jueves, 12 de febrero de 2009

5º domingo después de Epifanía.


Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oí­r, por la palabra de Dios Ro. 10:17


La palabra griega epifaní­a, en su uso religioso, significa "manifestación". Se refiere a una manifestación visible del Dios invisible, ora en forma de unaaparición personal, ora por medio de alguna demostración de poder que da aentender que está presente.


En esta temporada de Epifanía tendrá usted oportunidad de leer y oír acerca de varias ocasiones en que Jesucristo, cuyoNacimiento hemos ya celebrado hace poco, se manifestó como el mismo Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador divino. Es importante que lo hagamos, ya que es fácil creer por su nacimiento que era sencillamente un ser humano que nos enseñó acerca del amor, sin entender que era Dios mismo, muriendo en nuestro lugar para que seamos unidos a Él en su vida divina por toda la eternidad.

¡Jesús ha venido a sanarnos!


Textos del Dí­a:


El Antiguo Testamento: Isaí­as 40:21-31


La Epí­stola: 1ª Corintios 9:16-27


El Evangelio: Marcos 1:29-39


29 Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.30 Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. 31 Entonces Él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; einmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía.32 Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los quetenían enfermedades, y a los endemoniados; 33 y toda la ciudad se agolpó a lapuerta. 34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allá­ oraba. 36 Y le buscó Simón, y los que con Él estaban; 37 y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. 38 El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allá; porque para esto he venido. 39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.


Sermón


¿ESTÁ EL MUNDO ENFERMO?

A todos nos asustan las enfermedades. ¡Jesús quiere sanarnos!


“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el quinientos seis y en el dos mil, también. Que siempre ha habido chorros (ladrones), maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, barones y dublés. Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá, insolente, ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseados.”


Así­ reza la letra del famoso tango “cambalache” de Enrique Santos Discépolo,escrita en el año 1935 y que es muy conocida en el mundo “tanguero” por su estrofa “siglo XX cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana (roba) es un gil (tonto). Dale nomás, dale que va, que allá en el horno nos vamos a encontrar”, y así­ sigue el compositor describiendo su visión de la situación mundial, que a su parecer, y a lo largo de los siglos, siempre ha sido una mezcla rara de cosas buenas y malas, pero que ahora ha visto empeorar.


Me pregunto “¿Qué escribiría del siglo XXI?” También he visto oportuno agregar una imagen de Mafalda, el personaje de un conocido Comic contemplando triste y desconcertada a un mundo maltrecho. ¿Será que es para tanto la situación o es solo la estrecha visión pesimista que tienen algunos en un momento determinado de sus vidas? Miro las noticias y leo los periódicos y el desgarrador dolor de los padres,familiares, vecinos y amigos que deambulan con el corazón roto buscando a Marta me salpica lo suficiente como para sentir por un instante yo también esa angustiosa pérdida. Y que os voy a contar de la atroz situación en Gaza; veo casas destruidas y familias desconcertadas y me estremezco. Veo que hay seres humanos durmiendo en la calle, que hay personas que comercian y consumen pornografía infantil, que hay maltrato físico y emocional hacia las personas con las que comparten su vida. Que se abandonan y matan bebes, que gente muere de hambre, que miles de personas se están quedando sin empleo, y un sinfín de malas noticias que podemos enumerar. Y éstas no son solo noticias vacías del telediario, son realidades que están viviendo seres humanos como tú o como yo. ¿Por qué? Me miro a mí­ mismo y veo aún tanto egoí­smo, orgullo, etc. Y me pregunto “¿de dónde salen estas cosas?


Cada uno de nosotros peleamos nuestras propias batallas dialécticas con nuestros semejantes.


Defendemos nuestras posiciones porque nos sentimos atacados o invadidos. Vemos enemigos por todos lados. Nos atrincheramos. La utopía de construir un mundo justo para todos se sigue escurriendo. Veo mezquindad, orgullo, vanagloria, rivalidad, envidia, etc. Y me pregunto “¿Somos los seres humanos portadores de algún virus maligno?”También hago un esfuerzo por buscar situaciones inversas, esperanzadoras, donde encontramos personas que se entregan a hacer el bien, que las hay, y muchas, como puedes ser tú o yo, y me digo, pero aún allí veo una pulsión que nos inclina a lo malo. No hay entre nosotros perfectos. Ciertamente no hay en la tierra hombre tan justo, que haga el bien y nunca peque. Ecl. 7:20. Si es verdad que estamos enfermos, nuestra enfermedad va más allá de algunas acciones que podamos mostrar ya sean buenas o malas. Quien se conoce a sí mismo se da cuenta del significado profundo de ser pecador y debe admitir con la palabra de Dios la frase: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” 1ª Juan 1:8 Y no hay excusas o escapatoria válidas. No hay justificación. Necesitamos ponernos bajo tratamiento. Necesitamos tomar de por vida algún medicamento. Necesitamos un Doctor.


Expertos: Creo que todos nos hemos doctorado en el Área de “Mundología”, esto es, somos expertos analistas que diagnosticamos cuan enfermo está nuestro mundo. Algunos dicen que tiene una herida de muerte y que no tiene esperanza de vida. Otros, por el contrario, son muy optimistas y dicen que hay mundo para rato y que podemos crear el mundo perfecto. Hay gente pesimista y ven todo negro, hay quienes son optimistas y ven todo bonito, están los que dicen ser realistas y también existen aquellos quienes cierran los ojos a su alrededor y no quieren ver nada.


Por supuesto que al margen de la variedad de diagnósticos también existe una gran variedad de recetas y tratamientos recomendados. Desde la postura Bí­blica y Cristiana está muy claro que este mundo tendrá un fin, el fin del mundo vendrá y eso es algo que no está en nuestras manos resolver, ya que Dios no nos ha revelado el dí­a ni la hora, pero lo que sí­ está en nuestras manos es cómo vivimos y qué hacemos mientras estamos en este mundo. ¿Qué diremos? ¡A vivir que son dos días! ¡Vivamos y comamos que mañana moriremos!¡Sálvese quien pueda! Os nos preguntaremos: ¿Qué mundo le dejaremos a nuestrosnietos y bisnietos? ¿Qué sociedades serán? ¿Cómo estará la naturaleza, que esen definitiva el hogar de toda la humanidad? ¿Les dejaremos una Buena Noticia de Salvación?


Lo cierto es que el mundo de momento sigue, y más cierto aún es que nosotros somos y hacemos el mundo en que estamos, pues somos los que lo habitamos. Es el mundo dónde Dios nos ha permitido seguir viviendo ¿Estaremos los seres humanos enfermos de algún virus malicioso que nos impulsa a la autodestrucción? Si estamos enfermos ¿Dónde radica esta enfermedad? ¿Hay doctor que pueda curarnos? ¿Cuál es el tratamiento? He oí­do muchas veces que se critican a los telediarios por mostrar siempre lonegativo, las malas noticias. Yo no quiero caer en eso, sino traeros buenasnoticias. Para eso hay que mirar a Cristo, el sin pecado ¿Qué hizo nuestro Maestro y Señor cuando estuvo caminando por estas tierras? ¿Cómo podemos andar sus caminos?El corazón, raí­z de los males. Donde está vuestro tesoro, allá­ estará también vuestro corazón. Mt 6:21¿Cuál es tu tesoro? ¿Qué es lo realmente valioso para ti? Jesús nos ha dichoque del corazón del ser humano salen los problemas. Él identificó dónde estabael virus que se expande por todo el cuerpo. Nuestro corazón es el lugar a observar:“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mt. 15:18-19) y “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12:34) y “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a semejanza de Dios; de la misma boca proceden bendición y maldición.” Hermanos míoos, esto no debe ser así. St. 3:9-10.


Hay una batalla interna entre el bien y el mal dentro de nosotros. Sí­, y eso sucede en tu corazón. Las células malignas quieren ganar terreno. Hay algo en nosotros que nos pide que no demos la otra mejilla, que pensemos mal e interpretemos todo en el peor sentido, que no perdonemos, que no extendamos nuestra manos al necesitado, que ambicionemos dinero ego­ístamente, que no seamos del todo honrados en nuestro trabajo, etc.. El apóstol Pablo lo reconoce al decir “Yo sé que en mí­, esto es, en mi carne, no habita el bien, porque el querer el bien está en mí­, pero no el hacerlo. No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” Así que, queriendo yo hacer el bien hallo esta ley: que el mal está en mí. Por ello necesitamos ponernos en tratamiento. Todo sale de nuestro corazón. Hay una pulsión dentro que late y hay que neutralizar cada dí­a. Cada uno es tentado, cuando de su propia pasión es atraí­do y seducido. Entonces la pasión, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. St. 1:14-15 Y sabemos que “la paga del pecado es muerte, pero “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Ro. 6:23


Nuestra enfermedad es causa de nuestra necesidad de sanación.Justamente el hecho que nos espanta del ser humano, esa naturaleza corrupta que late constantemente en nosotros, fue el objetivo de que Cristo, el Dios hecho hombre, viniese a este mundo. “los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”, “misericordia quiero y no sacrificios, porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” Mt. 9:13-13


¿Entre cuales te encuentras tú?, ¿Eres de los sanos o los enfermos? ¿Necesitas que Cristo te limpie y sane tus heridas?, ¿Deseas el perdón de tus pecados o te crees justo?Hay dos alternativas: Trabajar para herir y destruir o trabajar sanar y construir. Incluso en ocasiones pensando en que estamos construyendo, lo que hacemos sin darnos cuenta es destruir.A veces pensamos que lo mejor que le podemos dar a nuestros hijos es un bienestar económico para que no pasen ningún tipo de necesidad y trauma. Incluso para que no pasen un complejo de inferioridad antes sus colegas que tienen más que Él. Y lo que nuestros hijos o familia necesitan es calidad de tiempo, bienes morales, emocionales, paseos, abrazos, vida espiritual. En ocasiones hacemos mal el diagnóstico y aplicamos medicinas contraproducentes creyendo hacer un bien.


Todos nos podemos equivocar y de hecho lo hacemos produciendo heridas en nosotros y en los demás, pero debemos recordar que Jesús ha venido a Sanar. Él destruyó el poder de Satanás, nos liberó del pecado y de la muerte eterna. ¡Esto es una Buena Noticia!Creo que todos tenemos que pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo por dejarescapar oportunidades de remangarnos las mangas e invertir los talentos que Dios nos ha dado y administrar los remedios que Cristo nos ha dado. Cristo es el Buen samaritano que pasa delante del moribundo y se detiene y lo asiste. Así­ ha hecho contigo. Cristo desea que tú sigas su ejemplo, no el de los fariseos que pasan de largo, sino el de Cristo que se detiene ante la necesidad del que está tirado en el camino. Cristo es el médico que no se cura a sí­ mismo y aún agonizando en la cruz rechaza esa idea y asume una mejor diciendo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Porque Él entrega su propia vida para curar la tuya, la mí­a y la de todo el mundo.Decimos, y estoy convencido que es verdad, que hay mucha necesidad espiritual. Que hay mucho vacío espiritual. Y que Cristo es la solución.


Ahora bien, ¿Cómo estamos aportando esa solución a las necesidades del mundo que nos rodea?Jesús ha venido a sanar:Jesús ha venido a darnos un corazón que ama a Dios sobre todas las cosas y que ama a su prójimo como a si­ mismo. Ese es el resumen de los mandamientos y todos se resumen en: Dios es amor. Y “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en el crea no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Jn. 3:16. Jesús no vino a condenar al mundo sino a salvarlo. Él ha sufrido las heridas, el odio, el abandono hasta la injusta muerte en la cruz para que tú obtengas la sanación. La enfermedad maligna y terminal que poseemos los seres humanos encuentra en Cristo su freno. Dios declara abiertamente que pone vendas a nuestras heridas sangrantes. Él hace posible que podamos andar lo que nos queda de camino en su Perdón y Paz. El tratamiento. En Cristo hemos sido Bautizados y de Cristo estamos revestidos. Él nos ha hecho nacer de nuevo por el agua y el Espí­ritu. Tenemos una vida distinta en Cristo. Le llamamos la vida en el espí­ritu. Vemos en Gálatas 5:16-26 hacia dónde nuestra carne, o lo que se llama la naturaleza humana corrupta, nos lleva. Manifiestas son la obra de la carne, que son: adulterio, fornicación,inmundicia, lujuria, idolatrí­a, hechicerí­as, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgí­as, y cosas semejantes a éstas.” Pero así­ mismo debemos saber que Dios nos ha puesto en el tratamiento de Jesús, de su gracia y su perdón. Vivir en este tratamiento produce efectos, produce resultados, produce frutos, pues su medicina es eficaz.“Pero el fruto del Espí­ritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”Jesús nos motiva a llevar una buena noticia. No lograremos erradicar el mal de nosotros hasta la muerte. Por eso debemos estar en tratamiento de por vida y medicados para controlarlo y que no se expanda. La lucha interna que llevaba el apóstol Pablo le hizo decir: “¡Miserable de mí­!, ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro! Ro. 7:24-25.


Nosotros también debemos dar gracias a Dios por enviarnos a Jesucristo, el doctor que atiende nuestras dolencias y nos pone bajo el tratamiento de su gracia. Quien nos perdona los pecados, nos consuela, anima y alienta a transitar este mundo con una mirada de misericordia. Jesús nos da la medicina que nos mantiene estables, nos da su Palabra y los sacramentos. Ahí­, y sólo ahí­, encontraremos paz y calma para nuestros dolores. Tú puedes guiar a otros hacia este médico infalible. Hay malas noticias a nuestro alrededor. Tú puedes aportar la Buena Noticia del Evangelio, con palabras y con los frutos del espí­ritu. Cristo y su amor para con nosotros es la motivación para salir a ofrecer lo que está a nuestro alcance para contribuir con el bien. Amén.

Pastor Walter Daniel Ralli