martes, 15 de septiembre de 2009

15º Domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Dejad a los niños venid a mí”

Sermón predicado en el Oficio Divino del 13 de septiembre en ocasión del Bautismo de Camila Ralli Lucas

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA
1º Lección: Proverbios 22:6
2ª Lección: 2ª Timoteo 3:14-15

Evangelio: Marcos 10:13-16

13. Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14. Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Sermón

I. Cristo se relaciona con los niños.

Dejad a los niño venid a mi y no se lo impidan porque de tales es el reino de los cielos

Todos somos influenciados desde pequeños por lo que los adultos nos han enseñado. Yo tengo muy presente en mi memoria que mi padre me enseñó a hacer aviones de papel y estoy seguro que eso se lo enseñaré a mis hijas diciendo: “Cuando era niño mi padre me enseñó esto…”.

También recuerdo que mi abuela y mi madre me enseñaron a orar y a confiar en Cristo. Son
recuerdos que han afectado mi vida y no se borran de mi mente. Cuanta verdad hay en esta frase: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Pr. 22:6

El Apóstol Pablo, conocedor de esta verdad, apeló a los recuerdos de la infancia del joven pastor Timoteo para que de ahí sacara fuerzas y ánimos para afrontar su vida de fe: “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”. “Persiste tú en lo que haz aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien has aprendido desde la NIÑEZ has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. 2

Ti. 1:5 y 3:15

La niñez es una etapa fundamental para la vida de fe de los niños y Cristo lo sabía bien. Por ello dijo: Dejad a los niños venid a mí y no se lo impidáis. Él quiere enseñar e influir positivamente en la vida de los niños desde sus primeros pasos en esta vida. El bautismo es un punto vital en la relación que el Señor entabla con nosotros y al cual debemos volver siempre como punto de referencia de la relación de amor que Dios entabló con nosotros.

II. Los adultos somos responsables de los niños ante Cristo

Somos la puerta de acceso

Los adultos, somos los responsables de los niños y debemos velar por ellos. Cubrimos sus necesidades y moldeamos poco a poco su persona a través de la enseñanza en valores, actitudes y ejemplos que le vamos dando. Todos influimos en nuestros niños. Lo que le demos, tendrán, y lo que no le demos, pues no tendrán hasta que quizás lo consigan de adultos. Por eso Cristo se dirige directamente a nosotros y nos dice: Dejad a los niños venid a mí y no se lo impidan. El Señor desea que los niños tengan acceso a él y su obra salvadora. Desea que conozcan al Dios Padre creador, al hijo Redentor y al Espíritu Santo Consolador. Quiere que conozcan y experimenten su perdón, paz y amor en el Bautismo, y que sepan y crean que sus vidas tendrán perpetúa bienaventuranzas en la vida eterna que Cristo ganó para ellos. Para ello apela a los adultos y nos dice “dejadlos venir a mí”.

Cristo nos llama a confiar en él

Los niños van dónde los adultos les dejamos ir. Pero ¿Con quien dejamos ir a nuestros niños? Llevamos a nuestros niños a cursillos, a campamentos, al colegio, a cumpleaños, o lo dejamos en la casa de un familiar o del vecino porque nos fiamos de que nuestros hijos van a estar bien y seguros, de lo contrarios no los dejaríamos. La confianza marca las relaciones. Por ello protegemos a los niños de lo que creemos malas influencias o peligros.

El de Cristo es un llamamiento doble. No solo nos pide el Señor que dejemos a los niños ir a él, sino que nos está diciendo a nosotros los adultos: Conocedme y confiad en mí, que soy bueno, soy buena “influencia” para vuestros hijos y para vosotros. En verdad quiere entablar una relación de confianza con nosotros para que así también podamos confiar a nuestros niños y dejarlo ir a él.
Es sabido que nuestras relaciones personales “adultas” afectan a la de nuestros hijos. Si estamos peleados con algún familiar o amigo, nuestros hijos quedan afectados en esa relación ya que o no hablamos de esas personas ni estimulamos su vínculo o directamente hablamos mal de ellos.

Nuestra relación de fe con Cristo también afectará a la relación de nuestros hijos con él. Hubo una publicidad que decía: “Si tú lees, tu hijo lee”, yo agrego, si tu oras, tu hijo ora y si tú confías en Cristo, tu hijo también lo hará. ¡No te prives ni prives a los niños de esta relación!
¡Dejadlo venir a mí, no se lo impidáis!

Los niños van donde les dejamos y si no van a Cristo es por responsabilidad y negligencia nuestra. El Señor nos aplica la ley y es tajante cuando dice: “Cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”. Mt. 18: 6 Si por el motivo que sea somos un tropiezo o un impedimento para que los niños tengan acceso por la fe a Cristo, eso es lo más vil y trágico que podemos hacer, espiritualmente hablando, a un pequeño.

Sin embargo hoy se nos presenta una nueva oportunidad. “si oyes hoy su voz no endurezcas tu corazón”. Si hoy oyes la voz de Cristo que te dice: Dejad a los niños venid a mí y no se lo impidáis, Dios te está dando una nueva oportunidad si crees que no has sido responsable en este asunto. En Cristo hay perdón y una nueva oportunidad cada día. Tómate en serio esto y aprovéchalo.

III. Cristo quiere que los adultos confiemos como niños

Hacerse como niños

Nuestros complejos razonamientos intelectuales, nuestros miedos, orgullo y egoísmo hacen muy complicada las cosas simples y sencillas de la fe. Si no nos hacemos como niños no entraremos en el reino de los cielos. Lo niños no andan con muchas complicaciones racionales maliciosas. Creen sin más. “Hermanos, no seáis NIÑOS en el modo de pensar, sino sed NIÑOS en la malicia, pero maduros en el modo de pensar”. 1 Co. 14:20. No solo debemos combinar nuestra madurez con la falta de malicia de los niños en asuntos de fe sino también se nos pide que deseemos “como NIÑOS recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” 1 P. 2:2, Esto es la Palabra de Dios.

Conclusión

Dejad a los niño venid a mi y no se lo impidan

Cristo nos pide abierta, clara y directamente que dejemos a los niños ir a él. Y reafirma contundentemente: No se lo impidáis. Por lo tanto nos dice: Traedlos a mí, facilitadles el acceso.
Es un derecho del niño tener acceso a Cristo. Quien se lo niegue, entorpezca o no favorezca está atentando espiritualmente contra los niños y será responsable de ello ante Cristo.

¿Por qué Cristo nos pide que dejemos y facilitemos el acceso de los niños a él?

Porque todos deberíamos querer y procurar lo mejor para los niños. Cristo se presenta como lo
mejor para nuestros hijos. Él nos amó de tal manera que Dios su vida por nosotros. Nos ofrece Perdón de Dios. Algo fundamental para poder vivir en Paz. Sentirse amado y perdonado por el creador del universo es la mejor herencia que podemos dejar a los niños. Él nos ofrece esperanza y seguridad para andar por la vida sabiendo que el creador y salvador de este mundo está conmigo. Y nos ofrece la vida eterna. Acercar a los niños a Cristo, a sus valores, a su mensaje de amor, perdón y esperanza es el mayor bien que podemos darles.

¿Cómo podemos hacer que los niños vayan a Cristo?

Lo hacemos cuando los llevamos al bautismo y no lo impedimos. Lo hacemos cuando le enseñamos a ser agradecidos y rezar. Cuando le enseñamos a confiar en el Creador. Cuando le compramos una Biblia para niños y se la leemos. Cuando lo instruimos en casa sobre los conceptos básicos de la fe. Cuando lo llevamos a la iglesia. Cuando le enseñamos y trasmitimos el concepto del error (no autojustificación encubriendo sus faltas) y el perdón.

Dejad a los niño venid a mi y no se lo impidan porque de tales es el reino de los cielo. Necesitamos aprender de los niños y su forma natural de confiar. Necesitamos hacernos como niños para relacionarnos con Cristo y ser parte, como ellos, de su Reino. Seamos como ellos en simpleza y no al revés, incitando a los niños a ser complicados adultos que cuestionan a su creador. Observemos su forma de ser, y creer y aprendamos.

Qué Dios nos asista en esta hermosa tarea. Amén.