domingo, 16 de enero de 2011

2º Domingo después de Epifanía.


“¡HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO!”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Isaías 49: 1-6

La Epístola: 1 Corintios 1:1-9

El Evangelio: Juan 1:29-41

Sermón

INTRODUCCIÓN:

¿Qué buscáis? ¿Felicidad, comodidad? ¿Tener mucho dinero y un buen trabajo? ¿Tener un buen futuro? ¿Ser aceptado y popular entre amigos, vecinos y compañeros de trabajo? ¿Muchos hobbies con ocio y dinero para desarrollarlos? ¿Un buen retiro con muchos medios y salud para disfrutarlo? ¿Qué estás buscando en la vida? ¿Qué estás intentando encontrar? ¿Tienes grandes sueños y proyectos o te conformas con que pasen los días del modo más benigno posible?

En el versículo 38 del Evangelio de hoy, Jesús se vuelve a los discípulos y les hace una pregunta: ¿Qué buscáis? Fijaros que no les pregunta ¿A quién buscáis? Jesús nos hace una pregunta más profunda que simplemente ¿A quién buscáis? Si nos preguntara ¿A quién buscáis?, podríamos contestar con una cierta pretensión piadosa: A Dios o a Jesús. Pero la pregunta ¿Qué buscáis? Tiene que ver con aquello de ¿Qué es lo que más anhelas en la vida? ¿A qué es a lo que más tiempo y dinero dedicas? ¿Qué es lo que buscas como quien busca un tesoro?.... A esta pregunta no podemos contestar con palabras que suenen piadosas o religiosas. Esta pregunta deja bien al descubierto nuestra búsqueda y deseo de bienes y cosas meramente terrenales y efímeras por delante de Dios. Nos pone en evidencia por lo que somos: pecadores que no quieren que Dios sea lo primero en sus vidas no sea que se nos complique demasiado la existencia. Pero esta pregunta también deja al descubierto lo que realmente necesitamos cuando constatamos lo alejados de Dios que estamos. A pesar de todas las apariencias, no tenemos una necesidad vital de dinero, comodidad, diversión, etc, etc… lo que realmente necesitamos es el perdón de los pecados, lo que verdaderamente necesitamos es que nos quiten de encima nuestros pecados e iniquidades. Esto es lo que el Bautista señaló a sus discípulos y lo que nos señala hoy a ti y a mí. Solamente Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

A-EL TESTIMONIO DEL BAUTISTA NOS INTERPELA PARA QUE ESCUCHEMOS Y CREAMOS

1¿Cuál era el testimonio del Bautista?

Si hubiéramos conocido al Bautista en persona no nos hubiese dejado indiferentes. Sus vestiduras de pelo de camello, su cinturón, su dieta: langostas (no marítimas) y miel silvestre. Su salida del desierto para predicar. Sus valientes diatribas contra fariseos y escribas, llamándoles “raza de víboras”. Imaginaros un predicador equivalente hoy día. No es de extrañar que la gente fuera a oírle, incluso sencillos pescadores como Simón, Andrés, Santiago y Juan. Por encima de todo esto, el Bautista conocía su misión, su vocación que no era otra que la de dar testimonio, en sus predicaciones y ministerio. Su testimonio ha quedado grabado en la Escritura pero también en ese CD maravilloso que tenemos los cristianos y que llamamos liturgia: CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS o SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS, HIJO DEL PADRE, etc., Cuando el Bautista ve a Jesús dice en términos inequívocos: HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS.

2-¿Por qué debemos escuchar a Juan y creer su testimonio?

Pues porque el mismo dice en el versículo 31 “Y yo no le conocía, para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando en agua”. Es decir Juan no sabía que Jesús de Nazaret era el Mesías, el Cordero de Dios. Jesús era su pariente, es cierto, pero Juan no sabía su misión y ministerio hasta que comenzó a bautizar y Jesús se presentó para ser bautizado. No era por tanto una opinión personal del Bautista sino como vemos en los versículos 32 y 33, Dios mismo se lo había indicado con meridiana claridad cuando comprobó que el Espíritu Santo descendía y permanecía en Jesús. El testimonio del Bautista viene directamente de Dios, por ese motivo lo creemos.

3- ¿Qué tenemos que creer?

Juan da testimonio de que este hombre: Jesús de Nazaret, nacido en Belén y criado en Nazaret es nada menos que el Hijo de Dios. Nacido en el tiempo, su origen es eterno porque es Jehová mismo visitando a su pueblo, solamente así se pueden entender las palabras del versículo 30 “Después de mi viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo”. Este hombre es Dios eterno, Dios de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos y que además se hizo hombre, se hizo siervo para ser el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Este es el contenido del testimonio de Juan el Bautista: Jesús es Dios humanado, Hijo del Padre y Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Para los judíos y para nosotros cristianos ese nombre, Cordero de Dios, recuerda los innumerables sacrificios del Antiguo Testamento donde se derramaba la sangre del cordero para pagar por los pecados. Jesús es el inocente Cordero sin mancha, sin pecado, sin culpa, que es sacrificado para quitar nuestros pecados. Dios mismo en la persona de Jesús se hace el Cordero del sacrificio para pagar por tus pecados y los míos, para dar la solución definitiva a lo que de verdad necesitamos por encima de todo: que nos quieten nuestros pecados como si nunca los hubiéramos cometido. Podemos confesar con toda propiedad que el sacrificio de Dios nos limpia de todo pecado.

B –Andrés invita a otros a ir y conocer a Jesús.

1-¿Qué nos enseña Andrés?

Andrés, hermano de Simón- Pedro y el otro discípulo, probablemente el escritor de este Evangelio, Juan, habían sido discípulos del Bautista y cuando éste les mostró a Jesús, se unieron a Él. Las palabras de Jesús fueron activas y eficaces hasta el punto que Andrés le dijo al encontrarse con su hermano Simón “hemos hallado al Mesías”. No le dice nada que suene a duda. “He conocido a un hombre que anda diciendo que es el mesías” o cosas por el estilo. Andrés después de haber hablado y conocido a Jesús no tiene la menor duda de que es el Mesías. La palabra de Jesús había encendido su fe, su buena nueva le había dado la certeza de que sus pecados habían sido quitados y por eso dice a su hermano “hemos hallado al Mesías” y nos dice la Palabra que “le trajo a Jesús”. Andrés no hace nada más que lo que es “natural” en todo cristiano que se ha encontrado con su Salvador: contárselo a sus allegados, a sus amigos y llevarles a los pies del Salvador. El cristiano tiene esa especie de necesidad de contar lo que tiene en Jesús y guiar a sus seres queridos a Él. Toda lectura o estudio de la Palabra, todo sermón, toda Santa Cena en la que has participado es un encuentro con tu Mesías

2- ¿Cómo podemos dar testimonio de Jesús con nuestras palabras y acciones?

No son nuestras dotes de convicción, nuestros largos sermones o discusiones aunque en algunos casos puedan ser positivos. Lo que realmente va a mover a nuestro prójimo a venir a Jesús es Jesús mismo con su Palabra. Por eso es tan importante hacer que aquellos a los que queremos decir “he hallado al Mesías” los pongamos en contacto con su Palabra, usando todo medio posible: reuniones informales, conversaciones de café, medios audiovisuales, etc. Sin olvidar que para nosotros el modo más eficaz de rodear a nuestros allegados y amigos de la Palabra y la presencia de Jesús es el oficio divino.

Muchas veces no queremos hablar de Jesús con nadie porque pensamos que el testimonio de nuestra vida no es “perfecto” o “ejemplar”; pero ése es precisamente el tema: somos pecadores imperfectos que acudimos diariamente a los pies del Cordero de Dios para que nos quite nuestro pecado. No tengas miedo de tus fracasos o debilidades a la hora de hablar a otros, simplemente confía en tu Salvador que quita todos tus pecados e imperfecciones.

CONCLUSION

Lo que realmente necesitamos es el perdón de nuestros pecados, miserias, flaquezas y debilidades. El mundo, el demonio y nuestra carne nos hacen creer que necesitamos otras cosas, que otras cosas son importantes. El hecho de que Dios el Hijo se haya encarnado y se haya hecho el Cordero de Dios para quitarnos nuestros pecados como Juan el Bautista nos testifica hoy, nos indica con toda seguridad cual es nuestra máxima necesidad. Vive gozoso en ese perdón, Vive confiado en Jesús.

SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

Javier Sanchez Ruiz.