domingo, 7 de junio de 2009

1º Domingo de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17


“En Jesús nacemos cada día”

Textos del Día:

Primera lección: Isaías 6:1-8

La Epístola: Hechos 2:4ª, 22-36


EL EVANGELIO DEL DIA

Juan 3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Éste vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. 3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. 9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? 13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Sermón

Hay momentos en que la vida se nos vuelve monótona, aburrida y vacía, generalmente ocurre cuando hacemos lo mismo de manera cotidiana. Realizamos actividades pero esa no encontramos la motivación interior para realizarlas.

Nos ocurre en tantos aspectos diferentes de nuestras vidas. En nuestros trabajos por ejemplo.
Realizamos nuestras actividades. El problema es cuándo realizamos estas actividades una y otra vez, un año, dos años, veinte o cuarenta años (aunque este tipo de trabajo y cualquier otro ya escasean). Como la mayoría de los comienzos, el trabajo nos resulta excitante, pero con el tiempo el entusiasmo se pierde ese sentimiento inicial y las satisfacciones son cada vez menores. Los trabajos pueden volverse tediosos y aburridos. Es así que no solo el trabajo se vuelve tedioso y sin sentido, sino que nosotros mismos, podemos llegar a vernos sin sentido en esta vida.

Lo mismo puede ocurrir en la escuela. Para muchos hubo momentos en que no se encontraba entusiasmo en estar allí. Especialmente en tardes de mayo o de principios de junio, donde vivíamos las últimas semanas de escuela. Ya nos habíamos cansado de haber tenido al mismo maestro por casi nueve meses y las motivaciones estaban más en el tiempo vacacional o piscina que en las aulas.

Lo mismo puede ocurrir en el matrimonio. Quizá en el inicio de su matrimonio hubo emociones y expectativas, pero el tiempo transcurre imperceptiblemente y ese entusiasmo que estaba, ya no e lo ve por allí. El matrimonio comienza a convertirse en una rutina, donde muchas cosas suenan un poco repetitivas. Aquellos que llevan casados mucho tiempo, muchas veces evitan hablar de ciertos temas con su pareja porque saben qué cosas se les va a responder al transcurrir solo dos minutos se sabe dónde va a terminar la charla. En medio de discusiones se piensa o dice: “cariño, otra vez sobre este tema. Ya no quiero hablar más del tema. Hemos discutido sobre esto unas 1.000 veces”. Sabemos que estas cosas y otras más, nos llevan a perder la motivación y alegría en nuestros matrimonios.

Esto también puede ocurrir en su vida religiosa, en su relación con Dios, donde se ha maravillado con la intervención de Dios una y otra vez. Al asistir el domingo mañana a la Iglesia, quizá has experimentado las mismas rutinas, las mismas oraciones hechas por otras personas hace tiempo y las mismas viejas liturgias y los mismos sermones que parecen repetidos, dichos por el párroco que ha envejecido contigo, con los mismos antiguos himnos y hasta quizá te sientas en el mismo banco de iglesia, con las mismas personas que sujetan los mismos himnarios marcados por el tiempo. Hasta parece que domingo tras domingo es lo mismo. Es así que llega un tiempo en la vida religiosa en donde uno comienza dejar de disfrutar de la presencia de Dios y por contrapartida comienza a sentir que la motivación interior ha desaparecido.

Estás son solo imágenes de algunos aspectos de nuestro diario vivir… el trabajo, la escuela, el matrimonio y la religión. Sin duda que estos ejemplos alcanzan para saber que la vida puede convertirse ciclo repetitivo y aburrido, haciendo lo mismo de siempre, una y otra vez. Es así que nos acercamos a la historia del Evangelio de Hoy. Nicodemo fue un hombre que realizaba las actividades de la religión oficial pero no habia que algo estaba fallando en sus motivaciones.

Déjeme comentar brevemente algunas cosas adicionales sobre Nicodemo.
Nicodemo fue un hombre, que se cree que rondaba alrededor de los cincuenta años. Materialmente era un hombre distinguido y exitoso en su trabajo. Era un maestro de la ley, un profesor de religión en el templo de Jerusalén. En su relación con Dios, Nicodemo era un hombre que realizaba muchas actividades. Él conocía muy bien la ley de Dios. Era un maestro de la ley, pero su entusiasmo ya no estaba allí. Sabía que su relación con Dios ya no era perfecta.

Así es que Jesús apareció en la ciudad y seguramente Nicodemo había ido a oír a Jesús predicar en el templo u oyó a otros hablar sobre su predicación. Lo seguro es que las palabras pronunciadas por Jesús y oídas por Nicodemo lo afectaron y es por ello que decidió hablar con Jesús.

Es así que Nicodemo fue a la casa de Jesús sobre la medianoche, esto era para que sus colegas en la enseñanza de la Ley lo puedan ver o saber de este encuentro.
Nicodemo sabía que no tenía toda la razón consigo mismo. Sabía que le faltaba algo en su vida o que algo no marchaba adecuadamente. Se sentía fatigado, sus rutinas lo abrumaban, ya no se cuestionaba nada de lo que hacía y no disfrutaba de ello. Se veía viejo y lento. “¿Qué podrá decirme este nuevo Maestro?”

Jesús, con su extraña habilidad de mirar directamente en el corazón de las persona, le dijo en otras palabras: “el problema que tienes, no es que estés viejo o cansado. No es que estás agotado y aburrido. El problema es que no estás cerca de Dios. Te has distanciado de Dios. Nicodemo, necesitas nacer de nuevo.”

Nicodemo contestó: “¿Nacer otra vez? ¿Cómo puedo volver al vientre de mi madre? Vamos, eso es imposible.” Jesús dio a entender que Nicodemo no lo comprendió. “Necesitas nacer de nuevo, necesitas nacer de la alto y esto es algo que solo Dios puede hacer, porque es nacimiento en tu relación con Dios. Necesitas nacer del agua y del Espíritu”. Nicodemo se fue y no se nos dice si entendió o no el mensaje dado por Jesús.

Pero ¿Cómo acaba esta historia? ¿Pudo Nicodemo volver a nacer? ¿Cuál es el final de la historia? Los Evangelios no explican qué sucedió con él en ese momento. Pero tenemos que ir de diecisiete capítulos hacia adelante en el Evangelio de Juan para oír y conocer el de esta historia. En los acontecimientos del Viernes Santo, después de que Jesús había sido crucificado y muere en la Cruz, un hombre rico llamado Jose de Arimatea y otro llamado Nicodemo vinieron a preparar el cuerpo de Jesús para la sepultura. Estos dos hombres tomaron perfumes y las especias para ungir el cuerpo de Jesús antes del entierro. ¿Y Nicodemo? Él estaba allí, realizando este ritual de manera pública, a la vista de todos. ¿Era el viejo Nicodemo?.

No, creo que esta información del Viernes Santo sobre la presencia de Nicodemo nos deja saber que Nicodemo era un discípulo de Jesucristo. Que había nacido de nuevo, nacido de arriba.
Pero ¿Qué quiere decir eso de nacer de nuevo, nacer de lo alto? ¿Qué quiere decir para nacer nuevamente? ¿Para qué es la lección de Dios para nosotros en la historia de Evangelio hoy?
Pues bien, con demasiada frecuencia en la vida, nos distanciamos de Dios. En nuestra relación con Dios, experimentamos rotura y distanciamiento a causa de nuestros pecados, sean de palabra, pensamiento u obras.

Puedes ser una persona que tiene cinco años, quince, veinticinco, treinta y cinco, cuarenta y cinco o los que tenga, te has distanciado de Dios. Incluso un niño recién nacido está distanciado de Dios. Por eso Jesús dice que “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Las cosas no son perfectas. Los Nicodemos que están leyendo quizá no tengan más de sesenta y cinco años, quizá puedas tener quince años, veinticinco o treinta y cinco, o incluso uno y medio como mi hija que lo está oyendo.

Si vez que las cosas en tu vida no van perfectamente, cuando tu religión se ha convertido en nada más que un ritual, cuando no ves más que una estructura en lugar del obrar del Espíritu perdonando pecados y dando la fe, es que necesitas encontrarte con Jesús, y confesarle que necesitas de su ayuda. Es así que Jesús quiere decirte lo mismo que a Nicodemo: “Es necesario que nazcas de nuevo y de lo alto”.

¿Qué quiere decir para nacer del agua?

En primer lugar no depende de nosotros. Así como no hemos aportado nada a nuestro nacimiento. Ya que ni siquiera hemos pedido nacer y solo hemos dejado que Dios y nuestra madre permitan que nuestro cuerpo se desarrolle de manera milagrosa, en el ámbito espiritual pasa lo mismo. Solo Dios es quien nos da la vida espiritual y la sostiene. Nacemos de padres humanos y nos encontramos alejados de Dios. Esclavos del poder del pecado y sujetos y condenados por la Ley que nos acusa y aleja de Dios y nos condena a la muerte eterna.

Pero el amor de Dios no nos deja allí. Nos busca y rompe esa situación de malestar, pecado y muerte. Por eso Dios nos llama a su presencia en las aguas del bautismo. Para engendrar en nosotros aquello que no poseemos, para hacer algo totalmente nuevo en nosotros. El Espíritu Santo obra en el Bautismo, con el Agua y la Palabra, la fe que no tenemos, la pureza que nunca disfrutamos y la posibilidad de hacer cosas que de otra manera nunca hubiésemos hecho. Esto lo hace porque en el Bautismo nos une a Cristo en su muerte y resurrección (Romanos 6:4). O sea que por medio del Bautismo no solo disfrutamos de una nueva vida aquí en la tierra, sino que se nos abren las puertas del cielo, dónde recibiremos una “herencia incorruptible… reservada para nosotros” (1 Pedro 1:4-5). Si tienes dudas sobre tu nuevo nacimiento solo tienes que preguntarte si has sido bautizado. Allí Dios te responde “SI. Allí te he dado vida y salvación. Me he comprometido a ser tu Dios y a cumplir mis promesas de perdón, vida y salvación”.

En tu bautismo has pasado de muerte a vida, de estar lejos a estar cerca de Dios, del pecado a perdón. Pero ¿Qué tiene que ver ese hecho que ocurrió hace tanto tiempo con mis problemas cotidianos mencionados al comienzo? ¿Cómo me puede ayudar el saber que he nacido de nuevo con mis apatías?

¿Qué produce en mí el haber nacido de nuevo? ¿Cómo puedo aprovecha mi bautismo todos los días? Una de las maravillas del bautismo es que te permite espiritualmente hacer algo que haces en tu vida cotidiana, que es “Cambiarte de ropa”, quitarte la ropa sudada y sucia y ponerte ropas limpias.

El bautismo, el haber nacido de nuevo, nos llama a una acción de quitarnos las ropas sucias y revestirnos de Cristo. Diariamente somos llamados a quitarnos nuestros caprichos, temores, angustias y demás pecados, para que estos no nos controlen. También diariamente somos llamados a revestirnos de Cristo, de su perdón, para hablar y pensar como él. Cristo reside en nosotros desde nuestro bautismo, así que puede ayudarnos en las situaciones desagradables y tensas de nuestra vida (Romanos 8.9-11 y Gálatas 2.20).

Esto es fácil decirlo y hacerlo en el plano de quitarnos la vestimenta cotidiana. Pero en el plano espiritual sabrás que se despierta en nosotros una lucha interna. Por naturaleza no nos queremos quitar las antiguas vestiduras, la antigua manera de vivir. Preferimos seguir quejándonos de los otros a perdonarlo, preferimos que todos estén pendientes de nuestras necesidades a ver las necesidades de los demás y tenderles la mano. Es más fácil quejarnos de nuestros trabajos y pareja en lugar de agradecer a Dios por ellos. Es una lucha diaria y constante.

El bautismo nos ayuda a reconocer que esa parte de nosotros no tiene más poder del que le demos, que Cristo las ha vencido y nos ha dado la victoria sobre ellas. Cristo por medio de su Palabra busca a diario revestirnos de él, a darnos su poder para que lo usemos y vivamos nuestras vidas según su voluntad.

Esta lucha interna en nosotros no nos debe causar dudas o angustias. Porque en primer lugar nos indica que en nosotros hay vida espiritual. La presencia de esta lucha indica que estamos tomando a Dios enserio que nuestra fe está obrando en nosotros.

Otros de los beneficios que nos da el bautismo es el de tener una nueva familia. Al nacer de nuevo tenemos un nuevo Padre, nuevos hermanos en Cristo. Así que ya no estás solo, hay otras personas que viven cotidianamente el nacer de nuevo, quitándose las viejas ropas del pecado y dejando que Cristo los reviste de pureza.

El último punto que me gustaría desarrollar es que el nuevo nacimiento nos permite ser imitadores de Cristo. Aquí podremos decir: “no podemos con nuestra vida y problemas y ahora se nos dice que debemos ser como Cristo”. No es así en primer lugar no es que debas imitar a Cristo, sino que desde tu bautismo “puedes imitarlo” Así como de pequeños nos enseñan las letras para que las copiemos, sabemos que nuestras primeros ensayos no salen muy bien necesitamos mucho tiempo para perfeccionar nuestra caligrafía. Pero se nos anima a que estudiemos y tratemos de copiar el modelo perfecto de letras, que nuestros esfuerzos sean comparados con el original y que tratemos de hacerlo mejor la próxima vez.

El apóstol Pedro escribió: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” 1 Pedro 2:21. La palabra que Pedro utiliza de “ejemplo” se refiere a una linea perfecta de escritura. Es como si nos dijese “piensesn a travez de todos los detalles de las vida de Jesús”. Fijensé cuidadosamente en las veces que se somente a la voluntad de su Padre y usa su vida para servir a otros ccomo su Padre quería que los sirviera. A continuación Pedro da detalles acerca de como hemos de poner en práctica el llamdo de ser hijos de Dios, viviendo como siervos (empleados 2.18), esposas (3.1), esposos (3.7) y como cristianos (3.8-9). A partir de aqui es que puedes salir de tus monotonias cotidianas, sabiendo que en Cristo eres una nueva criatura todos los días, una nueva criatura, todo lo anterior ha pasado, puedes disfrutar día a día de la novedad de vida en Cristo.

En las escuelas llegamos a graduarnos luego de muchos esfuerzo, sacrificios y examines, pero en la escuela de Cristo no terminamos de practicar hasta que Dios nos lleve a su preencia. Pero estate seguro de que y ate has graduado en la escuela de Dios porque todos tus pecados han sido perdonados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En Cristo. Pastor Gustavo Lavia.