadas al rango de mandamiento divino y por lo tanto en su cumplimiento se ponía en juego la fidelidad a Dios. Los fariseos y escribas van a Jesús para acusar a sus discípulos de transgredir estas normas que ellos consideraban vitales para mostrar piedad religiosa, y por ende una buena comunión con Dios. No son pocas las ocasiones que llevamos temas seculares o indiferentes a dimensiones espirituales y hacemos de ellos normas divinas. Mucho daño se produce cuando los seres humanos te exigen en nombre de Dios cosas que Dios no te exige, cortándole así “las patas” al Evangelio sin sentido alguno.

Es un trágico desorden darle prioridad a las ordenanzas de los seres humanos y anteponerlas a las de Dios. El amor propio está encantado de hacer tal cambio y darle a los vasos, jarros y manos la aplicación de limpieza y pureza que Dios pide que se de al corazón. Es mucho más fácil cumplir ciertas ceremonias externas para dejar tranquilas nuestras conciencias delante de los demás. ¡He cumplido! ¿Quién podrá reprocharme algo? Sin embargo ¿Qué hay dentro de nosotros?

Cuando La tradición humana pretende anular el mandamiento de Dios.
A veces actos exteriores intentan cubrir lo interior. Debemos cuidarnos de ello. Las manifestaciones externas no siempre son sinónimos de piedad. En ocasiones lo son de hipocresía o vanagloria, siendo nuestra intención oculta mostrar “lo bueno que somos” y alcanzar así la tan ansiada recompensa del aplauso y los halagos. La religión puede convertirse en un buen escondite o plataforma para ello.

La pseudo piedad puede ser una excusa para hacer lo que realmente nos apetece, que por lo general consiste en saltarnos los mandamientos de Dios para imponer criterios humanos. Y esto lo hacemos aparentemente en nombre de Dios y bajo “un manto” de santidad. ¡Pero la verdad siempre prevalece!

Según nos dice Cristo, estas normas farisaicas eran capaces de anular las leyes de Dios en los diez mandamientos. Un hombre, ante el deber de asistir a sus padres ancianos, podía excusarse diciendo que su dinero estaba destinado como ofrenda a Dios. Y se quedaba tan tranquilo, con la conciencia limpia y desligada de prestar la ayuda exigida por Dios. Lutero decía que esto es como si un hijo en su necedad dijera a su padre: “Padre mío, te daría de buena gana lo que pueda socorrerte en los días de tu vejez, pero he hecho de ello una ofrenda. Vale más que lo consagre a Dios, tú sacarás así mayor provecho”. Definitivamente este hijo necio se está saltando su responsabilidad recogida en el 4º mandamiento, e incluso puede estar incurriendo en la transgresión de la parte positiva del 5º que es hacer todo lo que esté en nuestra manos para el bien de mi prójimo.

1ª Juan 3:17: Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? (Leer también Santiago2:15-16)
Misericordia quiero y no sacrificios.

En ocasiones, por lo abrumador de las necesidades de los demás o simplemente por indiferencia o individualismo, nos hacemos inmunes a los sufrimientos ajenos, incluso con los de nuestra propia casa. Creamos nuestras particulares normas para intentar auto justificarnos y las elevamos al rango de sagradas. Vemos necesidades y decimos: ¡pobre! ¡Qué pena me da verlo así!, ¡mejor me doy la vuelta para no verlo más! Incluso quizás estemos dispuestos a orar por ello, pero con las manos bien metidas en el bolsillo. Y quizás luego nos vayamos a un bar para debatir intensamente de la caótica situación socioeconómica que está imperando y dejando a mucha gente en la necesidad. Pero peor es cuando no ayudamos al prójimo porque no tenemos público.

En muchas ocasiones la presencia de testigos cambia nuestra conducta. Y no me refiero solo a mendigos ocasionales que todos sabemos de su compleja situación. Me refiero a involucrarnos realmente con nuestro prójimo, que no solo es el que pide una moneda en el semáforo. Los cristianos debemos cuidarnos mucho de no colar el pelo y tragarnos el camello.

El texto deja claro que podemos llegar a ser tan miserables que incluso usamos malamente a Dios para intentar cubrir nuestras miserias internas con actos aparentemente nobles. Podemos convertirnos en altruistas religiosos que aparentan santidad a costa de aquellos a quienes verdaderamente Dios pide que ayudemos. Y también, por el otro extremo podemos caer en la actitud farisaica de hacer de la ayuda a los demás un medio de exhibición y publicación de nuestra bondad, que busca en el fondo alimentar el ego. También habló Cristo contra esto suficientemente claro (Mateo 6:1-4)

Hoy también se infiltra esta filosofía y actitudes farisaicas en las comunidades cristianas que ponen nuevas normas y exigen a los feligreses más de lo que Dios pide y tergiversan así los mandatos de Dios, e incluso lo sustituyen por otros propios, más acorde a las necesidades o “visiones” del profeta de turno. Exigen diezmos, peregrinaciones, manifestaciones visibles, presencia en este o aquel acto, purificaciones externas de no contaminarse en este o aquel ambiente, y reclaman todo el tiempo de sus vidas para cumplir las exigencias humanas con pinceladas “bíblicas”, y con eso impiden que se puedan cumplir los verdaderos mandamientos de amor solicitados por Dios.

Adiáforas:

Los rituales, ceremonias o liturgias no son malos en sí. Por el contrario, son un buen y necesario medio que Dios ha preservado para la vida del ser humano que tiende al desorden. Todos los seres humanos necesitamos formas y orden para expresar las cosas de la vida. Lo malo es ponerlas a la altura de mandato de Dios y ocultar tras ellos nuestro sucio corazón. Pero esto se llama hipocresía y no necesita una liturgia formal para cubrirse, ya que ella existe aún en ambientes muy informales.

Por eso en la iglesia Luterana distinguimos entre cosas adiafotas, es decir, cosas que no son ordenadas ni prohibidas por Dios pero que en la libertad cristiana que tenemos las incorporamos porque son útiles para nosotros, y los mandamientos. Hacer la señal de la cruz por ejemplo. Eso no nos hace más o menos cristianos, sino que lo usamos como un signo externo para manifestar nuestro pensamiento en la cruz de Cristo, en la trinidad y como recordatorio de nuestro bautismo. Sin embargo si no lo hacemos no pecamos. Los fariseos “condenaban” a los demás midiéndolos bajo normas propias. Cuando la medida de lo que está bien o es condenable no la pone Dios sino las tradiciones humanas o las interpretaciones convenientes de turno, estamos en grave peligro. ¡Dios nos libre de ello!

Chantaje emocional o extorsión espiritual

“¡Si no haces esto o aquello es que no tienes fe!” Ya bastante tenemos con las pruebas que vienen solas como para tener que lidiar con estas exigencias humanas. Quizás no te lo digan directamente pero la presión y el cuestionamiento se notará en el aire. Ninguna comunidad cristiana está exenta de la hipocresía, ya que la componemos seres humanos, pero las leyes humanas favorecen las actitudes forzadas o simulaciones y fomentan el chantaje.

La confesión privada o auricular es una buena práctica, pero no es una ley condicionante. Elevarla a norma obligatoria ha producido mucha hipocresía en quienes no querían confesarse simplemente por no saber que decir, pero se sentían obligados a hacerlo para poder participar en la eucaristía o bajo presión de condenación, y por ello algunos confesaban banalidades o incluso mentían.

También he visto en iglesias “carismáticas” el requisito tácito de hablar en lenguas como evidencia de que se tiene el Espíritu Santo. Y muchos, para no ser menos y quedarse fuera, simulaban hablar en lenguas, y por consecuencia también el intérprete debía improvisar. Existen normas implícitas de lo que se espera del “buen cristiano” como que no vaya a bailes o beba alcohol, y que de vez en cuando cuente alguna experiencia mística para ver que su fe sigue activa. Una vez me contó un “evangélico” que se inventó un testimonio por la presión que sentía debido a la insistencia de su pastor de oírlo.

Algunas comunidades cristianas, bajo apariencias de santidad, exigen el diezmo a sus miembros o votos similares. Si a alguien le alcanza con el diez por ciento de su sueldo para vivir, si quiere que ponga el 90 % como ofrenda. Pero si la ofrenda, que es libre y voluntaria, se vuelve una carga pesada que mide y condiciona que clase de relación o compromiso tienes con Dios o es el termómetro para medir la fe, esto ya es grave. Pero peor aún, si por hacernos cumplir esa norma desatendemos las responsabilidades que Dios ha establecido para nuestras vidas, como puede ser ayudar a la familia.

La viuda pobre dio todo lo que tenía en la ofrenda y no se lo quitó a nadie más que a sí misma. Sin embargo el hombre rico quizás puso el 10%, pero eso ante Dios, que ve los corazones, no es más que un acto externo, pues dio las sobras, la calderilla, las migajas Dios. Por eso Dice “Cada uno dé como propuso en su CORAZÓN: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. 2 Co 9:7

El corazón:

Los seremos humanos podemos convertir una sana tradición o costumbre en una ley a causa de la dureza de nuestro corazón. ¿Qué hay de malo en lavarse las manos? Incluso si se hace como una ceremonia religiosa no está mal en sí misma. Lo malo es creernos mejores por hacerlo e imponer esto como cuestión de fe, cargando así las conciencias e invalidando las verdaderas ordenanzas de Dios.

Es imposible no tener adiáforas, normas y órdenes humanos para dirigirnos. Es necesario, y más aún cuando Dios nos dice que él es un Dios de orden. Pero todo lo externo debe ser un canal saludable, sin manipulaciones ni presiones innecesarias, para que nuestro corazón pueda manifestar a Cristo. Adorar en espíritu y verdad es la sana dimensión y esto se expresa en “formas” que también deben ser sanas.

Debemos comprender que lo que contamina, lo que nos hace daño a los seres humanos es la maldad que nace y se produce dentro nuestro. Lo que sale del corazón. Pues de ahí proceden todos nuestros males. El egoísmo, la ambición, la soberbia, malos pensamientos, envidias, rivalidad, etc. Todo eso no lo recibes a través de ningún acto externo, sino que tú ser corrupto lo produce. Por eso necesitamos llenar nuestro corazón de la bondad y misericordia de Dios y esto se hace a través del alimento que el nos da en su palabra. Debemos meditar diariamente de forma concienzuda en la Palabra de Dios, incluso “día y noche” como dice el Salmista, a fin de poder distinguir entre mandamientos de Dios y mandamientos de hombres y denunciar cuando se producen los abusos, tal cual como lo hizo nuestro Señor Jesucristo. Vivir en la libertad de Cristo es maravilloso. ¡Cuidémosla!

Limpia tu corazón a diario:

Tú corazón es el lugar a tener en cuenta y a cultivar con la Palabra de Dios. Lo que ahí siembres a diario, será lo que coseches “de lo que abunda el corazón habla la boca”. Haz como el rey David y dí cada mañana al Señor “Purifícame con hispo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve… crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” Salmo 51:8, 10.

Lucha a diario, con las fuerzas de Cristo, contra las inclinaciones de tu corazón hacia todo lo malo.

Porque el mandamiento es a amar a Dios con todo el corazón, alma, fuerza y mente, y a tu prójimo como a ti mismo. Y si en tu corazón habita la Palabra de Dios, seguro que “él cumplirá los deseos de tu corazón” Sal. 37:4 pues tus deseos serán los deseos de Dios. Amén

Pastor Walter Daniel Ralli