sábado, 17 de octubre de 2009

20º Domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Dios y nuestra riqueza”

Textos del Día:

Primera lección: Eclesiastés 5:10-20

La Epístola: Hebreos 4:1-13

El Evangelio: Marcos 10:23-31

23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: --¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron por sus palabras; pero Jesús, respondiendo de nuevo, les dijo: --Hijitos, ¡cuán difícil es entrar en el reino de Dios! 25 Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios. 26 Pero ellos quedaron aun más atónitos diciendo entre sí: --¿Y quién podrá ser salvo? 27 Entonces Jesús, mirándolos, les dijo: --Para los hombres es imposible; pero no para Dios. Porque para Dios todas las cosas son posibles. 28 Pedro comenzó a decirle: --He aquí, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido. 29 Jesús le dijo: --De cierto os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y en la edad venidera, la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán los últimos, y los últimos, primeros.

Sermón

El evangelio del hoy sigue tenemos apreciarlo como la continuación de lo sucedido entre Jesús y el joven rico en Marcos 10:17-22. En el cuál vemos cómo se este joven rico se fue afligido porque se dio cuenta de que la piedad y el intentar cumplir con los mandamientos no lo harían heredar la vida eterna ya que Jesús le mostró que el dinero era su dios.

En el texto de esta semana, Jesús usa la imposibilidad de que este joven tuvo para entrar al reino de Dios con el objeto de enseñarnos que ninguno de nosotros, rico o pobre, puede entrar en el Reino de Dios por si mismo. En lugar de esto, el Reino de Dios viene a nosotros porque nada es imposible para Dios y lo ha mostrado de manera tangible por medio de la obra de Cristo. Si somos ricos o pobres, el regalo de la fe del Espíritu Santo en la obra de Jesucristo nos hace parte del Reino de Dios ahora mismo y nos asegura la continuidad en el mismo por la eternidad.

Las palabras de Jesús en el Evangelio del hoy deberían aterrorizar a cada persona. Jesús dijo, “es más fácil para un camello pasar a través del ojo de una aguja que una para persona de dinero entre en el reino de Dios.”

En nuestra cultura hay una cierta especial admiración hacia aquellas personas que toman un voluntario voto de pobreza para servir a otros. Admiramos al doctor que deja su cómodo sitio en un gran hospital con todos los recursos para ir a asistir a los pobres en una ciudad o pueblo alejado de todas las comodidades. Admiramos a la persona que deja un buen trabajo para ir y ayudar a alimentar a los pobres en algún país en donde son más las personas que no comen a diario que las que si lo hacen. La mayor parte de nosotros admiramos el trabajo que la Madre Teresa realizó entre los pobres en India.

Hoy hemos oído que las palabras de Jesús sobre riqueza, pero estas a menudo han sido usadas para afianzar la idea de que los pobres tienen un lugar de especial en el corazón de Dios, mientras que los ricos, por el contrario, son los malvados y rechazados y acusados por este. Pero estas ideas no eran así en el primer siglo entre la gente de Israel. Por esto las palabras Jesús son más sorprendentes cuando estudiamos el papel de personas adineradas en Israel durante el primer siglo.

En la cultura Bíblica ciertamente se miraba con malos ojos a las personas que se requirieron de manera ilegal, pero a aquellos que lograron acumular una considerable riqueza a través del trabajo diligente y duro se los consideraba que eran favorecidos por parte de Dios. Los lugares de honra tanto en las sinagogas como en el cielo se pensaba que estaban destinados a personas que obtuvieron sus riquezas de manera legal y la utilizaron para ayudar a la iglesia y a la comunidad.

Los discípulos habrían pensado que los ricos honestos serías las personas que más probabilidades
tenían de entrar en cielo pues eran los favorecidos de Dios. Por el contrario, los pobres y a quienes aquejaban problemas, como Job, se creía que era por algún tipo de castigo divino a causa de algún pecado cometido, tanto por ellos o por algún familiar. De allí que al encontrarse Jesús con un ciego los discípulos preguntan “Rabí ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?” Juan 9.2.

Estas creencias hacen que las enseñanzas de Jesús en donde se comparan los pobres y los ricos sean muy sorprendentes para las personas en aquellos días. Jesús sin lugar a dudas que habrá hecho pensar a los discípulos y quienes lo oyeron cuando señaló la ofrenda de la viuda pobre y dijo “De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos éstos de su abundancia echaron a las ofrendas; pero ésta, de su pobreza, echó todo el sustento que tenía.” Lucas 21:3-4

Podemos ver la confusión de los discípulos en su respuesta para Jesús en el Evangelio del hoy “Pero ellos quedaron aun más atónitos diciendo entre sí: --¿Y quién podrá ser salvo?” ¿Si las probabilidades de los ricos equivalen a las probabilidades de ese camello, entonces quién puede entrar en el Reino de Dios? Si los ricos que han sido honestos, como el joven que se acaba de ir no pueden entrar, entonces ninguno de nosotros tiene ni siquiera chances de pensarlo.

Ninguno de nosotros tiene oportunidad de entrar. Ese es el mensaje de la Ley en el Evangelio del hoy. La enseñanza en el texto de Marcos de hoy no es que es malo ser una persona rica, sino que nadie puede entrar en el Reino de Dios con sus recursos, sean bienes materiales u obras que creemos meritorias ante Dios. Cuando Jesús dijo que los miembros más respetados de la cultura no podrían ganar su entrada al Reino de Dios, él no decía que ninguna persona rica o pobre puede tener un lugar en el Reino de Dios. Él quería enseñar que todos tenemos tantas posibilidades de entrar en el Reino de Dios por nuestros medios como las de un camello a atravesar el ojo de una aguja.

El Espíritu Santo inspiró a David a escribir, “He aquí, en maldad he nacido, y en pecado me concibió mi madre” Salmo 51:5. Jesús nos dice que “Lo que ha nacido de la carne, carne es” Juan 3:6. Pablo escribe “así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” Romanos 5:12. Pablo escribió sobre alguno de esos pecados en Gálatas y luego llegó a una conclusión, “de las cuales os advierto, como ya lo hice antes, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios” Gálatas 5:21. Todos estos versos nos revelan y hablan de nuestra naturaleza pecaminosa y nos dicen la consecuencia del mismo. Somos pecadores desde nuestra concepción y la única cosa que ocurre con seguridad es que nuestros pecados crecen y maduran, además nos ponemos más imaginativos y destructivos en la ejecución de los mismos. Como hombres es verdaderamente imposible heredar el Reino de Dios ya que los mismos nos separan de él.

Mientras que para el hombre es imposible entrar al Reino de Dios, para Dios es posible hacerlo entrar. “Para los hombres es imposible; pero no para Dios. Porque para Dios todas las cosas son posibles”. Dios es todopoderoso y él nos ama con u amor muy profundo. Porque “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” Juan 3:16-17. No tenemos los recursos para entrar en el Reino de Dios, pero el Reino de Dios tiene lo que se requiere para que nosotros entremos. No oramos para alcanzar o establecer el Reino de Dios aquí en la tierra. En lugar de eso oramos en el nuestro Padre nuestro diciendo: “Venga a nosotros tu Reino.”

El Reino de Dios viene a nosotros en el Dios-Hombre, en Cristo Jesús. En Jesucristo, Dios tomo la naturaleza humana y se humilló, estuvo viviendo con nosotros bajo la ley. En su humildad, cumplió la ley por nosotros. Pero se humilló aún más al morir en la cruz pagando así por nuestros pecados. Su muerte, la muerte de un hombre inocente perfecto y santo, hizo por nosotros lo que era imposible que nosotros hagamos por nosotros mismos: Cumplir la ley de Dios. Él lo hizo posible a fin de que el Reino de Dios esté entre nosotros y para que nosotros estemos en el Reino de Dios.

El Espíritu Santo provee el acabado final para obra de Dios en nosotros. Él hace que lo imposible sea posible. El Espíritu Santo viene junto con la Palabra de Dios. El Espíritu Santo nos da a esa Palabra de muchas maneras. Cuando leemos la Biblia en nuestro tiempo privado. Al compartirla entre nosotros cuando nos encontramos con nuestros hermanos y hermanas en la fe para aprenderla y estudiarla. Al oír las lecturas en el Oficio Divino y la saboreamos de manera especial cuando Cristo nos entrega su verdadera sangre y su verdadero cuerpo con y bajo el pan y el vino de la Santa Cena. El Espíritu Santo usa todos estos caminos para alimentar nuestros espíritus con la Palabra de Dios. A través de esta Palabra, él crea y sostiene fe en nosotros. Él nos da la fe que cree que los sufrimientos y la muerte de Jesucristo nos quita y limpia todos nuestros pecados. A través de esa fe el camello atraviesa el ojo de la aguja, es decir, los ricos y los pobres entran en el Reino de Dios por la Gracia de Dios mostrada en Jesús.

Lo que es imposible para el hombre es posible para Dios, porque es él quien puede, desea y hace realidad que tus pecados sean quitados de tu vida, sea limpio y puedas ser parte del Reino de Dios aquí en la tierra y también el día que te llame a su presencia. Porque en Cristo has sido perdonado de todos tus pecados ve en la paz de Dios y sírvelo con alegría. Comparte este gran tesoro que te hace una persona rica, un gran heredero y te llena de la paz de Dios en tu vida.

Amén

Atte. Pastor Gustavo Lavia