sábado, 17 de enero de 2009

2º domingo de Epifanía.

Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestro corazón Salmo 95: 7b-8

Sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores Santiago 1:22a

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Adviento. El tiempo de Adviento surge con la idea de preparar el corazón y el espíritu para celebrar la llegada nuestro Señor. Asumir el verdadero significado de la navidad implica conocer y comprender el sacrificio de Jesucristo. Así nos preparamos a través de una profunda reflexión que alimenta la
esperanza mientras confiamos preparamos el camino para la segunda venida del Señor en gloria.

“Jesús te abre las puertas del cielo”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: 1 Samuel 3:1-10

La Epístola: 1 Corintios 6:12-20

El Evangelio: Juan 1:43-51

Evangelio del día
Juan 1:43 - 2:1 43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo:
Sígueme. 44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe halló a Natanael, y le dijo:
Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. 47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.
48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. 51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.

Génesis 28:10-19
10 Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. 11 Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. 12 Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. 13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. 16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo:
Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. 17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. 18 Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. 19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero.


Tema: Dios con nosotros

Objetivo: Que reconozcamos que es Dios el autor y consumación de nuestra salvación.

Sermón

Israel y un Israelita. Jacob está huyendo de su hermano que quiere matarlo y exhausto en medio del desierto solo encuentra una piedra para utilizar de almohada. Se encuentra en un lugar tan inhóspito que lo único que tiene a su disposición es una piedra para usar de almohada. Pero está agotado, por lo cual se queda dormido.

Durante su descanso tiene un sueño extraordinario. Ve una escalera con bases de en la tierra que se extiende hasta el cielo. Los ángeles de Dios ascienden y son descienden por ella. En lo alto de la escalera está nada menos que Dios mismo. El Señor se dirige a Jacob en este sueño y le hace tres promesas. La primera es sobre la tierra en la cual duerme, esta es la tierra prometida y la de sus muchos descendientes. La segunda promesa de Dios es que por medio de su simiente todas las naciones serán bendecidas, de entre sus descendientes, nacerá el Salvador. La tercera de las promesas es su presencia y su fidelidad: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. (Gen. 28:15).

Jacob se despierta del sueño y “tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.” (Gen. 28:17). Sin duda en el desierto hay poco para mirar, más en un lugar donde una piedra es lo único que sirve de almohada. Pero allí Jacob ha visto al Señor y él tiene miedo. Esto es así para todas las personas desde la Caída en el pecado, Dios causa miedo. Un Dios Santo en cielo es intimidante para alguien que toma en serio el pecado. Dios mirando hacia abajo desde la parte superior de una larga escalera, es motivo
para estar aterrorizando.

Pero hay algo que reconforta, Jacob tiene la Palabra de Dios, la promesa de un Salvador. Aquel lugar era llamado Luz, así que Jacob lo renombra y llama Betel, “casa de Dios”. Solo a algunos kilómetros de Betel y unos 800 años más adelante, la casa de Dios será construida y el templo donde Dios morará con su pueblo en la tierra prometida estará en Jerusalén.

Así Dios cumpliría dos de las promesas hechas a Jacob. La tierra prometida y su presencia. Pero estas son solo dos de las tres promesas que Dios hizo desde la cima de la escalera. Había una más, quizá la más importante, recordemos que la tercera promesa era referente al Salvador. Y con el tiempo, el Salvador llega.

Cuando el Salvador llega, un israelita sin engaño está durmiendo, así como Jacob en el pasado. Quizá está más cómodo, ya que en lugar de una almohada de piedra ha encontrado una higuera para tomar una siesta. No hay un sueño especial para Natanael aquel día. Pero después de que se despierta, oye la palabra del Señor por medio de Felipe: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret”. El descendiente prometido a Jacob ha nacido, está vivo, ha descendido hasta nosotros. La promesa se ha cumplido.

A diferencia de Jacob, Natanael no tiene miedo, de hecho, no está impresionado en lo más mínimo, más bien es escéptico. “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?”. La imagen de Dios mirando hacia abajo en la parte superior de la escalera es aterrador. Pero el pensamiento de que él provenga de Nazaret, denigra la idea del Salvador esperado y lo coloca mucho más abajo de lo que se puede imaginar una persona respecto a Dios. La respuesta al escéptico no se hace esperar “ven y ve”.

Como hemos escuchado en la lección de Evangelio, Natanael cree en Jesús. ¿Por qué? Porque Jesús le dice a que “antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Por eso, Natanael llama a Jesús Hijo de Dios, Rey de Israel. Pero esto es apenas el comienzo, Jesús le dice que verá cosas mayores: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”.

De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre. Jesús le dice a Natanael que él verá la escalera de Jacob. ¿Cuándo ocurrió eso? Son contadas las veces que en el Nuevo Testamento los cielos se abren y Dios habla desde arriba, desde lo alto, mientras el Hijo de Dios esta abajo, en la tierra, en la base de la escalera. Una de ellas es el Bautismo de Jesús, pero Natanael no está allí.

Otra es la Trasfiguración, pero Natanael no está allí. Pero Jesús habla de un acontecimiento que Natanael verá, habla de cuando el cielo será abierto para Natanael. Habla de la cruz.

Las puertas de cielo han estado cerradas para el hombre desde la Caída de hombre en pecado y los pecadores han quedado fuera a causa de sus maldades. Había sólo una forma para que las puertas se habrán de par en par otra vez: Un sacrificio perfecto debía ser realizado. Y Jesús ha venido a hacer ese sacrificio perfecto.

La cruz es lo único que Natanael verá con similitud a la escalera. Dios está en la cima de esa escalera, juzgando a Su Hijo por el pecado y la culpabilidad de todo el mundo. Y Dios, también, está en el fondo de la escalera, sufriendo por los pecados de mundo en las manos de su Padre. Por su sacrificio perfecto, las entradas de cielo son abiertas para todo el mundo, para todas las naciones.

Después de su resurrección, Jesús dará las llaves del reino de los cielos y enviará a Natanael y al resto de los apóstoles al mundo, a todas las naciones. Por estas llaves, las puertas del cielo abiertas para todo el que crea.

Dios en la parte superior y la inferior.

Continuamos con la iglesia apostólica, haciendo uso de esas llaves para abrir las puertas del cielo. Es un mensaje que este mundo desesperadamente necesita oír, porque los que sufren por sus pecados en este mundo están distantes de Dios, y eso es peor que tener una piedra de almohada. Estamos, inevitablemente, en un mundo de enfermos y de culpables, lleno de depresión y pena. Como cristianos en este mundo, seguramente tendrás tu parte en estos problemas, también, junto con los problemas vienen los problemas de insomnio, preocupación y desesperación.

Sin importar como se quieran disimular los hechos, éste mundo se está muriendo y lo reconozca o no tiene una gran necesidad de salvación, porque por nosotros mismos no hay nada que podamos hacer. A este mundo es que proclamamos cosas mayores que las que se ven o compran. Proclamamos que Dios está arriba, en el cielo, y abajo, en la tierra, con nosotros. Damos fe de que el Dios todopoderoso, el Creador de cielo y tierra, se hizo hombre y murió para redimir a la humanidad. Este Dios de arriba se hizo hombre y vivió en la tierra al pie de la escalera, en este mundo. Él sufrió el juicio de todos los pecados de todas las personas, antes de que se resucitase y enviase a predicar el perdón de los pecados a todos quienes creen en él.

Esto es el Evangelio, la Buena Nueva y la mayor cosa que proclamamos a este mundo. Y aquí está el problema: Por el pecado, las personas o quieren a Dios arriba o Dios en la parte inferior. Pero no quieren a Dios en ambos sitios. Éste es la falsa doctrina que Juan busca refutar a lo largo de su primer capítulo y de su Evangelio y epístolas. Este es un pecado que está muy generalizado en el mundo de hoy.

A algunas personas les gusta tener a Dios solo arriba: Lo predican sólo como todopoderoso, omnipotente, glorioso y fuerte, como si mirara con desprecio a este mundo y a ti. La idea está en que si Dios es tan glorioso, poderoso y fuerte todo el tiempo, las vidas de sus seguidores deberán ser gloriosas, poderosas y fuertes.

Suena atractivo, pero esto no conduce a buen camino, mucho menos al camino de la salvación.

¿Por qué? Porque si Dios es tan glorioso y santo, tenemos que resolver que hace un Dios así con nuestros pecados. Una solución es caer en una arrogancia suprema, donde el Dios Todopoderoso cumple con nuestras reglas y exigencias constantemente. Esto puede sonar absurdo, porque lo es. Pero no deja de ser real en muchas personas e iglesias. Es una enseñanza que prevalece en nuestros días, muchos afirman que Dios es genial y es todo amor y cualquier cosa que creas acerca de él es cierto. Él te ama simplemente así como eres y quiere que seas feliz. Por consiguiente, hagáis y creáis cualquier cosa que quieras acerca de Él, que Dios estará encantado contigo. Todos los caminos conducen al cielo. Aquí la escalera de Jacob es un ascensor llevando a todas las personas a la eternidad, no importa en lo que crean. El Señor es tan santo y poderoso que él te dice “seré cualquier cosa que los pecadores quieran que yo sea”. Es como crear un Dios a la conveniencia de cada persona.

Francamente, ésta son las cosas de religión moderna, pero esto es ridículo para alguien que toma en serio a Dios.

La otra solución es el miedo. Dios todopoderoso, santo coloca los estándares de vida para su iglesia y será mejor que estés a la altura de ellos. Aquí tienes que poner manos a la obra. La escalera de Jacob va a ser una subida muy larga, extenuante para ti. Cada escalón hacia arriba es una obra, pero cada pecado es un escalón hacia abajo. Así que tienes que ponerte en marcha y quizás consigas llegar. Es lo que dicen.

Pero la Palabra de Dios nos dice que esto es imposible de lograr, y si no mira tu propia realidad, ella también te dirá que no.

Esto es lo que qué pasa si Dios está sólo arriba: Las personas te enseñarán que él es permisivo y te ama simplemente como eres o que él es estricto y exigente y por lo tanto inaccesible. Pero esto no es de gran consolación para ti cuando estés en enfermo, combatiendo con tu culpabilidad, en medio de una depresión o consternado, o algo semejante. Esto no te ayudará en nada, al contrario causará más incertidumbre y miedo.

Estas condiciones rápidamente destruyen el cuento de hadas de que el Dios todopoderoso está contento contigo tal como eres. Y si él es tan estricto y exigente, ¿qué harás para ganar su favor cuando estés enfermo y desanimado?

No, cuando eres avasallado por la condenación que trae tu pecado, por la depresión, la enfermedad o la pena, el Dios solo de arriba no es consolación. Por esto es que proclamamos algo más que un Dios todopoderoso en cielo: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto”.

Si no les gusta ver a Dios arriba, muchas personas intentan ver a Dios solo abajo. A menudo se enseña que Jesús es un buen amigo, antes que cualquier otra cosa.

Por lo cual es un ejemplo y un modelo a seguir por sus discípulos. Y, al ser una persona estupenda, él no se pone en posición de juez, para juzgar los estilos de vida de las personas. Otra vez, esta postura nos abre dos caminos, que no ofrecen la salvación.

Así como con Dios solo arriba, este camino lleva a crear una falsa moral, enseñando que puedes hacer cualquier cosa que quieras. Como Jesús es su buen amigo, sabe de sus debilidades y de sus fracasos, y sabe qué tan débil eres y cuán duro intentas agradarle, él no va insistir en que seas perfecto o un santo. Por consiguiente, tu tarea es seguir intentando mejorar. Debes hacer lo que creas más conveniente para ti, ya sea que el Señor llame a eso pecado o no. Simplemente mantente intentando subir por la escalera de Jacob como puedas, porque Jesús es tu amigo. Craso error el de esta postura.

Tal vez un Dios cercano te induce a tener miedo. Si Jesús es simplemente un buen amigo y ejemplo, ¿qué tiene que ver Él con mi salvación? En esta postura la salvación es decisión suya, así que es mejor poner manos a la obra. Continuar escalando escala de Jacob en los pasos de Jesús, y seguros iremos por buen camino.

Esto puede parecer sensato en un buen día, pero no es de consolación cuándo la realidad nos muestra nuestra culpabilidad, enfermedad, depresión o pena. Otra vez, tales sufrimientos rápidamente corroen el pensamiento de que Jesús es justamente es un buen amigo. Cuando sufres tal tribulación, el esfuerzo de intentar seguir su ejemplo será más que imposible.

Eso es el por qué proclamamos algo más que Dios solamente como amigo: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto”. Esto es cierto y es literal. Los cielos están abiertos para ti hoy. El Hijo de Dios puso los pies sobre la tierra y se hizo hombre. Él vivió una vida perfecta para y por ti, luego fue a la cruz y sufrió la furia de Dios por tus pecados. Por su muerte, él abrió las puertas del cielo para el mundo. Y cuando le dio las llaves del reino a los apóstoles, abrió esas puertas para ti.

En tu Bautismo, fuiste lavado con agua y la Palabra, en nombre del Dios Trino. El cielo y la tierra se juntaron en estas Palabras, y allí Dios declaró: “Por el bien de mi Hijo amado que fue a la cruz por tí, eres ahora heredero e hijo amado en el reino de los cielos. Quizá sufras en tu peregrinaje en el mundo, pero tu destino es cierto y la vida eterna te aguarda”. Esto es cierto para ti, Dios en el cielo y en la tierra es quien te lavó por completo de tus pecados con agua terrenal y la Palabra divina.

En la Absolución, Dios te declara que ere perdonado de todos tus pecados. Si eres perdonado, la entrada al cielo no está cerrada para ti, está abierta de par en par.

En la Cena de Señor, el cielo y la tierra se juntan otra vez. El Hijo de Dios te da su cuerpo y su sangre para el perdón de todos tus pecados. Esto es una anticipación de la fiesta por venir, cuándo Cristo venga a buscar a los suyos y el pecado, la muerte y el diablo sean destruidos y no tengan influencia en ti. Allí cantaras con ángeles, arcángeles y toda la corte celestial al glorioso Señor del Universo.

Ésta es tu consolación en la culpabilidad, en la enfermedad, en la pena y en la depresión. Tales sufrimientos en el corazón son el resultado del pecado, confirmaciones de la realidad de que en este mundo, aparte de Cristo, estás en el punto más bajo y no puedes hacer nada para subir. Así es que Dios desde arriba ha ido para al fondo para redimirte de tus pecados. Y ahora él abre cielo para ti. Él te ha confirmado para la vida eterna.

Es difícil ver que los cielos se abren, especialmente en los sufrimientos o dudas. No obstante, después del sueño, Jacob sólo vio una piedra de una almohada. Natanael vio sólo a un hombre de Nazaret. Pero aun si los cielos llenos de los nubarrones más oscuros, estamos seguros de que el cielo está abierto, porque has sido perdonado de todos tus pecados en nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén.