domingo, 7 de noviembre de 2010

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Dios reforma constantemente a su Iglesia”

Textos del Día:

Primera Lección: Jeremías 2:4-13

Segunda Lección: Romanos 6:15-19

El Evangelio: Juan 8:31-36:

Sermón

La gracia y paz de nuestro Señor y Salvador Jesús estén en vosotros ahora y siempre.

Ya ha pasado el domingo donde los luteranos y muchos otros creyentes celebran el día de la reforma. Pero igualmente hoy quiero hablar sobre ello. En primer lugar me gustaría preguntaros qué cosas os vienen a la mente cuando piensan, oyen o leen sobre la Reforma. Quizá alguno pueda decir: Martín Lutero. Aquí quiero hacer una salvedad porque hay quienes me han mencionado a Martin Luther King. Esta persona no es la misma que la anteriormente mencionada. Otras cosas que se piensan sobre la Reforma de la iglesia: Aniversario del nacimiento de la Iglesia Luterana. Las 95 tesis. Redescubrimiento del Evangelio. Indulgencias. Iglesia Católica. Poder. Construcción de Iglesias. La Biblia en idioma del pueblo, etc.
A partir de la Reforma se acuño un refrán que dice “La Iglesia siempre en reforma”.

Y es verdad la iglesia siempre está cambiando, siempre se está reformando. Es la Palabra de Dios que continuamente cambia y transforma a la Iglesia. Cuando la escuchamos, tiene un efecto transformador y renovador en nosotros. Ella mata y da vida. Nos muestra nuestros pecados y por ello es que nos arrepentimos. También nos muestra a nuestro Salvador y por ello nos regocijamos y descansamos en paz, ya que nos da Cristo. Es al mismo tiempo dolorosa y alegre. El Espíritu Santo está siempre trabajando en la iglesia por medio de ella. Es por ella que llama, ilumina, congrega y santifica a toda la iglesia en la tierra. Esa es la reforma que se está produciendo constantemente en la Iglesia. Eso es lo que también hoy en este servicio está sucediendo. Dios reformando a personas pecadoras, transformándolos de pecadores en santos.

El Evangelio de hoy habla sobre esa reforma. Habla de permanecer en la Palabra de Jesús. “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”

Pero ¿Qué quiere decir Jesús cuando dice: “Si permanecéis en mi palabra”? La palabra “permanecer” en griego a menudo también se traduce como “esperar en” o “vivir en” o “estar vinculado o unido a”. Así que Jesús está hablando de vivir en, o estar unidos con la Palabra de Dios. Jesús mismo es la Palabra de Dios. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”, dice Juan. Jesús, nuestro Salvador, el Verbo encarnado, fue concebido y nació de la Virgen Maria. Él vivió una vida humana y fue clavado en la cruz para redimir el pecado de todo el mundo. Murió y fue resucitado de entre los muertos para unirnos con Dios de nuevo. Permanecer en la Palabra significa descansar en la vida, muerte y resurrección de Jesús y creer que lo que Jesús hizo lo que hizo por ti y por mí, para nuestro perdón de los pecados a fin de que podamos ser llamados hijos de Dios.

Volvemos a la pregunta anterior ¿Cómo permanecemos en esta Palabra de salvación? Es necesario afirmarnos de que esa Palabra con todos sus beneficios llegó a nosotros de varias maneras. Una de las formas que muchas veces no recordamos o no utilizamos es cuando lo hizo en nuestro bautismo. Permanecer en Jesús y su palabra es vivir nuestro bautismo a diario. Quizá ni te acuerdes de ese momento porque eras un recién nacido, pero allí Él te llamó e incorporó a su familia. Cuando el agua se vertió en tu cabeza y la Palabra fue pronunciada por el pastor, fuiste revestido de Cristo. Desde allí has pasado a formar parte del cuerpo de Cristo. Has sido lavado con agua y con la Palabra. Eso es estar inmerso en la Palabra de Dios y en su nombre. Has sido cubierto con la justicia y perfección de Jesús, y esto es lo que ve Dios en lugar de ver tu pecado. Permanecer en Jesús es confiar, recordar y disfrutar la nueva vida que Dios te ha otorgado en tu bautismo.

Dice San Pablo que “la fe viene por el oír”. Permanecer en Jesús y su Palabra es escuchar la palabra de Dios y aferrarse a ella en la fe e intentan guardarla. Cada vez que nos reunimos para escuchar la Palabra de Dios a leer y explicarla estamos viviendo y permaneciendo en la Palabra de Jesús. Esa es una de las cosas que la Reforma iniciada por Martín Lutero ha obtenido. Él entendió que si la gente escucha y entiende la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios obra en sus corazones. Lutero dijo que la iglesia, las personas redimidas, son la voz Dios. Es el lugar donde Dios habla y se instruye a su pueblo. Ese es el lugar donde el Evangelio es predicado y oído.

Permanecer en la Palabra de Dios también es recibir los dones que él da. Su cuerpo y su sangre dado y derramada por vosotros para el perdón de los pecados. “Tomad, comed, esto es mi cuerpo... Tomad, bebed esta es mi sangre” dijo Jesús. Y con esas palabras nos da su cuerpo y su sangre para comer y beber salvación. Estas palabras hablan de nuestra mayor necesidad, porque nos han sido “dado y derramada por vosotros para el perdón de todos los pecados”. Permanecer en Jesús es vivir en Él y recibir de Él el alimento que necesitamos. Nosotros permanecemos en Jesús cuando tomamos y comemos y tomamos y bebemos, su cuerpo y su sangre.

Sin embargo, podemos rechazar la palabra de Dios en vez de vivir o permanecer en ella. Dios no fuerza a nadie a permanecer en su palabra. Mucha gente cotidianamente rechaza las cosas de Dios. Las Biblias permanecen cerradas en las estanterías, acumulando polvo. Nos olvidamos de nuestro bautismo y olvidamos las promesas de Dios que se nos dan por medio del bautismo. Vivimos como si el ser una persona bautizada por Dios no significara nada de nada... y muchas veces nuestras vidas son totalmente indistinguibles de las vidas de aquellos que no tienen ninguna fe. La Cena del Señor es evitada, se toma a la ligera o incluso no se cree necesaria. Y a veces sólo se pasa a la Mesa del Señor solo por el qué dirán o buscando cosas que Jesús no prometió que nos daría allí. Olvidándonos de lo que Jesús nos está ofreciendo allí. Cuando se rechaza e ignora las cosas de Jesús, ignoramos su Palabra. Rechazar la Palabra de Jesús es rechazar a Jesús mismo.

Cuando permanecemos en la Palabra de Jesús se nos da una maravillosa promesa: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Dios nos promete y da libertad cuando permanecemos en su Palabra. Sin embargo, nuestras vidas no se rigen por la libertad, sino por la esclavitud. Las palabras de Jesús nos recuerdan que vivimos bajo la esclavitud. “Todo aquel que practica pecado, esclavo es del pecado”. Desde la más pequeña mentirita piadosa a nuestros peores deseos todos merecen la ira de Dios y su castigo. Trate, sólo por un día, de realizar sus rutinas y vivir sin pecar, pronto se dará cuenta de cuan esclavo es del pecado y cuán grande es la deuda que tiene para con Dios. El pecado permanece en nosotros, en cada respiración, cada pensamiento, estamos completamente impregnados de él. Somos esclavos de él.

Jesucristo vino a liberarnos. Él tomó la naturaleza de un esclavo, se hizo un ser humano, para que los esclavos fueran libres. Nos compró y nos ha liberado de la esclavitud por medio de su vida, muerte y resurrección. Él te ofrece esa libertad hoy mismo, aquí, al igual que lo hace cada vez que ofrece su Palabra para ser oída, al igual que ofrece su Palabra más el agua para ser vertidas en el bautismo y su cuerpo y sangre para ser comido y bebido. ¡Eres libre! Jesús lo dice y sella esa promesa con su propia sangre. “Y si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres”.
Cuando permanecemos en la Palabra de Jesús somos verdaderamente libres. Somos libres de culpa y castigo. “Por lo tanto, ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús”. La ley que nos acusaba es la misma ley que clavó a Jesús en la cruz. Nuestra culpa fue colocada donde él estuvo. Cuando Dios nos mira, en vez de ver nuestro pecado, ve a Jesús. Él miró a Jesús en la cruz y lo castigó por nuestros pecados allí. Nuestra culpa y nuestro castigo han muerto con Jesús y ya no tienen que ser parte de nuestras vidas.

Cuando permanecemos en la Palabra de Jesús es que somos libres de la esclavitud del pecado. Es cierto que todavía luchamos con el pecado todos los días y vamos a seguir luchando con él todos los días hasta nuestras muertes o hasta que Jesús venga de nuevo. Nuestra vieja naturaleza pecaminosa todavía se aferra a nosotros y nos impide ser verdaderamente libres como Jesús nos hace. Pero Él no nos ha dejado solos en esta lucha, sigue batallando por nosotros. Ya no vivimos bajo el señorío del pecado, este no es la fuerza impulsora de nuestras vidas. Vivimos bajo el señorío de la cruz de Jesús. Cuando el pecado quiere hacer sonar sus cadenas ante nosotros para hacernos notar su presencia y el supuesto señorío que tiene sobre nosotros, solo tenemos que permanecer en la Palabra, esta nos llevará a la cruz de Cristo, nos afirmará en su obra y las cadenas opresoras serán rotas. Los pecados que te afectan a diario no tienen por qué controlarte más.

Somos realmente libres para ser hijos de Dios. Podemos orar a Dios como Jesús nos enseñó diciendo: “Padre nuestro que estás en los cielos”. Y como dice Lutero “Dios quiere atraernos para que creamos que Él es nuestro verdadero Padre y nosotros sus verdaderos hijos, a fin de que le pidamos con valor y plena confianza, como amados hijos a su amoroso padre”. Permanecer en la Palabra de Jesús es uno de los mayores privilegios tienen los hijos de Dios, a fin de vivir siempre una correcta relación con Dios. El pecado ya no bloquea esa relación. Nosotros libremente podemos acercarnos a Dios y pedirle lo que necesitamos.

La libertad en Cristo es la libertad del miedo. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Recuerda que la Palabra es Jesucristo. Él es el que vivió y murió, fue crucificado y resucitado por ti. Permaneced en su Palabra y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres, porque has sido vivificado y perdonado de todos tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Amén.

Pastor Gustavo Lavia.