domingo, 13 de junio de 2010

3º Domingo después de Trinidad.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Sabios en Cristo Jesús”

Textos del Día:

Primera Lección: Proverbios 9:1-10

Segunda Lección: 1ª Juan 3:13-18

El Evangelio: Lucas 14:15-24


Sermón

¡Oh profundidad de las riquezas de la Sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Romanos 11:33

La sabiduría es algo que siempre se ha buscado a lo largo de la historia y se ha valorado como un tesoro superior a cualquier riqueza, ya que un sabio no solo es el que sabe, sino que puede aplicar ese conocimiento a las distintas circunstancias de la vida y así vivir mejor.

Hoy día el concepto de sabiduría parece haber quedado obsoleto y en su lugar se escucha hablar de “inteligencia”, pero ¿Somos sabios? ¿Somos inteligentes? ¿Dónde radica la verdadera sabiduría del ser humano? ¿Cómo se la podemos trasmitir a quienes nos rodean?

Sabiduría de Dios y Sabiduría del ser humano

La biblia presenta una tensión entre la sabiduría humana y la sabiduría de Dios. Fue allí en el Edén donde Adán y Eva tomaron su primera decisión desacertada la cual produjo este distanciamiento. Y paradójicamente buscando ser más sabios fue que abandonaron aquello que los hacía sabio. Lo sabio hubiese sido no dejarse seducir por las artimañas del Diablo. Sin embargo eso no sucedió así y desde entonces todos nosotros nacemos ignorantes en cuanto a las cosas de Dios. Ellos quisieron “alcanzar sabiduría” Gn. 3:6, sin embargo sus mentes se oscurecieron, ya que la sabiduría era conocer la perfecta voluntad de Dios y mantenerse en ella.

Lo sabio era no comer del fruto prohibido dando así rienda suelta al deseo despertado por Santanas que pedía ser satisfecho.

Hoy muchas tentaciones dirigidas a los cristianos van en ese sentido. Se intenta humillarnos diciéndonos “no seas tonto, sé listo, sé inteligente”, “no te sometas a ideales religiosas antiguas que esclavizan tu mente, te reprimen y no te dejan ser feliz”. “NO SEAS TONTO. Sé libre de coger lo que te apetece”.

La satisfacción del placer por sí mismo para contrarrestar la frustración es una característica que estamos adoptando como norma. “Si no doy satisfacción a mis demandas y placeres me frustro y soy tonto”.

La sabiduría evalúa lo que conviene y tomar decisiones meditadas.

Las vidas guiadas por la satisfacción intuitiva de nuestros deseos y caprichos nos llevan al caos. Todos necesitamos unos principios y fundamentos en los cuales sostenernos y regularnos. Lamentablemente vemos que cada vez más se educa a los niños en base al cumplimiento de su satisfacción. Y las consecuencias son niños caprichosos, intolerantes, que cada vez demandan más y más rápido a cambio de un pequeño rato de sosiego para los padres. Poner límites o normas en base a ideas sabias parece tontería. Pensar y seguir un criterio parece locura. Los padres se vuelven “genios de la lámpara” que cumplen los deseos tiranos de los niños, porque en muchos casos ellos mismos perdieron el rumbo de la sabiduría ¿Qué es mejor? ¿Qué conviene?

La sabiduría humana no sirve para la salvación

“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”. Romanos 1:21-23

Cuando hablamos de sabiduría o inteligencia y desde la Biblia se acusa al ser humano de ser necio, comienza a abrirse una brecha entre lo que Dios nos dice y los seres humanos creemos y experimentamos. Dios nos dice que no somos sabios, sin embargo nosotros nos vemos muy sabios. ¿A qué se debe este entrecruce de perspectivas? Claramente vemos que el ser humano es un ser inteligente, muy inteligente, capaz de hacer cosas extraordinarios con su capacidad, desde el móvil que llevamos hasta el satélite que nos da señal fue diseñado y puesto en funcionamiento por mentes inteligentes.

Pero la ciencia, aquello que representa el mayor exponente de sabiduría humana, no puede encontrar a Dios ni descubrir sus misterios.: “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria” 1 Co. 2:7 Nuestra capacidad para hacer cosas asombrosas entre nosotros no nos sirve para llegar a Dios, pues Dios es vida y nosotros, por naturaleza, estamos muertos espiritualmente. Estamos muertos a su sabiduría. Y ¿Qué más me da poder tener todo si en última instancia no tengo la vida? No tengo a Dios. “Porque la Sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los Sabios en la astucia de ellos”. 1ª Co 3:19

Manejamos dos conceptos distintos de sabiduría.

Por un lado los seres humanos hablamos de nuestra sabiduría, que desde la perspectiva de Dios es muy limitada, pero ella nos sirve para desenvolvernos y desarrollarnos en esta vida. Pero existe una sabiduría que va más allá de este mundo temporal y es aquella que Dios tiene y nos da en Jesucristo.

Dice el Señor: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. Isaías 55:9 Es decir que la distancia que nos separa de Dios es infinita, y nosotros por ser seres finitos jamás podemos llegar por nosotros mismos hasta Él. ¿Por qué? Porque “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. 1ª Co. 2:14

La espiritualidad usa la inteligencia y usa las emociones, pero está más allá de ellas. Por eso Dios puede dar fe a un bebe y vincularse con él espiritualmente aun cuando este niño no desarrollo sus capacidades cognitiva de la manera de un adulto. Dios usa nuestro intelecto para decodificar y entender el mensaje de salvación, pero sólo la fe hace posible el correcto entendimiento, y confianza salvadora. La cruz es claramente una locura para muchos, una estupidez no digna de la sabiduría e inteligencia humana. ¿Qué clase de Dios sabio es este que hace semejante plan absurdo? Y aunque a muchos puede que esto no les parezca una tontería, el mero conocimiento no hace que ese mensaje de sabiduría eterna repercuta y afecte sus vidas.

La sabiduría salvadora es la que hace entender y aceptar la voluntad de Dios

“El temor al Señor es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” Prov. 9:10. El temor, es decir la correcta actitud ante el Dios santísimo es el principio de la sabiduría. Darle a Dios el lugar que le corresponde es realmente de sabios.

Ubicarnos a nosotros mismos como necesitados de perdón y a Cristo como nuestro salvador es la sabiduría más grande que uno puede alcanzar ¡que nadie te arrebate esta sabiduría que ha recibido! Por más que intenten desacreditar la fe diciendo que es cosa de gente tonta, débil o absurda, debes saber que allí radica todo mayor el bien que puedes tener. Y esto es un regalo que te fue dado. Con ella entendemos la misericordia de Dios para con nosotros: “¿Quién es Sabio y guardará estas cosas, Y entenderá las misericordias de Jehová?” Sal 107:43

La sabiduría de Dios se nos revela

La sabiduría salvadora de Dios es ajena a nosotros y nos es dada. “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. Mateo 16:17 Y esto es “para que vuestra fe no esté fundada en la Sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. 1 Co. 2:5

La sabiduría de Dios está en su Palabra, la cual el Espíritu Santo usa para darnos la fe que abre nuestros ojos a la sabiduría de Dios: “y que desde la niñez has Sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer Sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. 2 Ti 3:15

Sabiduría de Dios en la sencillez del ser humano

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace Sabio al sencillo”. Sal. 19:7. La sabiduría salvadora de Dios no está reñida con la sencillez y humildad del ser humano, ni siquiera con el desconocimiento de la sabiduría humana.

“En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los Sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”. Lc. 10:21

Pidamos abundar en la sabiduría de Dios

“Y si alguno de vosotros tiene falta de Sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”. Santiago 1:5

El cristiano ama la voluntad de Dios y en ella encuentra toda sabiduría. Conocemos que nuestra propia voluntad y deseos son engañosos y por ello en su Palabra Dios no dice que pidamos sabiduría celestial: “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda Sabiduría e inteligencia espiritual” Colosenses 1:9

Por fe dejamos todo y vamos a la cena de Cristo

La sabiduría de este mundo nos ata a las cosas de este mundo. Por ello en la parábola de nuestro Evangelio de hoy los invitados ponen escusas y se disculpan por no poder asistir a la Cena del Señor por cuestiones domésticas, y por tener que atender los asuntos de este mundo. Su sabiduría humana para los quehaceres de este mundo no les ayudó para ver que estaban rechazando la invitación del Gran Señor.

Nosotros somos aquellos que somos invitados y forzados a entrar por la fe. La fe nos da acceso a la sabiduría del Evangelio, pues con ella conocemos y aceptamos la voluntad de Dios de salvarnos en Jesucristo. Con ella entramos a la fiesta del cordero. Con ella entendemos que somos pecadores y recurrimos a Cristo en busca de perdón. Con ella nos apegamos a la Palabra y los Sacramentos. Con ella entendemos la locura de la cruz. Ella es la que nos hace entrar en la boda.

La fe nos fuerza, es decir, fuerza a nuestro viejo hombre y naturaleza autosuficiente que se resiste para quedarse en sus propios criterios y no entrar en la gran fiesta: “Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio”. 1 Co. 3:18 Gracias demos a Dios por darnos la fe por la cual nos apropiamos de la salvación en Cristo, quien es poder y sabiduría de Dios

LEAMOS 1ª Corintios 1:18-31

1:18 Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

AMÉN.
Pastor Walter Daniel Ralli