domingo, 5 de febrero de 2012

5º Domingo de Epifanía.

“La Predicación de Cristo”

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA

Primera Lección: Isaías 40:21-31

Segunda Lección: 1º Corintios 9:16-23

El Evangelio: Marcos 1:29-39

Sermón

En el Evangelio de hoy, Jesús dice: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido”. Y luego dice, “Y Jesús iba por toda Galilea, predicando en las sinagogas”. Del mismo modo, en la epístola de hoy, Pablo dice: “¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1Corintios 9:16) Las lecturas hacen hincapié en la importancia de la predicación del mensaje de Dios. NO es novedad que esto era una prioridad para Jesús de la misma manera que lo fue para Pablo e Isaías. Pero ¿Por qué fue tan importante para ellos? Y ¿Por qué la predicación sigue siendo tan importante hoy en día? ¿Por qué es importante para ti que estas leyendo u oyendo?

Después de todo, el termino predicar se ha vuelto muy negativo en nuestros días. “No me sermonees” o “ya me estas dando el sermón”, dicen algunos. La mayoría tiene una idea mala de la predicación. Algunas personas se mantienen alejadas de la iglesia porque creen que no necesitan que alguien los sermonee, no quieren que se alguien les diga lo que tienen que hacer o dejar de hacer.

Nosotros deberíamos preguntarnos periódicamente ¿qué es predicar? Para ello debemos pensar no tanto en lo que es según el estereotipo social, sino más bien, ¿Qué es la predicación de acuerdo con el punto de vista bíblico?

Comencemos con lo que la predicación no es. La predicación no es una mera cita de pasajes de la Biblia. A pesar de que la predicación parezca ser completamente bíblica no siempre lo es. No es sólo cuestión de acumular pasajes de la Biblia. Se puede tener un sermón lleno de versículos bíblicos, sacados de contexto o aplicados incorrectamente y esto no sería una predicación cristiana verdadera. Muchas sectas y falsas iglesias también usan la Biblia.

La predicación no es hablar de moral, no es decirle a la gente qué hacer y cómo vivir, sin darles el poder para hacerlo. Decirle a la gente que necesitan vivir con un propósito o dándoles diez pasos sobre cómo vivir su mejor vida, no es una predicación cristiana. Dar discursos sobre las causas socio-políticas, ya sean de derecha o de izquierda, no es la predicación distintiva del cristianismo bíblico.

La predicación no es primordialmente educativa, el aprendizaje de hechos o información, la adquisición de conocimientos para almacenar en la cabeza no es la finalidad de la predicación. A pesar de que esta siempre implica aprender y crecer en el conocimiento. Eso es un proceso, pero no es el objetivo primario de la predicación.

La predicación no es un entretenimiento. No consiste en encadenar una serie de lindas historias o chistes para mantener a los clientes u oyentes satisfechos. Pero eso no es una predicación bíblica verdadera. La predicación no se basa en trucos de argumentación o coherencia, ni siquiera en la personalidad de quien hablar para tener peso o poder. Mucho menos depende de que el predicador se la pase dando gritos o repitiendo frases una y otra vez.

No es entretenimiento. No es mera información. No es transmitir moral o para dar consejos. No es una sucesión de citas de la Biblia, con o sin sentido. Esos son ejemplos de lo que la predicación no es, aunque puedes encontrar gran una cantidad de predicadores que creen que es así. Las imitaciones baratas de la predicación bíblica pueden ser muy populares y atractivas. Un predicador puede ser muy exitoso con este tipo de producto. Pero no por ello es correcto, por lo menos no a los ojos de Dios.

A muchos les pregunto ¿Qué busca en la Iglesia o en la predicación de los domingos? En muchos casos también tengo que preguntar ¿qué busca Dios en la predicación? ¿Cómo mide él el éxito en la predicación? La mejor palabra que respondería a esta pregunta es “fidelidad”, ya que la predicación agradable a Dios no es muy exitosa y popular de acuerdo a las normas del mundo.

Nuestro viejo hombre no quiere saber nada de Dios e intentará huir de su Palabra lo más lejos posible, ello puede significar refugiarse en un sitio donde la Palabra de Dios sea tergiversada y sirva para afianzarme en las ideas erróneas o pecados favoritos.

Entonces ¿Cuál es la predicación fiel y agradable a Dios? Simplemente es la proclamación de su Ley en todo su rigor y del Evangelio de Jesucristo para la salvación de los oyentes, en toda su dulzura. Eso es lo que se debe buscar y escuchar en la predicación de una Iglesia.

La predicación tiene autoridad. Viene con toda la autoridad de Dios detrás de ella. Cristo envía a sus predicadores a predicar. Jesús le dice a sus predicadores que “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió”. (Lucas 10:16). El predicador es llamado embajador de Cristo, hablando sus propias palabras y predicando en su nombre. Cuando escuchas predicar a una persona que se transmite fielmente la Palabra, debes saber que es tan bueno como si Cristo mismo estuviera aquí hablando contigo. Esa es la autoridad que Dios le dio a su Iglesia y esta otorgó en el oficio pastoral. La predicación parte desde la autoridad de Dios y no desde la comodidad del hombre.

Es Dios quien determina qué decir y no la sociedad.

Es como si un mensajero leyera un decreto oficial. El rey envía a sus mensajeros para anunciar, declarar, proclamar un mensaje oficial a los ciudadanos: Estábamos en guerra y condenados a muerto. Pero ahora la guerra ha terminado. Se ha declarado la paz. Este anuncio es posible porque Jesucristo dio su vida en la cruz por cada uno de nosotros. Estás perdonado, has sido puesto en libertad. El anuncio por sí mismo en un pedazo de papel no liberó a un solo esclavo, no perdonó a un solo pecador. Para ser eficaz, tenía que estar respaldada por una acción. Hubo una victoria que se tuvo que lograr y pagar un gran costo, el derramamiento de sangre inocente.

Como esa costosa victoria fue ganada por medio de la Cruz y la tumba vacía, la Proclamación de la Libertad tiene un poder único, porque no solo lo anuncia, sino que otorga lo que dice. La predicación no son sólo palabras vacías. La predicación hace algo, libera a la gente, perdona sus pecados. No solo habla de fe, sino que también la otorga.

Es la acción de Dios que da su poder a la predicación. Dios actuó cuando envió a su Hijo para que nos librar de nuestra esclavitud. Tenia que lograr una gran victoria. Una victoria sobre el pecado, la muerte y el infierno. Esto es porque tu y yo nacimos en esclavitud, la esclavitud del pecado y no pudimos liberarnos por nosotros mismos. Sólo Dios podía hacer eso. Pero esa libertad, tuvo un gran costo que fue el derramamiento de la sangre del Cordero Santo de Dios, Jesucristo. Esta costosa victoria de Cristo es todo lo que necesitamos. Porque ha sido por todos tus pecados y por los pecados de todo el mundo. Esta victoria vence a la muerte, la derrota, la vacía de su poder.

Nos hace libres de la esclavitud de Satanás. Somos libres para servir a Dios, con una vida de justicia, por el poder del Espíritu. Esta es la libertad, la emancipación, que Cristo ha ganado con su muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos.

Esta victoria, esta libertad, esta emancipación, se nos entrega, de una manera eficaz a través de la predicación. Esto está sucediendo ahora mismo. Porque tu y yo necesitamos que este evangelio se nos predique constantemente, durante el tiempo que vivimos por fe y no por vista.

Cada vez que tus pecados te pesan, la predicación declara que estás perdonado por la sangre de Cristo. Cada vez que el demonio sopla en tu oído y te tienta a volver a caer en tus egoísmos, Cristo viene y te dice que eres un hijo de Dios por medio del bautismo, que eres libre, verdaderamente libre, para vivir como una nueva persona en Cristo, para vivir para Dios y servir a tu prójimo. Cada vez que la perspectiva de la muerte da escalofríos, el mensaje de Cristo está aquí y te dice que tienes la vida eterna, a causa de tu Señor Jesús y su victoria sobre la tumba.

La predicación es proclamación de la Ley y el Evangelio. No se trata sólo de información sobre Jesús, sobre el perdón o la salvación. Más bien, es el anuncio de nuestra situación de pecado ante Dios, es hablar con claridad de quienes somos, cómo obramos desde nuestro viejo hombre, de la imposibilidad de cumplir con las exigencias de la ley y la enemistad que esto produce ante Dios.

Se trata de las acusaciones y condenas que Dios lanza a los pecadores impenitentes. Pero también es proclamar a Jesús, su perdón, su salvación. De cómo Dios nos absuelve, perdona y justifica por medio de Cristo. Ambos van de la mano, porque predica la Ley sin anunciar el Evangelio sería caer solo en lo moral o ético de la vida de fe. Por el contrario, predicar solo el evangelio sería hablar de una religiosidad subjetiva que poco tiene que ver con las personas que se consideran buenas.

La predicación siempre es Cristo-céntrica. Pablo en su carta a los Corintios dice que “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1Corintios 2:2). Esta tipo de proclamación apunta siempre a la obra de Cristo y a como esa obra llega a nosotros. Por eso creemos necesario dar énfasis a la predicación de la Palabra y a la administración de los sacramentos. Porque allí Cristo viene a nosotros en el agua, en el pan y vino ofreciéndonos todo lo que ha logrado en la cruz por nosotros. Esta predicación es un gran proclamación de la liberación de Dios solo por medio de Cristo, declarando oficialmente tu libertad de la esclavitud, de los tus pecado y la muerte y del diablo.

La predicación es precisamente la proclamación, el poder, la proclamación eficaz de la buena nueva de Cristo. Es mucho más que las imitaciones baratas que parecen una predicación, cosas como la simple moralidad, la educación y el entretenimiento. Dios tiene algo mucho mejor para darte. Por lo tanto nosotros predicamos a Cristo crucificado, a través de este mensaje que parece tan débil y obsoleto a los ojos del mundo. Dios está haciendo algo muy sabio y poderoso de hecho, que es salvar a los pecadores como tu y como yo. La predicación te ofrece exactamente lo que promete: la libertad de la esclavitud del pecado, la culpa y la muerte, y te otorga la justicia, el perdón, la vida eterna y vida nueva. La misma libertad que el evangelio proclama se te da para que puedas vivir por fe. Ahora por lo tanto, la predicación de Cristo, te dice: “Yo te declaro que en Cristo eres Libre porque has sido perdonado de todos tus pecados. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

En Cristo. Pastor Gustavo Lavia.