sábado, 19 de febrero de 2011

7º Domingo de Epifanía.

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Levítico 19:1-2, 17-18

La Epístola: 1 Corintios 3:10-11, 16-23

El Evangelio: San Mateo 5:38-48

Sermón

1- JESUCRISTO ÚNICO CIMIENTO SÓLIDO DE LA IGLESIA y DEL CRISTIANO (vers. 10 y 11)

Vivimos en una época en la que todo parece virtual, movedizo, cambiante, inseguro, con escasa base o fundamento. Las leyes humanas cambian, las modas cambian, los tiempos cambian. En la lectura de la epístola de hoy podemos encontrar anclajes en los que afianzarnos, en los que sujetarnos en medio de este torbellino de cambio. Fundamentos sólidos sobre los cuales edificarnos como individuos y como iglesia.

Pablo nos recuerda en los versículos 10 y 11 cuál es el cimiento, el fundamento, la raíz del cristianismo que él había llevado a Corinto. El fundamento no es otro que Jesucristo, la piedra angular.

Los seres humanos podemos inventarnos otros fundamentos, otros cimientos, otras raíces para el cristianismo pero si lo hacemos nos estamos inventando otro cristianismo diferente al de Jesucristo, sus Apóstoles y sus Profetas. Esta carta de Pablo a los de Corinto nos muestra que los cristianos siempre, incluso en el principio hemos tenido la tentación de desplazar a Jesucristo como fundamento del cristianismo.

Quita a Cristo del cristianismo y ¿Qué te queda? Una ONG, en el mejor de los casos. Priva a la iglesia cristiana de la Palabra de su Señor y ¿Qué nos queda? Un club social o benéfico.

¿En qué Jesucristo se fundamenta la iglesia? Sabemos que cuando hablamos de Jesucristo no estamos hablando de un concepto o una idea sino de una persona concreta, de Dios el Hijo encarnado, hecho hombre por nosotros, muerto por nosotros, resucitado por nosotros. No es el Jesucristo maestro de una moral superior. No es el Jesucristo revolucionario social o político. No es el Jesucristo ambiguo del liberalismo teológico. Nuestro fundamento es el Jesucristo de la Escritura, el Jesucristo que es centro de toda la Escritura, el Jesucristo que, en el Evangelio de hoy, como Dueño y Señor de la ley, levanta el listón del cumplimiento de su Santa Ley y nos explica el segundo, el quinto y el sexto mandamiento y nos muestra que el origen de todo pecado está en el corazón cuando desconfía y no ama al SEÑOR. ¿Quién mejor que Él puede explicarnos los Mandamientos? Él, antes de su encarnación dio la Ley a Moisés, es Él quien cumplió toda la ley a la perfección en sus días en la tierra, Él es el que además, fue el Cordero sin mancha muerto por nuestros incumplimientos de la Santa Ley. Este es el Jesucristo en quien nos basamos y fundamentamos: el Salvador del mundo, el amigo de pecadores, el que no vino a condenarnos, sino que vino a rescatarnos, a hacernos libres del pecado, de la muerte, del diablo y de nuestra propia naturaleza.

El Jesucristo en quien la iglesia cristiana, tu y yo nos fundamentamos, es el Jesucristo que edifica su iglesia por medio de su Espíritu Santo, que nos llama con el EVANGELIO y nos ilumina con sus dones, que nos atrae a Él por medio de su Palabra y al que no podemos acercarnos por nuestras propias fuerzas o ingenio.

2- NECEDAD DEL MENSAJE CRISTIANO

El cristianismo siempre ha parecido insensatez, pero hoy día diríamos que lo parece aún más. Y es cierto, el mensaje cristiano es verdaderamente insensato para la lógica humana, no cabe ninguna duda.

El centro del mensaje cristiano es un misterio para el mundo: la salvación, el perdón de los pecados y la vida eterna. Todos son realidades que la sabiduría de este mundo ha borrado de sus diccionarios.

El centro del cristianismo y la tarea primordial que la iglesia de Jesucristo ha de llevar a cabo son imposibles de creer si no es con los ojos de la fe. Es por eso por lo que muchos han intentado cambiarla, hacerla más terrenal, más tangible, más “práctica”. El teólogo confesante alemán Hermann Sasse afirma “Al enfrentarnos con todas las incomprensiones que el cristianismo ha sufrido y con todos los errores que han surgido en su seno, hemos de ser absolutamente claros: la tarea de la iglesia en el mundo consiste únicamente en predicar la Palabra y administrar los Sacramentos. Todas las demás funciones o actividades que la iglesia lleva a cabo como organismo vivo que es, sirven únicamente a este objetivo. Todas las demás actividades que la iglesia puede ejercer legítimamente en el mundo son subproductos de la predicación y la administración de los Sacramentos. Cristo no tuvo otro propósito al enviar su iglesia al mundo. Solamente al cumplir con esta tarea podemos reconocer la iglesia como tal”.

Para la sabiduría humana es insensato el modo como la iglesia de Cristo se extiende, incluso en muchos sectores del mundo cristiano es difícil de entender. ¿Qué poder tiene la palabra de Dios en una modesta predicación? ¿Qué poder de Dios hay detrás del Bautismo? ¿Cómo el cuerpo y la sangre del Señor se nos dan con el pan y el vino? ¿No sería más eficaz usar técnicas de marketing, espectáculos de masas o medios políticos?

Muchas veces podemos nosotros mismo caer en la tentación de juzgar las cosas según la sabiduría del mundo: ¿Cómo puedo ser cristiano con lo imperfecto que soy? ¿Cómo puedo haber sido bautizado y sentir la rebelión y desconfianza que a veces siento hacia Dios? Usamos nuestra sabiduría y olvidamos las promesas de Dios y la eficacia de su Palabra.

3-SOMOS DE CRISTO

Somos de Jesucristo porque Él nos compró con su sangre, Él es el Señor y Dueño de nuestras conciencias y nos gobierna por medio de su Palabra. No somos de nadie más, ni de Apolos, ni de Cefas. Nadie puede poner otro fundamento ni otras leyes, ni otros mandatos que los que están específicamente en su Palabra. Damos gracias al Señor por el ministerio pastoral, pedimos para que nuestros maestros y pastores sean fieles a Jesucristo y nos prediquen y enseñen con fidelidad, sin añadir ni quitar nada. Los pastores no están por encima de la Palabra sino bajo la Palabra, como el resto de los miembros. Sin embargo son los ministros llamados por la iglesia para ejercer públicamente el oficio de las llaves. No somos miembros del club de fans de este o aquel pastor pero los pastores son instrumentos de Cristo cuando con fidelidad nos traen la Palabra y los Sacramentos.

CONCLUSION

La piedra angular de nuestras vidas es Cristo. Él es nuestro Salvador que viene una vez más a servirnos su Palabra y su Cena en este oficio divino para darnos perdón y vida eterna. Vivamos fundamentados en El y vayamos con alegría a servir a nuestro prójimo con nuestras ocupaciones y compartiendo la Palabra de Verdad. Amen

Javier Sanchez Ruiz