domingo, 20 de mayo de 2012

Séptimo Domingo de Pascua.


       Jesús ora por nosotros




TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA                                                                                                     

Primera Lección: Hechos 1:12-26

Segunda Lección: 1º Juan 5:9-15

El Evangelio: Juan 17:11b-19

Sermón

Introducción

Alguna vez te has preguntado ¿qué quiere Dios de ti? ¿Cuál es su voluntad para tu vida?

En nuestro texto de hoy, Dios nos ofrece precisamente una visión en sus deseos hacia nosotros. Él nos permite escuchar o leer la oración que Jesús ofreció por nosotros la noche antes de morir. Al escuchar lo que Jesús oró nos enteramos de lo que Jesús realmente quiere para nosotros hoy.

Repasemos la escena en que Jesús hace esta oración. Jesús reunió a sus discípulos a una última cena en el aposento alto en la ciudad de Jerusalén. Él les ha demostrado lo que significa ser un líder que sirve a los suyos, al ponerse de rodillas y de lavarles los pies. Celebró con ellos la última cena de Pascua y al mismo tiempo, instituyó el nuevo pacto en su sangre. Ahora, justo antes de salir a Getsemaní para ser traicionado por Judas, Jesús ofrece, lo que se conoce como su oración sacerdotal. En esta oración, primero Jesús ora por sí mismo, luego por sus discípulos y finalmente por la iglesia como un todo. Hoy vamos a centrarnos especialmente en la oración por sus discípulos, reconociendo que todo lo que Jesús pidió por ellos también se aplica a ti y a mí.

En primer lugar Jesús ora por nuestra protección:

Jesús no realiza esta oración en algún rincón, no se encierra en una habitación, no ofrece esta oración en silencio o  mentalmente. Al contrario, todo lo que Juan registra aquí, fue pronunciado en voz alta, en presencia de los once discípulos. Tu Salvador, el Hijo de Dios, ofrece una súplica apasionada a su Padre celestial intercediendo por ti. Si, Jesús está orando por ti. Es lo que los discípulos deben haber sentido en esa primera tarde de Jueves Santo. Nuestro Señor ora por nosotros.  Pero ¿qué es lo que Jesús pide a Dios para nosotros?

Juan registra la oración de Jesús: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre” ¿De qué nos tiene que proteger o guardar Dios? “protegerlos del Mal (otras traducciones dicen “del maligno”). Este es el principal punto de Jesús en la oración por sus discípulos: que sean protegidos, que sean vigilados, ya que el maligno, vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” 1º Pedro 5:8.

Hay dos maneras en que Dios nos protege del diablo y el mal que acedia nuestras vidas. Una de las alternativas es que Él nos libre del mal para siempre llevándonos al cielo. Pero aquí, en nuestro texto, no es esa lo que la oración de Jesús solicita. ¿Cómo los puedes saber? Debido a que Él mismo dice: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”. Juan 17:15. Más bien, Jesús ora para que su Padre proteja a sus discípulos mientras están en el mundo.

Esto es lo que Jesús está orando por cada uno de nosotros. “Padre, mientras están en esta vida, mientras están en el mundo, protégelos del Maligno”. Pero ¿Cómo espera Jesús que su Padre nos proteja? “guárdalos en tu nombre” v. 11.  ¿Qué significa esto de  la protección o ser guardados en el nombre de Dios? Bueno, si repasamos el catecismo, veremos que implica el nombre Dios y cuál es su significado. El nombre de Dios, no son sólo los títulos que se le aplican, sino que el nombre de Dios es todo lo que nos ha revelado acerca de sí mismo en su Palabra, en la Biblia. Así que cuando Jesús ora: “Padre, guárdalos en tu nombre”, quiere decir: “Padre, protege a los creyentes del maligno en y por el poder de tu Palabra”.

Pero ahora, sobre una base práctica, ¿cómo funciona esto? En la vida real, ¿cómo la Palabra de Dios nos protege del maligno? La Palabra de Dios nos protege del maligno y nos mantienen unido a Él, a través de sus dos principales enseñanzas. La Ley de Dios nos protege, señalando el bien y el mal. La ley es la señal que nos dice: Precaución. No vayas allí. Detente. No hagas eso. Peligro. Esa actitud es perjudicial para la salud eterna. Haz esto. Sigue por aquí. Estos es lo que no debes hacer y esto es lo que debes hacer.

Desafortunadamente, muchas veces pasamos por alto todas las señales de advertencia de Dios. Terminamos desobedeciendo la ley de Dios y luego viene Satanás y nos ataca. Él nos golpea con sentimientos de culpa y vergüenza, como hizo con Adán y Eva, a fin de que huyamos de Dios y le temamos. Él nos lleva a creer que en nuestra vida no hay esperanza, que no tenemos ninguna posibilidad de ser aceptados por Dios y nuestra vida no tiene sentido. O por otro lado no s exige que para compensar el mal hecho hagamos todo lo mejor posible para reconciliarnos con Dios. Pero esto nos causa más desconsuelo y desesperanzas, ya que tarde o temprano fallamos. Pero ahí es donde otra enseñanza de la Biblia nos ofrece protección contra el Maligno: El Evangelio. Este nos declara que Jesús ha quitado todos nuestros pecados, culpa y vergüenza. En la sangre de Jesús y su justicia, estamos perdonados ante los ojos de Dios. De hecho, a causa de la victoria de Jesús sobre la muerte, podemos estar seguros y confiados que el diablo y todas sus acusaciones y tentaciones, han sido derrotados y vencidos. Ese es el poder, esa es la protección que Jesús quiere que tu tengas y Dios te la da a través de su Palabra oída, leída y unida a los sacramentos. En el bautismo Dios te ha unido a Él, en la Santa Cena su presencia en el pan y vino te perdona y sostiene en la unión con Él.

Así que la prioridad de Jesús para cada uno de nosotros en su oración es que seas protegido del Maligno. La prioridad de Jesús no es que tengas éxito en la vida, a pesar de que el mundo elige el éxito como algo importante, Jesús afirma que para ti lo más importante no se trata de ser popular, estar sano o ser rico. No, la oración de Jesús dice que lo más importante para ti y para mi es que permanezcamos unidos a Dios y así no dejarnos atrapar por las mentiras de Satanás, que nos enrede en el pecado, que sigamos el camino de Judas y nos perdamos para siempre.

Si para Jesús la unión con Dios por medio de su Palabra y la protección del mal es una prioridad que expresa en su oración por nosotros, necesitamos preguntarnos ¿si tú y yo estamos tan preocupados como Él por este tema? ¿Es tu principal prioridad y motivo de oración en la vida pedir: “Padre, protégeme del maligno. Padre, no me dejes perder la fe...”? Orar de esta manera afectará la forma en que miras la vida. Seguramente te llevará a hacerte preguntas como “¿Cómo va a afectar a esta acción particular en mi relación con Dios? ¿Mi relación con estos amigos me ayuda a estar más cerca de o lejos de Dios? ¿Qué riesgo tiene este comportamiento, o actitud hacia la vida eterna?”

Estas son algunas de las cosas que se convierten en importante cuando te das cuenta de que el Salvador está orando para que se te proteja del Maligno. Pero esta no es la única oración que Jesús hacer en su nombre en esta perícopa. Jesús, tu Sumo Sacerdote, no sólo ora por tu protección.

Jesús también está orando por tu santificación.

¿Qué significa esto de que “Jesús ora por tu santificación”? La palabra griega que se utiliza aquí significa literalmente significa “hacer santo”, “consagrado” o “ser apartado”. La idea es dejar a un lado algo para un propósito santo. Por ejemplo, en el Sacramento de la Santa Cena, se consagra el pan y el vino, es decir, que se los distingue y aparta para un propósito santo. Es nuestra manera de hacer saber que no vamos a jugar con las formas o usarlas como fichas en un juego de mesa. Ellos se reservan para un uso muy especial, un propósito divino.

Aquí, en su oración sacerdotal, Jesús está orando para que tu también seas consagrado o santificado, es decir, que seas apartado para un propósito especial, una tarea sagrada, una misión divina. Ahora, si pensamos en cómo encaja esto con lo que Jesús está diciendo, de que sus discípulos deben estar en el mundo, pero no son del mundo. Jesús tiene un propósito para nosotros y no es encerrarnos en un monasterio o apartarnos de aquellos que no comparten nuestra fe. No se trata de formar parte de una determinada comunidad aislada. No, Jesús nos envía al mundo a relacionarnos con nuestros vecinos, para que nuestra luz brille, para ser sal y luz en la tierra. En esta oración Jesús envía a sus discípulos como portadores de un mensaje y a la vez nos está enviando a nosotros también. Pedro nos expresa en su carta que “sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” 1Pedro 2:9. Estamos unidos a Dios y estamos protegidos del mal, no para quedarnos estáticos, sino para anunciar el mensaje de nuestro único y suficiente salvador Jesucristo.

Conclusión

Jesús nos compró con su sangre. Él nos ha escogido para un propósito. Y ese propósito no es simplemente “comer, beber y ser feliz, porque mañana moriremos”. Nuestro propósito no es simplemente tener una vida cómoda. Dios tiene un propósito mucho más alto para nosotros. Nuestro propósito es reflejar su gloria en nuestras vidas, para compartir el amor y el perdón que Cristo logró en la cruz por todos nosotros, con las personas que estamos en contacto, con quienes pasamos tiempo juntos, con quienes compartimos nuestras habilidades y usar el dinero que nos ha dado para ayudar a predicar a Cristo a otros. A la vez que recordamos que tenemos un Salvador que no sólo nos amó y murió por nosotros, sino que también intercede por nosotros ante el trono de Dios. Alégrate de que tu Señor sigue velando por ti, y no sólo eso, sino que también sabes exactamente lo que está pidiendo por ti.

Jesús ora por ti. Él ora para que Dios use su Palabra para protegerte de las tentaciones y acusaciones del maligno. Ora para que Dios te aparte y guíe a llevar a cavo  el propósito divino, la sagrada misión que Él tiene para cada uno de nosotros. Esa es la oración de Jesús. Que sea también nuestra oración. En nombre de Jesús. Amén.

Atte. Pastor Gustavo Lavia