domingo, 8 de junio de 2008

4º Domingo de Pentecostés. 08/06/08

Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a

La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

4º Domingo de Pentecostés

“Jesús nos envía y acompaña con su Palabra”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Éxodo 19:2-8a

La Epístola: Romanos 5:6-11

El Evangelio:

Mateo 9:35-10:8 35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. Mateo 10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, 4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó. 5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.

Sermón

El Salvador es quien toma la iniciativa

No es extraño que las muchedumbres se reúnan en torno a Jesús. Muchos han oído sobre él, que va de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad. Que predica acerca del Reino de Dios, sana a los enfermos. Las historias de los milagros se esparcieron rápidamente entre los necesitados, como lo hizo el Evangelio del reino en sus comienzos y es por ello que las personas viajan en grandes grupos para ver, oír y tocar a Jesús, son ovejas necesitadas de un pastor. Así es que el Señor tiene compasión en ellos, sabe que están cansadas, desparramadas, enfermas y agobiadas por la ley y el pecado. De hecho, él desea que todas sean curadas, aliviadas, perdonadas y redimidas.
Así él dice para Sus discípulos, “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:38).

No hay duda de que los discípulos habrán respondido al unísono, con un rotundo “SI” a esta oración. “Si, Señor, oraremos para que asía sea”. Pero el Señor no queda pasivo ante esta oración, sino que procede a dar respuesta a la misma. Él llama a los doce. No solo los llama sino que además les da autoridad y poder sobre los espíritus inmundos, para echarlos afuera y sanar toda clase de enfermedades y toda clase de dolencia. Luego los envía diciendo: “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”. (Mt. 10:5-8). Jesús podría hacer esto de muchas otras formas. Él podría mandar a legiones de ángeles para anunciar el mensaje de su reino. Podría usar una voz desde el cielo y así todos podrían escucharlo al mismo tiempo. También podría escribir directamente un mensaje de ánimo para todos o podría sentarse en el templo y llamar a todas las naciones para que vengan a su encuentro. Podría hacer cualquier cosa que quisiese, sabemos y confesamos que Él es el Hijo de Dios Todopoderoso. Pero en lugar de escoger entre estas y otras alternativas, escoge a doce hombres para ir y hacer este anuncio.

Los discípulos son enviados por Jesús y mientras van deben saber y recordar dos cosas: lo que le ha sido dado y por quien han sido enviados. No necesitan inventan el mensaje que tienen que transmitir, sino que van a proclamar un mensaje que de gracia les ha sido dado. Asimismo, no van a realizar maravillas y sanaciones con sus propios poderes, porque en realidad ellos no tienen nada. En lugar de eso, podrán hacer milagros porque Jesús les ha dado autoridad para hacer eso. No están en marcha, proclamando el mensaje por si solos, sino que van porque han sido enviados. Todo esto les ha sido dado gratuitamente. Ahora pueden ir y de gracia pueden dar de lo que han recibido.

Así es que van. Imaginemos a los gentíos que se reúnen para recibirlos. El que sean los discípulos y no el propio Jesús pudo haber causado alguna decepción. Después, todo lo que quieren es ver al Salvador, pero vienen los suplentes en lugar del titular. Quizá algunos se van decepcionados o disgustados antes de que los discípulos abran sus bocas. Quizá sienten que Jesús los ha dejado desamparados, al no asistir personalmente, porque como se dice que el estudiante nunca es mejor que su maestro. Esas son reacciones humanas muy comunes, pero las reacciones humanas están equivocadas en las cosas de Dios. El Señor no es infiel. Éste es su modo de hacer las cosas.

Cuando los discípulos curan a los enfermos, los enfermos están curados. Cuando limpian a los leprosos, los leprosos son limpiados. Cuando resucitan a los muertos, los muertos vuelven a la vida. Cuando expulsan a demonios, los demonios huyen.
¿Por qué? No porque son ellos quienes lo están haciendo. Pedro no dice al enfermo: “En nombre de Pedro estas curado.” Bartolomé no dice a los demonios: “En nombre de Bartolomé, sal de ellos.” A los demonios no les da miedo Bartolomé o Pedro. Pero si les da miedo Jesús y los discípulos están haciendo estas cosas en el nombre de Jesús. Él los ha enviado y por su Palabra está allí con ellos. Cuando predican: “El Reino de los Cielo está cerca” es en serio, porque el Rey está allí con su autoridad y Palabra. Eso quiere decir que cuando los discípulos dicen a las personas que sus pecados son perdonados, sus pecados son perdonados. No porque los discípulos son quienes perdonan, sino porque Jesús está allí perdonando. Eso es qué él los envió a hacer. Eso es qué él les dio para hacer. De Gracia han recibido, ahora de gracia dan.

La Misión Continua

En el Antiguo Testamento encontramos una historia muy curiosa y que les gusta a muchos, es una sobre cómo Dios hace llegar su mensaje por distintos medios, es la del profeta Balaam en Números 22. Como podemos recordar, el Rey Balak envía al profeta Balaam a maldecir a las personas de Israel. Sin embargo, cuando Balaam va en su burro hacia las personas, Dios abre la boca del burro y el burro habla. El burro habla para reprender al profeta Balaam.
¿Por qué a muchos les gusta esta historia? Porque dicen: “Si Dios puede hablar a través del burro de Balaam, también puede hablar a través de mí.”
Más allá de lo gracioso que puede haber en esa afirmación, hay un punto importante que es necesario ver. En su sabiduría, con un mundo lleno de ovejas perdidas y errantes, Dios ha elegido esparcir su reino haciendo que personas pecaminosas hablen de su Palabra. Él llama a los pastores para ejercer el ministerio de la Predicación Pública de su Palabra, en nombre de su Iglesia. Sería difícil de encontrar un grupo de hombres con mayor diversidad de personalidades. A pesar de las rarezas y las fallas de personalidad, sin embargo, el Señor todavía los usa como sus instrumentos. Pero Dios no se limita sólo a ellos para extender su Reino, sino que cada cristiano, tentado por el pecado y exhibiendo toda clase de debilidades, tiene el privilegio de anunciar ese mensaje sobre Jesús a los demás. Así es cómo se expande el reino de Dios.
¿Por qué Dios escoge esta manera? Porque no son las personas las que logran algo, sino que es la Palabra de Dios. El Señor Jesucristo, el Verbo hecho carne, se hace presente por medio de su Palabra. El reino de los cielos está cerca porque el Rey está cerca. El mismo Salvador que fue a la cruz a morir por los pecados del mundo, ahora viene por su Palabra a darle ese perdón a las personas, para ti y para mí y a todo quién la oye y la cree. Jesús está presente donde su Palabra está. Agregue a esa Palabra un poco de agua y él está allí en el Santo Bautismo. Agregue a esa Palabra pan y vino y él está presente en la Santa Cena con su verdadero cuerpo y su verdadera sangre.

La Palabra de Dios es poderosa y no la persona que está transmitiéndola. Es la misma Palabra con el mismo poder que sanaba al enfermo, que limpiaba al leproso y expulsaba a los demonios en los tiempos del Señor. Por esa Palabra, Jesús viene a dar perdón, fe y vida eterna, para convertir a pecadores errantes en personas de su reino y en ovejas de su prado. Es tan simple.
Por supuesto que si bien el Señor es fiel, las personas somos pecadores y no somos conocidos por lo mismo. Así es que necesitamos advertir de los peligros que como humanos usualmente caemos, como desperdiciamos o mal usamos este regalo de Dios.
El primer peligro es la idea que el poder de la Palabra depende del carisma del que la transmite. Si el estilo del predicador es simpático, mantiene el interés contando historias graciosas o grita constantemente, entonces sin lugar a dudas la Palabra es poderosa. Sin embargo si tiene un domingo malo o no sonríe para nada, entonces la Palabra no será tan poderosa. Si esto es cierto, es afirmar que Dios es tan fiel y poderoso como el hombre pecaminoso que predica el sermón. Quiere decir que el poder de Dios difiere en cuánto al sueño que el pastor obtuvo la noche anterior. Ésta es una tentación sumamente sutil en nuestra cultura e incluso en la sociedad, porque la imagen y la apariencia es sobrevalorada. Por ejemplo, las personas juzgan los libros por las tapas y las compañías gastan millones para asegurarse de que sus productos tengan una buena presentación y una campaña de anuncio exitosa, pero eso no quiere decir que su contenido sea bueno. O acaso ¿un producto es mejor porque una celebridad afirma usarlo? O ¿la cerveza realmente sabe mejor si hay más bellas mujeres en el anuncio de publicidad? Somos condicionados fácilmente para que juzguemos la calidad de todas las cosas por como se nos presenta, por lo afable o simpático que puede resultar en nuestras vidas. Nuestro viejo hombre quiere asegurarse de que no entendamos la Palabra de Dios, sino que la mal interpretemos, según nuestros propios criterios. Los pastores, también sufren esta tentación, creyendo que su personalidad o estilo hace a la Palabra más efectiva. Desde ya que eso no es cierto. El poder de la Palabra no está comprometido por la personalidad del orador. Donde la Palabra está presente, Jesús lo está. Donde Jesús está, hay perdón, vida y salvación.

Otro de los peligros es el de la idea que el poder de la Palabra depende de la ordenación del predicador. Si el que predica la Palabra está ordenado, entonces la Palabra de Dios es poderosa. Si una persona cualquiera comparte la Palabra con alguien, se cree que es simple información pero nada más, como pasar una receta de cocina o una noticia de la actualidad. Habla sobre salvación, pero no salva. Si esto es cierto, el plan de salvación de Dios está limitado por el oficio del hombre y estamos limitando el poder de Dios.

El tercer peligro es que la que nuestro viejo hombre quiere hacernos creer que la predicación de la Palabra es mejor dejarla a los profesionales, sean pastores, misioneros o personas que estudiaron para ello. Los cristianos se encuentran y pasan tiempo con un montón de personas diariamente, a quién el pastor, líder o misionero nunca conocerán y cada creyente tiene la posibilidad y alegría de dar cuenta de la esperanza que tienen en Cristo.
Sin embargo, muchos se resisten o tienen miedo de hacer esto. Las razones dadas podrían ser unas u otras. Pero analicemos algunas: “No sé qué decir” es uno de los argumentos más usados. Creen que el mensaje es complicado y difícil de enunciar. Dios nos ha enviado a anunciar que su reino se ha hecho presente en la vida del hombre. Hay que predicar la ley, mostrando que el pecado acarrea la muerte y luego el evangelio, dónde Dios nos dice que nos perdona todos los pecados en Cristo Jesús. Además, con leer la Biblia, oír los sermones y aprender en las clases de catequesis, tendrá una buena base para saber qué anunciar. Simplemente cuéntele a otras personas sobre Jesús, sobre de su ministerio y sus milagros, su muerte en la cruz y su resurrección, del perdón y la esperanza de vida eterna.
“Pero no soy un orador muy bueno.” Ni lo fueron Moisés o Pablo y sospecho que el burro de Balaam tampoco lo fue. Pero Dios utilizó a cada uno de ellos. “Las personas no me escucharán.” Cuidado con esta frase porque ahora con esta afirmación se dice que el poder de la Palabra depende de ti y no de Cristo. Además, puedo reconfortarlo diciéndole que las personas no oyen a unas personas más que a otras. Después de todo, es la Palabra y no la persona que la transmite, la que tiene el poder.

Hable de Jesús a los otros. A sus niños, los jóvenes, a un buen amigo que sea curioso acerca de su fe. El Señor proveerá oportunidades.
Así es cómo el Señor esparce su Reino sobre tierra: Él nos envía con su Palabra. Él da a sus siervos, a ti y a mí, el privilegio de decírselo a otros. Él nos da el honor, a pesar de nuestros pecados y nuestras debilidades, de ser su instrumento para contarle otros sobre Jesús. Y promete que su Palabra no regresará vacía, sino que logrará lo que él la envía a hacer. Donde las personas nos escuchan y se regocijan con nosotros, damos gracias y gloria a Dios. Donde las personas niegan el Evangelio que proclamamos, recordamos que las personas también negaron y rechazaron a Jesús y damos gracias que él nos cuenta como dignos para sufrir por el bien de su nombre.

Cuando usted habla de su Palabra, alégrese sobre todo de esto: Primeramente Jesús lo ha perdonado. De gracia has recibido perdón y amor. Sólo luego de esto es que puedes compartir su gracia. Tu salvación en este día no se basa en lo bien que evangelizas o predicas de Cristo, sino en el mensaje que otras personas le han hecho llegar sobre Jesús. Su salvación es suya porque Jesús ya ha muerto en la cruz para salvarle. Por las bocas de distintas personas en su vida, padres, pastores, amigos y otros, el Señor le ha dado su perdón.
Así es que es en este mismo día, al leer la Palabra de Dios, al oírla en el mensaje o al recibirla junto con los Sacramentos, es la Palabra salvadora de Dios la que lo afirma en la buena noticia del perdón. Como el Evangelio es predicado, anuncia y da el perdón. Así en este día se puede alegrar, porque por esa Palabra es perdonado de todo sus pecados en nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén

Atte. Pastor Gustavo Lavia.