viernes, 22 de agosto de 2008

14º domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!

14º domingo después de Pentecostés

“Cristo es nuestra Roca”

Textos del Día:

El Antiguo Testamento: Éxodo 6:2-8

La Epístola: Romanos 11:33-36

El Evangelio:


Mateo 16:13-19 13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. 15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Sermón

No soy experto de la construcción. Pero lo se que es que si se desea es un buen edificio, se necesita una buena base. Si la base es buena, el resto de piezas calzarán. Si la base es mala, nada quedará recto y en escuadrada.

A veces en las Sagradas Escrituras, la Iglesia es comparada con un edificio, este edificio debe permanecer en pie y firme por siempre, por esta razón la piedra angular, la base debe ser seleccionada cuidadosamente.

I. Pedro: de la solidez a la inestabilidad.

Algunas veces Pedro es tan sólido como una roca. Después de todo, el nombre “Pedro” quiere decir “piedra, roca”. En el Evangelio de hoy, Jesús le pregunta a los discípulos que dicen las personas sobre quién es él y responden con la letanía de rumores: “Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas”. Muchas opiniones y creencias sinceras, pero todas equivocadas. Jesús les hace otra pregunta, “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Es Pedro quien toma la iniciativa “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. La confesión de Pedro es correcta. La mayoría de las personas pensaban que Jesús era un ser humano importante, pero nada más. Pedro declara que Jesús es el Cristo, el Ungido de Dios para lograr la salvación de todas las personas. Es una confesión extraordinaria de fe y Jesús dice que esto le ha sido revelado por Dios. No es una conclusión lógica lograda por una mente despabilada, sino que es una declaración de fe dada por Dios. Es una declaración basada en la roca de que Jesús es el Salvador tan esperado.

Así es que Jesús continúa hablándole a Pedro: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. En otras palabras, “Pedro, has reconocido que soy El Salvador y la iglesia se construirá sobre mí. Pues soy la roca que será rechazada, pero seré la piedra angular principal. Tú me proclamarás, anunciando a todos que se arrepientan de sus pecados y crean en mí. Cuando las personas oigan este Evangelio y crean en mí, las puertas del cielo se abrirán de par en par para ellos. Pero si me rechazan y no creen en mí, las puertas del cielo estarán cerradas para ellos”.

Así es cómo Pedro usará las llaves del reino: Él proclamará la Ley y el Evangelio, predicará a Cristo, el Hijo de Dios, él crucificado. A quienes creen, el cielo les será abierto. A quienes no lo hacen, las puerta del cielo permanecerán cerradas. La salvación sólo se encuentra en Jesucristo y él es la Roca en la cual la Iglesia está basada.

Algunos sostienen la opinión de que la roca es Pedro, que la Iglesia está basada en primer lugar en los apóstoles. En otras palabras, todos los cristianos de aquel entonces, se debían someter a la autoridad de Pedro. Y después de que Pedro muriera, todos los cristianos se deberían someter al obispo que asuma el control en lugar de Pedro. Para ser un cristiano, uno debe someterse a esa autoridad, esta es la posición doctrinal de la Iglesia Católica Apostólica Romana, la cual llama a todos someterse a la autoridad del papa.

Pero debemos hacernos la pregunta: ¿Es Pedro realmente la roca de quien habla Jesús? ¿Está la Iglesia construida sobre este apóstol? Algunas veces Pedro es sólido como la roca en lo que él dice, así como lo escuchamos en la lección de Evangelio. Otras veces, no lo es. ¿Qué ocurre en los siguientes versos de Mateo 16? Ahora que los discípulos saben que Jesús es El Salvador, Jesús procede a decirles cómo es que va a ser El Salvador. Les dice que debe ir a Jerusalén, que debe sufrir muchas cosas en manos de los ancianos, de los Sumos Sacerdotes y los escribas, debe morir y que al tercer día resucitará (Mateo 16:21). Ninguno de los discípulos se alegra con ésta noticia, pero es Pedro quien lleva a Jesús a un lado y le reprende:”Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mate. 16:22). Sin lugar a dudas trata de cuidar a Jesús. Pero lo que Pedro dice es: “Señor, no es necesario que vayas a morir en la cruz para pagar por mis pecados o los de cualquier otra persona. ¡Voy a realizar el máximo esfuerzo para evitarlo, para que no tengas que redimirnos”.

En un momento Pedro es bien fundado parece una roca inamovible, al instante, rueda como una pequeña piedra. Algunos capítulos más adelante, en Mateo 26, Jesús y los discípulos están en camino hacia el Huerto de Getsemaní, Jesús está a punto de ser traicionado y crucificado. Pedro declara atrevidamente, “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.”(Mateo 26:33). Para cuando el gallo canta, Pedro ya había negado al Señor tres veces. Un minuto, él es una roca, pero al siguiente minuto, parece una pequeña piedra que la lleva el viento.
Además de lo que vive Pedro, es necesario analizar lo que dice en Hechos 4:8-13. Pedro y Juan han estado arrestados porque Pedro sanó a un hombre y predicó acerca de Jesús, crucificado y resucitado. El mismo gentío que arregló la crucifixión de Jesús ahora les pone a prueba. ¿Qué sucede? Pedro da un paso adelante y habla, predica al concejo de que habían crucificado injustamente a Jesucristo y que este había resucitado de entre los muertos. Él les dice que Jesús es el cumplimiento de Salmo 118, que “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.” En otras palabras, Pedro les dice que Jesús es la Roca en quien la Iglesia es creada y basada. Les dice que no hay salvación en ningún otro que no sea Jesús. Allí mismo Pedro está usando las llaves del reino: Cree en Jesús y las puertas del cielo estarán abiertas aunque lo hayas condenado a muerte. Niégalo y la entrada se cerrará a menos que se arrepienta.

Es un duro sermón, de pura doctrina hacia estos que lo podrían matar. Es de admirar la confesión de fe que Pedro hace ante el concejo en Hechos 4. Pero otra vez más, Pedro vacilará. Después de predicar salvación en Cristo en Hechos 4, llegamos a Gálatas 2 donde Pablo confronta a Pedro y se opone a él en su cara por su hipocresía y Pedro debe arrepentirse otra vez (Gálatas. 2:11). Allí parece que es una roca. Aquí, es solo una piedra que rueda.
A pesar de esto doy gracias por la confesión de fe que él hace y oro para que podamos seguir su ejemplo. Pero aun así no hay razones para darle alguna primacía entre los discípulos, pues simplemente sirve para transmitir la Palabra de Dios al igual que cualquier discípulo. Por lo que vemos, Pedro, no es una roca sólida, que no se mueve. Él rueda, vacila, peca. A su favor podemos decir que él sabe todo esto. Él no dice que sea la “Roca” (Hechos 4). Sino que señala a Jesús como la principal piedra angular. En 1 Pedro 2, él otra vez da testimonio de que Jesús es la piedra viva y la piedra angular en la cual la Iglesia es fundada y sostenida. Él señala a Jesús por una buena razón, porque sabe que su estado ante Dios es de un ser pecador. Pedro no es un redentor, sino que tiene necesidad de redención. Él es salvado por Jesús, que abre las puertas de cielo para nosotros.

Así es que no glorificamos a Pedro. Más bien, le damos gracias a Dios por la confesión que le permitió hacer. Oramos a fin de que, por la gracia de Dios, podamos seguir los pasos de su atrevida confesión, que podamos proclamar a Jesús como el único Salvador. Oramos para que, por la gracia de Dios, podamos seguir los pasos de su arrepentimiento cuando pecamos. Nos alegramos de la confesión de Pedro, porque él señala a la Roca que no rodará y no será movida: Él nos enseña con el dedo a Jesucristo, el Hijo de Dios.

II. Cristo, la Piedra Angular

Desde que Pedro niega que él es la Roca en la cual la Iglesia es fundada y en lugar de eso señala a Cristo, no tratamos de hacer a Pedro el papá de la Iglesia. Asimismo, no creemos que uno deba someterse a un obispo en Roma, o cualquier otra parte, para ser en parte de la Iglesia. Pero también advertimos que las personas caen en un error mucho mas sutil, confunden la Roca y basan su fe en modelos humanos y no en Cristo.
Hay muchas personas populares que dicen ser cristianas y proclaman la importancia de la obediencia de la Palabra de Dios. Por lo cual para muchos otros es fácil concluir que la vida del cristiano se trata de obediencia y vivir una vida santa, basada en el ejemplo de estas personas. Pero con el paso del tiempo, y en ocasiones no hace falta mucho, en sus vidas salen a relucir vidas manchadas por pecados manifiestos que escandalizan a la opinión pública. Ellos no son rocas. Son piedras que rodaron.

Por lo tanto si usted basa su fe en la obediencia pura y santa de personas pecadoras, debe saber que será desilusionado en cuestión de tiempo. Además tales ejemplos bien pueden causar el comentario de que el cristianismo es una falsa apariencia, hipócrita, de haz lo que digo pero no lo que hago y nada más.

Otro de los errores más comunes es cuando la fe de una persona está basada en la persona y la habilidad del predicador o pastor de su iglesia local. Porque el pastor es agradable, carismático y parece que es un buen ejemplo, entonces cualquier cosa que él enseñe debe ser cierta. Pero si por el contrarío es parco, habla tranquilamente, no da saltos ni gritos, cualquier cosa que le enseñe no debe ser tan cierta, o al menos no vale estar por ahí para escuchar.
Esto presenta varios peligros. En primer lugar, los falsos maestros pueden ser personas muy agradables y atraer a las personas porque son tipos carismáticos, que hablan amistosamente. Pero si no predican a Cristo como la piedra angular, no importa cuán lindo sea oírlos, ellos rodarán directamente a la destrucción y llevarán destrucción a quienes los siguen. Hay muchas personas que dicen “fuimos a una iglesia donde el pastor no enseñó nada incorrecto. Pero justamente no nos gustó él o la forma del Oficio Divino, así es que decidimos no ir más, preferimos las emociones fuertes…”. Creo que esta excusa está diciendo algo así como: “nos señaló con el dedo hacia Cristo y nos alimentó su cuerpo y sangre para el perdón de pecados.

Pero nos sentimos incómodos por nuestros gustos y porque no nos dejaba hacer lo que queríamos, así es que nos fuimos otro sitio”. No creo que sea una buena excusa para usarla ante el Señor en el último Día.

Además, los pastores son personas pecaminosas. No base su fe en el ejemplo o en el modo de predicar de su pastor, sino en el Salvador que él proclama por medio de la Palabra Divina. Los pastores no son rocas, también son piedras que en ocasiones ruedan, y necesitan de perdón. Pero Cristo permanece fijo e inamovible.

Si la Iglesia no salva, los grandes personajes populares por más creyentes que sean, tampoco, si los líderes religiosos no lo hacen… entonces ¿Sólo nos queda Cristo? La respuesta es negativa, aún nos queda uno de los íconos en quién más se confía: uno mismo. Es una tentación natural que cada pecador se considere confiable y responsable, porque ¿Si usted no puede confiar en usted mismo, entonces en quién puede confiar?

Cada pecador quiere ser una roca firme, que no rueda. ¿Cuántas promesas hizo para este verano? Estar tranquilo, no comer en exceso, hacer ejercicio en las vacaciones, etc ¿Además si usted es una roca, por qué pierde la calma? ¿Por qué se impacienta? ¿Por qué se mantiene reincidiendo en ese mismo pecado? ¿Por qué todavía se queja continuamente? ¿Por qué se deleita en los chismes y hace suposiciones infundadas acerca de las personas? ¿Por qué no siempre mantiene las promesas y algunas veces hace promesas hacia los niños que no tiene intención de cumplir? ¿Por qué le entusiasma ser cristiano a veces y está tan disconforme con eso en otras oportunidades? ¿Por qué, aún cuando falla, su primer instinto es culpar otros? Y ¿por qué, aun después de todo esto, todavía quiere confiar en usted mismo?

Para que sepas, no eres una roca. Eres una piedra que rueda. No eres una base sólida, sino un pecador en necesidad de perdón. Esto es por qué nos remontamos a las confesiones de fe de Pedro. Esto es por qué recurrimos otra vez a Jesucristo, el Hijo de Dios del Dios vivo, pues no hay nombre bajo cielo dado entre hombres por los cuales debemos salvarnos.
Cristo sigue siendo la Piedra Angular. Él no vacila, no rueda o cambia de idea hacia ti. ¿Te vuelves enojado o impaciente? Él paciente y amablemente te llama a confesar tu pecado a fin de que puedas ser perdonado. ¿Cedes a la tentación? El que sin pecado soportó tu pecado en la cruz te ofrece su perdón. ¿Quebrantas las promesas, dices mentiras? El Señor dice la verdad y conserva sus promesas. ¿Los otros te traicionan y abandonan? Él permanece, como lo ha prometido. Él dice, “Aquí estoy con mi gracia y perdón porque lo he conseguido para ti en la cruz”.

“Heme aquí, porque prometí en tu Bautismo que nunca te dejaría ni te abandonaría y siempre conservo mis promesas. Heme aquí, al hablar o leer mi Palabra estoy contigo y siempre estarás firmes en mi Palabra. Aquí estoy con mi cuerpo y sangre, toma y come, toma y bebe, es para el perdón de todos tus pecados. Heme aquí, y las puertas de cielo están abiertas para ti, porque soy la Roca”.

En el himno 219 cantamos “Aunque yo aparezca fiel, y aunque llore si cesar del pecado no podré justificación lograr, solo en Ti teniendo fe, puedo mi perdón hallar” En nadie más que en Cristo está el perdón, ni en Pedro, ni en mí, ni en usted, ni en ninguna otra persona o cosa. En este mismo día recuerda la confesión de Pedro, tenemos muchísimas razones para las agradecer a Dios: Jesús permanece, el Cristo, el Hijo de Dios del Dios viviente, quien ha comprado tu redención por medio del derramamiento de su sangre. Él ha muerto y ha resucitado, nada puede cambiar esa realidad, nada puede moverlo como tu roca firme. La muerte no tiene poder para cambiar esta realidad porque fue vencida por Jesús para que ya no le temas y todos los demonios juntos no pueden impedir decirle que Dios lo ha redimido. Pues usted es perdonado de todo sus pecados en nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén

Atte. Pastor Gustavo Lavia