sábado, 18 de octubre de 2008

23º domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!

“En Jesús amamos a Dios y a nuestro prójimo”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Levítico 19:1-2, 15-18

La Epístola: 1 Tesalonisences 1:5b-10

El Evangelio: Mateo 22:34-46

1 Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos,
se juntaron a una. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo:
Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

Sermón

I. La gran necesidad de AMOR

Creo que la gran mayoría de las personas coincide en que este mundo funcionaría mucho mejor si habría lás amor entre las personas. Es difícil estar en desacuerdo con esa idea. Realmente este mundo sería un lugar mejor si habría más amor.

En la lección del Evangelio de hoy, el Señor Jesucristo declara que el mandamiento mas grande es “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Pero luego hacer un gran
declaración realiza una inclusión que llama mucho la antención: “De estos dos mandamientos depende toda la ley ylos profetas”. Aquí es donde nos encontramos un gran desafío, así como en los sermones anteriores decíamos que si no comenzamos bien las interpretaciones de las parábolas no terminaremos bien su interpretación, aquí sucede lo mismo con el concepto de amor. Si entendemos mal de qué amor nos habla Jesús vamos a interpretar mal todo este pasaje de la Sagrada Escritura.
Entonces ¿A qué clase de amor se refiere Jesús en este pasaje? El tipo de amor del que Jesús habla aquí es un amor que se plasma en una vida de servicio y sacrificio hacia otros. Es el tipo de amor que antepone a los otros y sus necesidades a lo propio.

Si queremos ver ejemplos prácticos de este amor, no tenemos más que ir a la a la lección de Antiguo Testamento para hoy en Levítico 19:15-18 “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo.” Si amamos a los otros no nos seducirá la posición económica que tenga la otra persona, sino que de manera justa emitiremos nuestros juicios hacia los demás.

“No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo.

Yo Jehová.” porque la murmuración lastima a tu vecino mientras que infla tu orgullo por saber los secretos. “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado”. Por más que tu hermano sea un borde o pesado, estas llamado a trabajar para solucionar los problemas con él. El amor no oculta la maldad ni disimula como si nada hubiera ocurrido. Al contrario llama a las personas al arrepentimiento y al perdón. “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.”. La venganza es una actitud que brota de nuestro ser egoísta, mas que justicia, muchas veces lo que busca es infligir daño y traer la satisfacción personal. Amar implica trabajar duro siempre, porque este se manifiesta hacia todos, incluso a quienes nos han hecho mal.

Es una lista bastante buena de ejemplos la que nos aporta esta lectura del Antiguo Testamento, ya que en ella nos muestra que el amor no es fácil de vivir día a día. Que es un trabajo arduo. Pero de todas formas, las buenas cosas no llegan fáciles en este mundo pecaminoso. Creo que es válido admitir que gracias a las personas que trabajan duro en el amor, el mundo es un sitio mejor.

También es real que existe un peligro verdadero y es el de que ese amor se vuelva frío, distante. Esto sucede cuando el cristiano falla al amar a su vecino como debiera.

En cuanto se deja de trabajar en el amor hacia el vecino,
el vecino que está necesitado de dicho amor, sufrirá si sólo nos preocupamos solo por nuestros intereses.

Además, nuestro fracaso en trabajar duramente en el amor hacia otros es un mal testimonio de la fe que confesamos, surge la pregunta si Dios es amor ¿cómo es que los suyos no pueden amar?

Pero confesamos que la fe nos otorga el amor de Dios y desde ese amor es que realizamos las buenas obras. Si su fe no está basada en el amor de Dios, no podrá amar a Dios y a su prójimo como a si mismo.

Es importante que amemos, pues Dios nos ha ordenado que hagamos eso. Pero tristemente, no le podemos afirmar a Dios qué día llegaremos a amar lo suficiente para decir que hemos cumplido con este mandamiento.

Siempre habrá en nosotros vestigios y muestras de egoísmo. En ocasiones habrá más personas que necesitan más amor del que pudiésemos haberles dado. Aquí debemos reconocer nuestra incapacidad de amar como Dios manda.

Esto nos conduce a otro pecado mayor y más peligroso. En vez de hablar de la Ley y el Evangelio solo nos interesa hablar de aquello que no nos complica en relación con los otros, hablamos solo del Evangelio negando o tapando la Ley, este un pecado que lastima la proclamación del Evangelio. Esto se plasma generalmente una enseñanza que se manifiesta en la frase de “Dios te ama” o “Dios es amor”. Así el amor e vuelve en el tema central de estos cristianos. Se cree que con tal de que obremos hacia el otro con amor, obramos como Dios nos pide que vivamos. Esto suena muy bien hasta ahora, pero hay algo implícito en esto y que causa mucho daño. Si nuestro
punto central solo es el amor, las otras cosas no tienen tanta importancia por ejemplo la pureza. Hoy día para establecer una familia se dice que solo es necesario que los integrantes se amen. Ya no tiene importancia estar casados en el sentido legal, ni formalizar este acontecimiento. En ese caso, mientras “ame a mi pareja”, aparentemente cumpliré el sexto mandamiento.

Asimismo, podemos aplicarlo a un tema del cual ya no se debate ni se quiere mencionar en las reuniones eclesiásticas, que es la discusión sobre los contenidos doctrinales, ya que para muchos esto no es tan importante como el amor. Pero sin darse cuenta, esta ausencia de debate hace estragos en la Iglesia y en las personas en general. Porque se piensa que si uno ama a las personas, no tiene que entrar en discusiones con ellas, para no agredirlas o molestarlas, es así que se llega a sacrificar la doctrina por cuidar de ellos. Por otra parte, si uno insiste en afirmar la verdadera doctrina, no faltará tiempo para que se llegue a catalogar como poco cariñoso. Por
consiguiente, se deduce y enseña que no se puede amar y ser firme en el aspecto doctrinal. Pero sin duda esto es una enseñanza y pensamiento falsos.

Necesitamos afirmar tres punto en esta discusión, a fin de no caer en un error sobre el tema de la firmeza doctrinal y el amor. En primer lugar, es absolutamente cierto que Dios es amor: La Biblia lo afirma en más de una ocasión, solo es necesario recordar 1 Juan 4:8 “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

Sin embargo, la Biblia también afirma de que Dios es santo, de hecho, en la lección del Antiguo Testamento se afirma lo que Dios mismo declara, “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.”. A continuación, en el resto del capítulo, se dice cuál es la manera de ser santos: “amando al prójimo”. El amor y la santidad van juntos. Es decir que el amor y la pureza de corazón, pensamientos y obras van juntos. Además, Jesús, el Hijo de Dios, que por consiguiente también es amor, declara en Juan 14:6, “Yo soy ... la verdad”. El amor, la santidad y la verdad van juntos. Así que es verdad que Dios es amor. Y que también es santo, por esto es que odia la impureza.

Como es la verdad, odia el error, el engaño y la mentira. Decir que él es amor, pero negar su santidad y verdad, niega la esencia de Dios, lo contradice y lo vuelve contra sí mismo.

Nuestra segunda respuesta es que en la lección del Evangelio de hoy, Jesús declara que el amor a Dios y el amor hacia nuestro prójimo son los máximos mandamientos. Éstas son las dos máximas de la ley de Dios, son el resumen de los Diez Mandamientos. Así Romanos 13:10 declara “ El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”. ¿Cuál es el propósito de la Ley de Dios?

Sabemos que ella no puede salvarnos, pues nunca podemos amar lo suficiente a Dios y a nuestro prójimo. El propósito de la Ley es acusarnos, mostrarnos nuestro pecado, demostrar que no podemos salvarnos de la condenación que nos acarrean nuestros
pecados, nos recuerda que por ellos estamos perdidos y condenados. Cuando Jesús nos ordena que amemos, él lo hace eso para mostrarnos que no podemos amar. Aquí nos aplica la Ley que nos dice que no podemos amar, ni ser santos, ni justos, ni puros ante Dios.

Por consiguiente nuestra tercer punto es que no esta bien ni es verdadero decir que el foco principal de la cristiandad y de nosotros mismos es el amor. Tampoco es la Ley de Dios, ya que la Ley no nos puede salvar. No, nuestra fundación y foco central, nuestra roca de sustento, es nada más ni nada menos que Jesucristo y este crucificado.

II. Cristo

Ésta es nuestra Buena Nueva de salvación, nuestra alegría no desaparecerá, nuestra esperanza no será defraudada. No te salvas por tu amor y por como lo manifiestas a los otros, sino que eres salvo por el amor de Dios hacia ti. Por el amor de Dios, queremos decir la gran obra que realizó por medio de Cristo. Por su servicio de sacrificio. Porque “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”(Juan 3:16). Como en las palabras de Jesús hacia sus discípulos en la última cena, simplemente horas antes de ser traspasado por los clavos en la cruz: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”

(Juan 15:13). Ese es el amor, la gran obra, el servicio de sacrificio que ha logrado tu salvación.

El amor es el cumplimiento de la Ley. En un perfecto amor hacia ti, Jesús ha cumplido con la Ley de Dios.

Veamos nuevamente los ejemplos en Levítico 19. Donde has cometido actos de injusticia, él ha sido perfectamente justo. Donde has favorecido injustamente a los pobres por sobre los ricos o a los ricos en lugar del hombre pobre, él ha tratado a todos con justicia. Donde has divulgado cuentos, mentiras, murmuración y especulación infundadas, él sólo ha dicho verdad. Donde has guardado rencor a otros, él se sacrificó para salvar aun a sus acusadores. Donde se te ha olvidado o has tenido temor de reprender a tu vecino y llamarlo al arrepentimiento, Jesús proclamó la Ley y llamó todos al arrepentimiento. Él no tomó venganza de quienes le odiaron y rezaron en la cruz, sino que exclamo con gran voz “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Y perfectamente habiendo conservado todos los mandamientos, sufrió el juicio de Dios por cada pecado y cada falta de amor de todo el género humano. Él dio su vida como el Sacrificio por los pecados del mundo. Él dio su vida para que seas redimido de todos los pecados y disfrutes de la vida eterna.

Tu Salvador todavía trabaja duro en el amor hacia ti hoy día. Él está sentado a la diestra de Dios para continuar trabajando, continuar dándonos su gracia, su fe y su vida. Ya lo cofirmó cuando en la pila bautismal declaró “Yo te bautizo. He guardado todos los mandamientos en mi vida y así es que comparto esa vida y justicia contigo. He muerto por tus pecados y así es que me uno a ti a fin de que tengas los beneficios de mi muerte a fin de que no tengas que morir a causa de tus pecados”.

Cuando Jesús anuncia la Absolución en el Oficio, declara, “te perdono todos tus pecados, porque yo los he cargado en la cruz a causa del amor que tengo hacia ti”. Y cuando él te llamada a su mesa para ofrecerte su verdadero cuerpo y su verdadera sangre, es el anfitrión que presta servicio, otorgándote en el pan y el vino su verdadero cuerpo y su verdadera sangre para el perdón de todos tus pecados. Por eso es que llamamos al Oficio Divino de esa manera, porque ante todo es el Hijo de Dios quien ejerce su Oficio, de ser nuestro Sacerdote, Profeta y Rey. Es su amor el que tiene importancia, no el nuestro. Y justamente porque él nos ha amado primero, es que somos puestos en libertad para amar a otros de la misma manera.

Así es que gustosamente y alegremente proclamamos a Cristo y a este crucificado, pues ese es el mensaje de amor de Dios para tu salvación y la del mundo. Por la gracia de Dios, también nos regocijamos al conservar su doctrina, porque cada error doctrinal nos conduce lejos de Jesucristo, el camino la verdad y la vida. Es así que predicamos el amor de Dios, no el tuyo, ni el mío. ¿Por qué gastaríamos el tiempo diciéndole cosas que debe hacer, cosas que sabe que de cualquier manera no las podrá hacer lo suficientemente bien para lograr su salvación. En lugar de decirle que debe hacer tenemos la enorme alegría de anunciarle el amor de Jesús que lo salva de sus pecados y le asegura la vida en la eternidad Esto es, después de todo, el por qué “toda la Ley y los Profetas” dependen de estos mandamientos de amor.

Toda la Ley y los Profetas señalan a Jesús, tu salvador que ha cumplido con la Ley para ti y ha muerto porque tu no podías cumplir con dichas Ley. Un pastor una vez comentó “puedes salvarte sin mi amor, pero no sin la doctrina divina”. Tal declaración es muy criticada en estos tiempos, como si Lutero y quienes están de acuerdo con él, trataran de conservar la doctrina a expensas de las almas de las personas. Pero el punto del pastor simplemente fue que todo nuestros intentos y nuestro amor y buenas obras no hacen nada para salvar a las personas de este mundo.

Porque si esto hiciese algo ¿qué necesidad tendríamos de Jesús? La “doctrina divina” o la verdad dada por Dios, es que Cristo ha muerto por todos tus pecados y los de quienes te rodean. Eso es lo que Cristo ha llamado a su Iglesia a proclamar. Así que estimados en Cristo, no hay nada más preciado para nosotros que llevar a cabo ese llamado y proclamar el Evangelio para todos quienes nos rodean diariamente.

En este evangelio está el poder de salvación para todo el que cree, para mi y para tí incluidos. Porque declara que tu y yo somos perdonados de todos nuestros pecados.

En nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén

Atte. Pastor Gustavo Lavia