domingo, 16 de diciembre de 2012

3º Domingo de Adviento.


“¡Alégrate porque el Reino de Dios está cerca!”

Antiguo Testamento: Sofonías 3:14-20

Nuevo Testamento: Filipenses 4:4-7

Santo Evangelio: Lucas 7:18-28

 

¡Alégrate! Este domingo se llama “Gaudete”, es decir, “Regocíjense”. Es por eso que hoy encendemos la vela del Gozo en la corona de adviento. Hoy es un día de alegría y regocijo. En realidad toda esta época de Adviento lo es. Hace unos días que estamos haciendo compras de Navidad, asistiendo a reuniones y celebraciones. Adornamos nuestros hogares y armamos el árbol de Navidad. Después de todo es una temporada para estar alegres. Estamos felices de que la Navidad se acerca y así debe ser.

Una Invitación a la alegría. Esta es la invitación del profeta Sofonías. Nos dice: Canta en voz alta, grita de felicidad, alégrate y regocíjate. No sé cuándo fue la última vez que te has alegrado por algo, pero este es el tiempo oportuno para ello. Estamos llegando al día de Navidad y eso es un buen motivo para pensar en las cosas que nos causan alegría, que traen gozo a nuestra vida, aquello que nos hace realmente felices.

Si bien hablamos de que esta temporada es propicia para ser felices, también reconocemos que es una de las épocas que nos producen mucha tensión. Porque parece que todo se acelera e incrementa. Nuestras actividades y  problemas cotidianos, las cuentas que pagar, cumplir con los compromisos laborales y sociales, el cuidado de nuestras familias, corriendo aquí y allá por los niños y más y más... en ocasiones todas esas cosas extras del tiempo de Navidad las sufrimos. Cocina extra, extra de limpieza por las reuniones o visitas, preparaciones extras si hay un viaje, tarjetas adicionales y deseos para compartir, ir de compras por regalos extras y la lista sigue... Es fácil decir que deberíamos estar alegres por el espíritu de la Navidad, pero todos sabemos lo difícil que es.

Una Invitación a la Alegría aun en nuestra realidad. El profeta Sofonías sabía lo que está pasando a su alrededor. Cuando fue a predicar a los Judíos, las cosas estaban empezando a ponerse muy mal. La situación política era cada vez más peligrosa, uno de los reyes de Israel había muerto en batalla. Se ponía de manifiesto que eran peones de menor importancia en el escenario mundial de las naciones. En el último tiempo, había menos cosas por las cuales alegrarse. Como un valor añadido a los problemas habituales de la vida de su época, se suman todas estas cosas extras por las que preocuparse. Ellos estaban cargados con muchas opresiones en su vida, abrumados por la pena y el desconsuelo del futuro que les esperaba.

La mayor parte del mensaje de Sofonías realmente no ayuda a traer alegría por las cosas que rodeaban a las personas. La primera parte de su libro no dejó duda en cuanto a lo que iba a suceder. El juicio de Dios iba a venir trayendo desolación y castigo. Más ruina y muerte. Iba a ser un castigo de Dios por haber olvidado la relación especial que tenían con el Dios que los rescató de la esclavitud en Egipto. No había mucho de que alegrarse. Pero a pesar de esto Sofonías hace un llamado a que todas las personas se regocijen. Pero ¿Cuál es el motivo que puede traer alegría en medio del desconsuelo presente y el oscuro futuro que se cernía sobre sus hombros?

Hay sólidas y concretas razones para alegrarse. Hay algo que se repite en el mensaje de Sofonías. Una frase que hace toda la diferencia para el pueblo de Dios es el Rey de Israel, el Señor, está en medio de vosotros y el Señor tu Dios está en medio de vosotros. No importó lo mal que estaban o el futuro negro que se avecinaba, Sofonías dio la promesa de que Dios estaría con su pueblo, en medio de ellos, allí mismo mientras les tocaba vivir unas de los peores tiempos en la historia de Israel. Y eso... fue realmente un motivo de alegría... una razón para regocijarse. 

Pero la principal razón de Alegría era que Jehová ha apartado tus juicios, ha echado fuera tus enemigos. Él no está hablando sólo quitar unos reclamos menores. Él está hablando en realidad de un juicio que acarreaba la pena de muerte. Él está diciendo que el juicio que se avecinaba llevaba a la muerte, pero que Dios va a dejar de lado el veredicto. Él va a cuidar de ellos por lo que no serán castigados. Esto también es una realidad para nosotros hoy día y es tan seguro y real que también podemos comenzar la celebración ahora mismo.

Agradeciendo a Dios por su presencia ahora y dando gracias a Dios por lo que Él va a hacer mañana. Bueno, puede haber sido todo lindo y bueno para las personas de aquel entonces. Tenían mucho que agradecer. Ellos tenían a Dios en medio de ellos. Pero nosotros muchas veces no estamos seguros de que Dios esté a nuestro alrededor todo el tiempo. Quiero decir, al ver los problemas que estamos teniendo, cómo reaccionamos ante ciertas situaciones, nuestros pecados y debilidades. Si Dios estuviera aquí, esta temporada de Adviento realmente tendría que ser alegre, pero en ocasiones no es así. Dios no encaja realmente aquí, en medio de la depresión navideña de muchos y el estado de abatimiento de otros. Él realmente no encaja aquí, junto con la enorme cantidad de familias rotas por las malas relaciones entre los integrantes de la misma. Entre la competencia por quedarse en con el trabajo que tanto escasea. No hay nada como un poco de estrés de las fiestas para sacar lo peor de nosotros. Dios realmente no encaja en la molestia de preparar todo para las vacaciones, los gastos excesivos y la inseguridad de cómo pagar las cuentas que van a venir el próximo mes. Dios no cabe en el anhelo y dolor de echar de menos a seres queridos que han muerto este año. Por todo esto parece que no hay mucho de que alegrarse, ¿no? Dios no encaja realmente en el centro de nuestro mundo desordenado.

Esto es exactamente lo que es la Navidad. Dios en medio nuestro, Dios con nosotros, justo en el centro de nuestras desordenadas vidas. Él es “el poderoso que salvará”, dice Sofonías. Y no está hablando solo a las personas del Antiguo Testamento. Él nos está hablando a ti y a mí. Navidad es la fiesta donde celebramos el hecho de que Dios se ha hecho humano, se ha manifestado físicamente al venir a en nuestro desordenado mundo. Él apareció en medio de nosotros, en medio de nuestras familias en mal estado y de sueños rotos. Dios se hizo carne, es decir, tuvo un cuerpo humano, una vida humana, nacimiento y muerte, vivió la tristeza y el dolor, la alegría y la risa. Tan real, tan de carne y sangre, como la persona que se está a tu lado. Él experimentó la vida humana, de la misma manera que lo haces tu. Se hizo presente en medio de las personas deprimidas, con las familias rotas, inseguras, pecadoras. Dios en medio de nosotros. Jesús llega para estar cerca de ti. En primer lugar, Él vino a rescatarnos de lo que te separa de Dios. Jesucristo, Dios y hombre, vivió, murió y resucitó, para salvarnos del pecado. El pecado es lo que te mantiene lejos de Dios. El castigo que nos merecemos por esto es tomado por Jesucristo y clavado en la cruz con Él. Tu castigo es pagado por el Cristo, el Dios viviente en medio de su Pueblo. Todo ese dolor y sufrimiento, toda esa separación, que viene a ti a causa del pecado fue puesto sobre Jesús. Esa es la verdadera alegría de esta temporada de Adviento y Navidad. Dios es justo, Él dice que va a estar en medio de ti para salvarte y lo cumple.

Navidad en nuestras vidas. Quizá pienses que todavía tienes mucho sufrimiento en tu vida, la familia todavía está rota, todavía este separado de tus seres queridos y la depresión de estas fiestas en este año es peor que nunca. Todo esto es verdad, el mundo sigue siendo un lugar complicado, sigue siendo un lugar afectado por el pecado. Pero creemos que hay más que esto, que en Navidad, por sobre todas las cosas, Jesús se hace presente en medio de nuestro anunciando y trayendo otra realidad. Así que celebramos tanto su nacimiento como su muerte, porque esto no es el final. Jesús resucitó. Él vive y reina ahora en la actualidad. Lo que es más importante, Él vive y reina en medio de nosotros, ahora mismo, aquí mismo. Está contigo y te asegura que a pesar de que las cosas están mal y pueden parecer que irán a peor, no va a durar para siempre. Él está ahí a tu lado recordándote lo bueno que va a ser cuando todo este problema haya pasado, porque su resurrección es Su promesa segura de que todo este dolor y el sufrimiento serán eliminados. Él los ha llevado a su tumba, así que su tumba no es el final para ti, sino sólo el principio. Así que puedes comenzar a vivir con alegría en estos momentos.

Él no te ha dejado solo para hacer frente a su vida. Él viene y vive en medio de ti, viene a ti de formas muy reales. No es invisible, intangible, insensible. Él está contigo de manera que en realidad tú lo puedes oír, ver, gustar y palpar. Él ha venido a ti en tu Bautismo y te ha dado el regalo más maravilloso que Dios puede darte: perdón vida y salvación. Allí te ha incorporado y hecho parte de la familia de Dios, esto es que te ha hecho heredero de sus promesas de vida eterna junto a Él. Él viene a ti y vive al leer u oír su Palabra, Jesús está allí en medio de ti. Jesús está en medio de los que se reúnen en su nombre, “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Mateo 18:20. Jesús está en medio de ti al acercarse a su mesa y recibir su cuerpo y su sangre dada y derramada por nosotros para el perdón de nuestros pecados. Jesús está ahí en medio de ti, en medio de tu depresión, en medio de su dolor, en medio de su inseguridad, en medio de tu realidad. Eso sí que es verdadera razón para regocijarse en este tiempo de Adviento y Navidad. Por lo tanto tenemos sobrados motivos para celebrar, alegrarnos y regocijarnos en la realidad de Dios. Porque Él ha venido a ti para traerte vida ahora y por siempre y sigue viniendo a ti para fortalecerte en esas promesas. Que disfrutes este tiempo, viviendo en el perdón de Dios. Amen.

Pastor Gustavo Lavia.