domingo, 12 de octubre de 2008

22º domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!

“Jesús sale victorioso de la encerrona”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Isaías 45:1-7

La Epístola: 1ª Tesalonicenses 1:1-5

El Evangelio del día: Mateo 22:15-22

33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.
42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:
La piedra que desecharon los edificadores,
Ha venido a ser cabeza del ángulo.
El Señor ha hecho esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. 44 Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

Sermón

¿La Palabra produce odio?

Los fariseos habían oído las parábolas precedentes (Mt. 21:28-44) y se vieron descubiertos y acusados por la ley que contenían. Pero su orgullo era tan grande que en vez de arrepentirse se encendieron en ira. Pues ante la Ley hay dos caminos, o te reconoces culpable y pides clemencia o luchas para encubrir tu pecado y te alejas del perdón de Cristo. Ellos no estaban dispuestos a ir por el camino del reconocimiento, arrepentimiento y perdón, pues se negaban a mostrarse pecadores y débiles. Entablaron una lucha cara a cara con Dios. Se resistían con todas sus fuerzas a la obra que él Espíritu Santo quería hacer a través de la Palabra que oían. Por eso luego de la parábola de “los labradores malvados” se dice: “al oír sus parábolas, los principales sacerdotes y los fariseos entendieron que hablaban de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste lo tenía por profeta”. Mt. 21:45-46.

Acabar con el problema

Para seguir con su vida “normal” los religiosos entendieron que debían acabar con aquello que los incordiaba mostrándoles sus miserias. Esta es una actitud muy humana. Siempre intentamos tapar nuestros errores o acallar a aquel que nos lo muestra ya sea por la evasiva, la auto justificación, la desacreditación de quien se convierte en una amenaza para nuestra “imagen” de gente buena, minimizando nuestro pecado o descafeinando la ley. Intentamos acabar con la Ley pura y verdadera, pues en el fondo queremos seguir fingiendo que la cumplimos.

Los que creen cumplir la ley, los que escogen ese camino, en última instancia lo que intentan es acabar con Cristo. Pues Él se presenta como Salvador, como aquel lleno de misericordia que da su vida por nuestros pecados, que nos brinda el perdón y la paz que por nosotros mismos no podemos conseguir. Por eso la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas es CONVENCERNOS de pecado (Jn. 16:8). Y esto no en una ocasión puntual, sino diariamente. Pues de lo contrario nos estaremos apartando del Cristo redentor, del Cristo que nos ofrece perdón, para caminar junto a un cristo legislador que nos muestra nuevas leyes que cumplir, un cristo inventado.

Ley y Evangelio

Me es necesario aclarar, pues hay confusión, que la Ley no es algo del Antiguo Testamento y el Evangelio algo del Nuevo Testamento. Tanto en uno como en otro hay Ley y hay Evangelio.

Estas dos doctrinas van juntas y son las dos caras de la única Palabra de Dios. Tampoco es que Jesús solo nos predicaba Evangelio, sino que él usaba la Palabra completa, en toda su dimensión y plenitud. Cristo usaba la Ley para que desesperen de ellos mismos y corran hacía él clamado piedad. Y también anunciaba el Evangelio a los pecadores aterrados por la ley para consolarlos y anunciarles el perdón que él logro para sus vidas.

El plan de los fariseos

Luego de oír la parábola de “la fiesta de la boda” (Mt. 22:1-14), y desesperados por ocultar sus miserias que quedaban expuestas en las palabras de Jesús, se reúnen para tramar un plan y acabar con el “problema”. Es paradójico que la Palabra de Jesús pueda resultar un problema siendo que es nuestra única solución.

El texto refleja claramente la intención del corazón de los fariseos que buscaban “cómo sorprenderlo en alguna palabra”. Pero como hemos visto antes, un inconveniente que se interponía era el pueblo. Pero los fariseos eran expertos y sabían cómo manipularlo. Conocían lo que ellos querían oír y lo que no, y sobre todo sabían que así como te pueden tener en lo más alto también te pueden bajar hasta el suelo y pisotear. Y cómo no, una moneda sería el medio para intentar poner a Jesús en un aprieto.

El plan estaba todo pensado. La jugada era “maestra”. Les enviaron a sus discípulos (ellos no querían ponerse en evidencia) y para que esté todo bien atado también enviaron a los “herodianos” quienes eran ultras del partido de Herodes y que podían ser testigos directos de algún acto de sublevación al Imperio por parte de Jesús.

El cebo

El cebo que le pusieron a Cristo fue una pregunta aparentemente simple e inofensiva pero cargada con una cuidada dosis de maldad: “¿Está permitido dar tributos al Cesar, o no?”. Como no podía ser de otro forma el dinero adquiere un lugar determinante. Con él en juego se puede ofender al Cesar o se puede ofender al Pueblo. No hay nada más delicado y controvertido para el ser humano que cuando le tocas el bolsillo ¡Él desata guerras!

Entre la espada y la pared

El cebo, según los maquiavélicos gestores de este plan, pondría a Jesús en una encrucijada. Si decía que no había que pagar tributos al Cesar, caería inmediatamente en manos del gobierno romano que exigía el pago de impuestos. Jesús podría ser acusado de sublevación. Por el otro lado, el pueblo judío veía en el tributo que tenían que pagar anualmente el signo del sometimiento a Roma y eso revolvía su orgullo nacional. Por lo que si Jesús decía que era justo pagar tributos al César ellos podrían agitar al pueblo judío en su contra presentándolo como un partidario de Roma y por ende un traidor al pueblo de Dios ¡La maldad es inteligente y astuta! Pero Dios más.

La adulación.

Pero tras toda esta malicia había que ponerse un traje de bondad e inocencia para encubrir la trampa. Así se pone en escena la emboscada. Como lobos con piel de cordero se dirigen a Jesús con actitud de respeto y reverencia. Fueron sigilosos como el gato que agazapado acecha a su presa. Se camuflaron en la maleza de la adulación. Vale la pena releer el peloteo que le hicieron a Jesús:

“Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece…”

La adulación es una estrategia para bajar nuestras defensas. Nos gusta sentirnos alagados y reconocidos por los demás. Sube nuestro orgullo, estima y vanagloria. No son pocos los que andan buscando este tipo de reconocimiento y se sienten realizados con ello. Se inflan al oír hablar de lo maravillosos que son. Sin embargo las intenciones que se esconden detrás de tanto “dulce” son malas y amargas ya que buscan nuestra ruina. La adulación consiste en alagar a alguien con fines interesados. Jesús, a quien nosotros adoramos y a quien le reconocemos su gloria y poder, no cayó en la trampa de la adulación. Dios busca adoradores agradecidos no aduladores mal intencionados. “No todo lo que brilla es oro” reza el refrán, y visto quedó que tras semejante adulación se escondía un interés malsano. ¡No todo el que me diga Señor, Señor, entrará al reino de los cielos!

Jesús conoce los corazones:

Jesús conoce a los aduladores y en esta ocasión muestra clara señal de su divinidad descubriendo las verdaderas intenciones que llevaban: “Conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?”. Ante la vista de Jesús nadie puede ocultar sus intenciones ni pensamientos.

De cara a nuestro entornos podemos ocultar o engañar encubriendo tras una máscara la realidad. El pecado hace que el mundo entero funcione así. Pero Dios ve y conoce el corazón humano y no solo su apariencia, cosa que los religiosos habían admitido en la adulación a Cristo. Por lo tanto en vano es querer aparentar ante Cristo. Es imposible engañarlo. Eso es justamente lo que nos debería dar paz, ya que Él conoce nuestras miserias y quiere cubrirlas con su perdón y amor. ¡No te ocultes!

Dadme una moneda:

Gracias a tener registrado toda la ponzoña humana contra Cristo condensada en esta actitud de los fariseos, que lejos de ser ajena a nosotros se presentan como modelo de la miseria humana que todos y cada uno de nosotros vivimos en la carne, hemos podido ser beneficiarios de la tan popular y magistral respuesta del Señor: “Dad, pues, al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

Vaya varapalos que sufrieron estos discípulos de fariseos. Pensaban que su encerrona era perfecta y que el “jaque mate” era evidente, pero el Señor se salió de él con una jugada “divina”.

Podemos estar seguros que a pesar de las emboscadas el Evangelio de Jesucristo siempre sale del paso. Nadie podrá detenerlo ni eliminarlo pues Cristo mismo ya ha vencido. Cuando te aflijan, te cuestionen, intenten desacreditarte por anunciar la Ley y el Evangelio de Dios, no desesperes. Piensa en Cristo. ¡Él vence!

¿Qué es del Cesar y qué es de Dios?

Jesús deja claramente evidenciado la doctrina de los dos reinos, el terrenal y el celestial. Estos no se pueden mezclar aunque tengamos que convivir en este mundo entre ambos. Los cristianos somos ciudadanos del cielo (Fil. 3:20), y no somos del mundo, pero estamos en él (Jn. 17:14-17) y debemos someternos a las autoridades establecidas (Ro. 13:1-4) y caminar en este reino terrenal con los derechos y obligaciones que se nos establecen. Más allá de nuestros ideales políticos o si nos parece justo o injusto, nosotros debemos obedecer en todo y hacer uso de los derechos que el estado nos brinda para intentar cambiar aquellas cosas que creamos conveniente cambiar en este mundo. Pero de la misma forma también debemos darle a Dios lo que le corresponde: el primer lugar en nuestras vidas. Amar a Dios sobre todas las cosas es nuestro primer mandamiento. Debemos poner nuestras vidas a su servicio y darle la Honra en todo.

Y sólo cuando el “Cesar” de turno nos demande darle lo que le corresponde a Dios, y/o hacer cosas contrarias a su voluntad, ahí tendremos que decir como los apóstoles: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 5:29), y exponernos a situaciones como las le pasó al profeta Daniel y a sus amigos, o como le pasó a Esteban, pues en esa ocasión será el “Cesar” quien invada el terreno celestial y demande lo que no le corresponde. Muchos han muerto por defenderse del “Cesar” que quería arrebatarlos de su obediencia a Dios. La historia de la iglesia está llena de mártires y la tierra española no está librada de su sangre. ¡Sé fiel tú también!

El peligro de querer agradar a las masas o al “César”.

El miedo a ir contracorriente hoy está dominando los escenarios teológicos. Muchos son los que seden y entregan al mundo las pertenencias celestiales o intentan meter en el reino de los cielos parte del terreno, eso es: sus estrategias, ambigüedades, relativismo, humanismo, racionalismo, etc. Las masas en ocasiones meten mucha presión y algunos para no perder el agrado ceden terreno descafeinando la verdad y haciéndola más agradable a los oídos. O en ocasiones renuncian a anunciar la Palabra de Ley para que nadie se ofenda y los persigan. También hay sobrados ejemplo de cómo muchos se ponen del lado del “César” para conseguir beneficios. Pero la vida del cristiano está marcada por la cruz, y el que quiera evitarla y salvar su vida e imagen terrenal, la perderá. Por eso tú aférrate a la Palabra y busca la voluntad de Dios aunque el mundo se derribe a tus pies.

¿Aniquilar a Cristo confundiendo su doctrina?

El ser humano intenta darle caza a Dios. Pero esto es tan ridículo como si una hormiga quisiera dar muerte a un elefante. Como sabemos la lucha espiritual se da en el campo de la Palabra de Dios. Se confía en lo que Cristo dice o se le cuestiona o ignora. Pero como hemos visto, también está la opción de querer aniquilarlo. Esto consiste en intentar mezclar y confundir doctrinas como la de los dos reinos, la Ley y el Evangelio, el pecado y la justicia del cristiano o la salvación por fe y las obras. Lamentablemente hay muchos aduladores sueltos que con palabras bonitas sobre

Cristo lo que hacen es liarlo todo para no reconocer la magnitud de la ley y el pecado.

¡Tergiversar el sentido de las doctrinas es catastrófico! Por ello insistimos tanto en la correcta doctrina de Cristo.

¿Aduladores nosotros?

En muchas ocasiones los cristianos caen en las redes de la adulación que alimenta nuestro ego: “¡Aquí está el hermano más bueno, el que no falta a ningún Oficio Divino, el que más ofrenda, el que mejor aconseja!” Muchos caen en la trampa de ser los acreedores de estos “piropos” y luego su objetivo se convierte en tener que dar la talla para mantener el status. Y es ahí cuando se
pierde el norte. Cuando uno se olvida que es un pecador que por sí mismo y en sí mismo no es nada y que si algo hace es por la obra misericordiosa de Dios en él. Y por lo tanto la gloria es suya. Todos nosotros somos “siervos inútiles, que solo hacemos lo que tenemos que hacer” ¿qué mérito hay en eso? No nos dejemos guiar por las leyes y presiones que la adulación nos pone y que nuestro orgullo atiende encantado. ¡Vive en la Gracia de Dios en la humildad de la cruz de Cristo!

Nuestras trampas

A los cristianos también nos hacen preguntas trampa. El objetivo de ellas no es saber la respuesta, pues ellos ya tienen la suya propia, sino que se trata de dejar en evidencia alguna declaración que nos comprometa.

Pero nosotros también debemos cuidar de no caer y utilizar estas maliciosas estrategias para nuestras vidas. En ocasiones entablamos batallas dialécticas y estamos pendientes de pillar al otro en una palabra mal expresada o confusa para desarticular su argumento y darle caza.

Sacamos provecho de lo que el otro pueda decir y lo aplicamos en su contra, no para crecer sino para destruir al contrincante que puede ser un amigo o familiar. Muchos buscan la paja en el ojo y están pendientes de lo que dices, no porque eso le interese para su vida, sino para destruir la tuya. Esto es triste que pase entre los seres humanos, pero pasa. Y como todo lo que pasa en esta vida, Jesús también lo padeció. Por eso refugiémonos en él y alimentémonos con su Palabra y Sacramento.

Pastor Walter Daniel Ralli