domingo, 28 de noviembre de 2010

1º Domingo de Adviento.

Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestro corazón Salmo 95: 7b-8

Sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores Santiago 1:22a 1 Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

"Preparémonos, Cristo viene"

Isaías 2.1-5

Romanos 13.11-14

San Mateo 24.37-44

Sermón

INTRODUCCIÓN

Recibir visitas inesperadas, por gratas que sean, puede ponernos en apuros. Las visitas "sorpresas" no siempre ocurren en el momento más oportuno. Pueden encontrarnos desalineados, con la casa desarreglada o sin nada en la nevera para ofrecer. Coincidiremos por tanto que lo mejor para recibir visitas es que se anuncien previamente y así tener nuestro tiempo de preparación y espera, tiempo de mucha importancia para nosotros.

Cristo, la compañía más grata que podemos llegar a recibir, nos avisa de ante mano que vendrá a llevarnos con él, y nos dice que estemos preparados, y Adviento es una ocasión muy oportuna para recordarlo y prepararnos.

CRISTO VIENE

El anuncio de la venida de Cristo

Si bien no sabemos ni el día ni la hora en que sucederá (v. 36), el Señor vio la necesidad de avisarnos que vendrá y por ello este anuncio es parte básica de la doctrina cristiana llamada:
"Segunda venida de Cristo".

Pero absorbidos por nuestras rutinas, proyectos y preocupaciones cotidianas puede que no sea ésta la doctrina que tengamos más presente, y sin embargo es una promesa que afecta de lleno nuestra vida de fe. Los primeros cristianos estaban convencidos de que la venida de Cristo era inminente y sin embargo la demora en su cumplimiento se extiende hasta hoy. Esto puede hacer que su anuncio no cale hondo por considerarlo distante, remoto, o ajeno. Quizás en el fondo estemos convencidos que antes que Cristo regrese nos llegará la muerte. Pero más allá de nuestros sentimientos el Señor hoy quiere recordarnos que vendrá a buscarnos.

El anuncio genera reacciones

Algunos son indiferentes, otros se burlan abiertamente y, como en el diluvio en época de Noé, en ellos se cumplirá su filosofía de vida: "si no lo veo no lo creo", y no creerán hasta que el agua les llegue al cuello. Pero ahí ya será tarde. El anuncio de la repentina llegada de Cristo también puede producir miedo en aquellos que no saben qué es lo que va a suceder con sus vidas o rechazo por parte de quienes están seguros en sus propios paraísos terrenales. Sin embargo Cristo viene y el efímero reino humano que hayamos creado se derrumbará.

Quizás también nosotros seamos un poco reacios a esta doctrina. Tal vez la conozcamos pero no la creamos con tanta firmeza como otros aspectos de la fe cristiana. Puede incluso que dudemos de ella, que deseemos que no ocurra por encontrarnos bien aquí, o incluso que evitemos compartirla con otros por miedo al ridículo. Todo esto y aún otras cosas puede que nos suceda.

Pero Cristo hoy nos recuerda que vendrá ¿Porqué insistirá en ello?

La necesidad de recordar este anuncio

Jesús vendrá cuando menos lo imaginemos, y al recordarnos hoy esto Cristo pretende renovar:
El compromiso: Al esperar a alguien reavivamos el compromiso asumido y disponemos nuestro tiempo y mente para ese momento. El sentido de la vida: Recordar la venida de Cristo nos muestra que este mundo es pasajero y nuestra visión de él cambia. Las esperanzas: Cristo cumple sus promesas y una vida mejor, sin dolor ni llanto y sin pecado está por llegar.

Expectativa: Como cuando un niño espera la llegada de los Reyes. La ilusión se renueva y parece que su ánimo cambia y su dedicación a sus tareas en ese tiempo de espera es mayor.

Necesitamos mantenernos atentos, y Adviento es un buen tiempo para ello, pues recordamos que Cristo, aquél que había sido prometido al pueblo de Israel, ya vino, y con esa promesa cumplida nosotros nos preparamos para que se cumpla la promesa hecha a su nuevo pueblo, la iglesia. Cristo no nos ha olvidado ¡Él viene!

CRISTO VIENE A LLEVARNOS CON ÉL

Cristo no viene de paseo sino a llevarnos con él. Viene a buscar lo que es suyo, es decir a quienes por la fe le pertenecen. Esto significa que no se llevará con él aquello que no le es suyo. Habrá una separación. Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestro corazón Salmo 95: 7b-8 Sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores Santiago 1:22a 2

La imagen que nos presenta el Evangelio de esta separación es ilustrativa, aunque por no entenderla los "milenialistas" la usan para explicar doctrinas erróneas como por ejemplo la del "rapto" (arrebatamiento). Ellos dicen que Satanás será soltado y reinará mil años en la tierra y que antes de la "gran tribulación" Cristo hará desaparecer literalmente de este mundo a los cristianos dejando a los incrédulos aquí padeciendo los envites de Satanás. Los Testigos de Jehová y muchas corrientes evangélicas creen y enseñan este error.

Sin embargo la imagen nos habla simplemente de una separación entre los que pertenecen a Cristo y los que por su propia arrogancia, orgullo y pecado han resistido enfáticamente a la obra del Espíritu Santo ¿Qué diferencia a unos de otros? Ellos no se distinguen por sus apariencias o trabajos, pero sí por su fe y por ella el Señor los separa. Lo que marca la diferencia es la confianza que tienes en Cristo. La imagen enfatiza la sorpresiva llegada y la cotidianidad del momento. No hay que irse a un monasterio o a un monte a esperar la segunda venida, sino estar preparados en fe, sabiendo que con el regreso de Cristo el mundo tal y cual lo conocemos se acabará.

PREPARÉMONOS, CRISTO VIENE

Esperamos la venida de Cristo

"La espera desespera" reza el dicho y es verdad que si pasa mucho tiempo desde un anuncio puede ocurrirnos que llegue antes la relajación, la desmotivación, y con ella la dejadez. Cuando nos dejamos estar se nos nota pues andamos desprolijos y desalineados, "abandonados a suerte".

Y en esta vida las cosas no se detienen. Si uno cede un poco en algún aspecto de su vida seguro que otras cosas se apoderan de ese espacio. Nuestro tiempo, esfuerzo, ideales e incluso dinero es pretendido por muchos que esperan una oportunidad de cautivarnos. Nuestro tiempo de espera, si no lo invertimos adecuadamente, puede que se convierta en tiempo de abandono de la fe. A un huerto hay que quitarle la hierba sino se convierte en un malezal que ahoga el cultivo.

El tiempo de espera, por tanto, no es un tiempo para estar ociosos al estilo "bebamos y comamos que mañana moriremos". Este es un tiempo precioso que hay que utilizar sabiamente. Es el tiempo de "gracia", el tiempo de la "oportunidad", tiempo de "salvación". Es un tiempo misericordioso que Dios desea que administremos.

Tiempo para ejercer nuestra fe en Cristo

La fe salvadora se basa en que Cristo con su muerte y resurrección perdona nuestros pecados. Y como nuestro pecado es diario, también la misericordia del Señor se renueva cada día en nosotros. Eso nos hace prepararnos constantemente. Debemos estar limpios y presentables y eso es un trabajo diario. El Apóstol Pablo en la epístola de hoy nos exhorta a que nos vistamos del Señor Jesucristo y dejemos a un lado todo aquello que nos estorba. No debemos abandonarnos al pecado. La mugre se pega y cuanto más la dejamos más se adhiere. Limpiémosla a diario, oremos, cantemos, animémonos unos a otros, participemos en la Santa Cena, demos y recibamos perdón y anunciemos el Evangelio, mientras que nuestro Señor viene. "Vestíos del Señor Jesucristo"

Por lo tanto así como lavamos nuestra cara también necesitamos lavarnos diariamente en las aguas bautismales que fueron vertidas sobre nosotros en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Y así comenzar nuestro día, no dando lugar a los deseos de la carne, sino cada cual ocupándose fielmente de su oficio y ejercitando su fe en Él, "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres… porque a Cristo el Señor servís" Col. 3:23-24. Esperémosle dedicados a las obras agradables a Dios.

Tiempo para anunciar el Evangelio de Cristo

Así como Isaías lo manifiesta, es un tiempo para anunciar la paz en Dios a través de Jesucristo a todas las naciones. La Palabra que anunciamos tiene poder y el Espíritu Santo la usa para atraer a las naciones hacia sí. El anuncio de su venida atraerá a muchos que querrán ser enseñados "en sus caminos" y andar por "sus sendas". El tiempo de espera no es para estar acomodados en nuestro propio bienestar. Es tiempo para salir y darse a los demás. Dios dispone este tiempo para que muchos otros oigan el Evangelio. No debemos ser negligentes ni negarles esa posibilidad que Dios les está brindando. No es tiempo de egoísmo sino de entrega, nuestra entrega a la causa de anunciar el Evangelio de Jesucristo para salvación de muchos. Este es el tiempo de Dios para salvación de aquellos que oyen y creen en el anuncio del evangelio ¡Anunciémoslo!

CONCLUCIÓN

Los cristianos no sólo sabemos, creemos y confesamos la promesa de que Cristo vendrá, sino que esperamos su cumplimiento y nos preparamos para ello. En Adviento Cristo nos anuncia que vendrá otra vez y esto es para reafirmar que no estamos solos, que no se ha desentendido de nuestra vida sino que está esperando el tiempo apropiado. Porque su amor es tal que da un tiempo de gracia, tiempo de oportunidad para quienes aún no creen en Jesucristo. La espera tiene su razón de ser y es la misión. Tenemos que invertir todas nuestras fuerzas y dedicación en ella porque no sabemos cuándo se acaba este tiempo de gracia. ¡Que el Señor nos encuentre en fe y trabajando cuando regrese! Esperemos con ilusión, firmes en la Palabra y los Sacramentos.

Amén.
¡Maranatha, ven Señor! Walter Daniel Ralli Pastor de IELE