domingo, 14 de marzo de 2010

4º Domingo de Cuaresma.

“Cristo vencedor de Satanás”

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA

1º Lección: Isaías 55:1-7

2ª Lección: Gálatas4:21-5:1
Evangelio: Juan 6:1-15

EVANGELIO DEL DÍA

Juan 6:1-15

1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. 3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. 5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? 6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. 7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? 10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. 11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. 12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. 13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. 14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.

Sermón

Jesús preguntó una vez: "¿Qué os parece del Cristo? (Mateo 12:42). ¿Qué respuesta hallaría El a su pregunta en el día de hoy? Las opiniones expresadas sí resultarían muchísimas y de gran variedad. Se oiría, por ejemplo, que Jesús para muchos no significa nada. Sólo saben que se crió en Nazaret, y que, mientras se quedaba con sus padres, todo marchaba bien en su vida. Pero cuando se atrevió a atacar a los poderosos fariseos, lo prendieron y lo mataron. En otros círculos tratan con más consideración a Jesús. Elogian sus preceptos morales. Notan que Jesús no sólo nos ha enseñado cómo conducirnos en esta vida, sino que nos ha dejado su buen ejemplo, para que sigamos sus pisadas. Algunos aun ven en Jesús Nazareno al primer comunista, que atacaba a los ricos y se mostraba compasivo con los pobres.

¿Qué opinamos nosotros respecto a Cristo? Quisiéramos ofrecer hoy tres opiniones sacadas del relato de:

LA MARAVILLOSA MUL TIPLICACION DE LOS PANES Y DE LOS PECES.

Ahí se presenta Jesús como predicador del Evangelio, segundo, como nuestro proveedor y, tercero, como nuestro Salvador.

I

Nuestro texto nos cuenta que Jesús se fué de Galilea; en un barco cruzó el mar de Galilea o de Tiberias, y, llegado al otro lado, subió a una montaña, donde se quedaba sentado algún tiempo con sus discípulos. Pero Jesús no se podía escapar de la gente, la cual a pie siguió la ribera norte del mar y pronto llegó a donde estaba Jesús. Seguían a Jesús, "porque veían sus señales que hacía en los enfermos. "

En el capítulo anterior Jesús les había predicado un poderoso sermón. Les había enseñado: "El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna" (Juan 5:24). Les había declarado: ''Ellas (las Escrituras) son las que dan testimonio de mí" (Juan 5:39). Pero la gente de Galilea no quería oír el Evangelio. Se queja Jesús, diciendo: "y no queréis venir a mí, para que tengáis vida" (Juan 5:40). Buscaban algo para la carne. Siguen a Jesús, ''porque veían sus señales. "

Pero ¿qué tiene de raro la actitud de ese pueblo? ¿No buscan muchos hoy en día lo mismo en la iglesia, algo para la carne? Si un templo cristiano no les ofrece diversiones, no se interesan. Si el interior del templo no brilla de oro o plata, no se interesan. Si no ven ahí una asistencia numerosa, no se sienten a gusto. Si no encuentran ahí amigos y parientes con quienes puedan platicar, no les interesa el culto. ¿No diría el Salvador también a ellos, "No queréis venir a mí, para que tengáis vida"?

Y sin embargo Jesús continuaba predicando a esa gente el mensaje de la salvación, y lo hizo hasta la tarde del día. Jesús tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y les comenzó a enseñar muchas cosas" (Marcos 6:34). Además, sano a los que de ellos había enfermos" (Mateo 14: 1.4), demostrando así, como lo aprendíamos el domingo pasado, que El es el Salvador prometido (Lucas 11:20).

El fiel pastor no se desanimará al notar la mente carnal de su congregación. "Escuchen o dejen de escuchar" (Ezequiel 2:7), el fiel pastor les hablará las palabras de Jesús, o sea, el Evangelio. Así lo hizo Jesús. A las gentes que no habían venido para escuchar el Evangelio, Jesús les predica el Evangelio, para encender en ellas la fe, para salvarlas. Así es que en la primera parte de nuestro texto Jesús se presenta como predicador del Evangelio.

II

Ahora continúa nuestro texto: "Alzó Jesús los ojos y vió que había venido a él grande multitud. " Aparte del bienestar espiritual de la gente piensa Jesús también en su manutención física. Piensa en comida para esa multitud y pregunta a Felipe, uno de sus discípulos: "[De dónde compraremos pan para que coman éstos?"

Pero mientras que ese pueblo recordaba bien los muchos milagros de Jesús tal parece que los discípulos se habían olvidado de/todos. No se le ocurrió a Felipe responder: "Señor, Tú sabes qué hacer. Milagrosamente hiciste el mejor vino en las bodas de Cana. ¿Por qué no haces ahora comida para la gente en este desierto?" En vez de esto viene Felipe con su matemática y sugiere: "Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. " Es posible que ésa haya sido la cantidad que traían en la bolsa. Equivaldría a unos treinta y cuatro dólares en moneda norteamericana.

Andrés, uno de los dos primeros discípulos de Jesús y hermano de Simón Pedro (Juan 1:40),
vino con otra. Idea: Un muchacho (realmente, un muchachito) está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?" ¿Estaban de venta esos panes yesos pececillos? De todos modos Felipe cuenta el dinero. Andrés cuenta los panes y los peces. Los demás discípulos no pensaban más allá de las sugerencias de Felipe y de Andrés, pues llegado ya el atardecer, llegaron los doce a Jesús, diciendo: "Despide las gentes" (Mateo 14: 15). Los doce se dan por vencidos. La mente humana no halla solución al problema.

Pero el problema no puede ser más grande que el Señor. Ordena Jesús: ''Haced recostar la gente." Y había mucha hierba, o mucho zacate, en ese sitio, y la multitud se recostó en buen orden. Jesús optó por comenzar con aquellos cinco panes y los dos pececillos, pues pidió:

"Traédmelos acá" (Mateo 14:18). Cierto ministro describió dramáticamente ese comienzo del milagro, diciendo: "Aquellos panes no eran ruedas de carretas (en su tamaño). Eran panes del tamaño de un plato y del grosor de un pulgar. Y esos peces no eran ballenas. Eran sardinitas."

Faltan los detalles del milagro, pero sabemos de los Evangelios que Jesús repartió la comida a los discípulos, y los discípulos, sirviendo de meseros, llevaban la comida, tal vez en canastas, a la gente. Jesús seguía repartiendo, y la comida seguía multiplicándose. Y esa comida no resultó meramente una merienda o un refrigerio que les apagara por el momento el hambre. Nos cuenta la Palabra que todos tomaron “cuanto querían". Y todos "fueron saciados." Ya nadie tenía hambre. Antes de que la gente se lo rogara, Jesús había dado de comer a cinco mil hombres sin contar las mujeres y los niños que los acompañaban.

Y cuando todos estaban satisfechos, los discípulos recogieron, al mandato del Salvador, los trozos que sobraban, y recogieron doce canastas de las sobras, lo cual fué mucho más de los cinco panes y los dos pececillos que Jesús tenía a mano cuando dió las gracias y se puso a repartir la comida.

Todavía alza Jesús los ojos y nos mira. S consuela David por tanto y dice: ''Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará de mí" (Salmo 40: 17). Jehová es el Salvador hecho carne (Juan 1: 14). Todo creyente se puede consolar con David y decir: "Si Jesús piensa en mí y cuida de mí, ¿por qué he de preocuparme yo?" Nos consuela San Pedro en esta. Palabras: "Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros" (1 Pedro 5:7). Y a base de nuestro Evangelio podemos confesar con Lutero en nuestro Catecismo: "Me provee abundante y diariamente de todo lo necesario para la vida." Jesucristo es nuestro proveedor.

III

Al presenciar la multiplicación de los panes y d los peces, "aquellos hombres" creían ver en Jesús al profeta que Moisés les había prometido. Escribió Moisés: "Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios" (Deuteronomio 18: 15). Moisés en el desierto había facilitado a su pueblo pan y carne del cielo, sin que su pueblo hiciera nada. Así, soñaban "aquellos hombres", sería el profeta prometido. Al ver cómo Jesús en otro desierto les podía hacer tan milagrosamente comida en abundancia, creían ver su antiguo sueño hecho realidad.

Vieron en Jesús al rey indicado, desde luego un rey terrenal, que echaría fuera a Herodes, y a Pilato, y a César, y que haría de Israel una utopía, un paraíso, donde ya no habría trabajo, ni sudor, ni servidumbre de ninguna índole, y donde abundaría comida, ropa y toda comodidad y gloria del mundo. Idearon, pues, planes para arrebatar a Jesús y llevarlo quizás a Jerusalén, para coronarlo formalmente ahí, a la fiesta que estaba cerca.

Pero Jesús "volvió a retirarse al monte, él solo." No había venido para hacerse rey de tierras de este mundo. "Mi reino no es de este mundo," dijo a Poncio Pilato (Juan 18:36). Pero cuando se trataba de llevar una corona de espinas y de morir en la cruz bajo el título, 'Jesús Nazareno, Rey de los Judíos": Jesús de ninguna manera se retiro, sino, que se entrego de buena gana a la tarea, diciendo: 'El vaso que el Padre me" ha dado, ¿no lo tengo de beber?" (Juan 18:11). Cuando se trataba de ser rey, es decir, Salvador del mundo, entonces Jesús sí confesó: "Yo soy rey" (Juan 18:37), pues Jesús había venido a este mundo para ser nuestro Salvador.

Jesús el Cristo es y Señor,
De toda pena os librará;
Ser quiere vuestro Salvador
Que del pecado os limpiará. Amén.

ORACIÓN

Señor Jesucristo, Tú has pensado en mí y has cuidado de mí, ya antes de que yo pudiera pensar en Ti. Me has provisto de todo lo necesario para la vida. Me has concedido el don del Espíritu Santo, el cual me ha llevado a Ti y me ha enriquecido en todas las dádivas que Tú me has comprado al hacerte mi Rey salvador en la cruz. Por estos dones inmerecidos yo quiero darte las gracias aquí temporalmente y allá para siempre. Amén.

Sermón extraído del libro “Sermones sobre los evangelios históricos”