martes, 10 de marzo de 2009

2º Domingo de Cuaresma.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Jesús es nuestro salvador”

LECTURAS DEL DÍA

Antiguo Testamento: Génesis 17:1-7, 15-16

Epístola: Romanos 5:1-11

Evangelio del Día: Marcos 8:27-38

27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. 29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo. 30 Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.
31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. 32 Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle. 33 Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? 37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.



Sermón

En época de cuaresma es necesario que meditemos en quién es Jesús y en el porqué de su muerte en la cruz. Pero esa información puede ser un dato más o puede calar hondo en tu vida.

¿Cómo afecta la vida y obra de Jesús en tu propia vida y en tus propias obras?

¿Quién es Jesús?

En nuestra sociedad el nombre de Jesús de momento no es algo ajeno a nuestra base de datos mentales. Mal que mal la mayoría tiene alguna referencia de Jesús. Pero ¿Qué piensa la gente de Jesús? ¿Quién dicen que es?

Jesús confrontó a sus discípulos con estas preguntas a fin de que reflexionasen en cómo las personas de su alrededor lo veían, qué pensaban, qué creían y que hablan de Él.

Por lo visto los discípulos no estaban ajenos a su entorno y pudieron responder rápidamente sobre las distintas teorías que las personas se habían formado sobre Jesús. Ellos dijeron por lo menos tres diferentes ideas que se rumoreaban acerca de Jesús: “unos, Juan el Bautista; otros Elías; y otros alguno de los profetas”. Y esto sin contar que algunos creían que era un loco y otros incluso hasta un demonio. Las declaraciones de los discípulos dejan constancia de que ya en épocas del Nuevo Testamento surgían diferentes “creencias” sobre el Señor Jesús.

Incluso hoy día se sostienen cosas tan variadas sobre Jesús como que fue un hombre más en la historia, pasando por ser un gran personaje influyente, un político de la justicia social, hasta un profeta como siguen sosteniendo el Islam o un ser que no es Dios, creado por Dios e inferior a Dios como sostienen los Testigos de Jehová.

Sería un interesante ejercicio hacer una encuesta preguntando qué piensa la gente sobre Jesús.

La información correcta

Hoy más que nunca sabemos de la importancia de contar con la información correcta. Ella nos aporta seguridad, claridad y precisión. Muchas veces perdemos valioso tiempo buscando algo por no saber dónde acudir. Lo mismo nos pasa si tenemos una idea equivocada de las cosas. Por ejemplo, si a mí se me ha puesto en la cabeza que en las gasolineras no venden bombonas de butano y yo necesito una, jamás recurriré a una gasolinera en busca de ella y mí idea preconcebida me imposibilitará obtener aquello que necesito. De la misma manera necesitamos saber quién es y qué nos brinda Jesucristo a fin de recurrir a él y recibir lo que quiere darnos.

En asuntos de fe muchas veces depositamos nuestra esperanza en cosas equivocadas, y esto es como esperar que salgan peras del olmo, o agua de un pozo vacío. Sabemos que por más que acudamos a ese pozo no saldrá agua de dónde no la hay. La información incorrecta nos la pueden dar o podemos llegar a ella por deducciones propias, pero sea como sea que hayamos obtenido una información equivocada sobre Jesús, el resultado va a ser el mismo: distorsionar la verdadera imagen y obra de Jesús. Por ello es fundamental contrastar lo que creemos de Jesús con lo que Él mismo nos mandó a creer. Esta información la encontramos en la Biblia, pues es ahí donde Dios se revela y es ahí donde se nos da a conocer quién es, qué hizo por nosotros y qué podemos esperar de Él.

¿Qué crees tú de Jesús?

Jesús muy hábilmente lleva a sus discípulos a confrontarse con la misma pregunta pues sabe de la importancia de que ellos tengan la información correcta sobre Él. Por lo general no nos supone un problema hablar de los demás, sin embargo a la hora de “mojarnos” nosotros mismo sobre algún tema puede que nos resulte más difícil y nos mostremos esquivos. Pero Jesús consideró de vital importancia que sus seguidores pudiesen responder a la pregunta ¿Quién soy yo para ti?

¿Qué supongo y que significo para tu vida? Estas preguntas es bueno que nos las hagamos y que podamos encontrar las respuestas correctas. Los planteos sobre Jesús pueden ser amplios: ¿Es Jesús solo una buena persona más, es un mito, es una tradición, una buena costumbre, una superstición o un nuevo legislador que trajo nuevas leyes para cumplir? ¿Jesús es Dios, es tu salvador, es alguien cercano a ti? ¿Crees que te perdona tus pecados y te da vida eterna gratuitamente? ¿Es Jesús el salvador suficiente o tengo que recurrir a las obras de los santos, a las mías propias o a la mediación de la virgen para lograr la salvación? ¿Crees que Jesús puede aportar algo significativo día a día en tu vida o es alguien ajeno a tu realidad? Y ahora surge la pregunta de rigor ¿Todo esto que piensas y crees de Él surge de su Palabra o son ideas tuyas que has gestado según tu parecer? Es vital que las doctrinas que creemos y confesamos sobre Cristo, las cuales son para nuestro provecho y el del que nos escucha, sean doctrinas enseñadas por Él en las Escrituras, de lo contario no nos servirán para nada, solo será información o afirmaciones incorrecta que nos llevaran por caminos erróneos. Jesús nos ha dicho “Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6) Por lo tanto Jesús es el camino que debemos andar, y en Él está la verdad y por él obtenemos vida, ya que solo a través de Él vamos al Dios Padre. ¿Crees esto de Jesús?

¡Tú eres el Cristo!

Pedro era un hombre al que le costaba controlar su impulsividad, era muy emocional y rápidamente reaccionaba de forma espontanea tanto para lo bueno como para lo malo. Por ello no nos sorprende que él sea el primero en responder a la pregunta del Señor ¿y vosotros quien decís que soy?

Los judíos esperaban al Mesías. Ellos conocían la promesa dada por Dios en las Escrituras y la creían. Pero esta promesa había suscitado muchas expectativas en el pueblo Judío e incluso poco a poco las personas se fueron configurando una idea propia, basada en sus deseos, de cómo sería el Cristo. Algunos se lo imaginaron como un rey poderoso que liberaría a Israel de la opresión de Roma y los pondría en la posición de un pueblo políticamente privilegiado. Claro está que el Jesús que se presento como Mesías no cumplía estas expectativas, ya que incluso terminó colgado de una cruz. Y al no coincidir sus deseos e ideales con la realidad de Cristo muchos se desilusionaron y muchos otros no le creyeron.

Más de una vez me ha pasado que deseaba que para mi cumpleaños me regalasen algo concreto y en mi mente había proyectado que lo recibiría, por lo tanto mi expectativa estaba puesta en eso, y no vean la cara que se me quedaba cuando no recibía aquello que esperaba. Cuando nuestras expectativas no corresponden a lo que vemos nos desilusionamos o desestimamos eso y seguimos esperando según el modelo que creamos en nuestra cabeza. En cuestiones de fe es mejor no dar rienda suelta a nuestros deseos e imaginación, sino saber qué es lo que debemos esperar de Jesús. Nuestra fe debe esperar y descansar en sus promesas que son firmes y reales.

Pedro, más allá de sus propias expectativas, le dice abiertamente a Jesús: “tú eres el Cristo”, esto es, el ungido prometido por Dios que según Isaías 53 daría su vida por el pecado del mundo. En el Evangelio de Mateo 16:17 se nos aporta un dato importantísimo diciendo que esto que confesó
Pedro no se lo reveló carne ni sangre, sino “mi Padre que está en los cielos”. Es decir que por conclusiones humanas o convencimientos, deseos o imposiciones no podemos hacer esta declaración. Solo Dios nos pude convencer de que Jesús es nuestro salvador y llevarnos a esa confesión pública. Por lo tanto si tú crees y confiesas que Jesús es tu Dios y salvador da gracias a Dios por haberte revelado a través de su Palabra tan maravillosa seguridad. Recurre cada mañana y dile a Jesús ¡Señor mío y Dios mío, tú eres mi salvador en quien confío! ¡Gracia Dios Padre y Dios Espíritu Santo por haberme dado a conocer esta hermosa noticia!
Jesús es Dios, la segunda persona de la Trinidad, que se hizo hombre para venir a ocupar nuestro lugar en la cruz. Su obra fue completa y perfecta y no hace falta añadirle nada. Jesús es nuestro salvador suficiente. Y él es quien nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” y Marta le respondió: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” Juan 11:25-27

El Apóstol Pablo estando preso por predicar el Evangelio de Cristo dijo: “por lo cual asimismo padezco esto (estar preso); pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído” 2ª Timoteo 1:12. Pablo está seguro de su fe y no se avergüenza de ella pues sabe a quién le ha creído, y no es nada más ni nada menos que a la mismísima Palabra de Dios. Es tan importante fundamentar nuestra fe en las declaraciones de la Palabra de Dios y permanecer en ella que Jesús oró a Dios así: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad" (Juan 17:17)
Cristo nos pone al tanto

Una vez que el Señor obtiene una confesión correcta en cuanto a su persona, y por lo tanto reconocen su autoridad y roll salvador en sus vidas, les cuenta a sus discípulos lo que ha de suceder. Pone a disposición la información necesaria, fidedigna y verdadera, para que ellos estén al tanto de los acontecimientos. Como estos acontecimientos que Cristo relata (su padecimiento, muerte y resurrección) sucederían más adelante, los discípulos debían echar mano de la fe, para creer y confiar en lo que Cristo les decía. Eso es en esencia la vida cristiana. Creemos a lo que Cristo nos dice y esperamos y descansamos en su promesa. Es fundamental en la vida del cristiano no solo conocer, sino también creer. Pues pude que aún con la información correcta sobre Cristo ello no me suponga nada en mi vida, no le crea y por lo tanto no me beneficie de aquello que el Señor quiere que por fe me apropie.

“Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos: Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Ro. 10:9-10

La lucha del cristiano

El gran problema surge cuando lo que Cristo dice no se acomoda a lo que esperamos o deseamos oír. A Pedro le sucedió eso. Él sabía que Jesús, a quien tenía frente suyo era el salvador prometido. Pero Pedro se había encariñado con Cristo y no quería por ningún motivo que se fuese de su lado, y en un arrebato de egoísmo emocional consideró que sus sentimientos hacia Cristo debían estar por encima del anuncio que Jesús les daba sobre su obra salvadora. Es interesante descubrir que con “buenas intenciones”, con emociones y discursos muy humanos que incluso pueden conmovernos hasta las lágrimas, podemos estar oponiéndonos a la obra de Dios.

Jesús tenía muy claro quién era, para qué había venido y qué tenía que hacer para rescatarnos del pecado, y por lo tanto rápidamente advirtió que la dantesca reacción de Pedro no provenía de la motivación dada por Dios sino del Diablo, que disfrazado de buenas intenciones humanas se estaba oponiendo a la obra de Cristo.

Nuestros sentimientos hacia cuestiones espirituales pueden ser engañosos y llevarnos por caminos que contradicen la Palabra de Dios. Por eso la fe no se basa en emociones sino en declaraciones que Dios ha dado. Sutilmente, y con buenas intenciones, podemos anteponer nuestros ideales, nostalgias, tradiciones, anhelos, etc. a la Palabra de Dios. Pero recordemos que aunque a Pedro su idea le parecía mejor que la de Cristo, Jesús vino a dar su vida por nosotros y lo hizo. Y Pedro aprendió la lección de la lucha diaria consigo mismo.

Apártate de mí Satanás

Cristo tiene claro que detrás de la idea de oponerse a su Palabra está el mismo que ya lo ha hecho en el Edén: Satanás. Y es por ello que le habla así a Pedro. Por eso lo mismo tenemos que decirnos a nosotros mismos cuando nos surge la idea de no amar a nuestro prójimo, de buscar solo nuestro propio bien. Cuando no queremos dar la otra mejilla. Cuando el odio, la bronca, el rencor la venganza nos susurra al oído su imponente mensaje, digamos “apártate de mía Satanás; eso no se corresponde con la Palabra que me ha enseñado mi Señor Jesús”.

Cuando el engaño, la falsedad, la mentira, la auto justificación nos seduce para lograr oscuros objetivos o para tapar nuestros errores, digamos: “apártate de mí Satanás, Jesús me ha enseñado a confesar mis pecado y recibir su perdón, no hace falta que me oculte”.

Cuando la ambición desmedida, la avaricia, la codicia o el egoísmo se apodera de nosotros y no somos capaces de mirar las necesidades ajenas y extender nuestra mano solidaria, digamos “apártate de mía Satanás, eso no es lo que me ha enseñado Cristo”.
Cuando no buscamos primero el reino de Dios en nuestras vidas, sino que estamos “apártate de mía Satanás y no intentes convencer de que cambie mis prioridades de vida.

Cuando nuestra mente racional demande explicaciones científicas a las doctrinas de Cristo y nos quiera hacer dudar por este camino, di, “Apártate de mí Satanás, Yo sé a quién he creído”.

Cuando el malestar, la dejadez, la pereza, la falta de compromiso, la vergüenza, o el miedo te inciten a dejar de involucrarte en la predicación del Evangelio en tu entorno di: “apártate de mí Satanás, conozco el envío que Cristo me ha hecho”.

Cuando la desesperanza en épocas de crisis te hacen temer al futuro, y te vengan ideas de desaliento y desazón, di con toda seguridad y tranquilidad: “vete Satán con estas ideas a otra parte, pues conozco la promesa de Cristo y confío en ella: No seré desamparado”.

Si sé y creo que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres, no necesitaré recurrir a otros mediadores fuera de Cristo para relacionarme con Dios. Si sé y Creo que Jesús es el camino, la verdad y la vida, y que nadie va al Padre sino por él, no necesitaré otros caminos alternativos para mi vida de fe, ni otras búsquedas filosóficas, psicológicas, ni políticas, humanistas, etc. para mi espiritualidad, pues en Cristo tengo todo y fuera de Cristo todo me sobra en relación a mi vida de fe. Por eso sigamos buscando a Cristo allí dónde Él nos ha dicho que está: Su Palabra y sacramento y disfrutemos de su compañía diaria. Amén.

Pastor Walter Daniel Ralli