domingo, 6 de noviembre de 2011

La Celebración de los Vivos.

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA

Primera Lectura: Apocalipsis 7:9-18

Segunda Lectura: 1º Juan 3:1-3

El Evangelio: Mateo 5:1-12

Hace una semana se celebró la fiesta de Hallowen. Fiesta en la cual las personas se disfrazan de espíritus terroríficos y predomina el color negro. En los orígenes de esta fiesta se creía que ese día los espíritus de un inframundo venían a la tierra para llevarse a los espíritus de las personas de este mundo. Así que por medio de horribles disfraces las personas evitaban que se los llevasen al otro mundo terrorífico. En el día de hoy el texto de Apocalipsis nos relata otra fiesta, una fiesta que se celebra en torno a la vida, una fiesta que comienza con nuestro bautismo y que no tiene fin.

Lo primero que nos encontramos es un grupo que está ante Dios y que no es un número pequeño, es una gran multitud. Hoy en día parece que la Iglesia está en proceso de extinción, pero en el relato vemos que en el final de los tiempos Dios tendrá un pueblo inmensamente numeroso ante Él. Están de pie delante del trono y del Cordero. Están de pie con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Esta acción de agitar las ramas sólo aparece dos veces en la Escritura: el Domingo de Ramos y aquí, en Apocalipsis 7. El Domingo de Ramos, la gente agitaba palmas cuando Jesús entró a Jerusalén montado en un pequeño burro. Gritaban: “¡Hosanna” ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Jesús iba a Jerusalén con un propósito, sabía que sería levantado en una cruz y moriría por los pecados del mundo. En el relato de hoy las ramas son similares pero todo es diferente. En lugar de la cruz, hay un gran trono. En lugar de la preparación para el sacrificio, Cristo está presente como el Cordero resucitado. En lugar de ser despojado de sus vestidos, todos están vestidos con ropas blancas que Él les ha dado. En vez de gritar, “¡Sálvate si eres el Hijo de Dios!”, todos declaran que “la salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono y al Cordero”.

¿Quiénes son estos? Están en compañía muy especial, están de pie con los ángeles alrededor del trono. También hay unos ancianos. Cuatro seres vivientes y un coro que canta “La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén”.

Se nos dice que han salido de la gran tribulación. Algunos dirán que esto se refiere a un período de tiempo especial de determinados años justo antes del fin del mundo, pero es una interpretación errada. No se puede negar que las cosas se complicarán antes del final. El Apocalipsis describe que habrá una gran iglesia que dirá ser cristiana, pero en realidad ha desvirtuado el verdadero Evangelio de Cristo, así como un mundo que rechaza completamente a Cristo y que tampoco favorecen a aquellos que se aferran al Evangelio. Algo similar a lo que sucede hoy en día. Sin embargo, una interpretación más sólida de la “gran tribulación” es creer que la vida en este mundo, desde que Adán y Eva cayeron en pecado, es el tiempo de gran tribulación para el pueblo de Dios. En contraparte, está la multitud en el cielo, que es la reunión de los que ya no están en la tierra, sino que están de pie delante del trono de Dios en el cielo.

¿Cómo ha llegado allí? Gracias a que han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero. Las vestimentas blancas y la sangre, normalmente no van de la mano, de hecho, las manchas de sangre son a menudo las peores de quitar. En este caso, sin embargo, la sangre del Cordero ha quitado toda mancha. Toda mancha de pecado de esa gente, no sólo de uno o dos, sino de toda la multitud. Ellos son santos y puros delante de Dios, sus ropas blancas, porque Cristo ha pagado hasta el último de sus pecados.

¿Dónde están? Ellos están “delante del trono de Dios”, pero el trono no está vacío. Ellos están en la presencia de Dios, con “el que está sentado en el trono”. La palabra para tienda o tabernáculo nos traslada al Antiguo Testamento. El tabernáculo fue el templo de Dios en el desierto, con el cual el pueblo de Israel viajaba hacia la Tierra Prometida. Dios habitaba con su pueblo en la habitación interior de la tienda, denominada como el lugar Santísimo. Él se ocultaba allí porque el pueblo no podía ver su gloria, ya que vivan manchados por el pecado y lo profano no podía estar cerca de Dios. Él tuvo que esconderse por el bien de su pueblo. Ahora, en Apocalipsis 7, los refugia en su presencia. En otras palabras, están dentro de la tienda, dentro del Lugar Santísimo, con Él. Eso es el cielo, es la vida en la presencia gloriosa de Dios, para siempre. Pueden estar en su presencia, porque el Cordero los ha limpiado con su propia sangre, porque Él se hizo carne y puso su tienda de campaña entre las personas con el fin de salvarlos del pecado (Juan 1.14). Ellos están en la presencia de Dios porque son santos y sólo las cosas santas pueden estar en la presencia de Dios. Esto explica por qué allí no hay hambre, sed, calor abrasador ni tristeza.

¿Quiénes conforman esta gran multitud de todas las naciones, reunidos alrededor del trono de Dios junto con los ancianos y los seres vivos? ¿Quién tiene el honor de estar tan cerca de Dios con ropas blancas, agitando palmas y cantando alabanzas al Cordero? ¿Quiénes son estos que han sido liberados de la gran tribulación, que no sufrirán más por el pecado, el dolor o las aflicciones?

¿Quiénes son estos? Junto con el resto del pueblo de Dios, uno de ellos eres tu. Así es, estás entre aquellos que Dios ha reunido desde todas las naciones. Estás entre aquellos que son limpiados con la sangre de Cristo y vestido con la túnica blanca de su justicia, porque todos los bautizados en Cristo habéis sido revestido de Cristo. Lo que nos muestra el texto es tu futuro. Esto no es una posibilidad o una alternativa entre muchas, esto es lo para lo cual Cristo te ha redimido.

Cristo te ha redimido para la vida eterna en la presencia de Dios. Quizá suene un poco abstracto, pero es como la vida en el Jardín del Edén antes de la caída en pecado. El hombre estaba en la presencia de Dios y Dios caminaba junto al hombre. No había pecado, no estaba la paga del pecado, no había hambre, ni sed, ni dolor, ni lágrimas. El pecado trajo todo esto como parte de su maldición. Cristo vino y vencido al pecado, al sufrimiento, al hambre, a la sed, al dolor, a las lágrimas y todas los juicios de Dios sobre el pecado. Al hacerlo, cambió la maldición, porque Él ha ganado la salvación para ti, tus pecados te son perdonados. El cielo es tuyo. El cielo es estar en la presencia de Dios, el Dador de todo bien, por toda la eternidad. Así es como Dios diseñó las cosas desde el comienzo.

Por el contrario, el infierno es no estar en la presencia de Dios, o al menos donde Dios no está presente con su gracia y misericordia. Para aquellos que no quieren tener nada que ver con Dios, reciben lo que quieren, a pesar de que tendrán una existencia terrible. Pero el infierno no es para ti. Ya que has sido lavado por la sangre del Cordero. Tu futuro en la eternidad es la vida en su presencia, disfrutando de todo lo bueno. Eso es lo que Dios ofrece a todas las personas a través de Su Hijo Jesucristo, para que todos los que creen en Él sean salvos del infierno y obtengan el cielo.

Por ahora no estás en el cielo o el infierno. Estás en este mundo, más o menos en el medio de uno y otro. Aquí hay un poco de infierno, porque todavía somos testigos y vivimos la paga del pecado como la enfermedad, problemas familiares, ansiedades y todo lo que contribuye a vivir en la gran tribulación. Pero este mundo no es el infierno, porque Dios está presente en este mundo. Aquí también tenemos un pedacito de cielo, precisamente porque Dios está con nosotros, tan cerca como sus medios de gracia. Esto hace que estés vestido con su túnica blanca de la justicia de Cristo desde tu bautismo, Él sigue anunciando y otorgando su limpieza con su absolución y te da un anticipo de la fiesta celestial en su Santa Cena. Pero este mundo no es el cielo, aunque Dios está presente. Dios todavía tiene que esconderse en su Palabra, en ella unida al agua, unida al pan y al vino. Tiene que hacerlo así porque los pecadores no pueden estar ante su gloriosa presencia y vivir. Así que por ahora estás entre el cielo y el infierno, permaneces en un mundo en el cual conviven tanto la tribulación y la gracia celestial.

Apocalipsis 7 está para recordarte tu futuro. Este mundo no es el fin ni tu destino final. Tu lugar en la multitud alrededor del trono de Dios ya está asegurado, ya que el Cordero ha derramado su sangre por ti y te ha perdonado todos tus pecados. Al igual que un heredero de una fortuna que va en el coche de camino a la lectura del testamento. Es sólo cuestión de tiempo, la herencia es suya. Simplemente que aún no lo ve.

Lo único que impediría al heredero recibir la herencia es si salta del coche y sale corriendo. Ese es el truco que el diablo utiliza para que huyas de los dones de Dios, del perdón y del cielo, y que escojas el pecado y finalmente el infierno. Él tratará de hacer que el pecado sea atractivo y tu Viejo Adán cooperará y elegirá el pecado sobre la gracia y la Tierra Prometida. También tratará de hacerte dudar de la presencia de Dios y que creas que te ha abandonado, que ya estás en el infierno. Pero como este mundo sigue siendo visitado por Dios, no podemos tener una idea real de lo que es en realidad el infierno.

En comparación con tus fuerzas y habilidades, la tribulación a la que te enfrentas es grande, pero Cristo es más grande y la prueba es que todas las tribulaciones a las que te enfrentas son causadas por pecado y acarrean la muerte. Lo bueno es que Cristo ya ha vencido a la muerte. Él salió de la tumba, ya no muere y si Él conquistó al mayor enemigo que es la muerte, sin duda es mayor que la tribulación que te aflige.

Por la gracia de Dios te puedes aferrar a Él. Este tiempo de tribulación cesará, porque el enemigo ya está derrotado. Todo lo que tiene poder para separarnos de Dios ha sido desarticulado en la cruz. La vida eterna, en su gloriosa presencia, ya es tuya, donde no habrá hambre, sed, ni calor abrasador o cualquier otro sufrimiento más. Esas cosas no pueden estar allí, porque son el resultado del pecado. Estarás allí, porque Cristo ha quitado tus pecados. Por su amor, Él enjugará toda lágrima de tus ojos.

¿Hasta cuándo tendremos que esperar? Pronto la noche de llanto y tribulación será el amanecer de los santos, de los limpiados por Dios, de los que vivirán por siempre en la gloria de Dios, de aquellos que clamaran en el cielo ante el altar de Apocalipsis. Oramos para que el Señor venga pronto y nos libre de toda tribulación, pero por mucho que el Señor tarde, en su sabiduría y misericordia, nos ha dejado la visión del apóstol Juan en Apocalipsis 7. Ya conoces el final de la historia. La vida eterna, liberado de todo pecado y de la consecuencia de todos los pecados. Esto es tuyo porque eres perdonado de todos sus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Atte. Pastor Gustavo Lavia