sábado, 29 de noviembre de 2008

1º Domingo de Adviento.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Adviento es el primer periodo del año liturgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación para el nacimiento del Salvador. Se celebran durante los cuatro anteriores a la fiesta de Navidad. Marca el inicio del año litúrgico en casi todas las confesiones cristianas. Durante este periodo los feligreses se preparan para celebrar la conmemoración del
nacimiento de Jesucristo y para renovar la esperanza en su segunda Venida, al final de los tiempos.

1º domingo de Adviento

“Jesús nos prepara para su regreso”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Isaías 63.16b, 17 y 64.1-8

La Epístola: 1º Corintios 1.3-9

El Evangelio del día:

Marcos 13:32-37

Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.

Sermón

Faltan sólo 25 días para la celebración de la Navidad, otros más para Noche Vieja y un par más para Reyes.

Pero centrémonos en Navidad dónde celebramos que Jesús vino como un niño en Belén, nacido de la virgen María. En estos días, el tiempo parece y transcurre de manera muy dispar. Para los niños, estos días parecen no transcurrir, son una eternidad y preguntarán constantemente: “¿Cuánto falta?”. Sin duda que tanta ansiedad no será de ayuda para acelerar el tiempo. Por otra parte, para los padres y adultos, esos mismos días serán de locura.

Junto con el trabajo de todos los días, están las actividades adicionales de las festividades, las cenas de amigos, compañeros de trabajo y demás, ir de compras y los preparativos para las reuniones familiares. Todo esto exige mucho tiempo, demaciadas preparaciones como para ponerse a pensar en el sentido de la Navidad. El tiempo es escaso y si queda algo ya lo ocuparemos con alguna actividad pendiente. Hay bastante para hacer a fin de estar preparados para la llegada de las fiestas. Sin duda, realizando un trabajo diario, se encontrará el tiempo necesario para terminar con todas las cosas que tenemos planeadas hacer.
Muchos buscan mantener a los niños ocupados a fin de que sus mentes tengan algo para pensar y no estén tan ansiosos e inquisidores en cuanto a la celebración de Navidad y Reyes. Tal vez, simplemente tal vez, se encontrará un poco de tiempo para relajarse. Dije “Tal vez”. ¿Es suficiente hacer todo esto? ¿Se puede hacer algo más al respecto? Sin duda que los días de fiestas nos acercan al borde de un ataque de nervios, por todas las cosas que hay que hacer. Y todas esas cosas que hay que hacer pueden impedir que estes listo para celebrar una verdadera Navidad.
De todos modos, todabía hay 25 días para prepararnos a fin de celebrar en Navidad la llegada de Jesús, Dios con nosotros. Pero debemos oír un mensaje más urgente que este: Hay un número de días, el cuál desconocemos, en el que Jesús regresará en gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y a establecer su Reino de manera definitiva.
Si tu no estás listo y el 25 de diciembre te encuentra desprevenido, sin las preparaciones necesarias, pues no pasará de algún disgusto y frustración para ti y los tuyos, cosa que el 26 de diciembre ya se podrá comenzar a solucionar. Pero si no estás preparado cuando Jesús regrese en gloria, será un gran problema porque allí no habrá marcha atrás, no hay manera de solucionar ese problema. O estas preparado y disfrutarás del reino de Dios eternamente o serás condenado al sufrimiento y castigo eterno.
Hoy comenzamos con un nuevo calendario liturgico, con la estación de Adviento y Jesús nos habla de estar preparados, velando por su regreso. Su llegada en gloria en el último Día.
Jesús regresará de manera gloriosa Jesús pronuncia las palabras del Evangelio de hoy a Pedro, Jacobo, Juan y Andrés. Por medio de sus palabras describe la vida de la Iglesia hasta su regreso a fin de que estemos listo para ello. Es así que comapra la tarea de la Iglesia con “las tareas de la casa” que deben hacer los mayordomos. El señor de la casa se va y nadie sabe cuándo estará de regreso. Sin duda que volverá y mejor será estar listos para cuando ello ocurra. Pero ¿Qué hacer
mientras tanto? Antes de que el señor de la casa se vaya, se encarga de dar autoridad a sus sirvientes. Esa autoridad es bien específica: Él les da autoridad para hacer solo las tareas que nos ha encomendado hacer. Hasta que él regrese, se supone que debemos llevar a cabo el trabajo que nos ha sido encomendado en la casa . Si llevan a cabo las tareas que les ha sido encomendada, para lo cual se ha dado autotidad, no hay necesidad de temer su regreso. Aquí esta la esencia del asunto de la parábola. La Iglesia en la tierra es como una familia.

Jesús se ha ido, luego de morir y resucitar, ascendió al cielo, pero prometió que regresará. Por este regreso es que anuncia que su pueblo debería estar listo para ello. ¿Mientras tanto, qué debería estar haciendo su Iglesia? Justamente deberían estar haciendo qué Jesús les ha dado autoridad para hacer.
II. El cristiano y sus “Tareas de la Casa”
Entonces ¿qué tipo de autoridad le ha dado Jesús a su Iglesia? Después de todo, él antes de ascender a los cielos deja muy claro que toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18) y sus discipulos han visto que aun el viento y los mares le obedecen. Sin duda que podría conceder a los suyos un montón de autoridad y poder. Sin embargo, es necesario rocordar que el Señor encarga a su iglesia una tarea especifica. Por ejemplo, el trabajo de la Iglesia no es emprender guerras o castigar a los criminales. Dios esa tarea se la confiere a los gobernantes civiles, ya sea que crean o no en él. De hecho, recordemos que cuando un hombre le pidió a Jesús
que divida una herencia entre él y su hermano, Jesús respondió que él no estaba allí para ser un juez o un arbitro
(Lucas 12:13-14). Creo que hay un mejor ejemplo que éste, cuándo Jesús fue llevado ante Pilato para ser enjuicidado. Pilato le preguntó ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? (Jn. 19:10), a lo que Jesús le contestó: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene” (Jn. 19:11). Es cierto que toda autoridad fue dada a Jesús y él ha delegado ciertos poderes a gobernantes civiles y les ha dado instrucciones de hacer uso de ese poder. Justamente porque él les dio la autoridad en las cosas civiles se rehusa asumir el control de sus obligaciones, sobre las cosas que deben hacer para el bien de la población.
Entonces una vez más afirmamos que la Iglesia debería hacer las cosas que Jesús les ha autoridad para hacer.
Jesús no le ha dado autoridad a la Iglesia para castigar a los criminales, para regir a la sociedad o recaudar impuestos o propiedades. A los discípulos, Jesús les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, la enfermedad y dolencia cuando él los envió a predicar su reino en Mateo 10:1.
Así también Jesús nos ha dado a ti y a mi, autoridad para hacer cosas en su reino aquí en la tierra.
Sin dar más vuelta, Jesús nos da autoridad y poder para ser hijos de Dios. Jesús ha recibido a muchos en su reino, a ellos él les dio autoridad para convertirse en hijos de Dios, es por eso que creen en su nombre y su obra redentora. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”Juan 1:12-13.
Esto es solamente el principio. Jesús le da autoridad para ser hijo de Dios, es algo que tu y yo no podemos hacer por nosotros mismos. Tu no puedes decir “elijo nacer en esta o aquella familia”. Eso está fuera de tus manos. Pero Jesús te ha hecho a su hijo amado por medio de su sacrificio en la cruz, allí te ha redimido. Sólo por su muerte y su resurrección, es que tienes autoridad para decir “soy un hijo de Dios”. Si él no te salva, no te hace parte de su familia, no tendrías autoridad o posibildad de decir eso. Entonces porque Jesús lo dice es que tu eres un hijo de Dios. Esto tiene lugar cuando eres bautizado en el nombre del Dios Trino, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Como hijo de Dios, continúas siendo alimentado por la Palabra misericordiosa de Señor en la Absolución de todos tus pecados, en su presencia real en la Santa Cena.
En Hebreos 13:9-10 se nos dice que “No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas.
Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo”. El texto está hablando del sacrificio de Jesús de sí mismo en la cruz, ofreciendo su cuerpo y derramando su sangre. Esto declara que tienes la autoridad dada por Jesús por medio de su Palabra de ser perdonado, es así que ya no tienes culpa y condenación que acarrea el pecado. Hoy día Jesús nos da no solo su Palabra, sino que nos da el Bautismo por el cual nos confiere nueva vida por medio del agua y su Palabra, también nos dá su cuerpo y sangre en la Santa Cena para reafirmarnos en su perdón y amor. Por la obra de Jesús tienes autoridad para unírsete a él en la Santa Comunión,
para recibir su cuerpo y su sangre y estar seguro de que recibiras la vida eterna. No todo el mundo tiene esto por cierto o verdadero, pero él sigue dando esa autoridad a su Iglesia porque ella está compuesta por una infinidad de hijos amados.
Con esto hemos resuelto qué debemos hacer como cristianos y como Iglesia. El Señor de toda la casa nos ha dado esta tarea mientras que él regresa. La tarea y autoridad de ser perdonados y de perdonar a otros diariamente.
Así es que desea que te arrepientas de tus pecados y te alegres en el perdón que ha logrado por ti en su sufrimiento y muerte en la cruz. Esta es la manera de prepararte para su regreso en gloria.
Así es cómo permaneces velando, atento y alerta. Eres perdonado por la obra de Jesús y no por las tuyas. Tu “tarea de casa” no es realmente un trabajo, en absoluto, porque Jesús ya ha hecho todo el trabajo por medio de su vida, muerte y resurrección.
Para ponerlo de otro modo, Jesús te da autoridad para ser perdonado. ¿Suena simple y sencillo? Lo es. Pero el diablo siempre trabajará para acusarte, diciéndote que eres demasiado pecaminoso, culpable e indigno para ser perdonado por Jesús. Es cierto que en materia espiritual eres un desastre, pero no le corresponde a él, solo Jesús es quien puede decir que pasa con tus pecados. Así que podemos responder “sé que soy pecador pero también se que soy perdonado, porque Jesús dice que él me perdona y él me da la autoridad para hablar y creer eso”. Contra
esa afirmación el diablo no tiene respuesta y poder.
Ahora que sabemos esto, tenemos mucho que dar. Esto nos trae a otro uso de la palabra “autoridad” como “potestad”. Jesús dijo “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mateo 28:18-20). Ahora que Jesús nos otorgado el perdón, nos da la autoridad para comunicarselo a otros. Por consiguiente, como Iglesia nos alegramos de aprender y enseñar todo lo que él nos ha ordenado: Su Palabra. Nos regocijamos en bautizar en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esa
Palabra es la que somos enviados a proclamar, es la que el Señor nos da para que otros lleguen a ser sus hijos.
Esta es la autoridad que Jesús le da a la Iglesia. Esto se ha dado en llamar “el Oficio de las Llaves”. Esto es que Jesús nos da la autoridad y el poder peculiar de la iglesia para perdonar los pecados de quienes se arrepienten de ellos, además sirve para retener los pecados de quienes no se arrepienten. Recordemos que somos meramente sus instrumentos. Es él quien hace el trabajo de perdonar.
Esto es un buen comienzo para este tiempo de Adviento. ¿Quiénes se prepararón para la llegada de Jesús en Belén? Maria y José lo hicieron. Los pastores fueron hasta el establo. ¿Por qué? Porque oyeron la Palabra de Dios y creyeron que Jesús es El Salvador. Asimismo, tu oyes hoy mismo la Palabra de Dios y por ella crees que Jesús es tu Salvador y que vendrá otra vez en la gloria. Creyendo esto y viviendo en su perdón, estás preparado. Eres perdonado y por ello estas velando, cuidando y alerta, llevando a cabo tu “tarea hogareña” hasta que el Señor regrese en gloria. Es cierto que en tu vida tienes otras responsabilidades. Seguro, porque el Señor te da otras actividades y otras autoridades. Esto nos lleva a las vocaciones: Si eres padre, Dios te da autoridad para educar a tus niños. Si eres un empleado, él te da la autoridad para servir a tu jefe. Si en tu caso eres un estudiante, te da autoridad para estudiar los temas asignados y respetar a tu educador. Como miembro de la iglesia, tienes autoridad y el privilegio de llevar a cabo la proclamación de Evangelio que prepara el regreso de Jesús. Éstas son otras de las cosas que Dios nos ha dado para hacer. Por supuesto, las personas no cristianas hacen estas cosas, también. Esto quiere decir que, aunque hagan cosas buenas, estas no le preparan para el regreso de Jesús.
Por consiguiente, la Ley proclamada en este texto nos dice que estamos atrapados porque no nos preparamos para el regreso de Jesús, pero a pesar de eso Jesús regresará. Si persistes en el pecado y no te arrepientes, te espera la aflicción. Es que no estas preparado. Si tomas tu necesidad de perdón ligeramente y descuidas la Palabra del Señor y sus Sacramentos, ten por seguro de que no estas realizando las “taréas del hogar” de ser perdonado.
Estás dormido, serás encontrado así y recibirás el castigo por ello. Arrepiéntete. Si crees que eres demasiado culpable para ser perdonado, arrepietete de ese pecado, también, porque tus pecados no exceden la autoridad y poder de Jesús. Él tiene más gracia de la que necesitas. Si crees que la Iglesia debería ocuparse de alguna otra cosa que no sea la predicación y la distribución de los Sacramentos, debes arrepentirte. Hay muchas otras cosas que la Iglesia puede hacer pero ninguna de ellas prepará a las personas para el Juicio.
“Arrepiénte” suena muy duro a nuestro oídos y la mayoría de las personas no lo quieren hacer, pero a la persona con fe no le molesta. Porque la verdadera fe ama el arrepentimiento, porque sabe que la confesión de
pecado a nuestro Dios deriba en el perdón por medio del Evangelio.
Porque éste es el Evangelio que el texto declara, que Jesús te ha hecho parte de su grupo familiar y él regresará en gloria para llevarte a la gloria eterna junto a él en el cielo. Mientras tanto, él te da autoridad para ser perdonado y ponerte en libertad del pecado, de la muerte y del diablo. En cierto modo, la espera del regreso de nuestro Señor es como los siguientes 25 días hasta la Navidad: En la seguridad de que viene, necesitamos hacer lo que se nos ha encomendado. Por otro lado, la espera del regreso del Señor es diferente a los siguientes 25 días, porque el Señor ha hecho todo el trabajo para tu salvación y tu “tarea del hogar”: Perdonarte. Él regresará en la gloria y serás encontrado fiel porque tu estás preparado para ir a vivir en su gloria por la eternidad, porque eres perdonado de todos tus pecados en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén