jueves, 14 de agosto de 2008

11º domingo de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!

11º domingo después de Pentecostés

“Jesús nos enseña a darnos a los demás”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Isaías 55:1-5

La Epístola: Romanos 8:35-39

El Evangelio: Mateo 14:13-21

Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.

Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Sermón

La situación.

Jesús es avisado de la muerte de Juan el Bautista. Éste no era solo su pariente, sino aquel que le precedió y anunció en su ministerio. Juan había nacido con un propósito claro y definido que cumplió en todo momento. Incluso su muerte fue por causa de su fidelidad al mensaje que predicó hasta las últimas consecuencias.

Pero la muerte de aquel hombre fiel a Dios era la manifestación de la paga del pecado. La carne debe morir y aunque Juan el Bautista fue el más grande de los profetas de Dios, era un ser humano nacido en pecado. Él no era el Cristo. Él, por más elocuente predicador de la ley y el arrepentimiento que fuese, tenía claro que no era digno de desatarle las sandalias a Jesús. Era consciente que tenía que menguar su figura para que se vea con toda nitidez la de Cristo. Él señaló el camino incluso a sus propios discípulos: “este es el cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Aquel hombre al que Dios le dio un papel importante en su plan de salvación, moría de una forma cruel y desgarradora. Le cortaron la cabeza. Sin duda esta era una noticia impactante para Jesús.

Jesús busca la soledad.

Jesús se apartó. Él solo. A un lugar desierto. El texto parece querer enfatizar una necesidad imperativa de Jesús de retiro. No quería gente a su alrededor. Jesús sabía que la muerte de Juan podía acontecer, y aún así el dolor de la pérdida humana se palpaba. Jesús en su humanidad necesita distanciarse de la actividad, del ruido. Parece necesitar un tiempo para él solo.
El dolor humano no lo anula la fe ni viceversa. La necesidad del retiro está presente. Ir a nuestros desiertos a meditar y digerir los tragos amargos es parte de la vida del cristiano. No somos superhéroes a los que las cosas no le afectan. Ni siquiera Cristo actuó así. La fe no anula los sentimientos, sino que en ella encontramos consuelo para que éstos salgan y no nos ahoguen.

En ocasiones necesitamos nuestros retiros, salirnos del ruido y la rutina para pensar y encontrarnos a solas con nosotros mismos y Dios. Debemos aprender a respeta e incluso estimular estos momentos en los demás y pedir que también los respeten con nosotros. Son útiles y necesarios. Sin embargo estos retiros y esta necesidad personal en la vida de Jesús no estuvieron por encima del amor, la compasión y la misericordia hacia el prójimo. A veces incluso eso debe postergarse y renunciar a ello por causa y amor del evangelio y el prójimo.

La gente lo seguía.

Las multitudes buscan orientación. Veían en Cristo la respuesta a sus necesidades. Querían oír de él. Confiaban en lo que él tenía para decirles. Lo seguían. Recorrían muchos kilómetros a pie, para estar en su presencia y oír de su boca palabras de consuelo, de perdón. Necesitaban encontrar un pastor que vele por ellos, que les brinde su cuidado y protección. Que las oriente, le de orden y claridad en sus pasos. Que sepa dónde llevarlas.
Jesús los ve y tiene compasión de ellos.

Jesús renuncia a su necesidad de soledad para darse a la necesidad de los demás. ¡Qué ejemplo de entrega! Dar de nuestro tiempo a los demás es un acto de amor que en ocasiones pasa desapercibido. Pero no hablamos aquí de dar de lo que nos sobra sino de aquello que necesitamos para nosotros y que por un acto de amor renunciamos a ello para brindárselo a otro.
En ocasiones se nos pone como una exigencia, como lo que nos corresponde. Es un reclamo. Sin embargo no es así. Solo renuncia a lo suyo aquel que ama tanto a su prójimo como se ama a sí mismo. Pensar en nosotros y solo en nosotros es fácil. Es parte de nuestra naturaleza egoísta.
Comprar y comprar para nosotros y los nuestros y acumular lo mejor. Gastar todo nuestro tiempo en nuestros placeres personales. Juntarnos con aquellos que nos brindan bienestar son actos reflejos de nuestro egoísmo que quiere todo para sí mismo.

Jesús renuncia a eso porque ama, ve a los demás y no solo a sí mismo. ¡Cuánto tiempo pasamos revolcándonos en nuestros problemas, dolores y sufrimiento! Eso nos impide levantar la vista y prestar ayuda, oído o dar una palabra de aliento al desvalido. ¡La cosa está muy mal! Son muletilla que usamos como barreras para que nadie se acerque y ose demandarnos algo que “nos pertenece”. Pero Jesús está aquí para enseñarnos algo diferente.
El prójimo nos saca de esa ceguera. Nos da una oportunidad de salir del encierro, de la cárcel que me pone mi ego. Nos presenta un desafío. En definitiva, la necesidad de nuestro prójimo nos rescata de nosotros mismos. Ver esto no es fácil. Sin embargo es posible. Pues lo imposible para los hombres es posible para Dios. Esta es la lección que Cristo le quiere dar a sus discípulos.

Quiere enseñarles a sentir compasión y a tener misericordia al punto de renunciar a sí mismos e involucrarse con las necesidades de los demás y entregarse a ellas.

Jesús ve.

Él no tiene los ojos vendados ni tapados por sus propias preocupaciones. No mira su ombligo sino que levanta la cabeza y ve que hay gente que lo necesita y que lo busca a tientas. Pídele a Dios que quite la venda egoísta y egocéntrica que te impide ver la necesidad de los demás y tener misericordia de ellos. Ejercítate en esto. Invierte tiempo no solo en ti y los tuyo, sino en mirar a tú alrededor y eso repercutirá en un bien para ti. Te liberará. No porque necesites ganar nada o mostrarte bueno, no por el cumplimiento de una ley pesada que te exige a fuerza de amenazas, sino por el contrario, porqué tu prójimo te presenta una oportunidad de renunciar a ti mismo y en él amarte sanamente a ti mismo. Y en esa oportunidad tú saldrás enriquecido también. Recuerda que nosotros amamos porque Dios no amó primero, y esto es una cadena de amor.

Los sanaba.

Dice el texto que Jesús ve, siente compasión y actúa. Extiende su mano hacia el necesitado. En este caso lo sana. ¿Cuántas dolencias y enfermedades podemos curar con una buena palabra? Con dedicarle un poco de tiempo a los demás. Con oírlos. Con darles una caricia o un abrazo. Con solo decirle estoy contigo. Con hablarle del Perdón en Cristo. Las enfermedades, las dolencias, lo grandes males y pestes de nuestros tiempos son afectivas y espirituales.
Los texto paralelos como Marcos 6:34 nos dicen que Jesús “tuvo compasión de ellos porque andaban como ovejas que no tenían pastor” Es decir perdidos, desorientados en esta vida, sin rumbo fijo y a la merced de cualquier peligro y depredador. Por esto Jesús toma de su tiempo de retiro para dárselo a ellos. Considera más importante orientar a esta gente que su propio descanso o reposo. Se pone manos a la obra y “comenzó a enseñarles muchas cosas”. Esta también es nuestra tarea: enseñar movidos por la compasión al afligido.

Llega la noche.

La noche llega incluso para Jesús. El tiempo pasa volando cuando te involucras con el prójimo y lo ayudas. Te olvidas de tus propios problemas. Pero la ayuda a los demás trae inconvenientes. Presenta dificultades. Acarrea desafíos nuevos. La noche llega y con ella situaciones oscuras o difíciles.
Estas son las que por lo general queremos evitar. No nos queremos complicar demasiado la vida y menos por la culpa o a causa de otros. Por eso incluso con cálculos razonables recurrimos al “despido”.
Las buenas intenciones que despide a la gente.
¿Hasta dónde o hasta cuándo ayudar al otro? Los demás nos pueden absorbernos y eso tampoco es bueno. ¡Habrá que despedirlos en algún momento antes que su presencia nos complique la vida! Esto es un punto difícil y conflictivo en la entrega y ayuda a los demás.
Los discípulos habían renunciado a un poco de tiempo y descanso, pero hasta ahí llegaban. Sin embargo Jesús quiere llevarlos un poco más allá.
En muchas ocasiones nuestras “buenas intenciones” son una tapadera para sacarnos de encima un problema. Vemos las cosas de manera pesimista. Ponemos pegas para auto convencernos de que hasta aquí podemos llegar y que lo mejor es despedir el problema de los demás antes que nos traiga más problemas. No pensamos en los demás sino en nosotros mismos. No tenemos en cuenta que Jesús, el todopoderoso, está a nuestro lado.
“El lugar es desierto y la hora avanzada. Despide a la multitud para que vayan por las aldeas y compren algo para comer”. Despedir a los demás para que se busquen la vida es lo sencillo, es lo humano, es lo que aportaban los discípulos al texto de hoy. Involucrarse con su necesidad aún cuando a nuestra lógica le parezca imposible o absurdo es lo celestial, es lo que aporta Cristo a este texto.

Pero Jesús les presenta un desafío. Él está dispuesto a enseñarles a sus discípulos una lección que jamás deberán olvidar. Quiere que entreguen y pongan por la causa de esta multitud hasta lo último que tienen. Incluso aquello que ellos no tienen en cuenta, aquello que ven insignificante o no lo valoran como algo que aportar.
Dadles vosotros de comer.
En ocasiones nos preguntamos ¿qué podemos dar a los demás? A veces nos refugiamos en buenas ideas y planteos para eludir los problemas y no involucrarnos con ellos. Despedir, desviar aquello que nos supone un desafío es el camino más rápido e incluso lo hacemos en el nombre de Jesús ¡Despide a la gente Jesús! El prójimo nos acarreara problemas. No está en nosotros la posibilidad de solucionarlos. Caemos en un pesimismo. No podemos. Es muy grande el problema. El desafío me supera. Pero Jesús nos ataja y confronta: ¡Dadles!
Nunca debemos perder de vista que “lo imposible para los hombres es posible para Dios”. Dios quiere usarte para hacer posible lo que tú ves imposible. Es imposible que alguien tenga fe por ti, sin embargo Dios quiere usarte como mensajero y así él hacer posible que otros crean. En Dios todo es posible si puedes creer. Por lo tanto en Cristo necesitamos entregarnos en plena confianza y certidumbre. Pensar y reflexionar, calcular para edificar la casa sí, está bien, pero tienes que saber que tú nunca tendrás todos los materiales. Por lo tanto deberás confiar en Cristo que te dice “dales de comer”. Tienes que confiar en el poder de Cristo y no en el de tus fuerzas.
A menudo renunciamos asumir desafíos porque creemos que todo depende de nosotros, de nuestras capacidades, de lo mucho o poco que tenemos, de nuestras fuerzas, y así todo parece demasiado pesado. Pero en fe renuncias a muchas cosas, incluso a la idea de que de ti dependen las cosas. En fe pones tu vida al servicio de Dios y los demás. Eso no es poco ni cae en saco roto. Dios sabe usar y sacar provecho a lo inimaginable. Él tiene poder para multiplicar. Él tiene capacidad de sacarle partido a aquello que puede ser desestimado. Incluso de ti.

No tengas en poco lo que Dios puede usar para mucho.

Cinco panes y dos peses en verdad no dan para mucho desde la perspectiva humana. Pero Cristo estaba allí y eso cambia las cuentas. Pensad como comenzó nuestra misión en España. Muchas pequeñas cosas que se aportaron, tiempo, ofrenda, talentos, casa para reunirnos, tinta para imprimir materiales, comida, y un sinfín de pequeños granos de arena, han hecho de que hoy en España seamos una iglesia misional bien establecida. En ocasiones los desafíos, lo conflictos, los problemas que nos presenta este mundo nos acobardan y nos hacen desentendernos de ellos y tirar la toalla. Hoy Cristo nos enseña a confiar en él aún cuando los números no nos cierren. Hoy nos enseña a ver que lo que en ocasiones no aportamos por verlo insignificante es justamente lo que él espera que traigas para usarlo para su reino. Nunca una palabra de aliento o una palabra que muestre la herida sangrante es insignificante si se da en el nombre de nuestros Señor y por amor a él y nuestro prójimo.

Allí donde vayamos siempre habrá gente que tenga necesidad de oír la Buna Noticia, aquella que dice que Dios no nos ha dejado tirados, sino que vio nuestra situación, tuvo compasión de nosotros y vino y se involucro a tal punto para resolver nuestro conflicto que dio su propia vida para que nosotros a través de la fe en Jesucristo tengamos Perdón, Paz y Vida Eterna.
Ten en cuanta, ahora que vienen tus vacaciones, que incluso en el tiempo de descanso habrá a tu alrededor personas necesitadas, no de ti, sino del Cristo en ti. El Cristo que te mueve y envía a darte a los demás, no para ganar nada, pues ya lo tienes todo, sino por amor. Ten compasión así como Dios tuvo compasión contigo. Y no temas, confía en Cristo y en el poder de su palabra. Pon tu vida a su servició. Pon todo cuanto tienes incluso aquello que consideras insignificante o poco en las manos del Señor. Ora. El Señor sabrá hacer con ello. Sabrá multiplicar con su poder. Sabrá saciar a los hambrientos, así como te sacia a ti con su Palabra y Sacramentos.

Pastor Walter Daniel Ralli