domingo, 17 de marzo de 2013

Quinto Domingo de Cuaresma.



TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA                                                                                               
Primera Lección: Isaías 43.16-21
Segunda Lección: Filipenses 3.4-14
El Evangelio: Lucas 20.9-20

 

“¿Cómo deshacerse de Jesús?”

 

Estoy seguro de que mucha gente no ve claramente cómo Jesucristo puede encajar en sus vidas. El profesional de 35 años, está inmerso en su carrera, ocupando 70, 80 o 90 horas a la semana en su emprendimiento. Está decidido a tener éxito, tiene metas y dará todo por alcanzarla. No hay tiempo para Jesús en su vida. Después todo, ¿Qué puede contribuir Cristo en medio de tanta vorágine? ¿Qué puede aportar Jesús a su carrera, salvo entorpecerla? La madre soltera con tres hijos está tratando de no perder la cabeza mientras hace malabares con un trabajo a tiempo completo, cuidando de los niños, mantenimiento la casa y pagando las facturas. Jesús no encaja realmente en su vida, a no ser que pueda cuidarle a los niños de vez en cuando o repararle alguna avería del piso. Luego está la joven pareja, sin hijos, es tiempo de trabajar y trabajar duro para juntar algo de dinero, para ellos, el trabajo es el medio para un fin. Si no se puede llegar al piso, el dinero será para gastar en el piso, el coche, viajes, deportes, conciertos, actividades recreativas, cualquier tipo de diversión que se puedan imaginar.
Jesús no se ajusta al estilo de vida moderno. Luego está la familia, ocupada con todo lo anterior: trabajo, niños, la escuela, los deportes, la casa y todo lo demás. Muchos son buena gente y tratan de adaptarse a Jesús. Miles de personas tratan de conseguir una hora libre los domingos, siempre que puedan, porque tienen la sensación de que deben encajar a Jesús en algún lugar, por lo menos un tiempito. Por desgracia, esa es la forma en que Jesús encaja en muchas vidas, solo un poco, solo los domingos, solo para cumplir con la conciencia.
“Vamos a deshacernos de Jesús” pensaron los fariseos y siguieron buscando la manera de apresarlo y deshacerse de Él y Él lo sabía. Para ellos, Él era una amenaza para la gente, su modo de vida y su religión. Para ellos era una lucha de poder, como si Jesús estuviese ganando un concurso de popularidad y a ellos no les gustaba perder. Pero había algo más que esto. Jesús predicaba un mensaje, que era un escándalo para ellos. Era una religión diferente, una manera distinta de relacionarse con Dios. Pero ellos creían ser los verdaderos creyentes en su religión, por lo que veían a Jesús como un mentiroso, blasfemo y un peligroso agente de Satanás.
Su religión estaba basada en hacer buenas obras. Sosteniendo que un hombre puede agradar a Dios por sus acciones. En realidad es una religión bastante común y popular, puede encontrarse bajo muchos nombres diferentes y a veces esta religión no tiene nombre. Esta es la religión de la ley. A veces cambia la manera de expresarla, vivirla y sentirla, pero rara vez cambia el punto de que hay que ganarse el favor de Dios. Algunos proponen el camino de la ley rabínica como lo hacían los fariseos, siguiendo a rajatabla una infinidad de mandamientos o tal vez puedes hacerlo por la meditación y un buen karma. Quizá salvando el medio ambiente y la ecología, tal vez puedas hacerlo al ser amable, tolerante y sin prejuicios. Tal vez lo intentes al ser “espiritual pero no religioso”. Otra opción es la de buscar amar a todo el mundo y llevarse bien con todos. En definitiva lo que buscamos por estos caminos es tener un gran logro moral o espiritual y decirle a Dios “Dios: mira lo que he hecho por ti”.
    ¿Con esto se logra el propósito de mejorar la relación con Dios? No, definitivamente no. Porque de acuerdo a la Escritura, para mejorar mi relación con Dios, la Ley demanda una total perfección, basada en el cumplimiento total y constante de los mandamientos, tanto en su letra como espíritu. Su ley sólo nos recuerda que no hay nadie que sea justo, ni siquiera uno. La religión nos propone diferentes maneras de deshacernos de nuestro Creador. Tratamos de poseer y manejar a nuestra manera lo que no es nuestro, nuestra vida, nuestras posesiones, nuestro tiempo y todo lo que este mundo tiene para ofrecernos. Sostenemos que todo nos pertenece para hacer lo que nos plazca. Al igual que los inquilinos de la viña, abusamos de lo que Dios nos ha dado, incluso su iglesia, para nuestro propósito egoísta. Y luego, cuando Dios viene a nosotros en busca de una cosecha lo enviamos las manos vacías.
     Él envía a sus mensajeros para llamarnos a reconocerlo como nuestro Señor y Dios y sin embargo los maltratamos y expulsamos porque nos ofrecen un mensaje que no es de nuestro agrado. Rechazamos su llamado gracia mediante la Palabra y los Sacramentos e ignoramos el pacto que hizo con nosotros en el bautismo, cuando Él plantó la fe en nuestros corazones. Cuantas veces despreciamos el estudio de las Escrituras o la Cena del Señor. Él nos da todos sus dones preciosos y nos permite disfrutar de la vida en este viñedo y lo tratamos vergonzosamente.
    Algunos de los que se llaman cristianos, ya sean cuerpos eclesiásticos o personas aquí, incluso rechaza el regalo más precioso de todos, Su Hijo, que es la roca de la salvación. Qué absurdo es pensar que podemos rechazar último regalo de amor de Dios, pero aun así creen que podrán heredar el reino. Es una locura imaginar que podrán quitar a Jesús de sus vidas y matarlo en sus corazones y que para Dios eso estará bien. Pero así es como algunos llegan a pensar, si me deshago del heredero, entonces Dios no tendrá ninguna pretensión más sobre mí y lo que yo haga con mi vida. Entonces, todo lo que tengo, todo es mío, todo mío. Así, que esta piedra de aquí, ¿quién la necesita? ¿Hay otra alternativa? ¿Qué pasa con esa otra religión que Jesús estaba predicando? Simple. “Arrepiéntanse y crean”. Arrepiéntete de tus pecados y cree en Jesús para el perdón de tus pecados y salvación.  ¿Es así de simple? ¿Puedo admitir y confesar mis pecados delante de Dios, simplemente pedir perdón y él me lo concede? ¿Sin condiciones? ¿Sin reprimendas y sin castigo? Parece demasiado fácil. Parece tan simple. ¿No debería ser más difícil que eso? ¿No debería incluir un pequeño esfuerzo de mi parte? “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar a todas las cosas buenas?”
La religión de Dios es el Evangelio. Es la buena noticia de Jesús, que por su muerte en la cruz y su resurrección, tus pecados te son perdonados. Sí, la vida eterna está asegurada. Sí, somos agradables a la vista de Dios y sí, vivimos por el Espíritu Santo, creciendo en fe y rectitud. Se trata de la obra de Dios, no la tuya. Es todo acerca de sus promesas, no basado en tu autosuficiencia. Pero esto no sucede sin Jesús. Es por eso que las personas que quieren tener la religión de la ley tienen que deshacerse de Jesús.
En la parábola, los inquilinos de la viña tuvieron esta idea poco brillante “si matamos al hijo, la viña será nuestra”. Es evidente que Jesús sabía lo que los fariseos estaban haciendo y lo que finalmente iban a hacer. Su parábola muestra lo torcido de su razonamiento. Ellos realmente creían que podían matar al autor de la vida. Realmente pensaron que esto resolvería el problema y todos podrían volver felices a vivir auto-engañados.
El problema fue que deshacerse de Jesús, condenarlo y crucificarlo, no funcionó en absoluto. La muerte no pudo contenerlo. Él se levantó victorioso y marcó el camino para la resurrección de su pueblo. La cruz sólo cumplió con su plan. Sin darse cuenta, habían tomado parte de él. Ellos realmente no sabían lo que hacían. Habían rechazado la piedra angular, es decir, a Jesús, pero en lugar de ser desechado como basura, se convirtió en la piedra angular de la Salvación. Toda la iglesia está edificada sobre Él. Jesús, edifica y sostiene a su iglesia, establece su pueblo y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Conectado a Él, edificado sobre él, estamos seguros y fuertes, en el Dios de nuestra Salvación.
Con esta piedra angular, Jesús, puede pasar dos cosas, que caigas sobre Él, o Él caiga sobre ti. Si caes sobre Él, serás roto en pedazos. Es decir, eres llevado al arrepentimiento y al perdón. “Un corazón contrito y humillado” está ligado y sanado en Él. Esto significa que habrá dolor al abandonar viejas costumbres, rompiendo la vieja vida, enterrando los viejos pecados. Pero esto significa que hay vida. Detrás del sufrimiento hay una gran alegría y paz indescriptible. El cristiano se contenta con ser roto y reconstruido por el arquitecto de nuestra fe, Jesucristo.
Es mucho mejor que la otra alternativa. Porque si la piedra cae sobre ti, te desmenuzará. Esto es lo que les esperaba a los inquilinos que mataron al Hijo. Esto es lo que esperaba a los fariseos que mataron a Cristo. Esto es lo que le sucede a todos los que rechazan al que vino como Salvador, que vendrá de nuevo como rey y juez. Él juzgará. Su justicia y su ira se derramarán sobre los malvados. Él separará a las ovejas de las cabras, al creyente del incrédulo. Pobre de aquellos que tratan de apoyarse en sus propias buenas obras, en lugar de la buena y suficiente obra de Cristo para ellos. Pero tú y yo, nos quedamos, por la fe en Jesús. Confiamos en Él para la salvación. Nos arrepentimos de nuestros pecados y nos dirigimos a él por misericordia. Él la concede.
Nunca nos deshagamos de Jesús. Al rechazarlo cuando venga en su Palabra o Sacramento, empujándolo hacia un lado y dejando que nuestras ideas o pasiones nos desvíen de la meta. Al descuidar su palabra o dudando de sus promesas. Que nunca confiemos en nuestras propias obras, nuestra propia religión y nuestra propia falsa justicia. Que siempre descansamos en el fundamento de la Iglesia, Jesucristo nuestro Señor. Porque Él es el único que puede darnos el perdón completo de todos nuestros pecados, asegurarnos que la herencia celestial es nuestra para siempre.
No hay nada que nos pueda salvar fuera de Cristo. Nuestros pecados fueron y son horribles. No sólo nuestra deslumbrantes transgresiones de la voluntad de Dios, sino también los pecados más sutiles, como nuestra excesiva preocupación por el cosas de esta vida, lo que nos deja muy poco espacio para Él. Sólo la muerte del Hijo de Dios cubre y limpia nuestros pecados. Sólo el sufrimiento de Cristo puede satisfacer la justicia de Dios y rescatarnos. El Padre en su amor infinito estaba dispuesto a hacerlo, a renunciar a su propio Hijo por nosotros. El Hijo en su amor infinito estaba dispuesto a sacrificarse por nosotros. Así que ¿Dónde entra Jesús en su vida? En un pequeño espacio en la mañana del domingo, cuando se le necesitas con urgencia o de vez en cuando? ¿O es Jesucristo, la roca fundamental en tu existencia? En Cristo, la Roca sólida, estamos firmes. Firmes en que Él es tu perdón, es tu justicia, tu redención, tu vida, esperanza y tu cielo. Él es el mayor tesoro del cristiano, en comparación con las otras cosas. Estaremos encantados de recibir su Palabra, tanto de la ley y el Evangelio con acción de gracias. Vamos a honrar a sus mensajeros como sus siervos que han sido enviados para bendecirnos y a suscitar la cosecha de la fe y la justicia que Dios espera.
Atte. Pastor Gustavo Lavia