domingo, 23 de noviembre de 2008

Último domingo del año eclesiástico.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés.
Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!
Último domingo del año eclesiástico

“Jesús el siervo sufriente”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Ezequiel 34:11-16, 20-24
La Epístola: 1ª Corintios 15:20-28
El Evangelio del día: Mateo 27:27-31
27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; 28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, 29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
Sermón
El contexto del fin
Hoy es el último domingo del año eclesiástico, y como colofón se nos presenta un texto lleno de imágenes desgarradoras. El relato es apasionado y trasmite unas sensaciones que repercuten en el cuerpo, y que no debieran dejar indiferente a nadie. La burla, el sufrimiento y la humillación que padeció Cristo a mano de los seres humanos, por causa de los seres humanos y por beneficio de todos los seres humanos, incluido tú.
El Cristo sufriente
“A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron” Jn. 1:11. Como introducción al adviento y preparatorio para poner nuestra vista nuevamente en el nacimiento histórico de nuestro Señor, es bueno que tomemos dimensión de lo que su venida a este mundo significó para él y para ti.
Pues si no lo hacemos así puede que la navidad pase como una emotiva y tradicional fiesta más, sin que ese mensaje toque tus tuétanos. La ternura que puede despertar la imagen del Cristo “bebe”, debiera convertirse en desconcierto para nosotros. Pues ese bebe es Dios hecho hombre.
El que viene manso y humilde es tu creador. El todopoderoso Dios. El que ha venido a este mundo porque tú necesitas de su actuación. No ha venido a despertar ternura, ni a que se escriban multitud de libros sobre él, ni para que se inspiren políticas en su nombre. Ha venido a morir en tu lugar, a ocupar el lugar que a ti te correspondía en ese madero, a fin que vivas eternamente a su lado.
El fue molido por nuestras rebeliones, su venida a este mundo no fue un simple paseo. Padeció mucho más de lo que tú puedes imaginar y soportar. Nace en un pesebre. Tiene que huir al poco tiempo de nacer ya que la maldad, la codicia, la envidia humana encarnada en Herodes lo persiguió desde muy temprano. No tenía dónde recostar su cabeza. Fue condenado injustamente.
Ultrajado. No abrió su boca, y cuando la abrió fue para decir “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Ya en el Antiguo testamento se registra su pedecimiento:
3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Isaías 53:3-7
El camino de la cruz
Toma tu cruz y sígueme. ¿A dónde? ¿Cuál es ese camino? ¿El de la humillación pública? ¿El de estar sujeto a burlas? ¿El de la renuncia a uno mismo? ¿El de estar como corderos en medio de lobos? Bufffff. Esto no suena para nada atractivo a una parte de mí, sin embargo hay otra que anhela y ama este camino ¿A qué se debe esta batalla en mí interior? Es la lucha diaria de la carne y el espíritu de la que habla Pablo en Romanos 7:14-25
Lejos del sufrimiento
La nuestra es una época dónde el verdadero infierno terrenal del que todos se quieren salvar es el del sufrimiento. Nos espanta la idea de padecer algún sufrimiento. Y por ello dedicamos de entero nuestra vida a buscar el bienestar, el confort, la calidad de vida, el placer. Quien no logra esto medianamente, en los parámetros establecidos, es un desdichado, un pobrecito digno de nuestra lástima momentánea, pero no de nuestro esfuerzo y ayuda para estar mejor, ya que eso supone restar a nuestra placentera vida y bienestar.
No queremos involucrarnos, no queremos compromisos, intentamos pasar de todo, pues lo que menos queremos es problemas. Queremos vivir como reyes pero sin los compromisos y obligaciones de los reyes. Y para ello nos creamos nuestros propios reinos personales, dónde no damos acceso a nadie. Pero el Cristo del evangelio de hoy nos muestra que, aún pudiendo hacerlo, no esquivó el compromiso ni el sufrimiento, sino que lo hizo parte de su vida, y no por un beneficio propio, sino que su renuncia y entrega total, y fue por ti y por mí.
El viejo hombre
Está claro que el viejo hombre, es decir nuestra naturaleza humana y pecadora huye espantada de la humildad, la mansedumbre y el dominio propio. Es decir de los frutos del Espíritu. Ella no está dispuesta a asumir esas actitudes de ninguna manera. No quiere dar la otra mejilla, ni amar a sus enemigos, orar por ellos y bendecirlos. A esta naturaleza no le va el rollo del sufrimiento y el compromiso de amor que Cristo nos propone. Porque:
"el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1ª Cor. 2:14).
Lo que produce el viejo hombre (nuestra carne) y de lo que sí entiende es de ira, enojo, vanagloria, orgullo, ect.
19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Gálatas 5:19-24
Es por ello que cada día Dios nos llama a pensar y retornar a nuestro Bautismo y ahogar, hacer morir ese viejo hombre, y que nazca y resplandezca el nuevo. Esta es la lucha diaria
22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Efesios 4:22-24
El nuevo hombre en nosotros
Pero ¿Qué hay de nuestra nueva naturaleza? La espiritual. El nuevo hombre creado en Cristo Jesús. El que nace en el bautismo por el agua y el Espíritu. Aquel sí que entiende y ama la voluntad de Dios y en ella está su delicia.
8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, 10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, 11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. 12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; Colosenses 3:8-12
El mismo sentir que Cristo.
La Palabra mueve a nuestro hombre espiritual a “tener el mismo sentir que tuvo Cristo Jesús”:
1 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. 12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.
14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16 asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.
Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad (2ª Co. 19:12)
El poder y el valor que nos da Cristo es para llevar a delante nuestro testimonio. No para que en nombre de ese valor y poder busquemos nuestro bienestar y gloria personal. No para que en su nombre el viejo hombre salga a reclamar derechos. Es un poder que se da al nuevo hombre “8 recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Hechos 1:8”, un Dinamys, un motor que nos empuje a pesar de la adversidades, el dolor y el sufrimiento. Sólo así, mansa y humildemente daremos testimonio aun a costa de nuestra propia vida. Aún ante la humillación pública.
Porque aunque aún hoy Cristo sea humillado, burlado y objeto de injurias, y que se cumpla su palabra al decir que en los últimos tiempos “seréis odiados por causa de mi nombre” (Mt. 24:9), diremos como Pablo “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”. Romanos 1:16
El poder que Dios nos da a los cristianos es para no temer “lo que nos pueda hacer el hombre”, un poder que nos lleva a anunciar con valentía a Cristo aún en medio de la adversidad y a costa de exponer nuestra propia vida y honor. No es un poder para creernos más que los demás, para humillar a los demás y someterlos a nuestros caprichos y antojos, al contrario es un poder humilde, que no busca el bien propio sino el de los demás. El poder de la mansedumbre, el poder de Dios que se manifiesta en nuestra debilidad. El poder de la paz de Dios que manifestó Esteban incluso en una situación que puede inducirnos al pánico:
59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió. Hechos 7:59-60
Es un poder que desciende de lo alto y que da vida y fortaleza en nuestra debilidad:
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, 8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 2ª Co.4:7-10
La Batalla
“Velad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” Mateo 26:41
Una buena estrategia para la batalla diaria es “huid de la tentación”. No demos ocasión a la carne. No demos oportunidad al diablo. El nuevo hombre en Cristo es el que sabe huir a tiempo, antes de que el viejo hombre tome las riendas y se apoderes de la situación. Huid, pues, aunque a nuestra naturaleza humana eso le parezca de cobardes, el Espíritu nacido y revestido de Cristo lo considera sabiduría. Y vestíos con las armadura que nos ha dado Dios Efesios 6:11-17
La lucha es diaria y las tentaciones y presiones muchas en esta vida. Pero será en el cielo cuando se acabe el sufrimiento y no antes:
“Aquí está el lugar dónde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos y, ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo que antes existía ha dejado de existir” Apocalipsis 21:3-4
“Entonces el lobo y el cordero vivirán en paz, el tigre y el cabrito descansarán juntos, el becerro y el león crecerán uno al lado del otro, y se dejarán guiar por un niño pequeño. La vaca y la osa serán amigas, y sus crías descansarán juntas. El león comerá hierva, como el buey. El niño podrá jugar en el hoyo de la cobra, podrá meter la mano en el nido de la víbora. En todo mi monte santo no habrá quien haga ningún daño...” Daniel 11:6-9
Recuerda que: 5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. 6 Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas. Salmo 126:5-6
10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Efesios 6:10
Porque 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4:13
Tú has sido creado en Cristo Jesús como un nueva criatura que cree y confía en el poder de Dios:
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:8-10
Alimentaos con la Palabra y los sacramentos, sin dejar de reuniros, para fortaleceros en el perdón de Cristo. Amén
Pastor Walter Daniel Ralli