lunes, 24 de enero de 2011

3º Domingo después de Epifanía.


Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Cristo, la luz del mundo”

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA

Primera Lección: Amós 3:1-8

Segunda Lección: Corintios 1:10-17

El Evangelio: San Mateo 4:12-23

Sermón

Es imposible que las personas no influenciemos con nuestra presencia los entornos dónde nos movemos. Ya sea de forma negativa o positiva, ya sea que aportemos mucho o poco, siempre trasmitimos: una imagen, una idea, un aroma, aunque más no sea una espacio ocupado por nuestro ser. Podemos generar buenas sensaciones en el ambiente, o tensión; Sorpresa, desconcierto, intriga, curiosidad o alegría. Nuestra presencia llamará la atención y repercutirá. Un gesto, una mirada, una palabra, es imposible no trasmitir cosas. Debemos ser consientes de ello, pues podemos influir positivamente con lo que somos y tenemos en los entornos en que nos movemos.

La búsqueda de un lugar

Desde que Adán y Eva fueron expulsados del confortable paraíso, el resto de nosotros vagamos por este vasto mundo buscando un lugar que nos contenga, un lugar con el que identificarnos, un lugar “nuestro” que sea refugio de los peligros que conlleva adentrarnos en territorios que no dominamos. Porque al fin y al cabo los “territorios” hay que “conquistarlos” para “ocuparlos”, y luego “defenderlos”, y esto es aplicable a cualquier entorno o grupo en el que nos movamos. Tener un espacio seguro dónde andar de forma cómoda y libre es fundamental para nosotros y todos buscamos esas “zonas seguras”: Familia, amigos, cultura, grupo social, etc.

El pueblo de Israel buscó su lugar, su “tierra prometida” pero, lamentablemente, al encontrarla perdió la perspectiva y se perdió en ella. Al querer reafirmar tanto su identidad se enorgulleció y ya no miró al resto como “dignos”, rehusaron ser “luz a las naciones”, y se apartaron hasta de Dios. Incluso se dividieron entre ellos mismo quedando separado el reino del norte, Israel, del reino del sur, Judá. Cada uno se reafirmaba en su espacio y lo defendía. Nosotros también corremos el riesgo de perder el rumbo. El aposto Pablo tuvo que poner orden en Corintios porque incluso las personas pueden tornarse un “territorio de pelea”. Los celos, envidas, rivalidades hacen que discriminemos, etiquetemos y dividamos. Por eso debemos tener cuidado de no ensimismarnos en nuestros “círculos seguros” por considerar que fuera de ellos no hay nada que valga la pena.

Pablo nos dice que Cristo no está dividido y este Cristo nos enseñó a caminar en este mundo sin reservas, ni prejuicios, ni altanerías y por lo tanto a no castigar a nadie con nuestro desprecio por considerarlos indignos de nosotros. Tú tienes un lugar en el cielo que Cristo mismo ha preparado para ti. Y lo tienes inmerecidamente por su misericordiosa obra. Aprovecha tu paso por este mundo para anunciar el amor del salvador del mundo.

Cristo, la luz del mundo, va hacia la oscuridad

Jesús dejó el lugar que le correspondía, la gloria celestial, y vino a este mundo. Su actitud dista mucho de lo que nosotros por naturaleza hacemos. Somos “territoriales” y no deseamos mezclarnos con los que no son iguales a nosotros. Clasificamos a las personas por razas, lenguas, ideas, condición social, parentesco y así construimos, quizás inconscientemente, nuestro parámetro de relaciones. Pero Jesús vino y ocupó lugares inesperados: Estuvo con samaritanos, habló con prostitutas, comió con pecadores, se involucró con la gente.

Él era aquel prometido al pueblo judío y su vida confirmaba las profecías anunciadas. Recorría las regiones y siendo Él mismo la “luz” del mundo, no se apartaba de la oscuridad sino que iba hacia ella para iluminarla. Él visitaba a los “asentados en región de sombra y muerte” anunciando la llegada del reino de Dios. Nosotros por lo general huimos de lo que no es como nosotros, preferimos juntarnos con los que piensan, tienen gustos y niveles parecidos a los nuestros. Pero gracias a Dios que Él no nos trató como nosotros tratamos a nuestros semejantes, sino que con su gracia visitó nuestra miseria y nos dio perdón y vida cuando morábamos en muerte.

Ocupamos espacios con un propósito divino

Desde la perspectiva bíblica y espiritual los lugares que ocupamos tienen un propósito definido. En las manos de Dios no hay casualidades sino causas, situaciones, momentos o circunstancias que utiliza para sus benditos propósitos. El propósito más alto de Dios es que su Evangelio sea predicado y que “todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad” 1ª Ti 2:4 y los cristianos servimos a esa causa.

No fue coincidencia que Jesús habitara en Capernaum. Su vida y sus recorridos, tenían una razón de ser. Tu vida también tiene propósitos, y esto hay que tenerlo presente. Somos seres que interactuamos e influenciamos los entornos con nuestra presencia. De lo que tenemos damos a los demás. ¡Y claro que tenemos algo muy valioso para dar! En Cristo nuestras vidas ahora tienen un propósito más alto que el sólo vivir sin más. Nosotros somos “luz” en este mundo, porque Cristo vive en nosotros por la fe y una luz no se pone debajo de un cajón.

Es un despropósito creer que ocupamos nuestros lugares simplemente para beneficios egoístas. Nosotros no estamos porque sí en este mundo, ni para nosotros mismos “porque ninguno de nosotros vive para sí… Pues si vivimos, para el Señor vivimos” Ro. 14:7-8. Tenemos un sentido de ser. Dios nos ha creado no por equivocación ni de forma aleatoria sino para Él. La fe en Cristo da sentido profundo a nuestra existencia.

El lugar indicado en el momento indicado

Quizás Pedro y los pescadores creían que sólo estaban para subsistir con sus tareas. Pero Cristo llegó y les redimensionó su lugar en esta vida. Les hizo ver que sus vidas tenían un propósito más allá de los propósitos humanos que nos establecemos. Ellos pescaban peces, pero Cristo les dice que “pescarán hombres”. Ahora su vocación tiene un sentido más profundo. Lo que realizan puede ir más allá de lo común y cotidiano, tiene un fin espiritual que sólo se ve por fe en la Palabra que nos revela ese propósito. Somos “sacerdotes universales” que estamos para “anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de tinieblas a luz admirable”. 1ª P. 2:9

Muchas veces nos enfadamos por tener que estar en lugares que aparentemente no nos aportan nada significativo a nuestros intereses. Pero servir significa no estar para nosotros mismos, sino para brindarnos a los demás. Cristo ocupó aquella cruz. Ese lugar no era el más deseado. Los discípulos mismos pretendían y peleaban otros lugares. Lugares de gloria personal, lugares que le reportaran beneficios, lugares que les diera placer estar ocupando. Peleaban por estar primero en los banquetes en detrimentos de otros e incluso por ocupar lugares preferenciales en el cielo. Pero Cristo optó por la cruz. Por renunciar a su gloria y dar su vida por nosotros. Se hizo carne el verbo eterno, no por gusto, no por necesidad, sino por nosotros. No vino a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por los demás. No vino a buscar a justos, sino a pecadores, como tú, como yo y como los que nos rodean, para arrepentimiento. Él ocupó el lugar indicado por Dios en el momento indicado, y lo hizo por ti y por todos los que te rodean. Tú también ocupas lugares en este mundo porque Dios quiere usarte para su propósito, aún cuando no sean lugares de gloria y honor desde la perspectiva que imponen estos tiempos. Cristo te llama a ti también a dejar tu visión egoísta y netamente humana y seguir en pos de él.

España, tierra dónde Cristo quiere andar con su luz.

El profeta Amós, que pertenecía al reino del sur (Judá) fue enviado al oponente Israel (reino del norte) para que anuncie las drásticas consecuencias que caerían por su desobediencia. Pero el objetivo de Dios es provocar el arrepentimiento porque Él tiene el firme propósito perdonar pecados y para ese fin envía a personas a anunciar su ley y su evangelio. Porque Dios quiere que los pueblos que habitan en oscuridad vean su luz.

España es el país dónde nos movemos. Jesús tuvo a bien, por su misericordia, traer nuevamente a este territorio la luz pura de su glorioso Evangelio a través de las doctrinas bíblicas que proclamamos. Por lo tanto tenemos una ineludible tarea que nos encomendó Cristo: La de dar luz en las oscuridad anunciando el liberador perdón de pecados. España tiene la posibilidad de oír el Evangelio de Jesucristo. Tus vecinos, familiares y amigos tienen la oportunidad de oír claramente esta Buena Noticia. ¿Por qué? Porque tú andas y el evangelio va contigo. Cristo mismo va contigo recorriendo cada rincón del vecindario, ciudad, provincia y comunidad autónoma por la que te mueves. Ocupa tus espacios con naturalidad, pero no pierdas de vista la perspectiva espiritual de tu vida y tu vocación. No pases por esta vida sin más, sólo por pasar. Dios quiere usarte como su instrumento allí por dónde vayas. Trabaja, estudia, lleva adelante tu familia, ve de compras, practica deportes, vincúlate con tus vecinos, ve a los bares, a las ferias, a los teatros, allí dónde vayas, tu puedes llevar el mensaje de Cristo. Mira todo como una posibilidad que se abre para que Cristo siga recorriendo, calles, aldeas y ciudades, con el mismo propósito con que lo hacía cuando él andaba aquí: anunciar el perdón de pecados.

CONCLUSIÓN

En tu Bautismo Dios te sacó de sombra y muerte y te puso en la luz y la vida de Cristo. Tu vida tiene sentido y propósito. Tú puedes servir a la causa de Cristo en pro del bien de tu prójimo. Puedes anunciar el puro evangelio, aquel del que el Espíritu Santo usa para dar luz y vida a los que aún andan en sombra y muerte. Haz uso de los medios de Gracia que Dios puso a tu disposición, recibe perdón, fortalece tu fe con la lectura diaria de la Palabra y sal a anunciar la luz de Cristo allí dónde por dónde vayas. Amén.

Pastor Walter Daniel Ralli