miércoles, 24 de diciembre de 2008

Sermón de Navidad.

Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestro corazón Salmo 95: 7b-8
1 Sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores Santiago 1:22a
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Adviento. El tiempo de Adviento surge con la idea de preparar el corazón y el espíritu para celebrar la llegada nuestro Señor. Asumir el verdadero significado de la navidad implica conocer y comprender el sacrificio de Jesucristo. Así nos preparamos a través de una profunda reflexión que alimenta la esperanza mientras confiamos preparamos el camino para la segunda venida del Señor en gloria.

Navidad

“Dios nos trae la verdadera Navidad”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Isaías 62:10-12

La Epístola: Tito 3:4-7

El Evangelio: Lucas 2:1-14

1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. 3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. 4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. 8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9 Y he aquí, se les presentó un angel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: 14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! 15 Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros:
Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. 16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.

Tema: Dios es quien nos invita a celebrar la Navidad

Objetivo: Comprender que solo por medio de la Palabra de Dios lo encontraremos

Sermón

Gracia, misericordia y paz en nombre del nuestro Dios Trino, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Así como los pastores “velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño”, de los cuales nos relata el Evangelio de hoy, así también nosotros estamos congregados en torno a la Palabra de Dios, para oír el Evangelio de Dios, para oír el Anuncio Divino sobre la Navidad, para oír:“No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”. Que Dios obre en nuestros corazones y mentes. Amén.

Pues bien, ¿De qué va el Anuncio de Navidad? ¿Qué es eso? En verdad, estos dos versos anteriores hablan de la verdadera historia de Navidad, la cual fue originada porque DIOS mismo se hizo presente en carne y hueso en la historia de la humanidad y lo cuál era deseado y esperado por muchas personas.

Hay un chiste que cuenta de una persona borracha tirada en el piso buscando las llaves de su coche y que se acerca a él una persona y se le ayuda a buscar las dichosas llaves. Al cabo de unos minutos la persona le pregunta al borracho si vio por dónde se habían caído las llaves. A lo cual el borracho le responde que se le han caído en el parque que está a unos cien metros hacia atrás. La persona, que no sale del asombro, le pregunta porque está buscando las llaves en este sitio, si se le han caído en otro muy lejano. Luego de pensarlo, el borracho le responde que las busca en este sitio porque allí hay más luz. Nosotros éramos como ese borracho, buscando a Dios en los lugares equivocados y muy alejados de dónde Dios se encuentra, nunca habríamos sabido de esta Buena Nueva de gran alegría si no se nos hubiese revelado en la Palabra de Dios o pronunciada por
medio de ángeles, de pastores, maestros o de nuestros mismos padres. Con toda seguridad también es cierto que aún hoy día necesitemos saber dónde encontrar este misericordioso Salvador, para luego confiar en el Verbo Encarnado de Dios. Pues por nosotros mismos, por nuestra propia razón o fuerza no sabríamos dónde encontrar al Salvador y nos veríamos imposibilitados de llegar a él. No necesitamos sólo de la promesa de Dios de un Salvador, sino que también necesitamos imperiosamente el regalo de la Fe que es creado por la Palabra de Dios,
porque ciertamente, “sin fe es imposible agradar a Dios” Hebreos 11:6.

Surge la pregunta ¿Dónde puedo encontrar a este Dios misericordioso?

Consideremos a los pastores que habían oído la Buena Nueva de Nacimiento de Señor. ¿Dónde creerían ellos que podrían encontrar al Mesías esperado que recién ha nacido? ¿Dónde deberían dirigirse en Belén para verlo? Quizá pensaron en la casa más lujosa de la ciudad, quizá el mejor hotel del pueblo, ya sería raro pensar en un Hostal, al fin y al cabo se trata del nacimiento del Hijo de David, el que restauraría la Gloria de Israel.

¿Dónde estaría durmiendo Cristo el Señor y qué tendría puesto?... Como toda madre, la suya trataría de darle la mejor ropa a su alcance y como un Rey no tiene problemas de dinero, seguro estaría durmiendo envuelto en la exquisitez de un manto púrpura y acurrucado en una cuna de oro.

¿No suena lógico pensar así de un Gran Rey? ¿No lo pensarías tu? Otra cosa, seguramente para poder ver al Cristo, el Señor, en la Ciudad de David uno deberá poseer y presentar una invitación de la realeza de lo contrario solo se podría estar con la multitud a muchos metros de distancia... especialmente si uno es un pastor maloliente y con suciedad bajo sus uñas. Ciertamente, los pastores han oído la Proclamación de Navidad de parte del ángel del Señor. Lo que necesitan ahora, en este tiempo y lugar, es La Invitación de Navidad.

Esta Invitación no tarda en llegar, aquí tienen los datos para hallar al Salvador del mundo: “. 12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: 14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”

El obrar del SEÑOR, nuestro Dios, está muy distante de nuestros pensamientos y deseos.
¿Quién podría haber pensado que el nacimiento del Salvador de la humanidad sería así? Un ángel del Señor anuncia la primera Navidad a un puñado de hombres comunes que están trabajando en los campos de Belén, y este anuncio viene secundado por el canto a varias voces de ángeles que desde lo más alto de cielo traen un mensaje para lo más bajo en tierra. La proclamación que anuncian es la invitación para que estos humildes pastores de oveja puedan visitar al Salvador recién nacido, que es Cristo el SEÑOR, el Emmanuel, o sea “Dios con nosotros”, la Paz en tierra en su propia persona. Junto con el anuncio llegan las señales para encontrar al sublime Redentor. “os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.

Si a estos pastores no se les hubiese dado esta la invitación o características del nacimiento del Señor, sin duda aún estarían buscándolo, porque en el mejor de los casos hubiesen estado en las calles de Belén, averiguado entre todas las casas en la Ciudad de David, preguntando dónde pueden encontrar al Cristo el Señor que había nacido.

Imagine el número de puertas que habrían sido cerradas de un golpe en sus caras ante la consulta de que si en esa casa ha nacido el Mesías esperado por siglos. Sin la ayuda Divina de dónde encontrar a Jesús ¿dónde mirarían los pastores? ¿Dónde está El Salvador en Belén? Está claro, que se dieron cuenta de que se les había otorgado una invitación Celestial, que se les había dado una participación única en la historia de la humanidad y que sin ella nunca podrían haber conocido al Redentor. Pero ¿Por qué necesitamos que se nos diga dónde está Cristo Jesús? Y que se nos repita una y otra vez dónde está este Cristo Misericordioso y Encarnado. El profeta
Isaías habla de todo el género humano... de sí mismo, de aquellos pastores y de nosotros hoy día: “Por esto se alejó de nosotros la justicia, y no nos alcanzó la rectitud; esperamos luz, y he aquí tinieblas; resplandores, y andamos en oscuridad. Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos.”. Isaías 59:9-10.

Gracias sean dadas por siempre a nuestro bondadoso Dios que no nos dejó en tal condición de oscuridad y ceguera, en la cual todos nos hubiésemos perdido eternamente. Otro profeta llamado Miqueas, en comunión con Isaías, había recibido una revelación especial de parte del Señor y escribió tal Palabra de Dios, incluyendo una profecía sobre el nacimiento del Salvador, tan anunciado y prometido: La profecía afirmaba que Belén sería el lugar del primer Advenimiento del Señor... este Rey cuyo origen estaba determinado desde los comienzos de la humanidad, desde los días antiguos. Así que Miqueas escribe: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.” (Miqueas 5:2).

Repentinamente los ángeles se van y todo vuelve a estar quieto otra vez y la noche queda como estaba antes del anuncio, como estuvo en muchas oportunidades anteriores de la vida pastoril.

Pero los pastores no queda igual, han recibido un mensaje de Dios y les queda la pregunta ¿Qué deberemos hacer? Note se que estos hombres de campo no están ofendidos de que Dios naciera en un pesebre, o que el Cristo es un niño desvalido e indefenso, o que el Rey está envuelto con pañales, o que el lugar de nacimiento sea un granero o establo y que tenga una atmósfera maloliente donde los animales comen, beben, duermen y pasan gran parte de sus vidas.

Estas cosas que iban en contra de su lógica, expectativas y deseos no los frenaron y se dijeron unos a otros:
Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.

Estos hombres aprovechan bien esta oportunidad y no resultan ofendidos por la invitación del ángel. El Señor ha venido a ellos y les ha dado el camino para encontrarse con ellos. Camino que resulta simple y concreto, que va en contra de toda razón humana y deseos de gloria y poder.

Aunque fue el mensajero que habló a los pastores, la Palabra transmitida nace del mismo Señor, que hizo que estas cosas sucedan y las ha dado a conocer a ellos y a nosotros.

De esta manera, Dios nuestro Salvador “Quitó de los tronos a los poderosos, Y exaltó a los humildes. (Lucas 1:52).

Esta manera de presentarse ante la humanidad puede resultar chocante para nosotros y nuestra sociedad ¿Estás ofendido de este Salvador, que yace en tal humilde pesebre? ¿Qué el Rey de la creación sea puesto en la cuna en un establo, te parece absurdo? O ¿Qué la Palabra hecha carne, aquel que intercede por ti, nazca de manera silenciosa, es inverosímil? Si esto te produce alguna ofensa o duda, recuerda que también serás ofendido cuando este niño comience a profetizar que es necesario que para nuestra salvación, que él muera en la cruz por nuestros pecados. Si esto te escandaliza o te es difícil de creer, luego será más difícil que veas en él al Rey de Reyes, cuyo trono será un madero cruzado formando la cruz, o cuya corona real es una de espinas y de cuya cara y manos emana la sangre preciosas de Dios y el sudor de Divino, y de su costado, de corazón perforado, fluya “sangre y agua” (Juan 19:34). Si te desilusiona este Rey de los judíos, cuando mires un crucifijo... solo veras en él, un cadáver en la cruz y solo podrás apreciar la cruz como una atroz maldición y ella solo te declarará que ni siquiera la Justicia divina es correcta.

Pero para los cristianos esto no es así. Espero que para ti no lo sea. Porque estamos aquí, entorno a la Palabra de Dios, para alegrarnos, disfrutar y afirmarnos en la celebración de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo. Entonces ¿Te unirás a los pastores e irás a Belén y verás esta cosa que han ocurrido? Creo que a todos nos gustaría hacer eso, ir al pesebre y ver la escena original, pero no lo podemos hacer pues esta promesa nos ha sido dada a nosotros. Mientras que la promesa de que “he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” nos incluye a ti y a mi, la promesa de hallar “al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre” fue dada sólo solo a los pastores, esta fue sólo para un lugar específico: un pesebre de Belén y para un tiempo particular aproximadamente unos 2.000 años atrás. Un tiempo y lugar tan específicos que si los pastores hubiesen decidido no ir a la posada se habrían perdido de estar en la Presencia del Señor Jesús y si hubieran esperado cuarenta días antes visitar el sitio del pesebre, no habrían visto a Cristo el Señor. Pero no esperaron. Fueron “pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre”. En la oscuridad de esa noche, los pastores fueron guiados por la Palabra de Dios, La Palabra entregada por un mensajero del Señor, dirigiéndolos al único lugar donde su Salvador estaba y esos hombres entraron en la misma presencia del Salvador, que es Cristo el Señor, y pasaron a formar parte de la Sagrada Familia de Dios, congregada alrededor del pesebre “Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.”

¿Y nosotros que, solo nos quedamos con la postal del Nacimiento? ¿Hay alguna promesa para nosotros...,una oportunidad para estar en la presencia misericordiosa del Señor?

La respuesta es un gran Sí, porque “en tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” 2 Corintios 6:2.
Otra vez Sí hay una promesa para ti y para mi, pues el Señor Jesús han prometido, “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Mateo 18:20.

Comenzamos en ese momento de Servicio de parte de Dios esta mañana en su Nombre, cuando nos reunimos e invocamos al Padre y al de Dios y al Espíritu Santo. Así es que todos, grandes y niños somos congregados aquí en la presencia del Señor. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. (1 Juan 1:9) y en la
absolución la misma Palabra de Dios anuncia ese perdón que es para los niños, para cualquier visita que se reunió en este lugar y para los miembros de la congregación.

Entonces allí, mejor dicho aquí, en esta pequeña Belén... en esta Casa de Pan está esa la Presencia
especial, sacramental, verdadera del Señor. Ese es el mejor regalo de Navidad hacia nosotros, él se da a sí mismo a su Iglesia, donde Jesús dice: “esto es mi Cuerpo, esto es mi Sangre dada y derramada para el perdón de los pecados”. Así que Dios mismo nos prepara por su Palabra para la recepción de su mismo Cuerpo nacido de la virgen María y de la misma Sangre derramada en la cruz. Estás invitado a participar de y en el Señor Jesucristo.

¿Qué hacer después de recibir y oír esta Invitación de Navidad? Dos cosas específicas vienen a la mente en base a lo que hemos leído y oído de parte de Dios, a saber: ser como María y ser como los pastores. ¿Qué hicieron ellos? Veamos en la Palabra: “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho”.

Guardemos este mensaje de Navidad, que Cristo se hace presente y nos dice que lo encontramos en su Palabra y Sacramentos para el perdón de nuestros pecados. Es por ello que podemos glorificar y alabar a Dios por todas las cosas que nos ha prometido y cumplido en Cristo Jesús.

Amén.
Creí, por lo cual hablé .