domingo, 21 de abril de 2013

Cuarto Domingo después de Pascua.



TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA                                                                                               
Primera Lección: Hechos 20:17-35
Segunda Lección: Apocalipsis 7:9-17
El Evangelio: Juan 10:22-30

 

 “Tenemos un Futuro asegurado en Cristo”

 

Introducción: En muchas oportunidades me han preguntado: “¿Cuántos sois en vuestra Iglesia?”, a lo que suelo responder: “unos 70 u 80 aproximadamente”. La reacción no se hace esperar: “¿Son pocos… no?  El texto de Apocalipsis me ha mostrado un gran error que cometía al responder de esa manera. Humanamente queremos ver resultados, números, cualquier cosa que nos haga ver que la Iglesia avanza, crece. Llegamos a pensar que si no crecemos y somos pocos, no estamos teniendo éxito y seguramente algo estaremos haciendo mal. Aquí es cuando somos tentados a tomar atajos, es por esto que algunas iglesias desechan las enseñanzas bíblicas muy claras, justificándose en “hay cosas que son demasiadas duras”, “hay que actualizarse o adaptarse a los tiempos en los que vivimos”, “no podemos ser tan controversiales, así espantamos a la gente”. Otra de las tentaciones que se nos presenta es mirar a nuestro alrededor y al ver lo pequeños que somos, creer que nada funcionará en este país, aferrarnos a la idea de que la Iglesia terminará por desaparecer. Surge así el pensamiento de ¿Por qué molestarse en permanecer fieles a la Palabra? ¿Por qué molestarse en seguir haciendo lo que Cristo nos ha llamado a hacer si igual nadie va a creer? Está claro que nuestro mensaje no es bello ni popular y que al mirar a nuestro alrededor podemos ver cuántas necesidades evidentes e inmediatas hay: Gente con hambre, sin techo, enferma, la justicia brilla por su ausencia y los abusos de poder se multiplican. En esta visión de la realidad nos olvidamos de que, si bien esas cosas pueden estar a la par con el trabajo de la Iglesia, no son obra exclusiva de la Iglesia. Nadie será salvo solo u plato de comida, ni por recibir atención médica gratuita. Tampoco lo será si evitamos que lo desahucien de su hogar. Nos confundimos cuando invertimos las causas y los efectos. Alimentar al hambriento, sanar a los enfermos, luchar por la justicia, son los efectos causados ​​por el Evangelio de Cristo, quien ha cambiado nuestro corazón. Estas cosas no son las que cambian los corazones de las personas, aunque parezcan justas y nobles.
¿Qué estamos llamados a hacer como Iglesia y como cristianos? Dar a conocer este Evangelio de liberación y paz es nuestra primordial tarea. Pablo escribe: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Es necesario que las personas oigan las buenas nuevas acerca de Jesús, el Cordero Pascual, que lo reciban como su Señor y Salvador y crean en Él. Por eso muchos han sido bautizados, otros tantos reciben el cuerpo que da vida y la sangre de Cristo que limpia de todo pecado en la Santa Cena. Quizá algunos nunca confesaron su fe, pero estuvieron oyendo o leyendo la Palabra de Dios, sin embargo, la Palabra hizo su trabajo y el Espíritu Santo los llamó por el Evangelio. Él usó las semillas de su Palabra para hacer crecer la fe y lo seguirá haciendo. Por eso seguimos predicando el Evangelio y distribuyendo los Sacramentos, lo que significa que el Espíritu Santo sigue haciendo su trabajo, añadiendo personas a la Iglesia, a esta multitud de Apocalipsis 7 que aún no podemos ver, pero que en algún momento veremos. Por esto no cederemos a las tentaciones de apartarnos del Evangelio que recibimos. No vamos a tomar atajos, no vamos a cambiar lo que enseñamos o dejar de llamar pecado a lo que Dios dice que es pecado y de otorgar la gracia a quienes la necesitan.
Mirar la vida solo con nuestros ojos es un grave error. Esto nos llevará a aferrarnos a relaciones y cosas terrenales, olvidando que los que mueren en el Señor están escapando de la tribulación. Es fácil olvidar que esta vida es realmente una tribulación comparándola con lo que nos espera junto a Dios y que el morir para el cristiano siempre es ganancia. Es fácil olvidar que la única salida es Cristo, no los son las drogas, el alcohol, el dinero, la comida, la familia ideal, el éxito, la violencia o la sabiduría. Salomón dice en Eclesiastés que debemos disfrutar de las cosas que se nos ha dado en esta vida, pero al mismo tiempo reconocemos que ellas no tienen sentido comparada con la vida en Cristo. Pero el diablo y nuestro viejo hombre no quieren que veamos esto. Ellos quieren centrarse en el corto plazo. Ellos quieren que evaluemos según sus parámetros de éxito y fracaso. Pero hoy Cristo nos permite mirar con sus ojos a largo plazo… por la eternidad: “Estos son los que han salido de la gran tribulación. Han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero”.
En Cristo podemos ver lo que tus ojos no pueden ver. Solo Jesús nos muestra lo que aún no podemos ver, el escape de la gran tribulación, una vestidura blanca, la eternidad en el cielo. Nos muestra lo que está al final de las promesas del Evangelio, nos enseña que Dios reina en esta vida, que nos ha redimido y ahora nos enseña la salvación final. Él nos muestra que lo ahora tenemos en parte: la eternidad junto a ÉL. Nos muestra la túnica blanca de justicia que ha sido blanqueada en la sangre del Cordero. Nos muestra la eliminación final de la naturaleza pecadora, la erradicación de todo el dolor, la eliminación de toda angustia, la desaparición de todo sufrimiento. Muestra que esto lo hizo por medio de la Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros y que solo por medio Él tenemos nuestra corona de justicia. Él nos muestra que el Señor ya nos tiene en la eternidad y nos librará de todo mal. Porque Cristo ha muerto, ha resucitado y vendrá otra vez.
Pero ¿Quiénes son estos? ¿Quiénes conforman esta gran multitud de todas las naciones, reunidos alrededor del trono de Dios con los ancianos y los seres vivientes? ¿Quién tiene el honor de estar tan cerca con esas ropas blancas, agitando palmas y cantando alabanzas al Cordero? ¿Quiénes son éstos, liberados de la gran tribulación, que ya no sufrirán más el pecado, el dolor o la aflicción? Junto con el resto del pueblo de Dios, estás tú. Por la fe en Cristo estás entre aquellos a quienes Dios ha reunido desde todas las naciones. Has sido purificado con la sangre de Cristo y se te ha dado la vestidura blanca de su justicia, porque todos los que somos bautizados en Cristo hemos sido revestidos de Cristo. Lo que se ve en el texto es tu futuro. Esto no es una posibilidad entre varias, es una realidad para la cual Cristo te ha redimido. Ya no es solo una muestra, es una realidad, Cristo te incluye en este grupo.
Cristo te redimió para que tengas vida eterna en la presencia de Dios. Eso suena un poco abstracto, pero ten en cuenta que será como la vida en el Jardín del Edén antes de la caída en pecado. Allí, el hombre podía estar en la presencia de Dios sin problema y Dios caminaba con el hombre. No había pecado, no estaban las consecuencias del pecado, no había hambre, ni sed, ni dolor, ni lágrimas, ni muerte. El pecado trajo todo esto como parte de su maldición. Cristo vino y venció al pecado, sufriendo hambre, sed, dolor, lágrimas y todo el juicio de Dios por tus pecados. Al hacerlo, venció tu maldición. Porque Él obtuvo la salvación para ti, por eso tus pecados te son perdonados. El cielo es tuyo... y el cielo es estar en la presencia de Dios, por toda la eternidad.
El infierno no es para ti. Por el contrario, el infierno sería donde Dios no está, o al menos donde Dios no está presente con su gracia y misericordia. Para aquellos que no quieren tener nada que ver con Dios, reciben lo que quieren, encontraran una existencia sin Dios y será una terrible eternidad. Has sido lavado por la sangre del Cordero. Tu futuro, tu eternidad, es la vida en su presencia, con todo lo bueno que ello conlleva. Eso es lo que Dios ofrece a todos los hombres por medio de su Hijo Jesucristo, para que todo aquel que cree en Él sea salvo del infierno y llevado a la ciudad celestial. Por el momento, no estas ni en el cielo ni en el infierno. Estás en este mundo y quizá haya un poco de infierno aquí, porque todavía sufrimos las consecuencias del pecado con enfermedades, problemas, ansiedades y todo lo que contribuye a nuestra gran tribulación. Pero este mundo no es el infierno, porque Dios sigue presente en este mundo. Hay un pedacito de cielo, Dios está contigo, tan cerca como lo están sus medios de gracia. Él te ha vestido con la túnica blanca de la justicia en tu bautismo, Él sigue limpiándote con su absolución y te da un anticipo de la fiesta por venir en su Cena.
Este mundo no es el cielo, si bien Dios está presente entre nosotros, todavía tiene que esconderse en su Palabra y junto a esta con el agua, el pan y el vino. Debe hacerlo porque los pecadores no pueden estar en su gloriosa presencia y vivir. Así que por ahora, estamos entre el cielo y el infierno, sufriendo algunas de las consecuencias del pecado, teniendo nuestras tribulaciones pero también disfrutando de la gracia celestial.
Apocalipsis 7 te muestra tu futuro. Este mundo no es el fin o tu destino final. Tu lugar está en esa multitud alrededor del trono de Dios, ese futuro ya es seguro porque el Cordero ya ha derramado su sangre por ti y perdonado todos sus pecados. Como heredero de esa fortuna transitas esta vida sabiendo que es sólo una cuestión de cuándo, no de si has ganado la herencia o no. Lo único que te apartaría de esa herencia sería si rechazaras esa herencia. Ese es el truco que el diablo utilizará para que huyas de los dones de Dios, de su perdón, de su gracia y escojas el pecado y el infierno como lugar de morada eterna. Él va a tratar de hacer que el pecado sea atractivo y tú te aferres a él por sobre la gracia y las promesas de Dios. Tratará de hacerte dudar de la presencia de Dios, de que has sido olvidado por Dios y que ya estás en un infierno si esperanza. Muchas veces las tribulaciones a las que te enfrentas pueden parecer grandes en comparación con tus fuerzas y ​​habilidades. Pero Cristo es más grande y aquí está la prueba: toda tribulación a la que te enfrentas es el resultado del pecado. Pero Cristo ya ha vencido al pecado y a la muerte. Él salió de la tumba, para nunca más morir y si Él ha conquistado los mayores enemigos, sin duda es superior a la tribulación que te aflige.
Por la gracia de Dios perteneces a una gran comunidad. Ahora puedes responder que la Iglesia a la cual perteneces hay un número incontable de personas que a pesar de sus problemas, sufrimientos y pecados, han sido liberados por Cristo. Este tiempo de tribulación cesará, porque ya ha sido derrotado. Todo lo que tiene poder para separarnos de Dios ha sido destruido en la cruz. La vida eterna en su gloriosa presencia ya te ha sido otorgada, allí no habrá hambre, ni sed, ni calor abrasador o cualquier otro sufrimiento. Esas cosas no pueden estar allí, porque son el resultado del pecado. Tú estarás allí, porque Cristo ha quitado tus pecados. El Señor viene pronto y te librará de las tribulaciones, pero por mucho que el Señor se demore en su sabiduría y misericordia, tienes la realidad de Apocalipsis 7 para alegrarte. Sabes el final de la historia. La vida eterna, liberado de todo pecado y de toda consecuencia del pecado, es tuya, porque has sido perdonado de todos tus pecados.
Pastor Gustavo Lavia. Congregación Emanuel. Madrid.