sábado, 1 de noviembre de 2008

25º domingo después de Pentecostés..

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!

“Jesús nos ayuda a predicar el Evangelio”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Daniel 6:10-12, 16-23

La Epístola: Gálatas 5:1-6

El Evangelio del día: Mateo 10:16-23

He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. 17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; 18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. 19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. 20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. 21 El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. 22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 23 Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo de Hombre.

Sermón

En estos días hemos celebrado y recordado el aniversario 478 de la Confesión de Augsburgo. Hoy los invito a que demos un paseo por la historia. Sin lugar a dudas que en el año 1530 el mundo era muy diferente al nuestro. Un emperador regía gran parte de la Europa que conocemos hoy, se llamaba Carlos V. En 1530 Carlos vio que se le avecinaban grandes problemas. Si no lograba juntar las fuerzas políticas de Europa bajo su mando, seguramente el imperio caería en manos de los turcos.

En aquella época Europa estaba azotada por una gran división, creada por las enseñanzas de un monje de nombre Martín Lutero. El emperador Carlos V había decidido que la única forma de sanar la división del imperio sería deshacerse de Lutero y suprimir sus enseñanzas. Así que convocó un Concilio en Augsburgo en el cual él tendría a todos los príncipes de Alemania para convencerlos por cualquier medio posible, incluyendo amenaza de muerte, a abandonar a Lutero y sus enseñanzas y regresar a la Iglesia Católica.

El Concilio no fue como Carlos esperaba. Los príncipes luteranos presentaron una declaración, una confesión de lo que ellos creían. Esta confesión fue leída públicamente. Pero esto era algo que Carlos no deseaba. Sabía que esto avivaría las llamas de la inevitable división.

A partir de allí estos príncipes habían puesto sus cabezas bajo la guillotina. Pero la lectura de esa confesión imposibilitó detener la reforma de la iglesia que Dios por medio de Lutero había echado a andar. Hoy existen alrededor de 540 millones de personas que se congregan y comparten las mismas creencias tomadas de la Biblia, plasmadas en la Confesión de Augsburgo y el Libro de Concordia.

Creemos que Dios ha estado detrás de la Confesión de Augsburgo de principio a fin, su Palabra y Espíritu abrieron los ojos de aquellas personas para ver la verdad de las Santas Escrituras. Su Espíritu dio la fuerza, fe y convicción para salir en defensa de esa verdad a pesar del gran peligro que corrían sus vidas. Estos hombres pudieron haber retrocedido al verse confrontados con el poder de Carlos V. Pudieron haber dicho, “Dejemos que otros salgan en defensa de la verdad.”

Pudieron haber escogido seguridad sobre la convicción. Sin duda Lutero y el resurgir del puro y dulce evangelio de Jesús habrían desaparecido de las páginas de la historia.

Aunque no nos demos cuenta, hoy estamos en la misma situación que estuvieron aquellos príncipes. Constantemente somos puestos en situaciones dónde podemos confesar nuestra fe todos los días. ¿Dejaremos que Dios nos utilice para dar a conocer su verdad o nos paralizaremos y nos someteremos a las fuerzas del mundo y del engaño? Quizá nuestras elecciones no cambien el curso de la historia del mundo, pero ellas tendrán implicancias eternas para nosotros, para nuestros niños y para todos aquellos que nos rodean.

Hoy Jesús nos dice por medio del Evangelio: “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre”. Esta no es una de las declaraciones que más nos gusta leer de la Biblia. Pero es de las declaraciones que marcan la realidad con la que se dirige Dios hacia nosotros y describe esta peligrosa y atemorizante realidad espiritual del mundo en el cual vivimos. La pregunta que nos surge es ¿cómo entendemos estas palabras de Jesús y como ellas nos llevan a crecer en la fe?
Jesús nos dice que “os envío como a ovejas en medio de lobos”. Es difícil entender las palabras de Jesús, ya que en primer lugar el se reconoce como nuestro buen pastor, es quien inspiró al Rey David para que escriba uno de los salmos más conocidos, el salmo 23, en donde las personas somos descritas con ovejas en manos del buen pastor, que nos protege y cuida de todo peligro.

Pero las palabras que Jesús expresa aquí a sus discípulos son muy distintas. En el contexto de este pasaje, estaba a punto de enviarlos a compartir las buenas noticias de su amor a los pueblos de alrededor. Ya les había dado clases prácticas de cómo debían hacerlo. Como todo discípulo que espera con ansiedad poner en práctica lo que su maestro le ha estado enseñando, los discípulos probablemente se sentían bastante confiados para realizar la tarea que se les iba a asignar y es allí cuando Jesús deja caer esta pequeña bomba, “yo os envío como a ovejas en medio de lobos.”

Como dijimos, el cuadro que nos presenta esta frase, “de ser ovejas entre lobos” no es muy alentador. Las ovejas no tienen mucha chance de sobrevivir en una lucha directa con lobos, mucho menos de vivir entre ellos. Esto mas allá de ser una imagen figurada, Jesús nos presenta un cuadro realista en la vida del cristiano. No es ninguna novedad decir que vivimos en un mundo peligroso. Y cuando pienso en el peligro no pienso en atentados suicidas, corruptores de menores, asesinos en serie, caos financiero o accidentes de tránsito. Cuando lo hago, tengo en mente a nuestro mayor enemigo que afecta primeramente nuestra vida espiritual, pero que está dispuesto a arrastrarnos en cuerpo y alma con él a una vida de sufrimiento en el infierno. Este enemigo no tiene ninguna clase de escrúpulos y por eso usará cualquier artimaña, doble intención o el mejor engaño disponible que se presente. Este enemigo trata de engañarnos tanto a nosotros como a quienes nos rodean.

Una de las maneras en que este enemigo acostumbra usar para apartar a las personas de Dios es sembrar las semillas de la falsa doctrina en la iglesia, asi como lo hizo con Adán y Eva en el Paraíso, desvirtuando la Palabra de Dios. El retrato que nos presenta Jesús sobre las ovejas entre lobos trae a la mente pasajes de otros lugares de la Biblia donde Jesús nos advierte en contra de falsos maestros y profetas. “Serán como lobos con piel de ovejas.”

Cada generación tiene que luchar contra las falsas enseñanzas. Sabemos que desde el origen de la Iglesia misma, se han producido manifestaciones de personas que han intentado esparcir falsas enseñanzas dentro de la misma, de allí que los apóstoles tuvieran que escribir en sus epístolas una y otra vez sobre el tema. Esta amenaza no ha disminuido con el paso del tiempo, sino todo lo contrario, solo que ahora se disfrazan y toman forma de piedad y aceptación cultural o incluso buscando la verdad pero desde el punto de vista personal, por lo cual la opinión del resto, incluso de la Biblia se vuelve relativo. Cada uno ve lo que quiere e interpreta la realidad y la Biblia de manera particular, acomodando las interpretaciones en su propio beneficio. Ya no hay una verdad que defender, porque todo es negociable, incluso las creencias doctrinales. Es así que sabemos que hay iglesias que ya no ven mal y practican la ordenación de pastores homosexuales o de mujeres, el concepto de vida es regido por principios sociales o científicos, por lo tanto no está mal abortar, la presencia real de Cristo en la Santa Cena es inaceptable, porque no se puede demostrar a la razón.

Estas cosas surgen a causa de tres actitudes peligrosas que afronta el ser humano constantemente. En primer lugar vemos que se nos presenta el deseo de complacer a los hombres en vez de a Dios, en segundo lugar la creencia de que tenemos mejor criterio que Dios y por último la negativa de someternos a la Palabra y Autoridad de Dios.

Estas actitudes no solo están en la sociedad que nos rodea, sino que mora dentro del corazón de cada persona pecadora, incluyendo el nuestro. ¿Quién de nosotros no ha luchado contra la práctica de nuestra iglesia sobre la Comunión Cerrada, que el no permitir que personas que no confiesan la fe Luterana no participe de la Santa Cena? Si bien la Biblia nos dice que es nuestra forma mostrar amor y cuidado pastoral sobre las almas de las otras personas, a nuestra razón y corazón no les parece una actitud muy cariñosa.

La filosofía predominante de nuestro tiempo dice que no importa lo que la persona cree solo alcanza con tal que diga que tiene fe y ya está. Todos los caminos conducen al cielo. No deberíamos decir nada negativo sobre las creencias de las otras personas. Porque hoy nadie puede decir que tiene la verdadera interpretación doctrinal de la Biblia sin llegar a ser rotulado de fundamentalista, de mente cerrada o arrogante. Porque para la gran mayoría de las iglesias, producto de la influencia social, surge la pregunta de “¿Quién puede saber la verdad?” buscando como respuesta un “Nadie”. Pero aún, Jesús sigue diciéndonos que “Soy el camino, la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre, sino por mí.”(Juan 14.6) “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8.31-32).

Cuando Jesús habla de que “aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí” para dar testimonio de la verdad, de ser enviados como ovejas en medio de lobos rapaces, vemos que su Palabra describe también nuestra realidad cotidiana dónde nuestra sociedad exige a todas las personas e instituciones, incluida las iglesias, que hablen y piensen en lo que es políticamente correcto. Donde el mercado de la mayoría impone su moda, sea verdadera o no. Se espera que aceptemos y abracemos toda clase de comportamientos aún aquellos que se desvían de la voluntad de Dios. Si uno se revela a ello y se muestra diferente sin duda suscitará el acoso y la presión para amoldarse.

El problema que tenemos muchas veces no es son las escasas oportunidades que se nos presentan para dar testimonio, porque nos imaginamos que estas situaciones deberían ser similares a la de los príncipes alemanes en Augsburgo. Pero el problema se suscita cuándo llega la hora de manifestar que nosotros tenemos “la verdad de Dios” en los momentos sencillos y cotidianos de nuestra vida, es allí que muchas veces hacemos muy bien el papel de mansas ovejas, asustados callamos cuando en realidad deberíamos hablar, pero tenemos miedo a pasar vergüenza por lo que creemos y confesamos.

Muchos de nosotros conocemos a varias personas que van a la deriva en la iglesia o que afirman ser cristianas y todavía viven pecados manifiestos o que adulteran las enseñanzas para vivir cómodamente con un dios que crean según sus conceptos y creencias. A pesar de ver estos serios problemas, muchas veces no queremos decir nada para no ofenderlos. Nos atemoriza que la discusión y expresión de nuestras creencias pueda poner fin a la relación con esa persona o iglesia. Es más fácil decir que eso es un asunto propio, que no nos concierne. Pero no dijo Jesús que nos enviaba a “enseñar y obedecer todo lo que le he mandado” (Mateo 28.20).

Si te puede servir de ayuda para dar testimonio de tu fe, piensa que en esas ocasiones que consideras comunes o simples, eres uno de esos príncipes alemanes en Augsburgo, que estas parado en un momento decisivo en historia. ¿Estamos listos a morir en lugar de abandonar nuestras creencias, a nuestro Salvador y la verdad de su Palabra? Seguramente responder a esta pregunta no va a ser fácil. ¿Por qué creer que eso va a ser así? Jesús vino a este mundo y este mundo lo rechazó y lo mató de manera brutal, crucificándolo en la cruz. SI así lo trataron a él, sus discípulos no podrán esperar ser tratados de manera amable. Así que Jesús nos dice que en cuanto se acerquen los tiempo finales la vida se irá convirtiendo más difícil para el cristiano, no solo para compartir y proclamar su fe sino por el solo hecho de vivirla con sencillez.

Jesús pronuncia esta advertencia a fin de que estemos preparados para afrontar el embate de los últimos días que sin duda serán difíciles. Él quiere asegurarse de que estemos aferrados en las verdaderas enseñanzas de la Biblia, que seamos capaces de defendernos con ellas y de proclamarlas a pesar de los contratiempos que puedan sobrevenir. Sin duda nuestro Maestro tiene la intención de conducirnos por todas sus enseñanzas a través de la Palabra escrita y por medio de su Espíritu. Lamentablemente muchas iglesias solo ven como importante reunirse para alabar a Dios, sin que importe demasiado qué cree cada uno, dejándose llevar por el relativismo bíblico, es así que una mayoría de cristianos aun no puede articular las enseñanzas básicas de la fe cristiana. Esto realmente da miedo. Es por esto que así como en el tiempo de la Reforma necesitamos regresar a la Biblia. Necesitamos regresar al centro de la Biblia y ese centro es nada mas ni nada meno que Jesús, el Salvador.

En el versículo final de nuestro texto Jesús dice a sus discípulos que “de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo de Hombre”. Si Jesús va a venir a ellos tan pronto, está claro que no está haciendo referencia a su segunda venida o al final del mundo. Sin duda se está refiriendo a la concreción de su reino aquí en tierra a través del poder del Espíritu Santo y su Palabra. En otras palabras, está hablando del fuego que puso en marcha el día de Pentecostés y continúa ardiendo hasta el día de hoy en los corazones de los creyentes. Estas son muy buenas noticias para nosotros y para el mundo que nos rodea. No somos nosotros los que establecemos el reino de Dios, quienes construimos y sostenemos la iglesia, quienes cambian los corazones de las personas incrédulas. No somos ni siquiera capaces de cambiar nuestros propios corazones. Todo ello es hecho sólo por el obrar de Jesús, por medio de su Ley y Evangelio, por medio de la proclamación del perdón de los pecados en las confesiones privadas y publicas, en su presencia real en el Pan y Vino dados para el perdón de los pecados y al dar vida por medio del Bautismo, agua y Espíritu.

Que paz que trae oír la promesa de Jesús que va a permanecer a nuestro lado en todas las circunstancias de nuestra vida, aún en aquellas batallas espirituales que nos asedian constantemente. Es muy consolador saber que, ante todo, él ya ha ganado la batalla espiritual a favor nuestro, la batalla que nos libera y da vida eterna junto a Dios. Él vivió y murió para pagar el precio no sólo por nuestra apatía en lo referente a la verdad de su Palabra, sino por todos nuestros pecados. Dios nos ama, a ti y a mí, en Jesús. Nada podrá cambia el amor de Dios para con nosotros mostrado en Cristo Jesús. Éste es el mensaje de la cruz. Ésta es la libertad verdadera que anhelamos y proclamamos.

Aquellos príncipes alemanes estaban dispuestos a morir porque conocieron y experimentaron lo que era la vida sin Jesús. Por medio de la Palabra y el Espíritu saborearon la paz que trae Jesús. Así que por ello afrontarían el odio, el desprecio y la muerte en manos de los hombres en lugar de renunciar y descartar la paz que ahora tenían en Jesús.

Así mismo, para nosotros la promesa que expresa Jesús sigue vigente para nosotros, esto nos trae también la seguridad reconfortante a la hora de dar testimonio de nuestra fe. Recuerda y afírmate en su promesa que dice “Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.” En lo que se refiere a salir en defensa de nuestra fe, es el Espíritu Santo que Dios nos ha dado en el Bautismo, hace lo que necesitamos para seguir firmes en Jesús y hablar de él de manera prudente como serpientes y sencillos como palomas.

Una serpiente sabe cuándo escaparse sigilosamente del peligro y cuando mantenerse firme y pelear. Como hicieron aquellos príncipes alemanes 478 años atrás. Estemos seguros de que Jesús nos dará el discernimiento y el coraje para saber cuando es necesario confrontarnos con las falsas enseñanzas, aun poniendo en peligro la vida y la reputación, y también nos guiará para saber cuando es hora de desistir y callar, cuándo simplemente con lo que hagamos “estaríamos lanzando perlas a los cerdos” y cuando, como Jesús dice en nuestro texto, es “tiempo a escapar.” Al mismo tiempo, Jesús nos ayudará a ser tan inocentes como las palomas y vivir una vida acorde a los principios y a la voluntad de Dios, como Pedro dice, “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. (1 Pedro 2:12).

Celebramos esta fecha especial de la Reforma y la libertad espiritual que significa para nuestras vidas, le pedimos a ese Dios que nos de la fuerza, la fe y el carácter que le dio a aquellos valientes príncipes alemanes, hace mucho tiempo. Dios nos ayude a continuar saliendo en defensa de la verdad en todos los momentos espiritualmente decisivos de nuestra vida y en la de quienes nos rodean, porque por su Palabra nos dice que en nosotros hace una reforma diaria cuando somos perdonados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.