domingo, 24 de mayo de 2009

7º Domingo de Pascua.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Unidos en Cristo, proclamamos fielmente”

Textos del Día:

Primera lección: Hechos 1:15-26

La Epístola: 1 Juan 4:13-21

El Evangelio: Juan 17:11-20

Juan 17:11-20 17:11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 17:12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 17:13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 17:14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.17:15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 17:16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17:17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 17:18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 17:19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 17:20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,

Sermón

Cristo no está en el mundo

Ante de afrontar la muerte en la cruz, Jesús se detiene a orar pues sabe que partirá de este mundo. La resurrección de Cristo en cuerpo glorificado hace que el Señor ya no esté en este mundo en la manera y forma que lo estuvo con sus primeros discípulos. Esto no debemos confundirlo con la presencia de Cristo entre nosotros. Él abandonó, en su glorificación, el espacio físico que ocupaba en términos humanos, pero aún está con nosotros así como lo prometió: “donde haya dos o tres reunidos en mi nombre allí estaré”, “por mi parte yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Cristo está presente en su pueblo a través del Bautismo, donde “somos revestidos de Cristo”, en la Santa Cena donde realmente comemos y bebemos su cuerpo y sangre bajo el pan y el vino, y está presente dónde la Palabra es anunciada. Jesús es el “Emmanuel”, el Dios con nosotros.

Cristo ora porque su presencia sería distinta a partir de la resurrección y esto podría asustar y desconcertar a sus discípulos. El Señor prevé todo y antes de emprender el camino a la cruz tiene fuerzas y piensa en los que dejaría aquí en la tierra. ¡que maravilloso Cristo! Piensa en todos los detalles necesarios que atañen a nuestra vida. Y como el Señor no tiene intención de sacarlos de momento de este mundo, necesita que sean guardados, protegidos, y que tengan gozo aún en medio de los problemas y sufrimientos que les sobrevendrían para realizar la tarea que se les encomienda.

Cristo se presenta en oración al Padre

¿Por qué oraba Cristo al Padre?

¿Por qué busca la voluntad del Padre en la oración y no hace lo que quiere? La unidad de Dios es indiscutible. Son tres personas y un solo Dios. No hay mentiras ni engaños, ni rivalidad, ni contradicción en Dios. Lo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desean es exactamente lo mismo. Sin embargo el Dios hecho hombre renuncio a su gloria, como dice Filipenses 2, para hacerse obediente hasta la cruz y cumplir perfectamente la voluntad del Padre. Por lo tanto se sometió incluso en oración. Cristo era igual en todo a nosotros pero sin pecado, y por eso en el Getsemaní enfrenta un momento mucho más difícil que el nuestro a la hora de enfrentar la muerte, ya que nosotros merecemos morir aunque no queremos, sin embargo Cristo no había hecho nada que mereciese ese castigo, y en su muerte asumiría todo el peso de la ira de Dios sobre él. Por lo tanto ora apelando a que se haga la voluntad de su Padre. ¿Cuánto más nosotros deberíamos buscar la voluntad de Dios y no la nuestra?

Cristo hizo todo lo que estaba escrito “para que se cumpliese la escritura”, a fin de cumplir la perfecta voluntad del Padre, por la cual él se había hecho hombre. Por lo tanto entre Cristo y el Padre no hay diferencia de pensamiento o voluntad, Cristo ha venido a hacer la voluntad del Padre.

¿Por quien ora Cristo?

En esta ocasión el Señor intercede por sus discípulos. Ellos son los que el Padre le dio, y a los cuales le fue revelado el “nombre de Dios”, es decir a Dios mismo. A estos discípulo guardó Cristo mientras estuvo caminando a su lado, pues ellos fueron escogidos para propagar la verdad de Dios. Estos discípulos recibirían poder de lo alto, el Espíritu Santo, quien los inspiraría para escribir la Palabra, la cual Dios conservaría en las escrituras del Nuevo Testamento para que nosotros podamos hoy conocer la verdad que nos hace libres y ser también discípulos del Señor. Por lo tanto la oración de Cristo se proyecta hasta nosotros y aún hasta el fin del mundo al decir: “Pero no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (vrs. 20)

¿Para qué ora Cristo por sus discípulos?

Jesús en su omnisciencia sabe de los peligros a los que se enfrentarán sus discípulos. Satanás como un león rugiente andará buscando a quien devorar. Habrá sectores no cristianos de la sociedad que se opondrán abiertamente al cristianismo. Sufrirán persecución. Habrá intento de divisiones en el seno de la iglesia por falsos profetas que intentaran introducir falsas doctrinas. Y como si no fuera poco habrá apostasías como la de Judas. Todo esta presión y dificultad pronto desanimaría a cualquiera. Pero el plan de Dios incluye a estos discípulos para realizar su obra y por eso ahora los vuelve a encomendar al cuidado y protección del Padre para que él los guarde en la unidad. El Señor intercede para que estén unidos, para que sean uno en él, bajo el nombre de Dios y la verdad de su Palabra. ¡Que Dios nos guarde también a nosotros!

El gozo aún en la aflicción

Vista la difícil situación que les espera a los discípulos, poco lugar podrían encontrar para el gozo humano. Sin embargo ni la persecución, ni la apostasía pueden ser un obstáculo para vivir en el gozo de Cristo. El gozo de Cristo está en cumplir la voluntad del Padre al desarrollar su obra de amor en beneficio del ser humano caído en pecado. Los seguidores de Cristo vivimos en su gozo cuando disfrutamos de su obra de perdón y somos consagrados a la misión que Jesús nos ha encomendado, ya que ahí encontramos sentido para nuestra permanencia en este mundo. El gozo es uno de los nueve frutos que produce el Espíritu Santo en la vida de los creyentes. Es el mismo gozo que vivió Cristo al realizar la obra de amor y misericordia. Es el gozo de la fe que permanece en la adversidad. Y Cristo oró “para que tengan mi gozo completo en sí mismos” (13)

La Palabra de verdad en la que son santificados

Cristo conserva a estos 11 discípulos iniciales. La santificación es la separación que Dios hace de algo para una tarea especial. Dios, por medio de su Palabra de verdad los saca de la ignorancia y la mentira para darles vida en Cristo al hacerles conocer la obra redentora. Conocer la verdad los hace libres y por lo tanto están separados de aquella esclavitud que los mantenía cautivos. Cristo pide al Padre que los conserve en esta palabra de verdad, pues así como Cristo fue enviado al mundo para realizar la obra del Padre, ellos ahora son enviados también al mundo para predicar esta palabra de verdad que trae libertad.

No somos del mundo

La palabra mundo tiene dos connotaciones distintas en la Palabra de Dios. Una se refiere a la creación de Dios en general y abarca a todos los seres humanos del mundo a lo largo de la historia de la humanidad. De este mundo habla Dios en Juan 3:16. Dios ama a sus criaturas. Pero también la palabra “mundo” es aplicada al sistema de autoridad y poder que está bajo el control del príncipe de maldad que es Satanás. Y en este sentido se nos habla en Juan 17. Los cristianos ya no pertenecen a este régimen, porque fueron “santificados” por Cristo, apartados de ahí, para vivir bajo su gobierno y autoridad.

“Jesús no los saca del mundo porque tiene una tarea para ellos”

Pero Jesús no saca a sus discípulos del mundo ¿Qué significa esto? No somos, pero estamos.
Convivimos con un reino de maldad, pero no pertenecemos al él. No porque no sigamos haciendo el mal, que también lo hacemos, sino porque Cristo es nuestra justificación y nuestra santificación.

A su vez Cristo declara que no pertenecemos a esta forma de existencia para siempre ya que es temporal. Estamos de paso, somos peregrinos. Pues nuestra verdadera ciudadanía está en los cielos.

Todo ser humano es creación de Dios y humanamente no hay diferencia. Y todos nacemos bajo la misma condición humana: “lo que nace de la carne carnes es”. Y “no hay diferencia por cuanto todos pecaron”. Sin embargo Dios nos ha hecho “nacer de nuevo” y esto es por el agua y el espíritu y por su palabra. Nos ha dado la fe por la cual nos apropiamos del perdón que Cristo logro para todo ser humano al morir en la cruz. Cristo nos liberó de las cadenas del pecado, la muerte, el diablo y el mundo. Ahora le pertenecemos a él. Él nos compró con su sangre. No somos más propiedad de este mundo corrupto. Aunque estamos en el mundo y sufrimos la corrupción y generamos corrupción. No debemos perder de vista jamás, que aún estamos en la carne. Nuestra naturaleza pecadora sigue luchando contra el espíritu. Por eso Cristo pide que Dios nos guarde.

No debemos olvidar de dónde venimos. En el versículo 6 dice “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu Palabra”.

Todos pertenecemos al mundo, y es de ahí de donde Dios nos saca y no por mérito propio o porque Dios haya visto algo bueno en nosotros sino por gracias. Por lo tanto el mundo es el lugar de dónde Dios llama a las personas y les da la fe. Jesús lo dejó claro al decir que “no ha venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Por lo tanto cuando nos referimos al mundo no debemos hacerlo despectivamente, pues Dios no lo ha hecho así. Las personas “del mundo” o que no son cristianas, son creación de Dios a la cual él ama y desea salvar. Y es de ahí donde llama y da nueva vida. Nosotros estamos en este mundo para ser instrumentos para este propósito de Dios.

La iglesia de Cristo está aquí y estará hasta el fin para ser sal y luz de este mundo.
No es que no somos de este mundo por ser mejores que los demás, es porque Cristo es quién nos ha dado vida cuando nosotros estábamos muertos. Por lo tanto no hay jactancia, ni vanagloria. No podemos mirar despectivamente ni con superioridad a quienes no creen en Cristo, sino imitar a Cristo y ponernos como siervos al servicio de la voluntad de Dios, la cual es que todos vengan al conocimiento de la verdad. Dios quiere obrar fe por la “locura de la predicación”, porque Dios amó al mundo, a tal punto que envió a su hijo a morir. Cristo no vino en aquella ocasión a condenar al mundo, sino a salvarlo.

Modelo de unidad

Cristo ora al Padre para que sus discípulos estén unidos. Él retornaba al Padre y esto podría traer disensiones que terminen en divisiones. El Señor sabe que permanecer en la unidad es un camino difícil lleno de trabas humanas y diabólicas. A Causa de nuestro pecado, egoísmo, orgullo, etc deseamos imponer nuestra voluntad. Aún siendo discípulos de Cristo tenemos nuestros desacuerdos. Por eso es imprescindible saber que significa la unidad que Cristo desea para nosotros y dónde se da. Así podremos trabajar en ella y por ella.

Nuestro corazón desea la unidad al igual que Cristo y acudimos al igual que él en oración para que Dios “nos guarde en su nombre” para que seamos “uno”. Pero ¿en qué debemos ser uno?

¿Qué es ser uno? Cristo nos lo aclara: el modelo de esta unidad debe basarse en la unidad que hay entre el Padre y el Hijo. Es decir que sean “uno, así como nosotros”. El modelo de unidad por el cual ora Cristo es la unidad que hay en Dios mismo. Y en Dios Trino hay un acuerdo perfecto de voluntades puesto de manifiesto en la Palabra de verdad.

Los cristianos debemos desear, pedir y buscar como Cristo la unidad. Sabemos que en una casa dividida hay peligros de ruptura. Pero la unidad debe ser al estilo del Padre con el Hijo. La unidad se da en la voluntad de Dios declarada en su Palabra. Si hay desigualdad doctrinal, debemos cuidarnos de no forzar la fidelidad a la palabra en nombre del la unión, pues el fundamento de la unión es la Palabra de Dios. En ocasiones es fácil confundir el deseo de unidad con el unionismo a costa de cualquier cosa. Cristo ora para que Dios nos guarde en la unidad que él había dado a sus discípulos. “han guardado tu palabra” (6), “porque las palabras que me diste les he dado” (8) ”yo les he dado tu palabra” (14) “Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad” (17).

No podemos buscar y trabajar sobre la unidad en cosas periféricas. ¿en que basamos nosotros la unidad?

La Palabra de Dios es verdad. Y no hay contradicción en ella. Eso nos da plena seguridad. Pero no hay que perder de vista que esa palabra de verdad es justamente la que Satanás intenta distorsionar, anular o contradecir en nuestras mentes y corazones como lo hizo con Adán y Eva. ¡Que Dios nos guarde!

Estamos en el mundo
Tenemos una misión.
En ocasiones los cristianos agrupados en congregaciones perdemos el rumbo y nos desorientamos. Perdemos valioso tiempo, esfuerzo, recursos en cosas ajenas a la Palabra de Dios. Cuando no tenemos claro lo que creemos ni lo que tenemos que hacer quedamos “ociosos de espíritu”. Inventamos leyes para aplicar a los demás, nos peleamos, etc. Buscamos caminos de “santificación” haciendo cosas y más cosas que no sirven para nada. Nos aislamos del “mundo” para “no contaminarnos” y creemos que eso es “santificación”. Pero lejos de esto está la santificación de la que habla Cristo, pues él declara que el acto de santificar pertenece a Dios, quien es el que nos santifica. Esto es: nos aparta para un trabajo especial y distinto. Este trabajo se da en este mundo hostil y por lo tanto no nos quita de aquí. Su iglesia debe permanecer fiel en este mundo y no distraerse con tonterías porque su misión requiere tener claro quien es y para qué está. La Palabra de verdad es la fuente de nuestra santificación. Cristo dice “santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad”. La palabra es la fuente que usa el Espíritu Santo para llevarnos “a toda verdad”. Por la fe que se nos ha dado ya hemos sido santificados, consagrados, hechos nuevas criaturas en Cristo y permanecemos en este mundo para anunciar la Buna Noticia. Los miembros de la iglesia de Cristo nos vamos relevando en el tiempo. Nos vamos pasando la posta, que es la Palabra de verdad, de generación en generación para que siempre se predique la obra de Jesús.

Cristo ha orado por ti y por los que vendrán

En esta oración que el Señor eleva a Padre estabas incluido tu y yo. Somos los que “hemos creído por la palabra anunciada por los primeros discípulos”. ¡Que bendita perspectiva! Es hermoso saberse ya previsto y parte de aquella oración que Cristo hizo. Pero la historia de la salvación no termina en ti, cuando el Señor te ha dado la fe, sino que se extiende en este tiempo de gracia a los que creerán. ¿Quiénes son? Pues ni tu ni yo lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que Dios sigue obrando fe por la predicación de su Palabra. Y para ello envía su Espíritu Santo. El próximo domingo es día de Pentecostés, y nos preparamos para profundizar en la obra que el Espíritu hace en nosotros día a día. ¡Que Dios nos guarde!
Pastor Walter Ralli