sábado, 31 de enero de 2009

4º domingo después de Epifanía.

Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestro corazón Salmo 95: 7b-8

1 Sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores Santiago 1:22a
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Adviento. El tiempo de Adviento surge con la idea de preparar el corazón y el espíritu para celebrar la llegada nuestro Señor. Asumir el verdadero significado de la navidad implica conocer y comprender el sacrificio de Jesucristo. Así nos preparamos a través de una profunda reflexión que alimenta la esperanza mientras confiamos preparamos el camino para la segunda venida del Señor en gloria.

“Jesús viene a traer sanidad a nuestras vidas”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Deuteronomio 18:15-20

La Epístola: 1 Corintios 8:1-13

El Evangelio: Marcos 1:21-28

21 Y entraron en Capernaúm; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. 22 Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 23 Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, 24 diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. 25 Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! 26 Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. 27 Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? 28 Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.


Sermón

¿Qué has hecho este año para que no te pille la gripe? Sabemos que es fácil de pillarla o mejor dicho de que nos pille, más cuando el clima parece que se ha vuelto loco. Por las mañanas mucho frío, por las tardes sol y aumento de las temperaturas. Un día un calor que te partes y al día siguiente frío que te congelas.

No sabemos qué vestimenta llevar puesta. Ya nadie confía en el servicio meteorológico, entonces nos ponemos de todo. Pero la realidad nos dice que es difícil escaparnos de un constipado. ¿Por qué le escapamos a esta enfermedad?

Nuestro cuerpo sale de un cierto orden que tiene y este virus como otras enfermedades y dolencias afecta todo nuestro organismo y estado de ánimo. De pronto nos sentimos cansados, febriles y doloridos. Entonces vamos al doctor y nos da píldoras mágicas.
Las tomamos y en unos días estaremos mejores, no sé si mejor que antes, pero por lo menos más aliviados de nuestra dolencia. Esto es si Dios quiere ¿no es así?

El cuerpo humano queda reordenado. Pero no solo la gripe nos desordena en nuestro interior. El pecado nos afecta de tal manera que muchas veces nos vemos desequilibrados espiritual, emocional y hasta físicamente. Los enojos, gritos, broncas, depresiones, sentimientos de soledad, insatisfacción, peleas, discusiones familiares, miedos y abandono son parte de nuestra vida y parte de nuestro
desequilibrio interior. En el evangelio de hoy y en los versículos siguientes se nos muestra que Jesucristo ha venido a reordenar, restablecer, reencauzar, y reenfocar nuestro ser, somos parte de su creación y desea llevarnos a la vida que él tenía pensado para nosotros antes de nuestra caída en pecado.

En los Evangelios Jesús cura a muchas personas. Israel esperaba que el Mesías lo haga porque Dios lo había prometido. Era una cosa natural para las personas de Israel esperar que Cristo, el Mesías, el enviado de Dios, salvaría y restauraría a Israel. Esperaban también que él los cure. Esto era así porque Dios es un Dios que cura y restaura. El Salmo 103:3 dice que Dios “es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias”, Dios no solo perdona tus pecados sino que además sana tus enfermedades. En Jeremías 17:14 se eleva una oración que dice “Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza”. Otra vez, relacionándose la sanidad y el perdón de nuestros pecados.

En los tiempos de Jesús ellos no diferenciaban las cosas espirituales de las cosas físicas. Una de las cosas que nosotros hacemos es diferenciar las dolencias ísicas, espirituales o emocionales, es nuestra manera de pensar, cosas espirituales por aquí, cosas físicas por allí, estas son cosas emocionales y en cierta forma creemos que podemos separar todo nuestro ser en compartimientos aislados. Los hebreos nunca pensaron de este modo. Pensaban acerca de vida como una unidad y la vivencia de lo físico, lo espiritual, lo mental y lo emocional estaban todas relacionadas. Y sabían que cualquier cosa que los liberara espiritualmente iba a tener impacto en sus emociones y sus cuerpos.

Hay una palabra en hebreo que es “Shalom” y otra que se relaciona a esta “Shalem”. Esta última tiene que ver con estar saludable y entero, mientras que “shalom” tiene que ver con estar en paz y plenitud. La palabra shalom quiere decir que nada está quebrado y que nada falta. Es una totalidad y una plenitud y sanidad. No es simplemente la ausencia de controversia o dificultades, sino una presencia que lo satisface todo. Así que fue normal que Jesús haga lo que hizo con los enfermos. Porque demostraba así las cosas sobre el reino que Jesús vino a traer. Así es que cuando él cura muestra la voluntad del Padre. Muestra su compasión. Era una señal del Mesías y eso es una prueba de su veracidad y la verdad de su enseñanza. Jesús enseñaría y haría cosas controversiales pero luego realizaría algún tipo de milagro para afirmar y mostrar que es el Hijo de Dios.

Así las personas tendrían una ayuda visible para comprender que lo que Jesús enseña es verdadero. Así que él afirma que el reino de Dios ha llegado y llama a todos al arrepentimiento. Eso ahora lo corrobora con la expulsión de un demonio y muchas otras sanaciones.

Es cierto que para Israel era natural esperar ser curados por Dios, y fue normal para Jesús realizar este tipo de curaciones, pero ¿qué hay en torno a la iglesia? ¿Qué debemos esperar dos mil años después? Para responder esta pregunta no podemos hacerlo simplemente mirando el texto de hoy. Así que vamos a tener que mirar algunas partes más del Nuevo Testamento y así llegar a una respuesta fiel y acorde a la Palabra.

Ahora veremos algunos puntos fundamentales sobre el tema de la sanidad de las personas, esto lo podremos aplicar a cualquier área, sea emocional, física o espiritual.

El primer punto es que sin lugar a dudas debemos esperar que Dios nos cure de todas nuestras dolencias. Hay un número de razones para esto. La primera razón es que Jesús como parte de su ministerio ha sanado a muchas personas y lo sigue haciendo. El segundo es que Jesús envió a sus discípulos a curar, en Lucas 9:1 Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. 2 Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. Los apóstoles en los inicios de iglesia sanaron en Hechos 3:6

Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. También en 1 Corintios 12:9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu, aquí dice que los miembros de la iglesia han recibido el don de curar y luego llegamos al libro de Santiago 5:14-16. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. 16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Donde recibimos instrucciones de pedir en oración por la curación de otras personas. Jesús lo hizo y envió a sus discípulos a hacerlo. El apóstol lo hizo en los inicios de iglesia. Los miembros de la iglesia recibieron dones especiales para hacerlo y luego nosotros recibimos instrucciones de hacerlo. El tema está muy presente en el Nuevo Testamento. Todavía deberíamos buscar que Dios nos cure de nuestras dolencias.

En segundo lugar Dios no siempre sana inmediatamente. Tenemos una sección interesante de pasajes en el libro de Filipenses 2:25-30, Pablo habla de él y de Epafrodito. Quienes fueron maravillosos compañeros en la obra de transmitir el mensaje de Dios y tuvieron que pasar a través de toda clase vivencias juntos.

Epafrodito estuvo muy enfermo y Pablo habla de cómo esto lo entristeció porque temían que él muriera y eso insinúa que paso tiempo antes de su recuperación y del alivio de Pablo. Ahora si Dios curase todo instantáneamente, Epafrodito hubiese sido curado inmediatamente nunca hubiese llegado a estar seriamente enfermo y tener riesgo de morir, Pablo se habría dado cuenta de la enfermedad y habría orado por su sanidad, nadie se hubiese preocupado en sobremanera ni
entristecido y esto sería hoy solo una nota al pie del Nuevo Testamento.

Justamente sería solo un placentero recuerdo de cómo Dios lo curó de manera instantánea. Pero esto marcó el corazón de Pablo y es de suponer que Pablo hizo todo lo que tuvo a su alcance, espiritualmente y físicamente para tratar con esto.

Pablo escribe en 1 Timoteo 5:23 “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades”. Exhorta a Timoteo a tomarse un poco de vino para su estómago y frecuentes enfermedades, tribuyendo que el vino tiene su uso medicinal. Esto no sería necesario si Timoteo hubiera sido curado en cada aspecto de sus dolencias físicas. Su curación aún no se había concretado y así es que él necesitaba tomar un poco de vino.

En otras ocasiones pareciera que Dios no cura en absoluto. Por ejemplo, el mismo Pablo habla de una espina que él tiene en su carne. En 2 Corintios 12:7 “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” él tiene una espina en su carne, casi con certeza es un problema físico que Dios le revela a él que no le curará para que se base siempre en su gracia. Además nos deja enfrentarnos a la muerte que es la enfermedad final que no es curada en la tierra, de esto también hay ejemplos en el Nuevo Testamento y también en nuestra realidad diaria.

Así es que Dios no siempre cura inmediatamente y algunas veces ocurre que él no permite que una personas sea curada, esto nos permite vivir la fe del ya y pero aún no en cuanto a nuestra sanidad integral, padecer aquí pero tener la certeza de vida eterna. El ya es cierto porque Jesús vino a este mundo de manera real, murió y resucitó por nosotros y es completamente cierto que por medio de él recibimos el perdón de Dios y la seguridad de vida eterna.

También es cierto que recibimos el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas que transforma nuestras vidas, modificando nuestro carácter, curando recuerdo dolorosos, sanando enfermedades o quitando vicios perjudiciales.

Incluso recibimos la tarea de administrar este regalo de Dios hacia otros. Esto es cierto, real y concreto. Pero nuestra sanidad y la de quienes nos rodean aún lo es en parte, todavía no es completa. Aún no es total. Porque no estamos curados o sanos todo el tiempo. No nos curamos inmediatamente en cada circunstancia. Y hay un misterio en esto, algo que solo Dios sabe y nosotros debemos confiar en eso y aferrarnos a que él realiza todo para nuestro bien.

Esto es uno de los grandes problemas a los cuales nos enfrentamos como iglesia. Porque en cuanto descubrimos la gracia de Dios curándonos y restaurándonos, comenzamos a esperar que esto ocurra todo el tiempo y en todas las circunstancias. Tenemos fe y sobre todo cuando nuestras vidas están en orden, pero cuando no lo están comenzamos a acusarnos en nuestra conciencia o comenzamos a descargar cierta culpabilidad en alguien o en la vida. Pero esto es un misterio. Algunas cosas que nos ocurren no son previsibles. En nuestra vida recibimos cosas inesperadas, enormes golpes a nuestra salud, sentimientos y fe, es en esos momentos que nos damos cuenta de que no tenemos control total sobre lo que nos ocurre.

Para curarnos de nuestras dolencias Dios puede usar un camino natural y sobrenatural. Pero nuestra disposición mental muchas veces nos empuja hacia los extremos. Si se trata de una enfermedad que la ciencia aún no ha encontrado la cura, nos dirigimos a Dios y esperamos solo en él, pero si vemos que nuestra dolencia es insignificante, ni nos molestamos en orar y pedir a Dios su intervención. Él usa cada cosa que está también a nuestro alcance para curarnos. Médicos, psicólogos y cristianos son puestos en nuestros caminos con los dones que Dios les ha dado para ayudarnos en nuestras necesidades. Nosotros estamos llamados a tomar las herramientas que tenemos a nuestro alcance, las que consideramos naturales y también las herramientas sobrenaturales, como lo es la oración, a fin de ir hacia la meta de curarnos y ser restaurados en nuestra integridad a la que Dios tan cariñosamente desea para nuestras vidas. Así es que la oración y la medicina son puestos por Dios para nuestro bien.

El último punto es el eje de todo el tema y es que la fe es importante para curarse. A lo largo de los Evangelios nos encontramos con que Jesús muchas veces sanó a las personas que vinieron a él esperando que ocurriera algo que naturalmente no ocurriría. De hecho, Jesús dice en algunas ocasiones, “tu fe te ha salvado”. Él honró a las personas que Dios hizo que acudieran a él. El problema es que algunas veces tomamos esta verdad bíblica y luego en una situación dada decimos: Si tu crees serás curado de dicha dolencia ¿crees? Pero si no ocurre nada, comenzamos a echarle la culpa a las personas y afirmamos: “Si la curación no ocurrió es porque tu fe debe ser muy débil”. Lo curioso es que en el Nuevo Testamento en ninguna parte dice que Jesús o algún apóstol rechazaran a alguien que se allegara a ellos quebrado en espíritu, buscando una solución de parte de Dios. De hecho, la única vez que Jesús enfrenta la falta de fe en una situación de curar a alguien de la posesión del demonio es una situación donde el problema está en los discípulos, que no tuvieron la fe centrada en Dios y no supieron cómo manejar la situación.

Creo que es una cosa importante que debemos recordar y tener presente, si la ley en las personas ha causado su efecto no es necesario depositar más culpabilidad sobre ellas por las dolencias que pasan. Si tienen fe, han reconocido los pecados que los han llevado a dicha situación, es necesario el Evangelio restaurador de Cristo y la esperanza de recobrar la integridad en los distintos ámbitos de la vida. De esta manera, aferrados a sus promesas podremos seguir confiados en Dios, sabiendo que no tenemos el control total. Hay un misterio aquí que requiere fe.
Algunas veces Dios nos guía a través de los sufrimientos y nos da una solución. Otras veces no lo hace. Es parte de realidad. Por lo tanto la sanación es un regalo para ser recibido y nunca un derecho para ser reclamado o exigido.

Siempre recibimos la gracia de parte de Dios de manera gratuita. Nunca podemos decir que nuestras vidas estarán siempre en orden. Nuestra fe descansa en que Dios es el que nos guía y lleva por su camino, aún en los momentos de flaqueza. Por lo cual pedimos que siempre podamos estar de su mano, oyendo su Palabra, solicitando que si es su voluntad nos restaure de nuestras dolencias, esperando su regalo de sanidad y disfrutando ya de su regalo de perdón y vida eterna en Cristo Jesús.

Así que nos remontamos a una de las primeras preguntas, ¿Podemos esperar que Dios nos cure? ¿Quiere Dios sanarnos? Si queremos saber la respuesta necesitamos ir al ministerio de Jesús, El hijo de Dios. Él dijo “Respondió
entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” Juan 5:19. Entonces Lucas 4 nos dice y toda la Biblia nos afirma que “si, Dios quiere sanarte”. Es parte de la bendición que él quiere derramar. Él no está lejos para darte esa bendición. Él se encuentra en los medios que nos afirmó que se haría presente, en su Palabra, para firmarnos y consolarnos, en el bautismo para hacer un pacto con nosotros declarándonos sus hijos y herederos de la vida eterna y en la Santa Cena dándonos a comer y beber su cuerpo y sangre para el perdón de los pecados. Estas cosas inamovibles que Dios nos ha dejado nos da seguridad y tranquilidad para acercarnos a Dios y clamar por nuestras necesidades y esperar de él la protección que un buen padre da a sus hijos, porque Él ya nos ha dado lo más precioso que necesitábamos y en lo cual podemos descansar, que somos perdonados de todos nuestros pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Atte. Pastor Gustavo Lavia