lunes, 27 de diciembre de 2010

1º Domingo después de Navidad.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

1º Domingo después de navidad

“Huyendo con Cristo de los peligros”
TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA

Primera Lección: Isaías 63.7-9

Segunda Lección: Gálatas 4.4-7

El Evangelio: San Mateo 2.13-15, 19-23

Sermón

INTRODUCCIÓN

Hay un dicho que dice: “Soldado que huye sirve para otra guerra”. Si bien la frase tiene varias interpretaciones y aplicaciones, a mi entender ella no es una apología a la cobardía en su sentido deshonroso (deserción), sino un alegato a la sensatez. Huir a tiempo puede que no siempre sea de cobardes, sino de sabios.

Tiempo de huir:

El Evangelio hoy nos muestra que José tuvo que huir con su familia. Dios en su sabiduría prevé todo, incluso contempla una “huida” para luego regresar llevar a cabo su plan salvífico. Podemos estar tranquilos ya que Él tiene todo bajo control. La salvación está en buenas manos y es segura. Cristo la llevó a cabo y nos redimió del pecado, la muerte y nuestra propia carne, aunque para realizarlo tuvo que incluir una huida a Egipto.

· Pero ¿huir de qué?

Los psicólogos nos hacen huir de las “emociones” que nos atan y no nos dejan en paz. Los filósofos quizás dirían que hay que huir de la ignorancia. Los estafadores huyen de la ley. Muchos intentan huir de la crisis y la pobreza. Otros huyen de la moral cristiana y hay quienes directamente huyen de Dios ¿Y tú?, ¿huyes de algo?

Huir significa alejarse deprisa de algo o alguien que suponga una amenaza para nosotros y nuestro estado de bienestar. Y cada uno tiene su propio parámetro de bienestar y de los peligros que pueden atentar en su contra. Se puede huir del compromiso, de los estereotipos, del consumismo o del “qué dirán”. Podemos huir de la envidia, la codicia, o el odio. Se puede huir de los vicios, del cotilleo, de los créditos bancarios, de nuestra familia, de nosotros mismos, de la vejez o de la muerte.

Nuestro Señor Jesucristo huyó de Herodes, que encarnaba el diabólico plan para torcer la voluntad salvífica de Dios en Jesucristo. Pero ¿acaso no es que Jesús iba a morir de todas formas? Sí, pero ese no era el tiempo. La muerte temprana de Jesús hubiese supuesto el incumplimiento las profecías y que “aquel Ángel de su faz” que salvó y redimió en amor y clemencia a quienes en la antigüedad creyeron (Is. 63:9) no hubiese podido llevar a cabo la redención que hoy a nosotros nos hace ser hijos de Dios por la fe en la obra de Jesucristo (Gá 4:4-6). Pero la salvación de Dios es segura en Cristo y está por encima de los poderes espirituales malignos y por encima de los poderes terrenales que se asocian a la causa de intentar combatir la obra de redención.

· Huir sin sentido

Es verdad que en ocasiones las personas podemos mal vivir huyendo continuamente de todo sin un sentido. El miedo infundado y las inseguridades pueden convertirnos en “escapistas” profesionales. Debemos saber que es insensato huir de todo, siempre y porque sí. Hay que huir cuando hay que huir, pero con sentido, con razón. Para ello hay que conocer cuáles son los verdaderos peligros que nos acechan. Los que confiamos en Cristo y su Palabra tenemos parámetros saludables y sólidos para medir los riesgos en nuestra vida. El creyente tiene las promesas de Dios donde descansar sin miedo. Dios es nuestro refugio donde huir de todo mal y peligro. En Cristo “todo lo podemos”, en su amor “no hay temor” y si Dios es con nosotros “¿quien en contra?”. También es cierto que todo esto mal aplicado puede generar cristianos “kamikazes” que arremeten contra todo y justifican así sus delirios de poder. Por eso no hay que perder la perspectiva de la Palabra y hay que aprender a discernir cuándo es tiempo de huir y cuando no. Confiar en el Dios todopoderoso no excluye la “huida”, y la sagrada familia es una clara muestra. Necesitamos ser mansos y “astutos” también.

· Saber huir a tiempo puede salvarnos la vida

Hay tiempos para cada cosa se nos dice en Eclesiastés, y el tiempo de huir de la tentación hay que conocerlo. Hay que saber leer los momentos, ponernos en manos de Dios en oración y dejarnos guiar por su Palabra, la cual el Espíritu Santo usa para dirigir nuestras vidas. Debemos saber que Dios nos preserva de peligros haciéndonos tomar otros caminos. Y no debemos confundir el retirarnos de una situación con el negar a Jesús. José no negó su fe en Jesús al huir, sino que la reafirmó anteponiendo la voluntad de Dios a la suya propia.

Ya no somos esclavos (Gá 4), sino hijos redimidos y por tanto herederos. En nuestro corazón habita el Espíritu el cual nos posibilita huir del pecado que nos quiere someter nuevamente a esclavitud. “HUYE también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”. 2ª Ti 2:22. Por fe huimos del pecado hacia el perdón en Cristo. Huimos para refugiarnos en su misericordia.

· ¿Qué nos impide huir?

Parece deshonroso huir, pero en verdad es un ejercicio muy valiente de humildad. Hay que ser valiente para plantarle cara a nuestro orgullo y a fuerza de humildad, sensatez y dominio propio huir de sus prisiones. Perdemos muchas batallas que podríamos ganar si, guiados por los frutos del espíritu nos retirásemos a tiempo.

Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. 1ª Co 10:12-15

Nuestro orgullo muchas veces nos ciega y nos creemos dioses todopoderosos y autosuficientes.

Queremos probar nuestra fuerza, nuestro coraje. Nos exponemos y en ocasiones nuestra valentía sólo es síntoma de torpe imprudencia. Muchas discusiones intelectuales vanas sobre Dios, muchas ofensas, muchos homicidios, muchos adulterios, muchas familias rotas, muchos pecados se evitarían si doblegáramos nuestro orgullo narcisista y en humildad evangélica oímos a Dios y huimos por un tiempo a “Egipto”. Cómo José debemos aprender escuchar a Dios. La sabiduría que nos da la Palabra es para aplicarla en beneficio nuestro y de nuestra familia.

· ¿Quiénes quieren matarnos?

El diablo como león rugiente anda buscando a quien devorar. El Rey Herodes representa ese exponente de maldad que se extiende hasta nuestros tiempos y amenaza la obra que Dios ha hecho contigo. Es decir, la fe que Él te ha dado en tu Bautismo. Eso es realmente lo que se desea matar y destruir. Deseoso de lograr su objetivo el diablo pone todos los medios que están a su alcance para acabar con el plan salvador de Dios en ti. No pudiendo con Cristo ahora ataca su Palabra, la cual es la fuente de vida de tu fe. La tergiversa e intenta que te expongas tontamente a las tentaciones haciéndote creer que eres muy valiente. Pero nuestro enemigo no sólo está afuera, sino que también en nosotros mismos. Nuestra naturaleza corrupta que constantemente se quiere revelar ante la voluntad de Dios es el lugar donde el Diablo quiere ganar las batallas.

· Diferentes tipos amenazas

Podemos sufrir amenazas a nuestra integridad física por enfermedades o terceros que quieran producirnos daño. No debemos exponernos ni provocar situaciones que nos pongan en peligro.

Podemos sufrir amenazas a nuestra integridad emocional. Hay cosas que nos desestabilizan y traen graves perjuicios. Proteger nuestra estabilidad emocional puede significar huir de aquello que nos hace mal. Y aún hay una tercera que es el área espiritual. El área de la fe en Cristo.

Conociendo las amenazas que nos acechan, debemos aprender a huir de ellas, así como sabiamente les enseñamos a nuestros hijos a huir de los peligros. No debemos exponernos a la tentación, más bien huir de ella, porque nuestra fe está en juego. El mal quiere que la voluntad de Dios o sea hecha en ti.

“porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre”. 1ª Timoteo 6:10-11

· Cristo, no huyó de la cruz.

Hay cosas necesarias y otras innecesarias. Era innecesario que José se quedase en Belén ya que Herodes iba a matar a Jesús, y fue necesario huir a Egipto. Esta sabia huída posibilitó que Cristo creciera y pudiera cumplir su propósito salvador. Pero cuando tuvo que quedarse y asumir esa misma muerte que José le evitó a temprana edad, Cristo lo hizo. Aún cuando muchos lo tentaban a rehuir de su tarea salvadora y le decían: “si eres el hijo de Dios bájate de esa cruz” Cristo no rehuyó. Se enfrentó a la muerte y la venció por nosotros para redimirnos.

CONCLUCIÓN

Dios es nuestro Egipto donde huir del peligro. En Él encontramos refugio. Su Palabra nos guía hacia la verdad. Su perdón nos limpia de pecado. La dirección de huída ante la tentación y el peligro siempre deber ser la Palabra y los Sacramentos. Ni te quedes a pelear solo, ni huyas hacia otro lugar lejos de Dios. Amén
Walter Daniel Ralli Pastor de IELE