domingo, 27 de septiembre de 2009

17º Domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“La locura de la fe nos mueve a confesar”

Textos del Día:

Primera lección: Isaías 50:4-10

Segunda Lección: Santiago 2:1-5, 8-10, 14-18

El Evangelio: Marcos 8:27-29

27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. 29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.

Sermón

Las cosas claras y el chocolate espeso.

Se dice que el cacao llegado desde America a España no gustó hasta que se le agregó azúcar. A partir de ahí el nuevo producto se extendió por Europa. Esta difusión hizo que el chocolate sufriera cambios en su forma de servirse. De ello resulto el debate de: ¿cómo debía ser en verdad el chocolate? Para algunos, el chocolate se debía beber muy cargado de cacao, por lo que preferían el chocolate espeso, o sea, "a la española"; para otros, lo mejor era "a la francesa", esto es, más claro y diluido en leche. Finalmente prevaleció en estas tierras la idea de que el chocolate es chocolate, bien cargado, y sin diluirlo con otras cosas. ¡Vamos! ¡A la española!, sin más. Por lo que la expresión “las cosas claras y el chocolate espeso” se popularizó en el sentido de llamar a las cosas por su nombre.

Creo que este principio de tener las ideas claras y “llamar a las cosas por su nombre” estuvo siempre arraigado en la idiosincrasia española. Muchas frases y refranes aluden a eso: “No me líes”, “Irse por los cerros de Úbeda”, ¡Aclárate!, “Andarse sin rodeos”, “Ve al grano”, “Al pan, pan, y al vino, vino”. “Mas claro, agua”, “Claridad meridiana”, o “la Biblia en verso”. Desear ser concreto y claro es una gran virtud. La confusión no es un buen ambiente para desarrollarnos. Dios es un Dios de orden y claridad, y en el fondo, todos vemos este principio como bueno aunque no siempre lo practiquemos. Quizás cada vez nos cueste más asumir la claridad. Ya “las cosas no son lo que aparentan”. La ambigüedad se pone de moda y la verdad es relativa. Sin embargo necesitamos y deseamos cosas clara y firmes para movernos seguros. Dios también lo desea para nosotros y nos lo da.

“Las cosas como son”... pero… ¿Cómo son las cosas?

Jesús confronta a sus discípulos ante la pregunta ¿Quién es Jesús para la gente? Muchos son los que tienen referencia de Él, incluso podríamos preguntarnos ¿Qué creen de Jesús los musulmanes, los Judíos, los Budistas, los Testigos de Jehová, la cienciología, los teólogos de la prosperidad o los de la liberación, los agnósticos, lo ateos, o las diferentes iglesia cristianas? ¿Qué cree tu vecino o tu familia sobre Jesús? Difícilmente alguien niegue la existencia del Jesús histórico, pero pronto nos daremos cuenta que Jesús es objeto de diversas definiciones.

Pero ¿quién es realmente Jesús? Si dejamos librado a nuestra propia percepción humana tendremos ideas humanas para todos los gustos y colores, sin embargo no tendremos la verdad absoluta. La gente pensaba que Jesús era un gran hombre, un profeta, un referente, un modelo, alguien elegido por Dios para una misión especial. Y aunque eso no es incorrecto no es la verdad esencial, y por lo tanto no sirven más que para reverenciar a un hombre más.
Jesús, la luz, del mundo, quiere que nos “aclaremos”

Jesús ahora pregunta: Y vosotros ¿Quién decís que soy? Esta es una pregunta que todo Cristiano debe responder ¿Quién es Jesús para ti? Tu respuesta define la relación. Hoy más que nunca debemos recordar que tener cosas claras y fundamentos sólidos en asuntos de fe no es un pecado. "Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina" Ef. 4:14. Es verdad que existen muchas doctrinas diferentes pero Dios quiere mantenernos en la verdad: “Estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido”. 2 Ts 2:15 Cristo es la luz que ilumina aquello que nosotros no podemos ver. Él se presenta como “el camino la verdad y la vida” y dice que su Palabra es la verdad (Jn. 8:31 y 17:17). Por lo tanto Dios, que es claro, nos pide claridad en asuntos de fe. Necesitamos “aclararnos” ¿Qué es lo que creemos en verdad? Debemos definir claramente nuestra fe. Somos luz. Es decir: debemos ofrecer claridad y no confusión a los demás. Debemos llamar las cosas por su nombre.

La confesión de fe de Pedro

Tú eres el Cristo. Eso fue lo que dijo Pedro. Cristo en Griego equivale a Mesías en Hebreo que significa "el ungido". Los reyes de Israel eran ungidos con aceite en el nombre de Dios significando así su investidura con el Espíritu de Dios. Los judíos esperaban al Mesías definitivo, al "rey venidero" prometido por Dios. Pero la espera generó expectativas erróneas. Moldearon en sus mentes un libertador terrenal, un rey esplendoroso a caballo que derrote a los opresores de su pueblo con fuerza y poder. Sin embargo aparece un hombre sin mucha gloria, montado en un burro. Jesús bien podía ser un profeta de Dios ¿Pero el Mesías? ¿El Rey de los judíos? Los líderes religiosos fueron incapaces de identificar a Jesús con el Mesías porque no cumplía sus expectativas. Esta incompatibilidad queda manifiesta en el “irónico” letrero de la cruz “el rey de lo Judíos” Mr. 15:26. Pedro era Judío y también esperaba al Cristo y esa es la noticia que recibe cuando su hermano le dice: "Hemos hallado al Mesías……Rabí, tú eres el hijo de Dios; Tú eres el rey de Israel." Jn 1:41,49 Eso era justamente lo que había que creer y confesar y Pedro lo hizo.

"Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" Jn 20:31.No valía otra confesión o definición de Jesús, pues no llevan a ningún lado. No salva otra fe diferente por más respetable que sea humanamente hablando. NO SALVA. Porque "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hch 4:12).

Jesús, el Señor, es Dios.

El Mesías ha venido a salvarnos. Él vino a ocupar nuestro lugar en la cruz. Él es el Emanuel, el Dios con nosotros. El es la “locura” del Dios encarnado. La segunda persona de la Trinidad. El verbo que era Dios desde el principio y por medio de quién todas las cosas fueron hechas (Jn. 1:1-3) incluido el ser humano “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” Gn 1:26. Es el mismo Dios que se humilló hasta la muerte (Fil 2) como se profetizó en Isaías 55. Es el mismo Dios que reconoce Tomás y confiesa: Señor mío y Dios mío. Jn 20:28

La iglesia del Nuevo Testamento identifico rápidamente y confesó, por obra del Espíritu, a Jesús, el Cristo, como Señor y Dios (kyrie en Griego), el mismo Señor y Dios confesado en el Antiguo Testamento (Adonai en Hebreo). El “Rey de Reyes y Señor de señores” (Ap. 17:14). Y así fue como se formuló la primera confesión: “Jesús es el Señor” 1º Co 12:3. Confesión que produce la fe salvadora "si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado." Ro. 10:9. Porque al fin y al cabo el día del juicio todos deberán reconocer y confesar esta verdad que hoy proclaman los cristiano "toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor" Fil 2:11. Una vez que Dios se nos muestra en Jesucristo y vemos en él a Dios solo podemos decir: “Señor ¿A quien iremos? tu tienes palabras de vida eterna” Jn. 6:68 y “Señor auméntanos la fe” Lc. 17:6.

Solo Dios nos revela quién es Dios

Pero Pedro no llegó a esa conclusión por ser muy listo (Hch 4:13), ni por las evidencias que había, y que no eran pocas (“los ciegos ven, lo sordos oyen”), pues esas mismas evidencias otros las negaban o se la tribuían al diablo (Lc.11:15). ¡Que fácil resulta manipular y confundir! ¡Qué rápido el caos se hace presente para hacer de lo claro algo oscuro y cambiar el nombre de las cosas! Por eso el reconocer en Jesús a nuestro Dios y salvador no es merito de de nuestra razón, sino que es algo que nos es dado por Dios y por eso firme y seguro. Es Él quien nos hace ver, oír y confesar por fe a Cristo. “Bienaventurado eres, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” Mt. 16:17

En Pedro hubo algo más que simple deducción lógica. Sentía en su interior una certeza, que aun sin poder explicarla racionalmente, la creía firme y segura. La convicción de lo que no se ve (He 11:1). Esa certeza es la que nos hace caminar por fe (2 Co 5:7). Y es una certeza que nos es revelada desde fuera y penetra en lo más profundo de nosotros. ¡Bienaventurado Pedro, esto no te lo reveló carne ni sangre! Solo Dios puede quitar el velo de los ojos. Y ese es un gran milagro que aconteció también en tu vida. Los cristianos podemos y debemos trasmitir el claro contenido del Evangelio porque ese es el medio que Dios usa para revelase de forma personal. Y por ello la obra es segura, porque no depende de otro ser humano sino del Espíritu Santo y por ello podemos fiarnos. Tú eres un bienaventurado. Tú ves a Cristo, a tu Dios y salvador. Muchos leen la biblia pero no ven al verdadero Dios hecho hombre. Tú ves y oyes. Se fiel a Cristo y su Evangelio. No diluyas su Palabra. Recuerda que el mensaje es de Dios y no nuestro.

Confesar es asumir riesgos

La formulación de la confesión implica mucho más de lo que parece. Por eso, lamentablemente, cada vez más las confesiones son genéricas y difusas ¡para que nadie se ofenda por lo que creo y confieso!

Reconocer a Jesús como rey del reino de Dios implica decir que es más que un hombre. Eso traía sus riesgos en la época de Pedro. Era ir contra corriente, contra lo que se espera oír, ya que la postura oficial representada por los líderes religiosos era contraria. Pero no solo era un problema religioso que abarcaba a todo su pueblo y comunidad de fe, sino que también era un problema político. Reconocer que Jesús es Rey y Señor no le causaba ninguna gracia al Cesar que veía amenazado su poder y dominio del pueblo.

En las sociedades democráticas actuales existen muchos “señores” que pretenden nuestro servicio y obediencia camuflados bajo apariencias de libertad. Jesús dice claramente que no podemos “servir a dos señores, porque amaremos a uno y aborreceremos al otro”. ¡La fe nos hace definirnos!

La fe no es privada.

Otro intento de reducir el cristianismo es decir que la fe es un asunto del ámbito privado. Por lo tanto si queremos evitar problemas, mejor no hablar de esos temas. Mejor callar. Esa estrategia la usaron ya en Hechos 4:17-20, 5:28-29 amenazando a Pedro y Juan para que “no hablen”. Sin embargo Cristo nos envía a “anunciar”. Y nosotros “no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”, porque “nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” 2ª Co 4:13. La fe es personal, eso está claro, pero no está confiscada al ámbito privado. Eso es un engaño. La fe se confiesa. Y todos confiesan lo que creen en todos los ámbitos de la vida, ya que relacionarse es compartir lo que uno tiene dentro. Jesús dijo: “si éstos callaran, las piedras clamarían” Lc. 19:40. Los cristianos necesitamos confesar claramente lo que creemos, sin complejos y sin miedos. Y lo debemos hacer con el más puro y profundo amor. Con respeto y claridad.

La locura de la fe

Al ver y confesar de forma clara lo que otros no ven ni creen puedes ser considerado un loco, y llevan razón, lo eres. Eso es la fe. Es “la convicción de lo que no se ve” (He 11:1) que nos lleva a ser “locos” para quienes solo tienen el método racional humano para observar e intentar entender lo divino, es decir para quienes como muchos judío en su época, ven a Jesús con ojos terrenales. “El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son LOCURA, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” 1 Co 2:14.

Pero no te aflijas, pues esta fe “irracional” a los ojos de la razón es más sensata que cualquier otra cosa: Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres, (1 Co 1:25).

Esta fe nos mueve a hacer “sensatas locuras” tales como declararnos pública y abiertamente pecadores, débiles y necesitados. Nos lleva a confesamos culpables y no auto justificarnos. Nos convence de que no podemos hacer nada por nosotros mismos para salvarnos. Nos mueve a hacer locuras tales como encontrar sentido a nuestras vidas en un libro llamado Biblia que nos habla del perdón en Cristo. Nos lleva a creer en el poder de la Palabra de Dios para transformar vidas. Creemos la locura de que a través del agua que derramamos en el Bautismo sobre la cabeza de un niño declarando en firme confianza las palabras que Jesús nos envió a creer y proclamar, Dios interviene en esa vida haciéndolo nacer de nuevo, engendrando fe, dándole perdón de pecados, vida y salvación. Nos hace creer en la locura de la presencia real de Cristo con su verdadero cuerpo y sangre que se nos da en, con y bajo el pan y el vino en la Santa Cena.

Creemos en la locura de la cruz. Creemos en la locura de la resurrección y la vida eterna.

Lo sé, son locuras, pero benditas locuras que nos mueve a confesar nuestro Dios, así como lo
movió a Pedro y al resto de apóstoles, y lo seguirá haciendo con más personas. Pablo también tuvo que aguantar que lo tratasen de loco al anunciar el Evangelio: “Festo a gran voz dijo: Estás LOCO, Pablo; las muchas letras te vuelven LOCO. Mas él dijo: No estoy LOCO, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura”. Hch 26:24-25. Sabemos que el gran conflicto que produce rechazo es el contenido puro del evangelio. Se hace pesado de digerir si antes no se nos quebranta con ley. Pero la impaciencia o el deseo de agradar a las masas nos hacen desconfiar de la eficacia de la Palabra de verdad. Y es ahí cuando somos tentados a diluirla para poner cosas de nuestra cosecha que creemos más elocuentes que la propia palabra de Dios.

Pero debemos saber que “la palabra de la cruz es LOCURA a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”. 1 Co 1:18. Debemos imitar a los apóstoles que aún sabiendo eso decían: “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles LOCURA” 1 Co 1:23. Lo hacían porque tenían claro y confiaban en el método y poder de Dios: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la LOCURA de la predicación”. 1 Co 1:21

Bienaventurado los “locos” que creen que Jesús es el Mesías y que con convicción confiesan de forma clara el contenido del Evangelio. Bienaventurados los que llaman a las cosas por su nombre y no diluyen las doctrinas de Cristo por miedo. Bienaventurado tú si en Jesucristo ves al Dios hecho hombre y te rindes en confianza absoluta a su obra redentora. Bienaventurado si crees y confiesas fielmente el contenido del mensaje de Dios. Bienaventurado si confías en el poder regenerador del Bautismo. Bienaventurado si ves a Cristo en cuerpo y sangra bajo el pan y el vino de la Santa Cena. Eres bienaventurado porque eso no te lo pudo revela hombre alguno sino tu Padre celestial. Amén.

Walter Daniel Ralli
“Porque si estamos LOCOS, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros”. 2 Co 5:13: