domingo, 3 de enero de 2010

Epifanía.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Epifanía

“Cristo, nuestra luz se hace presente”

Hoy reflexionaremos sobre la implicancia de la Epifanía, la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Hoy, una vez más, todas las lecturas, todos los himnos, y todas las luces señalan a la verdadera Luz de estas fiestas: Jesucristo.

Oímos la lectura del libro de Isaías para esta Epifanía: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.”

También lo expresa Juan en su primera carta cuando dice: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 6 Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”

¿Ha estado alguna vez en un cuarto totalmente oscuro? Si no ha estado en uno intente imaginarse en una gran habitación, en la cual no pueda verse ni siquiera la palma de la mano. Imagínese un sitio bien amplio, pero oscuro a tal punto que mire para donde mire no pueda ver nada. No ve donde pisa, no ve donde están las paredes, no ve si hay obstáculos, no hay señales luminosas que indiquen una salida de emergencia. Ni siquiera puede ver que altura tiene el techo porque no sabe siquiera si hay techo. De pronto se hoye un estruendo y “PUMMM” una gran explosión de fuegos artificiales en lo alto de su cabeza. Imagínese las “fallas valencianas” alumbrando su entorno. Habrá una sonrisa en su rosto, muestra de alivio por ver algo a su alrededor y por la belleza de los fuegos artificiales, habrá seguramente un suspiro o una exclamación de “que belleza” “que impresionante”, “Magnífico”.

Quiero pensar que ese fue el estado de ánimo de muchos ángeles cuando Dios, al principio del tiempo, cuando no había luz, creo la luz. Todo era oscuridad. El universo entero estaba completamente a oscuras. Dios estaba sentado allí en ese universo oscuro. Dios miró al mundo, estaba obscuro y guardó silencio. Repentinamente, unas palabras suyas hizo que explotara la luz y los destellos. Todos esos destellos pequeños se fijaron en el cielo y se convirtieron en estrellas y cuando Dios vio las estrellas, y luces creadas dijo “Es bueno, es bello. Un buen trabajo”.

Creo que parte de esto nos lo podemos imaginar cuando en las celebraciones navideñas, de noche vieja o de alguna fecha importante de nuestro pueblo o ciudad se conmemoran con pirotecnia de gran porte. Allí nos sentamos a esperar que comiencen los fuegos artificiales para el deleite de nuestra vista. Es lindo ver a los niños esperando este acontecimiento, con los ojos tratando de ver qué va a suceder y llegado el momento la luz en sus ojos y en sus sonrisas. Repentinamente, la función comienza y un cohete sube velozmente en el aire y se suelta en un ataque de luz multicolor, toda la gente comienza a dar exclamaciones. Creo que la mayoría de las personas reaccionamos de la misma manera, con asombro y fascinación. ¿Por qué será que compartimos esta fascinación por las luces en el cielo? ¿De dónde viene ese interés?

Me gusta pensar en que tiene que ver con que todos los seres humanos somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Caídos en pecado, es cierto, pero que conservamos vestigios de esa imagen y semejanza. La diferencia está en que Dios es luz y en Dios no hay oscuridad en absoluto. Sin embargo en nosotros si hay oscuridad y pecados.

En estas fiestas de Navidad y Epifanía celebramos que por la gracia de Dios se nos ofrece su luz a cada uno y a todas las personas. Todos los seres humanos reaccionan positivamente y favorablemente a la luz, porque en nosotros está la remembranza del ser hechos a la imagen de Dios.

Déjeme citar otros ejemplos. Tomemos un bebé de seis meses de edad y pongámoslo delante de un árbol de Navidad. El bebé no hará nada. Pero si encendemos las luces de colores titilantes de ese árbol de Navidad, los ojos del bebé centellean y se iluminan a la par de las luces del árbol.

¿Por qué responden todos los bebés de la misma manera hacia la luz? ¿Por qué será que a los seres humanos nos fascina y nos atrae tanto el tema de las luces? Creo que en parte es porque somos hechos a imagen de Dios. Dios es luz. Anhelamos la presencia de Dios, ya que en él no hay oscuridad alguna.

En este ámbito también cabe decir que hay una parte negativa. Porque así como somos atraídos a la luz, también tenemos rechazo y miedo a la oscuridad. No somos atraídos por lugares o espacios oscuros. En algunas oportunidades realmente nos da miedo la oscuridad, aunque no lo admitamos. A nadie le agrada conducir de noche por un camino sinuoso que no conoce y menos si la visibilidad es escasa o nula. ¿Por qué están la mayoría de niños pequeños les asusta la oscuridad? Si eres un niño y debes entrar en una casa oscura, a menudo dejas a tu madre y tu padre entrar primero así ellos que pueden encender las luces. Como adultos a menudo encendemos las luces para asegurarnos de que no hay nadie extraño en la casa. Cuando tenemos que subir por las escaleras de un edificio no nos sentimos tan seguros subiéndolas a oscuras que con las luces encendidas.

Ni hablar en lo relacionado al clima. No nos apetece nada que amanezca lloviendo y mucho menos cuando aún está oscuro. Tenemos una predisposición natural para disfrutar de la luz. No nos gusta la oscuridad en absoluto. Incluso aquellos lugares en los cuales se trasnocha están llenos de luces.

Pero en nuestra vida espiritual esto tiene un sentido totalmente inverso. Dios es luz, se hizo luz entre nosotros, pero nuestra tendencia natural es a rechazarlo, a alejarnos de él. Preferimos naturalmente habitar en la oscuridad de nuestros pecados y dolencias espirituales. Allí nos sentimos solos y creemos que como nadie nos ve, estamos a salvo. Que en esa oscuridad podemos ocultar nuestros pecados de la vista de las personas y de Dios. Pero Dios no nos deja allí, se manifiesta, se hace presente en la historia de la humanidad y en tu historia. Podríamos afirmar que tu historia comenzó en el pesebre de Belén. Allí tu vida comenzó a resplandecer, allí dejaste de caminar en la oscuridad y pasaste a disfrutar de la gracia de Dios. ¿Cómo afrontar entonces esa dualidad que vivimos como cristianos, entre la oscuridad en nuestras vidas y la luz de Dios resplandeciente en ellas?

Es cierto que en este año que comienza habrá dos realidades concretas. Una serán los problemas y pecados que nos asediarán constantemente. Otra el amor de Dios buscándonos para perdonarnos y fortalecernos. Es así que Dios por medio del profeta Isaías, nos dice, “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.”

Este pasaje cobra un significado mayor al conocer el trasfondo por el cual se invita a los oyentes a levantarse a disfrutar y alegrarse del brillo y presencia de Dios sobre ellos. Fue escrito por Isaías al pueblo judío cuando habían regresado de sus campamentos como prisioneros de guerra. Ellos habían regresado a la tierra prometida, de regreso a Jerusalén, de regreso a sus casas y granjas después de mucho tiempo de exilio. ¿Cuáles fueron los sentimientos de las personas? Más allá de la alegría que les producía el volver a sus tierras, los embargaba un sentimiento de depresión y angustia. Sin lugar a dudas muchos de nosotros también nos habríamos deprimido al ver sus casas, sus granjas, su sitio de culto y país cuando regresaron. Todo había sido destruido y saqueado por la guerra. Cómo te habrías sentido al regresar a Hamburgo, Alemania después de la Segunda Guerra Mundial y ver que todas sus catedrales, sus casas y sus fábricas habían sido destruidas con explosivos y todo lo que podría verse era escombros. Cuándo estos judíos regresaron a Israel después de estar en campamentos de prisioneros de guerra, sus granjas eran escombros, sus ciudades eran escombros, sus negocios eran escombros, sus hijos habían sido asesinados, sus esposos eliminados. Y lógicamente con semejante panorama todo el mundo estaba deprimido.

En esa deprimente situación de la secuela de guerra, el profeta Isaías escribió a aquéllos que
caminan en la oscuridad: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.”. A los caídos, a los vencidos, a quienes no tienen fuerzas les dice “Levántate”. Aquéllos de vosotros que caminan con la cabeza gacha, por la derrota del pecado en sus vidas, por el fracaso de la realidad que los rodea. Aquéllos de vosotros que han cerrado sus ojos a toda esperanza, a quienes han dejado de esperar en Dios, “levántense”. Aquéllos de vosotros que están hundidos en la depresión, despierten y levantantense. No porque tu realidad vaya a cambiar de inmediato, sino porque Dios se ha hecho presente, su luz ha llegado, Dios es con nosotros. Estas inspiradoras palabras no fueron escritas en el tiempo en que Abraham tenía todo tipo de posesiones, muchos niños jugando a su alrededor, mucho ganado y ovejas. Las cosas iban viento en popa para Abraham y así es que él no oyó las palabras “Levántate, resplandece, levántate y sígueme que mejorará tu vida.” Estas palabras aún no estaban escritas ni siquiera en tiempos del Rey David, quien fue un héroe militar. “Levántate y resplandece David, y ganarás más batallas.” Ni fueron dichas al Rey Salomón quien tuvo muchísimas riquezas de las que el mundo alguna vez ha visto. “Levántate, resplandece Salomón y serás aún más rico.” Nada de eso.

No. Estas palabras fueron escritas para vivificar a quienes estaban siendo oprimidos por la realidad de sus vidas. Estas palabras son para personas que sintieron el abandono, que estaban a punto de darse por vencidas, que tenían ganas de tirar la toalla y dejarse morir.
¿Qué tienen que ver esta Palabra de Dios con nosotros casi tres mil años más tarde? Tres mil años más tarde es mucho tiempo. ¿Pueden tener alguna relevancia para nosotros hoy día? La respuesta es un rotundo SI.

Seguramente en el 2010 afrontaremos problemas y situaciones complejas. No hay excepciones. No conozco a nadie que no haya vivido en un lecho de rosas por siempre. Aun los niños experimentan períodos de tensión y angustia. La vida parece un sube y baja, un constante fluctuar, en algunos con más intensidad que otros, pero todos tenemos esos periodos de bajón. Puede sonar muy negativo comenzar el año así, pero creo que es realista y positivo hacerlo porque ahora podemos fijar una promesa fundamental de nuestro Dios. Es que en medio de la oscuridad que nos puede rodear, en medio de los bajones o golpes que nos puede deparar este 2010 tenemos las palabras de Dios por medio del profeta Isaías “Levántate, resplandece, porque ha venido Tu y la gloria de Jehová La ha nacido sobre ti.”

Podrás objetar este llamado de Dios diciendo “no tengo ganas de levantarme. No tengo fuerzas para levantarme. No sé cómo hacerlo.” Eso está bien. Porque reconocerás que el poder no está en ti. El Señor es el que pondrá sus manos debajo de sus brazos y comenzará a levantarte, inicialmente con las Palabras de Isaías. Afirmándote que Dios se ha hecho presente en tu vida, para traerte luz, para guiarte y en especial para perdonarte todos tus pecados. Así como se hizo presente en Belén y brillo de tal manera que los sabios llegaron desde el oriente para adorarlo.

¿Cuáles pueden ser algunas de las circunstancias que nos afectarán? ¿Cuáles son esas circunstancias que harán que queramos tirar la toalla? La pérdida de un conyugue. Si usted pierde a su marido o su esposa, sin dudas pasarás por un periodo de bajón anímico. La pérdida de un hijo. Es uno de los dolores más profundos que una persona puede sentir. La pérdida de un matrimonio. Cuando se acaba un matrimonio, asumirlo es difícil para todo el mundo, el marido, la esposa, los niños, los familiares y amigos. La pérdida de salud. Sobre todo cuando ocurre repentinamente y los planes de vida cambian inmediatamente cuando somos confrontados con muerte o una enfermedad seria. La pérdida de trabajo. Muchos, lamentablemente, saben qué es perder su trabajo y las dificultades que acarrea en las finanzas familiares y el ego personal. La pérdida de autoestima, de sueños y esperanzas y la lista sigue sin parar. Todos nosotros estamos expuestos a esta gran colección de dificultades y amenazas que nos acechan.

¿Nos deja Dios vivir en nuestra depresión, aún estando justificados delante de él? Cuando las ciudades judías, las casas y las granjas eran escombros, sobre todo su templo no era más que un montón de escombros y sus vidas eran escombros. En medio de esa situación en donde a pesar de contar con el favor de Dios estaban deprimidos, tristes y angustiados, Dios le dice a su pueblo: “Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”.

Levanta tu rostro. Abre tus ojos. Ponte de pie porque estoy contigo. El propósito de las palabras de Dios es ponernos en movimiento, darnos ánimo y esperanzas, levantarnos una vez más para no volver a caer en nuestros pecados o depresiones, que podemos experimentar en diferentes etapas de nuestras vidas.

Qué quiere decir cuando Dios nos dice: “ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.”

Lo más obvio es que la luz de Dios está en ti. Cuando fuiste creado, a imagen y semejanza de Dios fuiste creado en el vientre de tu madre. Pero como persona pecadora esa imagen y semejanza estaba totalmente distorsionada. Por eso en tu segunda creación, en tu bautismo, Dios te dio de su luz divina. No comprendemos cómo logró llegar, pero así lo ha prometido que él habita en nosotros por medio del bautismo. Dios habita en ti y en mí. La luz sagrada de Dios está en nosotros. Simplemente cuando te sientas sin ánimos para seguir adelante, con ganas de dejar todo y de tirar la toalla, recuerda que Dios te dice “Levántate. En marcha. No abandones, yo estoy contigo.” Son palabras que quizá olvidemos pronto. Pero recuerda que el tiempo Epifanía trata de reforzar la idea de que Jesús se ha manifestado y lo sigue haciendo. Por ello en los
Oficios Divinos siempre está la Palabra de Dios recordándote que él está en ti y por ti. Esa presencia de Dios se manifiesta cuando se te anuncia el perdón de los pecados, cuando participas de la Santa Cena, allí Dios te dice una y otra vez “ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.”

Allí encontraras tu fuente de energía. Humanamente sabemos que no podríamos sobrevivir son la energía que nos brinda el astro rey, el sol. Espiritualmente también sabemos que no podemos sobrevivir son la energía que viene de esa luz que es Cristo, de su nacimiento, muerte y resurrección. Insisto en lo importante de volver a la Palabra y Sacramentos, porque allí nos es dada la “manifestación de Jesús” para ayudarnos a ponernos de pie, esa misma luz está por encima de ti y de tus problemas, dándote energía. Y así es que tienes a Dios en tu interior, también protegiéndote de todo mal y peligro. Para todos nosotros en este día y en el resto de nuestras vidas, el mensaje de Dios es “Levántate. Resplandece. Mi luz ya ha venido en Cristo Jesús. Mi luz está en ti y por encima de ti. Mi luz es tu guía, búscala en mi Palabra y Sacramentos. Mi luz es tu poder. Levántate. Mi luz ya ha venido a ti.” Amén.

Mateo 2:1-12 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, 2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. 3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. 4 Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: 6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel. 7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; 8 y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. 9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. 10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. 12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Efesios 3:1-12 Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; 2 si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3 que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, 7 del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. 8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, 9 y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; 10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, 11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, 12 en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él;

Isaías 60:1-6 Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. 4 Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. 5 Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti. 6 Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová.