lunes, 18 de mayo de 2009

6º Domingo después de Resurrección.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Escogidos por Dios”

Textos del Día:

Primera lección: Hechos 10:34-48

La Epístola: 1 Juan 5:1-8

EVANGELIO DEL DIA

Juan 15:9-17 9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. 12 Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. 16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 17 Esto os mando: Que os améis unos a otros..


Sermón

“¿Ah, trabajas en eso? Cada vez son menos ¿No?”. “No te ofendas, pero yo no creo en esas cosas, me parecen totalmente ridículas y pasadas de moda”. “Para mi son todos iguales, a todos les
interesa el dinero y lavarte la cabeza para que sigas fielmente las doctrinas que enseñan”. “Yo no creo, no porque no quiera, sino porque dentro de la iglesia hay muchísimos hipócritas”.

Estas son algunas de las frases con que me he encontrado últimamente, no solo por decir que soy pastor de una Iglesia, sino simplemente al decir que soy cristiano. Sin duda que en esta sociedad, que no solo es postmoderna, sino que además es postcristiana, tú y yo somos una raza extraña, aparentemente en extinción, más propios de un museo, si es que aún no se consideran a los edificios eclesiásticos como tales, a gente común y corriente que anda por la vida.

Por otro lado, aquellos que tienen inquietudes espirituales no tienen mucha idea de religiones.

Una persona al verme con un alza cuello me preguntó si era un pastor Pentecostal. Otra quiso saber a qué sector del catolicismo pertenecíamos ya que me había visto con el alza cuello. Sin mencionar a quienes preguntan si los luteranos somos cristianos o somos alguna nueva religión que ha surgido ahora o tenemos algo que ver con la cienciología.

El otro día encontré una frase que me ha hecho pensar en todo esto, una persona dijo “es un lujo ser comprendido”. Incluso dentro del mundo evangélico somos vistos de manera rara. Es así que creo que como luteranos, no podemos dejarnos encasillar y creer que somos “una raza extraña”, antes que vernos como bichos raros en este mundo y recluirnos en lo que se piensa de nosotros, lo más importante es saber quiénes somos. Ante esta sociedad que exige respuestas de todo, es necesario saber porqué somos cristianos y cuál es la confesión de fe específica que nos identifica.

Que por ejemplo NO enseñamos que los luteranos somos los únicos que van a heredar el cielo. De hecho, consideramos que cualquier iglesia que se crea que es el único camino al cielo está divulgando y sosteniendo una gran mentira. Y que SI sostenemos que dondequiera que la Palabra de Dios es leía, oída o proclamada, allí Dios puede tener personas, de hecho lo hace, que integran su Iglesia.

Entonces ¿Qué nos hace distintos a las otras religiones? Brevemente, aunque parezca reiterativo y no se vean diferencias sustanciales con el resto de los protestantes, nosotros enseñamos que somos salvos por la sola gracia de Dios a través de la fe en Cristo, quien ha pagado completamente por todos nuestros pecados y los del mundo entero en la cruz. Ésta es una doctrina central en la Biblia. Al mismo tiempo, puede sonar similar a los católicos romanos, enseñamos que los Sacramentos son los medios de gracia por los cuales el Señor nos da el perdón completo y total de todos nuestros pecados y nos reafirma en la fe. Ésta, también, es una doctrina Bíblica.

Crea en estas dos enseñanzas y no estará lejos de ser luterano, pero si estará distante de los otros cristianos que estén a su alrededor. Algunos se plantean que estas diferencias doctrinales deberían ser minimizadas, desestimadas e incluso ignoradas en pro de la unión entre las religiones. En ocasiones uno se pregunta, si esto que Dios nos ha dado de pertenecer a una iglesia que tiene sus creencias escritas es una gran bendición.

Considero que esto de tener un cuerpo doctrinal escrito es una gran tranquilidad para ti y para mí y a pesar de que muchos lo nieguen, todas las religiones tienen sus doctrinas, sean escritas o verbales, incluso aquellos que dicen vivir su religión de manera individual.

A diario estamos expuestos a muchos tipos de inseguridades, temores y desilusiones. En esto cada uno tiene su propia experiencia. Últimamente parece que los virus están de moda, y no me refiero solo a los que atacan los ordenadores, sino no nos llegan por medio de las vacas locas, vienen volando con la gripe aviar y sino también llegan volando de México pero esta vez tiene el nombre de gripe porcina. Si salimos de viaje, tener un accidente en la carretera o cualquier incidente. Si trabajas, está la tensión de perder el empleo. Los jóvenes están preocupados por su aspecto general, no quedar fuera de la moda, tener algo de popularidad. Si bien la crisis económica ha frenado los divorcios, pero no quita que en casa haya problemas, peleas y tensiones constantes, agresiones. Sabemos de la soledad, aunque estemos rodeados de personas, nuestro interior muchas veces experimenta ese vacío de tener a alguien con quien compartir los vaivenes de la vida. Ni que hablar de llegar a fin de mes y las deudas que nos crispan los nervios y nos quitan el sueño.

A todos estos motivos seguramente podrá agregar con facilidad muchos más a esta la lista. Es así que en apariencia nuestras vidas no son muy distintas a la de quienes nos rodean y no creen en Dios. Ya al salmista sus enemigos y escarnecedores le hacían una pregunta que más de uno habrá recibido: “¿Dónde está Tu Dios?” Salmo 42.10. Con la presión de esta pregunta por parte de quienes nos rodena o incluso sin ella nuestro viejo hombre fácilmente hará que nos preguntemos: “Con todos estos problemas, ¿será que realmente Dios me ama? ¿Cómo puedo estar seguro de su compañía y amor?”

¿Qué os parece?

Las deudas, las enfermedades, los problemas familiares, la adolescencia, las dudas, los amores no correspondidos, las frustraciones, los desengaños, el futuro incierto, lo que dicen u opinan de nosotros. Lamentablemente nada de esto nos ayuda, sino que nos expone ante el resto de la humanidad y hace que seamos cuestionados sobre la fe que tenemos, la esperanza que abrigamos de que Dios es nuestro socorro. Sin duda estas situaciones pueden conducirnos a una crisis espiritual: “si Dios me ama, ¿por qué me pasa lo que me pasa?” O “todos saben que soy cristiano, pero continúo haciendo cosas tontas por medio de las cuales las personas ponen en duda la veracidad de mi fe, y me pregunto si en realidad soy cristiano. ¿Qué decir o creer en estos casos?

Si oyes las voces populares o incluso a tu voz interior, la respuesta será algo como esto: “Tu puedes tener la seguridad de que eres un cristiano al que Dios ama si aceptas a Jesús como tu Salvador y Señor. Si has tomado esta decisión hacia él, puedes estar totalmente seguro de que Dios te ama”. Estas palabras suenan muy bien, hasta podrías recibir textos bíblicos que afirmen que así debe ser, pero creo que hay que tener cuidado con esta afirmación. Porque tarde o temprano, vas a fallar y cometer algún pecado, porque el viejo hombre que llevamos dentro no va a dejar de trabajar en nosotros a fin de que caigamos en pecado. Allí es cuando nos llevará a pensar: “¿Porqué es que hago estas cosas? Pensé que había aceptado a Jesús, pero ahora veo que no, porque lo he rechazado al pecar. ¿Será que lo he aceptado realmente? ¿Fui totalmente sincero en mi decisión, o solo fue un sentimiento momentáneo por miedo a ser castigado?”. Si perseveramos en esta manera de pensar y creer lo más razonable que se nos dirá será algo como: “Bueno, debes aceptar a Jesús otra vez. De esta manera podrás estar seguro de tu fe. Pero esta vez ten cuidado de esta totalmente seguro”.

Esto se convertirá en un círculo vicioso: porque toda persona que base su relación con Dios por medio de su “aceptar a Jesús”, andará bien para algunos días. Luego volverá a cometer algún pecado y nuevamente determinará que no ha aceptado a Jesús lo suficiente como para mantenerse fiel a su Señor. Así que tendrá que tomar una y otra vez esta decisión. Porque pecará una y otra vez contra Dios. Es así que muchos viven en un péndulo espiritual, preguntándose constantemente si tiene realmente lo que se necesita para ser un cristiano verdadero o peligrosamente intentando negar sus pecados y malas inclinaciones. Este problema se sumará a todos los demás problemas que hemos mencionado, así que no solo nos vemos agobiados por los problemas cotidianos, sino que ahora le sumamos un problema eterno, que tiene que ver con el amor de Dios y nuestra relación con él.

Es el problema inevitable si uno enseña sólo la cruz, pero no el camino de la Gracia. Quedamos como los soldados romanos que echaron a suerte la túnica de Jesús, estaban cerca de la cruz pero muy lejos del Salvador. Por su muerte en la cruz, Jesús ha pagado por todos los pecados, por aquellos que parecen insignificantes y por aquellos que parecen terribles. Pero para muchas personas no hay medios de gracia por los cuales Dios nos confiera su total perdón y es por ello que lo tienen que obtener por medio de sus decisiones u obras, por lo cual nunca se puede confiar que han hecho lo suficiente. Nadie puede por este camino.

La buena noticia es que hay algo mucho mejor para oír y en lo cual basar nuestra fe: la muerte de Cristo por nuestros pecados y sus medios de Gracia. Tenemos la certeza y alegría de se goza de lo que nuestro Señor resucitado nos dice: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”.

¿Cómo podemos tener la seguridad de que Dios nos ama?

En primer lugar, podemos tener la seguridad de que Dios nos ama porque Jesús murió por los pecados de mundo. Esto no ha sido una obra nuestra, sino pura y exclusivamente suya. Y si murió por los pecados del mundo y tú y yo somos parte de ese mundo, por consiguiente ha muerto por tus pecados y los míos. Así que puedes estar completamente seguro de que has sido incluido en su plan de redención.

En segundo lugar, podemos estar seguros del favor de Dios porque él es quien viene a nosotros. Él no está sentado en cielo a la espera de que tu y yo nos comprometamos con él. Muy por el contrario, él es quien se ha comprometido y viene a nosotros. En nuestro baptismo, Dios nos escogió. Él quitó todos nuestros pecados y nos unió con la muerte y resurrección de Cristo. Allí él promete ser fiel: en caso de que dudemos de la gracia dada en nuestro baptismo, si le negamos o si incluso caemos en el descreimiento, el Señor seguirá siendo fiel a sus promesas, buscándonos y llamándonos al arrepentimiento. Dios hizo todo lo que había que hacer en nuestro bautismo, y cuando Dios hace todo, eso ya es suficiente. Cuando él hace una promesa siempre mantiene su palabra.

Además, nuestro Señor, continúa haciéndonos llegar su palabra. Él no solo habla sobre perdón y espera que tu y yo lo tomemos, simplemente Él nos lo da a por medio de su Palabra. Derrama su perdón en nuestros oídos, a menos que la rechacemos abiertamente. ¿Aun haces cosas estúpidas y pecaminosas? Sí, entonces Jesús se mantiene anunciándote el perdón por medio de su Palabra, por ejemplo en la Absolución durante un Oficio. Él se mantiene dándole su perdón. Cuando les contamos a otros sobre la muerte y resurrección de Jesús para su redención, allí les da el perdón.

¿Estás débil? ¿Exhausto? ¿Golpeado? En tales ocasiones, encontrarás que no tendrás energías para apoyarte en ti mismo. Así es que él viene a ti en tu debilidad y te dice: “Toma y Come, éste es Mi Cuerpo”, “Toma y bebe, ésta es mi sangre, dada y derramada para el perdón de tus pecados”.

Tu no lo escogiste, Él te ha escogido. Y porque él te ha hecho aceptable a sus ojos, es que puedes tener la completa seguridad de que eso es suficiente. Sean cuales sean tus problemas, dudas o temores, tu situación social o económica, estas cosas permanecen inamovibles y eternas: A causa de nuestros pecados, nunca podríamos escoger a Dios, y tampoco podríamos confiar en nosotros mismos para cumplir con su voluntad de manera perfecta. Pero también es cierto: Él nos ha escogido. Él ha muerto en la cruz por nuestros pecados. Él ha resucitado para asegurarnos que la vida eterna es una realidad para nosotros. Él viene a nosotros los medios de gracia que escogió:
Palabra y Sacramentos.

Hay muchas cosas de las cuales no estaremos seguros en esta vida, pero si podemos estar seguros de esto: tu eres un hijo de Dios, porque él te ha escogido y sellado esta realidad en tu bautismo, además de que eres perdonado de todos tus pecados en nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén

Un abrazo en Cristo. Atte. Gustavo Lavia. Pastor.