domingo, 4 de diciembre de 2011

2º Domingo de Adviento.

“Esperamos con alegría la llegada de Cristo”
TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA

Primera Lección: Isaías 40:1-11

Segunda Lección: 2 Pedro 3:8-14

El Evangelio: San Marcos 1:1-8


Sermón

INTRODUCCIÓN

Adviento es un tiempo de espera. Los niños comienzan a vivir una eternidad desde estos días llenos de catálogos de juguetes y publicidad excesiva, hasta navidad y reyes, a la espera de sus regalos. Es un tiempo de intriga, suspenso y ansiedad hasta el día señalado. Para la Iglesia, es algo más que una previa a la Navidad, es más que esperar para celebrar la Encarnación de nuestro Señor. Es un tiempo para escuchar y vivir las promesas del Señor a su pueblo, que nos consuela en la celebración del nacimiento y retorno del Salvador. Es un tiempo para escuchar a Juan el Bautista que prepara el camino para Jesús, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo y a Pedro, quien nos exhorta a ser pacientes en nuestra espera.

Problemas a la hora de Esperar (2 Pedro 3:1-7)

Toda espera tiene algo de desesperante. La espera de la venida del Señor no fue y no es fácil. Los versículos iniciales del tercer capítulo, antes de nuestra lectura, son para ser tomado en serio. Allí Pedro advierte que, en los últimos días, habrá personas que se burlarán del pueblo de Dios y seguirán sus propios deseos pecaminosos.

Ellos dirán “¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación". (2Pedro 3:4).

Así como en aquellos tiempos se burlaban del Señor y de quienes esperaban su regreso, hoy día sigue pasando lo mismo. Hablar del regreso de Cristo nos resulta complicado porque hay muchas incógnitas y muchos falsos profetas que se han cansado de poner fechas a este evento y de recibir merecidas criticas al respecto.

Aunque al mirar los informativos en la televisión o leer los periódicos, algunas veces nos da la sensación de que estamos viviendo en los últimos días. Es solo una sensación efímera, que se nos va rápido. Es difícil esperar, y esta dificultad irá en aumento, esa es la noticia de los primeros siete versículos de 2 Pedro 3.

Por otro lado Adviento y Navidad ya son fiestas populares y familiares, que han perdido, en muchos, casos la razón de ser. Hay deseos de paz y esperanza, pero que quedan en simples frases hechas.

Para nosotros Adviento es recordar y celebrar que Jesucristo viene pronto. Esta vez no nacerá de una virgen llamada María. No se esconderá en el pesebre de un establo en un pequeño pueblo llamado Belén. Es difícil prepararse para algo que ya sucedió hace 2000 años. En el desierto, Juan exclamó: “Preparad el camino del Señor”.

Se aproxima su segunda venida y cuando lo haga, no va morir por tus pecados ni se levantará para tu justificación. Una vez fue suficiente. Cuando Él venga otra vez, será para juzgar a los vivos ya los muertos.
Otras de las dificultades de esperar son las tentaciones que vienen desde nuestro interior. Nos sentiremos tentados a abandonar, a creer como muchos que el Señor simplemente no va a volver y que tal vez es una espera infructuosa. Tenemos la tentación de seguir nuestras propias ideas al respecto, porque es mucho más fácil ir con la opinión de la mayoría, y en parte porque es lo que nuestro viejo Adán quiere hacer. También seremos tentados a prepararnos para la navidad de una manera errónea. Al intentar comprar muchas cosas para embellecer nuestras fiestas y creer que allí está la felicidad. Tendrás la tentación de enojarte contra el Señor porque no te ha dado lo necesario para ser feliz y por el contrario te ha hecho pasar por sufrimientos y problemas antes de su regreso.

A medida que esperas y anuncias el regreso del Señor, te sentirás tentado por el diablo, el mundo y tu propia carne para que cada día lo sientas como mil años. Entonces, ¿cuál es el consuelo y defensa mientras esperamos? Ese es el mensaje de la epístola para hoy.

Somos consolados mientras esperamos (2 Pedro 3:8-14)

El Señor no se ha olvidado de regresar, sino que es paciente. Él ha prometido su regreso en gloria y lo hará, su demora es parte de su misericordia. Él no te ha abandonado. No tarda porque es débil o porque está ocupado en otra cosa y no puede venir ahora. Él no necesita que terminemos alguna tarea para que pueda regresar. No se está retrasando debido a que está enojado o porque piensa que necesitas soportar algunas cosas más antes de que te hayas ganado el derecho a entrar en el cielo. Cada una de esas razones niega el Evangelio. Si el Señor no ha venido en gloria es porque Él no quiere que nadie perezca, sino que quiere que todos se arrepientan, confíen en Jesús y para ser salvos.

Como ha sido misericordioso contigo, te ha llevado de las tinieblas a su luz admirable por la obra de Jesús, así mismo desea ser misericordioso con los demás. Por lo tanto, mientras esperamos, podemos dar gracias por que el Señor demora el fin para reunir a más personas en su reino para siempre. Sin embargo, clamamos “Maranata”, “Señor, ven pronto”, para que vuelva a librarnos pronto de nuestros pecados y sus consecuencias. Nos encomendamos a Él y a

Su tiempo, confiando en que Él proveerá todo lo que necesitamos hasta su regreso.

En los últimos años se habla mucho del fin del mundo y de cuándo y cómo esté se producirá. Meteoritos, deshielos, pandemias, profecías mayas, guerras, etc. Este es un pensamiento aterrador para el no creyente. Pero para ti y para mí, es un día de esperanza y gloria porque sabemos que ese día será cuando Cristo vuelva a buscarnos. Será un día que el mundo, tal como lo conocemos, el pecado, la muerte llegaran a su fin. Ese día todo el que cree en Cristo como Señor y salvador será llevado a la tierra prometida. Este nuevo cielo y tierra será una creación en la que morará la justicia. No va a ser un lugar donde el pecado sea la norma y la justicia sea considerada una rareza. Por el contrario, será un lugar donde la justicia estará presente en cada rincón y el pecado, junto con sus consecuencias, no existirá más. Estaremos libres de toda enfermedad, problemas, de la muerte y toda dolencia, porque esas serán cosas pasadas que han dejado de existir.

Tu espera no es en vano, ese día se acerca. El Señor volverá. El cielo nuevo y la tierra serán creados, porque el Señor ha prometido que así será. Porque ese día se acerca, Pedro dice: “¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir” (2Pedro 3:11) y concluye diciendo “Por eso, amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprochables, en paz. (2Pedro 3:14)” Para estar listos para su regreso, debemos ser hallados santos, santos irreprochables, sin mancha ni arruga y en paz. Eso suena como una tarea muy difícil. Tu vida todavía se ve inmersa en pecados. Eres está tentado en muchas ocasiones, más de las que crees. Caes también muchas más de las que crees. Sigues siendo tentado por el desánimo y la desesperación, abrumado por problemas y sufrimientos en lugar de la aferrarte a la espera gozosa de que tu liberación está cerca.

El texto concluye con una demanda a algo más que ser personas decentes y optimistas, sino a ser santos, sin mancha
ni arruga y en paz.

Aquí está el consuelo del Señor. Mientras esperas el día en que el Señor regrese, el mismo viene a ti y te encuentra, incluso ahora, allí donde estas. Sus promesas no se limitan sólo al pasado y al futuro, sino a tomo momento de momento de espera. Él viene a ti para darte la gracia que ganó en la cruz por ti. En Él son blanqueadas tus vestiduras manchadas por el pecado. El Salvador declara que ha llevado tus pecados a la cruz y allí fueron destruidos. El pecado, la muerte y el diablo ya no tienen ningún poder sobre ti, porque Dios te ha declarado santo y justo por causa de Jesucristo, porque él te viste con su santidad y justicia.

Con esa seguridad oramos “Maranata, Señor, ven pronto” y él responde a nuestro clamor y dice: Aquí estoy: En el Santo Bautismo has sido “revestido de Cristo” (Gálatas 3:27). En ese momento has muerto con Cristo y resucitado a una nueva vida con Él. Allí te di el don de la vida eterna con Cristo. También te dice: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo, tomad bebed esta es mi sangre… dada y derramada para el perdón de todos tus pecados”. ¿Qué implicancias tiene su cuerpo y su sangre por su pueblo penitente?

Te fortalece y mantiene en la única fe verdadera vida eterna y te prepara para el día de su advenimiento. Jesús viene a ti con su gracia de que estás en paz con Dios, que eres parte de su pueblo y te trata como un hijo amado.

Toma el consuelo de Dios. Ten ánimo y esperanza. El Señor demora su venida en gloria, pero sólo por misericordia para aquellos que aún no creen. Mientras tanto, Él no retrasa su ayuda y su gracia hacia ti. Está lo más cerca posible por medio de su Palabra y sus Sacramentos. Por estos medios te da su gracia, te mantiene en santidad y vida piadosa por su gracia, a fin de que estés listo para su venida en gloria, preparado para habitar en el cielo y la tierra nuevos. Por el momento, espera y con los santos en el altar puedes preguntarte “¿Por cuánto tiempo?” y a la vez seguro de que el Señor cumple sus promesas y no se olvida de cumplirlas.

CONCLUSIÓN

Ya sabes que has sido Justificado y Salvado por la obra de Cristo. No tienes nada porque temer. Mucho menos cuando el Señor vuelva en Gloria y Poder, porque será para llevarte a su lado a disfrutar la vida eterna. Esto nos motiva para seguir dando testimonio del que vino, viene y vendrá a juzgar a vivos y muertos.

En este tiempo de prisas y consumismo, Dios desea satisfacer tu anhelo de encuentro con Dios. Lo hace por medio de su Palabra y Santa Cena. Allí tu clamas “Ven Pronto” y Él responde: “Aquí estoy”.

En el día de Navidad, puedes transmitir Paz y Esperanzas llena de contenido y certeza de que todo cambiará. Porque esto está respaldado por las promesas del Dios del cielo y de la tierra. El Dios que no cambia y que permanece para siempre.

Atte. Pastor Gustavo Lavia