domingo, 1 de diciembre de 2013

1º Domingo de Adviento.

TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA Primera Lección: Jeremías 23:5-8 Segunda Lección: Romanos 13:8-14 El Evangelio: Mateo 21:1-9 “¡ES HORA DE DESPERTAR!” Suele pasar cuando estás profundamente dormido, soñando gratamente y estás a punto de resolver el misterio… cuando de pronto tus sueños desaparecen con los sonidos de la alarma del reloj que parece decir: ¡Despierta! ¡Despierta!. Tus ojos se abren para ver la habitación a oscuras. El sol aún no ha salido todavía y todo lo que escuchas es el reloj de alarma. Estiras la mano para golpear el botón de alarma y así detener ese terrible ruido. La habitación pronto se llena de silencio de nuevo y apoyas tu cabeza en la almohada. Te gustaría volver a dormir, pero no puedes porque tienes que levantarte. Lanzas las sábanas, sientes el aire frío de la mañana y te sientas. Te estiras, intentas frotarte la cara para quitarte el sueño y mueves rápidamente los ojos. Un nuevo día está llegando. Tu mente comienza ponerse al día. Te preguntas “¿Qué tengo que hacer hoy?”. Un nuevo día ha llegado. ¿Estás listo para… qué? El reloj con alarma es un buen invento para despertarnos, levantarnos y prepararnos para un nuevo día. Esta mañana se nos recuerda de un día especial que se avecina, un día para el que todos tenemos que estar listos y que es un día que muy fácilmente puede ser ignorado. Se acerca el día en que Cristo vendrá de nuevo con gloria para juzgar a los vivos ya los muertos. ¿Estás listo para ese día? Probablemente en el ámbito espiritual estamos más dispuestos a vivir a la deriva o en un letargo que despiertos. La indiferencia de nuestras vidas espirituales puede establecerse en nosotros cuando nos dejamos llevar por nuestras tentaciones, pensamientos e ideas sobre Dios. Nuestro Señor sabe de la tentación que tenemos de caer en el sueño del pecado, por lo que esta mañana se nos envía un despertador. Él envía una clara voz, oímos que Pablo hace sonar la alarma: “ES HORA DE DESPERTAR, el día ya casi está aquí, así que ahora es el momento de prepararse”. ¿Hay algún día que te da más ganas que otros? ¿Ese día que esperas y que no ves la hora de que la alarma suene? Sin duda para los niños, su cumpleaños es un día de esos, Navidad o el día de Reyes, el día en que emprenderás un viaje muy esperado. Tal vez es el día en que un ser querido llega de visita o vas a ver a la familia que no has visto en mucho tiempo. Tal vez es el día de tu graduación, boda o nacimiento de tu bebé, o cualquier otro día especial que no tiene que ver con ningún otro típico día de la semana. Cada uno de nosotros ha tenido un día que espera con muchas ganas y ansias. Puede incluso, que hayas llevado una cuenta atrás hasta que finalmente llegó el gran día o que hayas tenido dificultades de conciliar el sueño. Por otro lado, hay algunos días que nos encantaría evitar, días que nos ponen muy nerviosos y preocupados, que nos hacen perder el sueño por una sensación de temor e inseguridad. Tal vez es el día de un examen importante o valoración de tu puesto en el trabajo. Tal vez es el día que tienes que ir al médico para un examen físico. Quizá sea el día en que recibes los resultados de las pruebas de salud o el día de una tarea muy desagradable en el trabajo. Tal vez es el día de tu muerte. Pocos días causan una mescla de excitación y temor. Hoy se nos recuerda que habrá un día especial, cuando Cristo, el santo Rey de toda la creación, vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos. Jesús describe ese día, “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro… Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mateo 24:30-31; 25:31-32) Gran parte de ese cuadro es aterrador, incluso para los creyentes. Cada uno de nosotros es un pecador, poseyendo una rebelde naturaleza pecaminosa. Como personas pecadoras, la perspectiva misma de estar en pie ante el Juez Santo con toda una vida de pecados en pensamientos, palabras y obras es horrible. El justo castigo por el pecado es aún más aterrador, la muerte eterna en el infierno separado del amor de Dios para siempre. Tales pensamientos aterrorizan a cualquiera y las palabras de Jesús en Mateo 24:42, sólo se suman a la terrible realidad de que ninguno de nosotros puede saber cuándo Cristo vendrá de nuevo a juzgar. “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”. Un día así, tan crucial y terrible, o se ignora o se espera con una carga de culpa y miedo. Si nos permitimos dormir en el letargo del pecado, el último Día será aterrador para nosotros, pero no es así como lo describe Pablo: “es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día”. Pablo sabía algo que nosotros como creyentes en Cristo también necesitamos saber, creer y confiar. No sólo somos pecadores que merecen la ira de Dios, sino también somos sus hijos santificados en la sangre de Cristo por la fe en Él. Pablo sabía lo que Cristo había hecho para que sea así. El Rey que ha de venir a juzgar es también el Cristo que vino a salvar. Jesús vino en Belén para ponerse en nuestro lugar. Él vivió una vida perfecta libre del sueño espiritual y de la indiferencia. No tenía la naturaleza pecaminosa que lo atormentaba, ni el miedo al santo juicio de Dios. Luego sufrió una muerte de Cruz para pagar por tus pecados y sellar tu perdón con su gloriosa resurrección. Entonces Él prometió regresar en gloria para completar tu salvación con una herencia eterna. Eso es lo que Pablo sabía que conseguiría el último día. Cristo vendría y traería consigo tu eterna herencia de la gracia. Es por eso que Pablo quiere que despertemos del sueño de pecado. Todos los días nos encontramos unos pasos más cerca de recibir la herencia de Cristo para disfrutar el descanso eterno en los cielos. Pablo nos anima que esperemos con impaciencia aquel día, preguntándonos si hoy será ese día. Después de todo, si estaba cerca en aquel tiempo, ¿cuánto más cerca está el regreso de Cristo para nosotros ahora? Pero… ¿cómo sabremos que ese día se acerca? Jesús dijo que no sabemos qué día vendrá nuestro Señor. Podría ser hoy, mañana o podría ser dentro de diez años o diez siglos a partir de ahora. Entonces ¿Qué hacemos mientras tanto? ¿Nos acurrucamos de nuevo en el dulce sueño del pecado con la esperanza de que Cristo no venga por un tiempo? Después de todo, han pasado más de 2.000 años desde que visiblemente dejó este mundo. Entonces ¿cómo nos preparamos? “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Si vamos a despertar y estar listos para el último día, entonces tenemos que conseguir el vestido correcto y evitar caer en un letargo espiritual. Este nos hace ser indiferentes, incluso arrogantes acerca del pecado. Se abre la puerta nuestra naturaleza pecaminosa que tratan de apartarnos de Cristo y de su obra. Cada día esas fuerzas oscuras tratan de que nos centremos en lo que nosotros deseamos en lugar de lo que Dios desea para nosotros. Por eso, Pablo advierte en contra de tal sueño. Las “obras de las tinieblas” no suenan tan inusuales. Después de todo, las imágenes y actitudes de nuestra cultura nos atraen y llevan a caer en los deseos de nuestra carne. Tal vez tu actitud hacia el alcohol o el sexo debería estar en esta lista de “obras de oscuridad”. Tal vez se debería incluir la forma en que haces daño a su cónyuge, hermanos, amigos o compañeros de trabajo. Tal vez sería útil incluir los celos hacia los demás, incluso se podría poner el hacer el bien por la razón equivocada, solo para mostrarte a los ojos de quienes te rodean o a los ojos de Dios. Entonces, ¿cómo dejar de lado estas “obras de las tinieblas”? En Juan 16:33, Jesús nos dice: “¡Ánimo! Yo he vencido al mundo”. Jesús venció esas fuerzas oscuras por nosotros cuando vino la primera vez. Su vida estaba libre de esos oscuros pecados. Con su muerte pagó por tus oscuros pecados. A través de las aguas del Santo Bautismo, cubrió tus pecados con su justicia por lo que el santo Dios ya no te ve sucio por el pecado, sino santo en Cristo. Ahora por la fe que puedes ir a diario al Señor y arrepentirte del pecado volviendo a tu Bautismo y viviendo la vida nueva que Dios te ha prometido dar. Por medio de Cristo, puedes estar seguro de que Dios perdona tus pecados y te permite vivir en paz, sabiendo que Él cargó tus obras oscuras. Por medio de Cristo, puedes “ponerte la armadura de la luz”. Sabemos que Jesús puede regresar en cualquier momento y es la hora de estar despiertos y listos, vestidos del Señor Jesucristo. La Biblia enseña que “todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” Gálatas 3:27. En tu bautismo, Dios te hizo su hijo y te dio la inocencia de Jesús para cubrir tu pecado. Estamos llamados a ponernos esa armadura que es Cristo una y otra vez, porque es una lucha diaria. Regresando diariamente a nuestro bautismo, desechando las viejas obras de la oscuridad. Lutero dijo que la persistencia de nuestra vieja naturaleza pecaminosa es como la barba que crece en la cara de un hombre y que a diario necesita “afeitarse” con el arrepentimiento y el perdón. El momento en que sus promesas van a ser cumplidas está cada vez más y más cerca. Así como Dios envió a Jesús en la plenitud de los tiempos hace 2.000 años, para nacer en la primera Navidad y redimirnos. Así también en la plenitud de los tiempos, Dios está de nuevo acerca para traernos la salvación final y llevarnos con él. Este tiempo de Adviento, tu espera y expectativas se llenarán de alegría, mientras aguardamos el amanecer de Cristo. Estás protegido por la sangre de Cristo, el mismo Señor, que ya ha conquistado las fuerzas de la oscuridad para ti y te protegerá de los ataques. Él te fortalece y prepara a través de su Palabra y se da sí mismo en su cena. Todo eso cambia tu vida por lo que ahora puedes vivir como hijo de la luz. Puedes mostrar amor a tu cónyuge, hermano o amigo. Tener actitudes y motivaciones puras y dar gracias que Dios ha bendecido a otras personas de manera diferente a ti. Puedes esforzarse por vivir una vida de justicia a través de Cristo, porque “el día ya casi está aquí”. Cristo viene pronto para librarnos del terror de la noche del pecado, para que la herencia eterna que él adquirió para ti. No queda mucho tiempo, es hora de que despertar y vestirnos de Cristo. El día ya casi está aquí. Pastor Gustavo Lavia. Congregación Emanuel. Madrid. Iglesia Evangélica Luterana Española.