sábado, 15 de noviembre de 2008

27º domingo después de Pentecostés.

Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestro corazón Salmo 95: 7b-8
1 Sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores Santiago 1:22a
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!

“Jesús nos hace estar preparados”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Isaías 52:1-6

La Epístola: 1 Tesalonisences 4:13-18

El Evangelio: Mateo 25:1-13

1 Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. 2 Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. 3 Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; 4 mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. 5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas y
se durmieron. 6 Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! 7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. 8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. 9 Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. 10 Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! 12 Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. 13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.


Sermón

Estamos llegando al final del año del calendario eclesiástico. La siguiente estación que nos espera es la de Adviento, donde nos prepararemos para la celebración de Navidad. En esta recta final justamente la Iglesia recapacita sobre las cosas concernientes al final de los tiempos.
Para muchos este tema es algo apasionante, para otros es un tema aburrido y desconcertante. La mayoría de los cristianos saben que Jesús viene otra vez, que aquel día habrá una gran fiesta. Sabemos que todos los muertos serán resucitados y los que creyeron y confiaron en Dios serán destinados a vivir eternamente con él. También es sabido que en los últimos tiempos habrá “guerras y persecuciones” como vimos en uno de los últimos sermones.

El texto de hoy nos plantea una gran pregunta concerniente al final de los tiempos, la pregunta es ¿Estáis listos? Es lo que Jesús desea que reflexionemos en el día de hoy.

La forma usual en que Jesús expresa esta pregunta es contándonos una historia, una parábola. De hecho esta historia la encontramos en mitad de un largo discurso sobre las cosas del fin de los tiempos. Antes del texto que oímos hoy, Jesús nos cuenta sobre un criado malvado que no está preparado y se encuentra que su amo vuelve antes de lo que él había esperado. Es similar a lo que ocurre cuando un adolescente ofrece una fiesta en su piso mientras sus padres están de viaje de fin de semana. Pero los padres vuelven justo en la noche de la fiesta y se encuentran con todo el bullicio y mogollón de jóvenes bebiendo y bailando en su salón. A continuación, Jesús,
nos relata está parábola sobre las diez vírgenes. La historia previa a la cual nos referíamos en el párrafo anterior nos dice que debemos estar listos porque él puede venir antes de lo que esperamos. La historia del texto de hoy nos dice que él podrá venir más tarde de lo que esperamos. Entonces ¿Cuál de las dos opciones es la válida?
Ambas son correctas.

La enseñanza principal que nos trae Jesús con ambos casos, es que no podemos saber el tiempo de su retorno.
Él simplemente nos dice que necesitamos estar preparados. Esto no se trata de una preparación de último momento, porque justamente no sabemos cuándo será ese último momento.
Imagina un grupo de jóvenes, que integran un coro. Ello les permite forjar una cierta amistad y seguramente compartir actividades que se realizaban en su pueblo. Estas diez chicas eran buenas amigas, pasaban mucho tiempo juntas. Mas allá de tener bastante en común, estas amigas estaban divididas en dos subgrupos, completamente diferentes. Cinco de las chicas eran bastante prácticas. Siempre parecían ir por delante, se preparaban para lo qué alguna vez podría ocurrir.

Las otras cinco son otra historia distinta. Estas cinco chicas eran más descuidadas, hasta rozar la necedad. Tenían sus cabezas en las nubes. Estaban siempre pensando acerca de otras cosas que no eran importante en ese momento Ahora estas amigas, las previsoras y las descuidadas, staban como la gran cantidad de niños que viven en pequeños pueblos, estaban convencidas de que el evento que se avecinaba sería algo único para ellas. Así es que podemos comprender qué entusiasmadas estaban cuando recibieron la gran noticia. La noticia era muy importante, muy grande, “uno de sus amigos se casaría”. Los matrimonios judíos en la época de Jesús eran así:
Primero las familias de los jóvenes se ponían de acuerdo y el padre de la novia negociaba la dote.
Luego de llegar a un acuerdo, el novio se iba por un año (Tiempo del desposorio). Al final del año, comenzaba una espera que podía durar hasta una semana. No se sabia en que momento llegaría el novio. Las amigas (Vírgenes), y la novia tendrían que estar preparadas y vigilantes por que de lo contrario no entraban a la boda El compromiso Creí, por lo cual hablé2 .
matrimonial era un arreglo muy importante. Esto daba a entender que la espera anunciaba
que se presenciaría un fiestón, en realidad eran dos fiestas. Se realizaba una fiesta en el
compromiso matrimonial y otra al año siguiente en la consumación matrimonial. Esto de esperar un año era más una excusa para la celebración final, ya que se comenzaba con una celebración pequeña y una fiesta gigantesca con la cual se culminaba todo ello. Obviamente las personas entre el comienzo y el final hacían su vida normal, pero el espíritu de la fiesta, de la celebración duraba el año entero.

Las novias esperaban con ansiedad el momento de la celebración matrimonial. Especialmente esperaban el cortejo nupcial. El día de la boda era el día cuando la prometida se iba a vivir con su marido. Él se vestía de sus mejores ropas, congregaba a su familia y amigos más cercanos y desfilaba hacia la casa de su prometida. El padre de la prometida le estaba esperando. Y así también lo harían nuestras chicas. Eran las amigas del novio. Su trabajo era darle escolta al novio y a la prometida en una procesión luminosa a través de pueblo. Sería un enorme desfile conduciendo a la nueva familia a su nueva casa. Era un gran honor ser seleccionado para ello.

Pues bien, el año de espera pasó rápidamente y el día del desfile nupcial llegó. Había una gran expectativa en todos los rincones del pueblo. Las chicas apenas podrían esperar oscuridad para ir a la espera del novio. Qué diversión sería desfilar con sus lámparas brillantemente a través el pueblo. Al fin y al cabo ¿Cada cuánto se casa un amigo así?

Dediquemos un momento en describir sus lámparas. Estas también juegan un papel importante en la historia.
Eran similares a unas vasijas que contenían aceite y por un extremo salía un trozo de tela que se mojaba con ese aceite. Funcionaba de manera muy simple, se remojaba la tela en aceite y se la pondría sobre el pico de la lámpara. El aceite haría que se queme de manera brillante y lenta, de modo que la tela haría de mecha de la lámpara. Después de quince minutos aproximadamente la llama apagaría. Luego se debía tomar la tela, remojarla en el aceite y ponerla nuevamente en el pico. La cosa más importante en este proceso es el aceite. Sin aceite todo lo que se tendría sería una llama de muy breve duración, sin aceite la tela se quemaría en unos instantes y la luz
titilará hasta apagarse en pocos segundos.
Pero regresemos a nuestro texto. El día del cortejo nupcial finalmente ha llegado. La oscuridad se hace presente en el pueblo y las mujeres prudentes y sus amigas descuidadas, se reúnen con sus lámparas. Había una diferencia, que prácticamente pasaba desapercibida para la gran mayoría. Las chicas prudentes trajeron aceite de reserva. Las chicas descuidadas no lo hicieron. Ahora recuerde que las lámparas son inútiles sin el aceite. No hay buena razón para no traer aceite. Pero no es que no trajeron bastante. No trajeron nada. El propósito de las lámparas era iluminar en la procesión matrimonial. Estas no fueron utilizadas como lámparas mientras esperaban.

Podríamos decir que es comparable a otras acciones tontas que realizamos y que realmente no tienen ningún sentido. Las chicas imprudentes simplemente no hicieron lo que era necesario. Ninguna chica sensata cometería este error. Las chicas, cada una a su modo, confiaban en su sistema esperando la llegada del novio.

Esperaron por mucho tiempo después del anochecer. Pronto sintieron sueño, se apiñaron y quedaron dormidas. Mucho más tarde, bien entrada la noche, repentinamente, se oyó una voz fuerte que las despertó: “¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!”. “¡Finalmente él está aquí!” El tiempo tan esperado había llegado. Las chicas se levantaron de su siesta y prepararon sus lámparas. Cortan las telas chamuscadas y mojan la tela nueva en aceite (es decir, si tuviesen un poco). Pronto cada una estará ardiendo de manera brillante. Esta fue la intención, al menos para las cinco mujeres descuidadas, porque para ellas algo andaba mal. Sus lámparas chisporrotearon sólo por algunos segundos y luego nada, sin brillo.

“Necesitamos aceite”. Se dijeron para sí mismas. Intentaron obtenerlo de sus amigas. Pero la respuesta fue “no pueden usar de nuestro aceite, porque simplemente no hay bastante para sus lámparas y las nuestras. Si usan nuestro aceite no tendremos lo suficiente para iluminar el desfile entero. Si usarían del nuestro, antes del fin del desfile, todos estaremos a oscuras. ¡Tal vez haya tiempo para que puedan ir y comprar!”. La sugerencia era inútil, ningún negocio estaría abierto a tales horas . A menos que hubieran comprado aceite antes de prepararse no habría muchas esperanzas de conseguir un poco. Las chicas imprudentes se largaron inmediatamente a buscar
las tiendas inexistentes. Y por supuesto, pronto desaparecieron de la vista de todo el mundo, antes de que el novio llegase y comience la celebración. Todo el mundo salió para la fiesta; iluminados por la luz de las lámparas de las mujeres sabias. Todo el mundo, excepto las buscadoras de aceite.

Después de un tiempo esas chicas también llegaron a la fiesta. No se sabe si encontraron aceite o no, pero eso realmente no tiene importancia. Ya se habían perdido el desfile, el tiempo y el propósito para las lámparas y el aceite había pasado. Cuando llegaron a la casa de los novios, encontraron que la puerta estaba cerrada. Esperaron un rato preguntándose qué deberían hacer. Finalmente una de ellas llamó a la puerta. “¡Hola! ¡Hemos llegado! Por favor déjenos entrar a la fiesta”.Después de algún tiempo el novio mismo llega a la puerta. “¿Quiénes os pensáis que sois?”. “Os hemos dado un papel de suma importancia en la boda. En lugar de eso actuaron como
desconocidas. No han tenido los cuidados necesarios. No son las amigas que había pensado que eran.

No han tenido los cuidados necesarios. No son las amigas que había pensado que eran. Porque
Creí, actuasteis como lo habéis hecho es que no me conocisteis, os digo la verdad, no os
conozco”. Y con esto la puerta se cerró. Después de un breve silencio, el sonido de la fiesta
de adentro volvió a oírse y las chicas quedaron de pie afuera, sorprendidas y solas.

El novio, que es nuestro Señor Jesús, dijo: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. ¡Prepárese! No sea como las chicas imprudentes. Jesús, el novio, viene a buscar a su prometida, la iglesia. Él viene a buscarnos a ti y a mí. No sabemos cuándo vendrá. Jesús nos dice: “Esto puede ser antes de lo que tu esperas! ¡O puede ser más tarde que lo que piensas! Lo más importante del asunto no es el cuándo, sino que estéis preparados y listos para cuando esto ocurra”.

El novio, que es nuestro Señor Jesús, dijo: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. ¡Prepárese! No sea como las chicas imprudentes. Jesús, el novio, viene a buscar a su prometida, la iglesia. Él viene a buscarnos a ti y a mí. No sabemos cuándo vendrá. Jesús nos dice: “Esto puede ser antes de lo que tu esperas! ¡O puede ser más tarde que lo que piensas! Lo más importante del asunto no es el cuándo, sino que estéis preparados y listos para cuando esto ocurra”.

Aquí surge la pregunta de ¿cómo puedo estar listo?. Pues bien las chicas despreocupadas no tuvieron excusa para no traer aceite. Sabías que era necesario para que las lámparas alumbren. Simplemente no hicieron las cosas necesarias para prepararse. Por eso es que fueron insensatas.

Cuando tenemos la negligencia de no prepararnos, nosotros también, somos insensatos. No es difícil. Sabemos qué hacer. Dios nos ha dado los espacios de los Oficios Divinos para reflexionar y ser alimentados espiritualmente. Somos necios cuando no nos preparamos y no aprovechamos de este espacio para oír la Palabra, meditar en ella y adorar a Dios por sus bendiciones.

Semanalmente Él nos da la oportunidad de recibir su Palabra para estudiarla, leerla y asimilarla. Somos necios cuando buscamos cualquier excusa y no lo hacemos. Jesucristo nos ha dado su cuerpo y su sangre como comida espiritual, para el perdón de nuestros pecados. Somos necios cuando nos rehusamos a recibirlo o pensamos que no lo necesitamos a menudo. Las repetidas llamadas de Jesús hacia nosotros para que podamos pedir cualquier cosa en su nombre y nos será dado. Somos necios cuando dudamos de sus promesas. Nos dice “Id y haced discípulos”. Y tontamente nos volvemos inactivos. Para que veáis, no es difícil. Las chicas preparadas tuvieron el aceite que necesitaron. Estaba disponible y accesible. Nosotros podemos prepararnos igualme que las chicas prudentes. Lo que necesitamos está disponible y es fácil de obtener.

Las chicas tontas hicieron como que el acontecimiento no les importaba. Como si la fiesta matrimonial realmente no tuviera mayor relevancia. Descuidaron su relación con el novio.

Cuando intentaron entrar a la fiesta, el novio dijo que él no las conocía, porque ellas hicieron como que no lo conociesen. Si descuidamos nuestros Oficios, la oración y en especial La Palabra de Dios, cuando nos quedamos fuera de los dones que Jesús nos da en la Cena de Señor, descuidamos la relación que Jesucristo logró por nosotros. A él le importamos tanto que sufrió y murió en la cruz para construir una nueva relación con Dios para nosotros. Los cristianos caminan por territorios peligrosos cuando descuidan su relación con Dios.

Nuestra relación con Dios necesita atención. La mejor parte sobre la atención que se necesita es que Dios ha provisto todo lo necesario para ello, Dios ha hecho todo, Dios no te pide nada para recibir su maravilloso regalo, la fe. Es en este lugar, en el Oficio sea personal, familiar o congregacional es dónde esto ocurre. Es en la Palabra donde él viene a ti, es en el altar donde Jesús viene son su cuerpo y sangre que derramó en la cruz, dando su vida para el perdón de todos tus pecados. En esa pila bautismal donde Dios genera la verdadera fe y te hace su amigo.

La diferencia entre las chicas prudentes y las chicas insensatas no es que las sabias eran mejores personas. La historia dice que “estaban preparadas”. Se prepararon por su relación con el novio. Hicieron las preparaciones necesarias porque anticipaban la celebración con el novio. Las chicas tontas pudieron haber tenido sus mentes en la fiesta, en quiénes estarían allí y lo que llevarían puestas para tal ocasión. Las prudentes se concentraron en ser las invitadas del novio. Estaban pensando en celebrar el gran día con él. Cuando él vino estaban preparadas para ir con él, e iluminar el camino tal y como recibieron las instrucciones para hacerlo. Por los preparativos y la relación que tenían con el novio estaban adentro de la fiesta cuando la puerta fue cerrada.

Gracia sean dadas a Jesucristo, porque él quiere dar el perdón a las personas insensatas. De hecho su perdón es más grande que nuestras insensateces o pecados. Cuando estamos parados ante Dios y nuestros pecados insensatos nos abruman... Cuando vemos cómo nuestras tonterías nos separan de él e interrumpen nuestra relación. Confesemos: “yo, un pobre pecador, insensato, confieso ante ti toda mi insensatez y te suplico que me perdones y des nueva vida”. Jesús extenderá sus brazos para abrazarnos con su perdón, diciendo, “te perdono , eres mi hijo. Estás revestido en mi rectitud y justicia, has sido comprado a un gran precio, porque te amo y he dado mi vida por ti”. El perdón que Jesús nos da restaura nuestra relación con Dios y nuestra insensatez se desvanece.

El Novio viene tarde o temprano. Estamos preparados. Vivimos en su perdón que desvanece una vida de tonterías e insensatez. Estamos preparados porque él restaura una y otra vez nuestra relación arruinada. Él nos invita al cortejo nupcial y así es que esperamos pacientemente llegar y acompañarlo en el gran banquete celestial.

Cuando oigamos el grito de que el novio ya está aquí, salgamos a su encuentro. Nos levantaremos y nos reuniremos con él; porque nos hemos preparado. Y la fiesta comenzará porque estamos seguros de que somos perdonados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Creí, por lo cual hablé4 .