martes, 6 de mayo de 2008

7º domingo después de Resurrección. 04-0-07

Estamos en el de tiempo de Pascua de resurrección, que se extiende hasta Pentecostés. La palabra hebrea Pascha tiene el significado de Pasar (por alto o de largo), y rememora la preservación de la vida de los primogénitos judíos en la décima plaga en Egipto Aquí la iglesia cristiana medita sobre la implicancia de la muerte y resurrección de Cristo en la vida de los seres humanos que creen en Él. Se conmemora que Cristo liberó al mundo de la esclavitud del pecado y de la muerte. Esta fiesta se celebra hasta el domingo de Pentecostés.


“Jesús nos muestra la Gloria del Padre entre nosotros”

Textos del Día:

Primera Lección: Hechos de los Apóstoles 1:1-14

Segunda Lección: 1 Pedro 4:12-17, 5:6-11

El Evangelio:

Juan 17:1-11a

Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3 Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti.

Sermón

Gracia, misericordia y paz sean hacia vosotros de parte de nuestro Padre Dios y nuestro Señor, Jesucristo, quien fue levantado en la cruz para que podamos tener perdón, vida y salvación en su nombre. Amén.
En el Evangelio de esta mañana, encontramos lo que se ha dado en llamar “La oración Sacerdotal de Jesús”. En ella Jesús comienza diciendo, “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti”. La hora ha llegado, recordemos que Jesús está en el huerto de Getsemaní en la noche de Jueves Santo. En breve será arrestado en dicho huerto, será atado, sometido a un juicio fraudulento, recibiría burlas e insultos, lo escupirán y lo golpearán hasta dejarlo casi muerto. Finalmente, será sentenciado morir en la cruz, donde finalmente sería levantado. Al día siguiente, Jesús sacrificara su vida, como paga por tus pecados, los míos y los de todo el mundo.
En este contexto de sufrimiento, burla, humillación y muerte, es interesante ver qué es lo que Jesús le pide a su Padre “glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti”. ¿A qué se refiere Jesús con la Gloria de Dios? Jesús procede a hablar de esa gloria en el versículo 4 de nuestro texto cuando dice: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”. La obra de redención fue completa. Es por eso que al morir en la cruz Jesús exclamó: “Consumado es” (Juan 19:30). El plan de Dios para nuestra salvación, fue consumado en su totalidad a través de la vida, muerte y la resurrección de nuestro Señor y nuestro Salvador, Jesucristo.

En la segunda parte de su oración sacerdotal, Jesús ora por sus discípulos. En esa oración manifiesta algo muy raro a su Padre, le dice que: “he sido glorificado en ellos”. La pregunta que surge con esta lectura del evangelio es “¿Cómo sucede esto de que Jesús es glorificado en sus discípulos?”. ¿Cómo fue eso que los discípulos de Jesucristo le glorificaron y así llevaron gloria al Padre Eterno? Cuando comprendamos cómo es que ellos manifestaron la gloria de Dios, sabremos cómo es que nosotros glorificamos a Dios el Hijo y manifestamos la gloria del Padre.
Los Discípulos Glorifican su nombre por el camino que marca la Palabra de Dios
Hay dos puntos principales de nuestro texto que nos traen la respuesta a la pregunta: ¿Cómo es esto? Ante todo, los discípulos glorifican el nombre de nuestro Señor por la relación que tienen con la Palabra de Dios. Jesús dice “7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron”. Es curioso pero los disipulos de Dios existimos doblemente gracias a la Palabra, porque llegamos a ser discipulos de Jesús por medio de la misma Palabra que nos ha dado la vida.

El capítulo seis del evangelio de Juan es uno de esos capítulos en la Biblia que me intrigan. Porque en ese capítulo, Jesús habla de sí mismo y dice: “Yo soy el pan de vida”. En el comienzo del sexto capítulo tenemos la historia de la alimentación de los cinco mil. Los cinco mil hombres, que si se hubiese contado a las mujeres y niños la cantidad de personas reunidas para ser atendidas se podría estimar en al menos quince mil.
¿Por qué traigo a colación el capítulo seis de Juan? Porque allí vemos la gran popularidad de Jesús. Las personas viajan, y se reúnen en grandes grupos para estar con él. En aquel capítulo las personas aún quieren oír lo que él tiene para decirles. Juan mismo nos dice que después de la alimentación de los cinco mil, las personas quisieron hacer de Jesús su rey (Juan 6:14-15). Y estaban dispuestas a hacerlo incluso por la fuerza. Pero Jesús tenia bien claro que él estaba entre nosotros para llevar a cabo una obra más importante que la de liberar a un pueblo de su esclavitud temporal, siempre tuvo muy presente que su misión era la manifestar el amor de Dios, liberando al mundo de la esclavitud y muerte eterna, como él mismo nos dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Al oír estas palabras, nos imaginamos que ellas produjeron un alivio y paz en los oyentes. Cómo no lo haría el saber que tenemos la buena noticia de que Dios ha enviado a su Hijo a este mundo a vivir, morir y resucitar por nosotros para que pudiésemos tener vida eterna y tener la seguridad de que en el día final seremos levantados de la tumba para vivir con Dios por la eternidad. Pero es interesante lo que ocurre en los oyentes de tal noticia. Dentro de sus corazones, de aquellos que quisieron hacerlo Rey, se produce un cambio de estado de ánimo y de actitud hacia Jesús. Lo que sigue en el relato del capitulo seis de Juan verso del texto dice, “41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.”(Juan 6:41).

Hacia el final del capítulo seis, muchas de las personas que seguían a Jesús lo abandonan. Básicamente, lo que ha ocurrido es que han rechazado su palabra, han rechazado la Palabra de Dios. Jesús mirando a quienes habían permanecido todavía con él, les pregunta, “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan 6:67). A lo que Pedro responde: “¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” (Juan 6:68)
Lo que quiero resaltar del capitulo seis de Juan es que Jesús no compromete su enseñanza para mantener a las personas con él, no cambia sus postulados teológicos para que la sociedad se sienta cómoda y satisfecha. No se deja llevar por la aparente gloria que recibiría al tener miles de seguidores si lo hacían rey a cambio de adaptar la Palabra de Dios a las conveniencias y opiniones sociales. No hizo una encuesta para adaptar sus doctrinas a la voz del pueblo. Él pregonó la verdad de la Palabra de Dios y luego las personas tuvieron que decidir si ellas se aferraban a su mensaje o lo rechazaban. Pero él no comprometió la verdad de Dios para ganar popularidad o adeptos. Él siempre proclamó la Verdad de Dios. Por esto la manera en que los discípulos dan gloria a Jesús y glorifican al Padre, es la manera que tratan y se relacionan con la Palabra de Dios, la forma en que la aceptan y la manera en que la enseñan. Para Dios este es un asunto muy importante. El cual no debe ser tomado a la ligera o negado como se hace en muchos círculos cristianos hoy en día. Ya que son sus enseñanzas las que producen la fe salvadora en las personas y la que mantiene y fortalece dicha fe.

En el Antiguo Testamento, tenemos a varios profetas que habían tergiversado la Palabra de Dios y el Señor trae advertencias muy severas acerca de esa actitud, especialmente las encontramos en el libro de Jeremías. Donde Jeremías escribe lo que el Señor le dice: “El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová” (Jeremías 23:28). Note que Dios dice “mi Palabra verdadera” en contraposición de “los sueños” de algunos profetas que pueden ser reales pero que no tienen nada que ver con la voluntad de Dios. Lo que tenemos en las Sagradas Escrituras es nada más ni nada menos que la Palabra de Dios, fuera de ella solo tenemos suposiciones, dudar e inventos humanos. Para glorificar a Dios, es importante tener presente cómo utilizamos es Santa Palabra. Con anterioridad a Jeremías, Dios, habló a través de Moisés, dando estas instrucciones: “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene.” (Deuteronomio 4:2). Todo aquel que desea glorificar a nuestro Dios, deberá utilizar su Palabra correctamente, aceptando esto de no agregarle cosas que pensamos que deberían estar allí, ni quitarle cosas cuando leemos u oímos cosas que no nos gustan que estén allí. Nosotros debemos dejar la Palabra tal cual está y gozarnos por lo que nos dice la misma Palabra de Dios. El mismo Jesús en el evangelio de Marcos acusa a los fariseos de haber inventado leyes que Dios no había dado y de someter a las personas a ellas como si fueran divinas, “invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. (Marcos 7:13)

No cambiamos el mensaje de Dios, ese mensaje que nos recuerda repetidas veces cómo el pecado nos separara de Dios, cómo el pecado destruye nuestras relaciones, nuestra vida y finalmente cómo por el pecado merecemos la condenación eterna. No cambiamos ese mensaje, porque es el mensaje de Dios para la humanidad. Y no cambiamos el mensaje de Dios que nos dice que ese Jesucristo es el Salvador, el único Salvador. Él es el único camino, la única verdad y la única vida. No hay otro camino al Padre Eterno que no sea por medio del Hijo de Dios. Pablo escribe a los corintios “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. 2 Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.” (2º Corintios 4:1-2) Glorificamos a nuestro Señor y Salvador y glorificamos a nuestro Padre Eterno, cuándo utilizamos correctamente esa Palabra que nos fue dada. No cambiamos el mensaje de Dios, sino que el mensaje de Dios nos cambia a nosotros.

Los Discípulos Glorifican a su Nombre viviendo en concordancia con la Palabra de Dios
Es así que los discípulos manifiestan la gloria de Dios por la forma que enseñan y proclaman la Palabra que Dios nos ha dado. Otra de las maneras en que los discípulos manifestamos la gloria de Dios está marcada por la manera en que vivimos regidos por esa Palabra de Dios.
Una vez más en nuestro texto, Jesús, hablando de sus discípulos, dice: “6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra”. ¿Puede apreciar el amor que Jesús tiene hacia sus discípulos, una especie de orgullo en su obediencia? Él sabe cómo tendremos que luchar contra el mundo, el diablo y con su propia carne. En aquella época como ahora Jesús no siempre fue muy popular, pero lo importante es que los suyos sigan prendidos a él por medio de su Palabra. Jesús se enorgullece realmente de ellos. Él es consciente de que en breve ellos van a abandonarlo, que Pedro va a negarle tres veces. Pero aún así Jesús ora por ellos, él habla de cómo han vivido según la Palabra, de cómo han obedecido al Verbo Eterno.

En Mateo capítulo cinco, tenemos esas palabras familiares de Jesús: “16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Pero ¿Qué es esa luz que debe brillar delante de los hombres? Esa luz es nuestra fe, la fe que Dios nos ha dado, manifestándose en nuestro modo de hablar, en lo que hacemos a diario, por la manera en que interactuamos con otras personas, por la manera en que perdonamos a otros las ofensas, por modo en que amamos a quienes nos rodean. Cuando vivimos según la Palabra de Dios, cuando dejamos que nuestra luz brille, eso glorifica a Cristo Jesús, eso glorifica al Padre Eterno. Cuando no hacemos eso, cuando permitimos que nuestro viejo hombre asuma el control de nuestra vida y afloran en nosotros los malos los deseos de nuestra mente o cuándo tenemos pocos deseos de perdonar o no estamos dispuestos a amar a Dios y al prójimo, deshonramos el nombre de nuestro Dios.
Pablo, en la carta a los romanos, escribe sobre esas personas que estaban tan preocupadas acerca del cumplimiento de la ley. Él dice: “Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? (Romanos 3:23). Imagino que cada uno de nosotros puede pensar las veces que en nuestras vidas las personas nos han visto deshonrar a nuestro Dios por la manera en que hemos hablado, por el modo en que nos hemos reaccionado ante algún hecho concreto, por lo que hemos hecho y dicho, esto ha causado daño en nuestro testimonio y en permitir que la luz de
Dios brille ante ellos.

En la primera lección del hoy, oímos de como Jesús estaba listo para ascender al Cielo. Allí él dijo a sus discípulos, “me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1.8). Al aplicar estas palabras vemos que somos llamados a ser testigos de Dios, allí mismo donde nos encontramos, en nuestra casa, en el barrio, la comunidad, el país y también en todo el mundo. Por la fe estamos llamados a glorificar a nuestro Dios por la forma que proclamamos y enseñamos su divina Palabra y por la manera en que vivimos nuestras vidas según ese Palabra. Quiera Dios bendecirnos y guiarnos a fin de que la luz de su Palabra brille en nuestra proclamación, enseñanza y vidas. Quiera Dios guiarnos a su encuentro con él diariamente en la lectura o audición de su mensaje, guiarnos al encuentro de su Palabra proclamada en los mensajes dominicales y guiarnos al encuentro con su presencia real en la Santa Cena, a fin de nutrirnos, ser transformados y salir enriquecidos para vivir y glorificarle con toda nuestra entera. Amén.

Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Colosenses 3:15-17

Atte. Pastor Gustavo Lavia