domingo, 4 de marzo de 2012

2º Domingo de Cuaresma.

“¿Qué creen ustedes sobre Jesús? ”

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA

Primera Lección: Génesis 17:1-7, 15-16

Segunda Lección: Romanos 5:1-11

El Evangelio: Marcos 8:27-35

Saludos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, desde Presidente Rast, desde la facultad y los empleados del Seminario Teológico de la Concordia, en Fort Wayne, Indiana.

Hace diez años, en la primavera del año 2002 (dos mil dos), tuve el privilegio servir en la Iglesia Evangélica Luterana Española cuando Marcos Berndt regresó a Argentina y llegó Walter Ralli para comenzar su servicio aquí.

Desde aquel entonces, mucho ha cambiado en mi vida.

En 2003 desarrollé un programa de diaconisas en nuestro seminario y serví como director hasta el verano pasado. Ahora soy abuelo. Tengo tres nietas que se llaman Emma, Clare, y
Rose. El domingo pasado, Rose fue bautizada en Atlanta, Georgia. Hace cuatro años, mi hijo Jacob y yo caminamos por el Camino de Santiago de Compostela, ochocientos kilómetros en veintiséis días desde San Jean Pie de Pord hasta Santiago.

Durante los diez años pasados escribí tres libros que han sido publicados, uno sobre el Evangelio de San Lucas, uno sobre la liturgia y otro sobre las visitas a los enfermos y el consuelo para los que sufren por el pecado.

Tanto ha cambiado para mí y también para ustedes en los últimos diez años. Pero esta mañana quiero hablar sobre lo que no cambia. Quiero hablar sobre el Evangelio de Cristo Jesús. Quiero hablar sobre el tema: “¿Qué creen ustedes sobre Jesús?” Esta es la pregunta que Jesús les hizo a sus discípulos en Cesarea de Filipo y nos hace y a nosotros.

El Misterio de esta Confesión

Existe cierto misterio alrededor de la confesión de Pedro de que Jesús es el Cristo ¿Por qué no hizo nadie esta confesión antes del capítulo ocho de Marcos?

Jesús ya está preparado para inclinar su rostro hacia Jerusalén. En cuanto a los que son testigos oculares de Jesús, más que todo a sus discípulos, mas que todo a los que le seguían por dos años y medio.

¿Por qué no lo han confesado como Cristo?
¿Por qué son ellos los que hacen esta confesión? Se podía esperar de cualquiera menos de ellos, porque son los que tienen sus circunstancias los imposibilitan para ello.

La Confesión de los Ángeles y los Demonios

Los ángeles son los primeros en confesar que él es el Cristo… “que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.” (Lucas 2:11)

Luego los demonios hacen esta confesión: “También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero él los reprendía y no los dejaba hablar, porque sabían
que él era el Cristo” (Lucas 4:41)

¿Cómo puede ser esto? Que los ángeles y demonios, seres supernaturales, comprenden, que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Mientras que sus discípulos, sus amigos, sus familiares y los seres humanos en general, luchan tanto con esta confesión.

Para los humanos, Jesús creó división, como Simeón profetizó: “Éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha.” (Lucas 2:34)

Por la naturaleza humana, los seres humanos somos ciegos, sin capacidad de ver que Jesús es el Cristo. Jesús no cumplió con las expectativas humanas. La presencia de Jesús creó controversia, las enseñanzas y los milagros de Jesús no provocaban la confesión anticipada, hasta los
familiares y los amigos del pueblo natal de Jesús en Nazaret intentaron a matarlo.

La mayoría de la gente se daba cuenta de que estaban en la presencia de un gran profeta, un profeta como Elías, o alguno de los antiguos profetas. Pero para la mayoría de la gente, Jesús no era más que un profeta, nada más que otro profeta, en una línea de predicadores y obrador de milagros de Dios. No era nada más que un profeta más que testificaba la verdad de Dios. Pero
los ángeles y demonios sabían que Él era más que un profeta, que Él era el Hijo de Dios, el Cristo.

Que el Cristo estaba presente, para liberar la creación de su cautiverio, para liberar al mundo de las garras de Satanás, para perdonar los pecados y para sanar las enfermedades.

La Confesión de Pedro

La identidad de Jesús es la pregunta crucial durante su ministerio en Galilea, justo antes de la confesión de Pedro, San Lucas nos informa que Herodías estaba en búsqueda de Jesús. Había
escuchado rumores circulando acerca de Jesús, que podría ser Juan el Bautista, resucitado de la muerte o Elías o alguno de los profetas.

La gente comenzaba a preguntarse ellos mismos. Así que Jesús les hace la pregunta a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” (Marcos 8:27b…y siguiente)

Los discípulos dan la misma respuesta que Herodías había escuchado, Juan el Bautista, Elías o alguno de los profetas. Jesús les pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”, al fin y al cabo,
a Pedro la verdad lo ilumina: “Tu Eres el Cristo.”.

¿Por qué ahora? ¿Por qué llega la confesión en este momento del ministerio galileo de Jesús?

Jesús está ahora en Cesarea de Filipo, justo al sur de Damasco, en la encrucijada de muchos viajantes situada en la sombra del impresionante templo de Pan, el dios favorito de muchos ciudadanos del Imperio Romano, el patrón de muchas fiestas ruidosas.

Muchos venían a Cesarea de Filipo porque se encontraba allá la cabecera del rio de Jordán, venían para adorarle a Pan, venían para ser sanados por el agua que fluía desde el monte Hermón, mirando hacia el amplio valle que se extendía hacia el Mar de Galilea. Jesús y sus
discípulos se encontraban entre muchos que estaban en búsqueda de Dios.

Como muchos que están en búsqueda de Dios en los Estados Unidos, como muchos que están en búsqueda de Dios aquí en España, precisamente aquí, en el medio de esta grave idolatría, Pedro le dice a Jesús: “Tu Eres el Cristo.” Es una pregunta excelente tanto para Pedro como para nosotros:

¿Quién eres tú, Jesús? ¿Eres tú el Cristo?

De importancia equivalente es la pregunta: Jesús ¿Qué viniste a hacer?

La identidad de Jesús como el Cristo fue un tropiezo, pero también sus hechos presentaron una ocasión de caer. Hasta que la resurrección, especialmente para Pedro, para los discípulos, para todos.

Lo que les escandalizaba más fue lo que tuvo que hacer Jesús para nuestra salvación: “Pero él les mandó que no dijeran esto de él a nadie.

Comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del hombre padecer mucho, ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, ser muerto y resucitar después de tres días.” (Marcos 8:30 y siguiente)

El sufrimiento, la crucifixión, la muerte, todo esto fue muy duro para que Pedro lo soportara, es demasiado duro para que nosotros lo soportemos.

Cada uno que se ubica en contra del sufrimiento de Cristo, se alinea con Satanás. Así que el pobre Pedro se encuentra a si mismo nuevamente poniendo la mira en las cosas de los
hombres en vez de las de Dios (referencia a Marcos 8:33). Pedro todavía no había entendido que
la vida de un seguidor de Jesús es una vida bajo la cruz, “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo:
Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.” (Marcos 8:35).

Por más de diez años la Iglesia Evangélica Luterana Española viene proclamando lo que cree sobre Jesús, pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)

Este es el mensaje del que ustedes son testigos, que Cristo vino para morir por los pecadores.

Que Cristo venció la muerte con su muerte y luego entró en su gloria.

Que nosotros somos bautizados en su muerte y resurrección y que comemos una cena espléndida de su cuerpo y su sangre derramada para el perdón de los pecados.

Este es el mensaje inmutable que proclamamos. Esto es lo que creemos sobre Jesús. Amen

Profesor Arthur Just